¿Por qué trabajamos?


Imagen tomada de: http://bit.ly/14HqXhE

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Es lunes, mediodía y a estas horas ya he recibido y enviado un par de chistes sobre por qué odiamos los lunes, sobre el desánimo de estar en la oficina cuando el sol está lindo allá afuera, sobre la nostalgia por los viernes y la promesa de un fin de semana para pasarlo rascándonos la panza, siendo lo menos productivos posible. Después de las quejas viene el momento de la reflexión, el momento de preguntar ¿por qué trabajamos?

En un artículo publicado en el diario La Nación, Orlando Ferreres dice que  «En una encuesta que se hizo en Francia hace años atrás se preguntaba “¿Por qué trabajamos?”. La respuesta, en un 90 % fue: “Para ganar dinero”. Esto nos parece evidente, como que el sol sale por la mañana, no hay con que darle. Sin embargo, no es así. El error se observó en otra encuesta posterior: “¿Por qué el dinero permite comprar cosas?” Aquí el 90 % confeso que “no sabía”. Esto según el libro de Fourastié sobre el trabajo. (…) Entonces, en realidad, trabajamos para producir, no para ganar dinero. Este se usa como medio para la distribución de los bienes. Cuanto más producimos, más bienes o servicios tenemos a nuestra disposición.» (Lea el artículo completo acá)

Así pues, trabajamos para producir, es decir, trabajamos porque necesitamos resolver el problema de nuestra supervivencia. Como explica Yaron Brook:  «The material benefits of production are obvious. In contrast to other animals, the values we need to flourish don’t come ready-made in nature. We use our mind to discover the nature of nature and adapt it to our ends. In their book The Virtues of capitalism, Austin Hill and Scott Rae note that “the word capital itself comes from the Latin word caput, which means head. This refers to the human and intellectual elements of creating capital out of the earth’s resources (for example, using sand to make silicon).” It is the spiritual role of production in human life, however, that requires special emphasis. The deepest source of joy for a producer is not the financial rewards of his work but the process of creation itself.» (Free Market Revolution. How Ayn Rand’s Ideas Can End Big Government)

El trabajo requiere de nuestro esfuerzo físico y mental, el resultado de ese esfuerzo es la producción, y puedo pensar en muchas oportunidades en que la remuneración que recibimos no es en dinero. Cuando una madre se queda en casa para cuidar de su familia, cuando un joven se apunta como voluntario para construir casas o para bañar perros, cuando le ayudamos a alguien a estudiar para un examen o nos esforzamos creando una obra de arte aunque no seamos artistas profesionales. Las madres hacen un trabajo muy duro en sus casas y no perciben un salario en dinero, pero trabajar duro por cuidar a sus mayores valores es igual de importante. La satisfacción de ayudar a alguien es algo que el dinero no podría pagar. Sin embargo, no debemos perder de vista que en todos esos casos necesitamos de un esfuerzo físico y mental, y que producimos valor.

Muchas veces reducimos nuestra noción de productividad a que trabajamos para percibir un salario, pero ser productivos es mucho más que eso. ¿Por qué trabajamos? Porque no nos conformamos con el mundo tal como es y queremos mejorarlo, sacarle provecho a nuestra vida y a nuestro talento, a nuestro potencial.

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¿Cómo te imaginas un mundo mejor?


Imagen tomada de: http://bit.ly/9ws3Sk

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La pregunta lanzada al aire fue ¿cómo se imaginan un mundo mejor? Hubo una pausa musical y luego el locutor recibió una llamada. La voz pertenecía a una mujer joven, habló del tránsito en la calle y luego dijo que ella creía que el futuro sería mejor si le damos trabajo a la gente. Dijo que Guatemala es un país muy lindo, pero que tiene grandes problemas como violencia, delincuencia, pobreza, que ella pensaba que la solución a todo eso era generar trabajos, que sólo vamos a superar nuestros problemas trabajando. Contó que ella desde niña pensaba que lo que quería hacer de grande era darle trabajo a la gente y que se dedicaba a eso. Le dio las gracias al locutor y se despidió. Yo me quedé pensando en sus palabras y dejé de prestarle atención a la música. Yo estoy de acuerdo con esa chica, si queremos resolver los problemas a los que nos enfrentamos como sociedad debemos trabajar y yo le agregaría a eso que también debemos sentirnos orgullosos por nuestro trabajo, orgullosos de ganar dinero, de ser productivos.

Yo tuve mi primer trabajo a los 14 años. Una tía me contrató como “vacacionista” para empacar regalos de navidad en su tienda. Lo primero que compré con el dinero que gané fueron zapatos y recuerdo esa agradable sensación de comprar el tipo de zapato que yo quería, porque era mi dinero y eso me daba la libertad de elegir. De ese tiempo para acá he seguido trabajando, tanto formal como informalmente, a veces he ganado más y a veces he ganado menos y eso la gente lo ve normal, pero si hubiera ganado mucho, muchísimo con algún buen negocio ya me hubiera topado con un prejuicio que le va quitando el orgullo al trabajo, esa vieja idea de “eso es demasiado, está ganando demasiado”. Me he preguntado muchas veces cómo pasamos de creer que el trabajo que te da lo suficiente para mantenerte o mantener a tu familia de manera digna es virtuoso y el trabajo que te da millones ya es pura avaricia. Quizás se nos olvida un punto importante del que habla Francisco d’Anconia en La rebelión de Atlas:

¿Alguna vez os habéis preguntado cuál es el origen del dinero? El dinero es un instrumento de cambio, que no puede existir a menos que existan bienes producidos y hombres capaces de producirlos. El dinero es la forma material del principio que los hombres que desean tratar entre sí deben hacerlo por intercambio y dando valor por valor. El dinero no es el instrumento de mendigos que claman tu producto con lágrimas, ni el de saqueadores que te lo quitan por la fuerza. El dinero lo hacen posible sólo los hombres que producen. ¿Es eso lo que consideráis malvado? (…)

Pero el dinero es sólo un instrumento. Te llevará donde desees, pero no te sustituirá como conductor. Te dará los medios para la satisfacción de tus deseos, pero no te proveerá con deseos. El dinero es la plaga de los hombres que intentan revertir la ley de causalidad – los hombres que buscan reemplazar la mente adueñándose de los productos de la mente.

El dinero no comprará la felicidad para el hombre que no tenga ni idea de lo que quiere; el dinero no le dará un código de valores si él ha evadido el conocimiento de qué valorar, y no le dará un objetivo si él ha evadido la elección de qué buscar. El dinero no comprará inteligencia para el estúpido, o admiración para el cobarde, o respeto para el incompetente. El hombre que intenta comprar los cerebros de sus superiores para que le sirvan, reemplazando con dinero su capacidad de juicio, acaba por convertirse en la víctima de sus inferiores. Los hombres de inteligencia lo abandonan, pero los embaucadores y farsantes acuden a él en masa, atraídos por una ley que él no ha descubierto: que ningún hombre puede ser inferior a su dinero. ¿Es ésa la razón por la que lo llamáis malvado? (…)

El dinero es vuestro medio de supervivencia. El veredicto que pronunciáis sobre la fuente de vuestro sustento es el veredicto que pronunciáis sobre vuestra vida. Si la fuente es corrupta, habéis condenado vuestra propia existencia. ¿Adquiristeis vuestro dinero por fraude? ¿Cortejando los vicios o estupideces humanas? ¿Sirviendo a imbéciles con la esperanza de conseguir más de lo que vuestra capacidad se merece? ¿Rebajando vuestros principios? ¿Realizando tareas que despreciáis para compradores que desdeñáis? En tal caso, vuestro dinero no os dará ni un momento, ni un centavo de alegría. Todo cuanto compréis se convertirá, no en una honra para vosotros, sino en un reproche; no en un triunfo, sino en un evocador de vergüenza. Entonces gritaréis que el dinero es malvado. ¿Malvado, porque no sustituye al respeto que os debéis a vosotros mismos? ¿Malvado, porque no os dejó disfrutar de vuestra depravación? ¿Es ésa la raíz de vuestro odio por el dinero?

El dinero siempre seguirá siendo un efecto y rehusará reemplazaros como la causa. El dinero es el producto de la virtud, pero no os dará la virtud y no redimirá vuestros vicios. El dinero no os dará lo inmerecido, ni en materia ni es espíritu.” (Pueden leer el discurso completo acá)

El producto de nuestro esfuerzo, el producto de nuestro trabajo no debería ser desestimado calificándolo de “demasiado”. Además, yo sé cuánto es demasiado para mí, pero jamás me atrevería a decir cuánto es demasiado para alguien más. Entiendo que no toda la gente con fortunas se las han ganado por las buenas, por ello admiro a aquellos que se niegan a obtener subsidios del gobierno, que no hacen trampas, que se niegan a despojar a otros de lo que les pertenece. Admiro a las personas que se sienten orgullosas de su trabajo, del producto de su mente y sus decisiones.

Lo digo en serio


Hace unas semanas escribí un post sobre la campaña de Asíes (supongo que es de ellos porque en las vallas publicitarias aparece como institución que firma al pie del anuncio) para crear conciencia de la necesidad de combatir la desnutrición en Guatemala, donde analizaba de forma muy breve su propuesta, luego les respondía si a mí me importaba el problema y, finalmente, hacía una crítica a los que considero son sus puntos débiles. Un amigo compartió mi texto en FB y éste recibió las dos respuestas de la imagen. Después de meditarlo mucho, decidí copiar estas respuestas y comentar al respecto, no porque crea que mis comentarios son incuestionables, sino porque me sorprende mucho esa necesidad de “imparcialidad” en ambos. Hacer una crítica no es fácil. No se trata sólo de decir que algo no me gusta porque no y después montar un berrinche sin argumentos. Se trata de evaluar al sujeto criticado y señalar los puntos precisos con los que uno está o no está de acuerdo.

A mí no me parece que el esfuerzo de esta campaña sea particularmente “honesto”, por ello no señalé este punto en mi crítica; pero más importante, la honestidad de un proyecto no hace que éste se convierta en algo que no puede ser criticado, es bien sabido que de buenas intenciones está empedrado el camino del infierno. ¿Cuándo decidimos que criticar a los proyectos que están pidiendo mi ayuda, mi dinero y mi tiempo es injusto, inhumano? Después de leer estos comentarios me pregunté si criticar ésta y otras campañas es enfermizo y parcializado de mi parte, hasta que me pregunté si acaso ¿no es enfermizo que una organización te diga que sos una mala persona por no darles dinero? ¿No es enfermizo que te digan que hacés mal en cuestionar una campaña más, que tampoco solucionará nada? ¿No es enfermizo que te culpen por problemas que tú no creaste? ¿No es enfermizo que te digan que una parte de la población es incapaz de sobrevivir si tú no les das esos Q50 para limpiar tu culpa?

El primer comentario dice que citar a Mises no resuelve nada, el segundo dice que yo parezco muy segura de saber las causas reales de la desnutrición, y ambos descalifican la honestidad de mis ideas. Cuando yo hago un comentario, lo hago en serio. No sé cómo puede uno sostener una discusión, una crítica, un comentario sin ideas firmes. La historia, la realidad, ha demostrado que la única forma de eliminar la pobreza es creando riqueza, porque aunque seás un parásito o saqueador muy efectivo, si aquel al que le estás quitando su dinero, deja de producir, ya no tendrás dinero que saquear. ¿Mi texto no propone soluciones? Quizás mi texto no propone que vayamos todos a visitar las casas de aquellos que se mueren de hambre en el interior de la República, lo que está dentro de mi texto es la propuesta de que hagamos una revolución moral, de que enfrentemos los problemas con ideas, no ideas que repetimos sin saber de dónde vienen, sino ideas que hemos cuestionado, en las que creemos. Es tiempo de que cada uno empiece a hablar en serio, que piense a dónde van sus esfuerzos y los esfuerzos que hacen los otros para que no nos atormenten con campañas para rompernos el corazón.

Mientras, dejo de quejarme


Christopher Gardner: It was right then that I started thinking about Thomas Jefferson on the Declaration of Independence and the part about our right to life, liberty, and the pursuit of happiness. And I remember thinking how did he know to put the pursuit part in there? That maybe happiness is something that we can only pursue and maybe we can actually never have it. No matter what. How did he know that?

Yo siempre he tenido una capacidad asombrosa para quejarme, en especial cuando me cuesta hacer algo y creo que a los demás se les hace muy fácil. Supongo que siempre es más sencillo pensar que sólo a mí me cuesta, que no tengo la fuerza, la inteligencia, que para todo tengo que esforzarme el doble. A veces me pongo dramática y me peleo con el mundo, con mi suerte. Otras veces ocurre que me cruzo con una película en la televisión, por ejemplo, y entonces tengo que reconocer que de vez en cuando hay que sudar la camisola si uno quiere obtener y conservar lo que quiere obtener y conservar.

Hace unos días alguien me dijo que las novelas históricas siempre cuentan la historia de unos pocos, pero que la historia es construida por la gente común. Lamento no estar de acuerdo con esa persona, porque creo que la historia sí está escrita por unos pocos seres humanos excepcionales. Quizás a algunos las cosas les cuesten más que a otros, quizás tengan que esforzarse el doble para lograr sus sueños, así como el protagonista de The Pursuit Of Happyness tuvo que hacer seis meses de entrenamiento sin paga en la empresa de corredores de bolsa sólo para tener la oportunidad de quedarse con el trabajo. Quizás este personaje tenga razón y la felicidad no es nuestro derecho, porque lo que merecemos es la oportunidad de luchar por alcanzarla.

Al final de esta pequeña reflexión de lunes, les dejo un video que puede resultarles interesante. Este señor habla sobre cómo cambiar nuestro esquema mental para mejorar nuestro trabajo y nuestra vida.

Y sí, existe el Día mundial de la Justicia Social


Para mí, hasta el día de hoy, el 20 de febrero sólo era el día nacional de Tecún Umán y de la marimba, pero me enteré de que también es el día mundial de la Justicia socia. Admito que esto me sorprendió porque no pensé que se celebrara, de alguna manera, algo cuya definición es tan amplia y poco específia. Según Wikipedia, la Asamblea General de las Naciones Unidas eligió ese día para que cada uno de sus Estados Miembros promueva, a nivel nacional, actividades concretas que se ajusten a los objetivos y las metas de la Cumbre Mundial sobre Desarrollo Social.

De acuerdo con ellos, “la justicia social es un principio fundamental para la convivencia pacífica y próspera, dentro y entre las naciones. Defendemos los principios de justicia social cuando promovemos la igualdad de género o los derechos de los pueblos indígenas y de los migrantes. Promovemos la justicia social cuando eliminamos las barreras que enfrentan las personas por motivos de género, edad, raza, etnia, religión, cultura o discapacidad. Para las Naciones Unidas, la búsqueda de la justicia social para todos es el núcleo de nuestra misión global para promover el desarrollo y la dignidad humana. La adopción por la Organización Internacional del Trabajo de la Declaración de la Organización Internacional del Trabajo sobre la justicia social para una globalización equitativa es sólo un ejemplo reciente del compromiso del sistema de las Naciones Unidas para la justicia social. La Declaración se centra en garantizar resultados equitativos para todos a través del empleo, la protección social, el diálogo social, y los principios y derechos fundamentales en el trabajo. (…) La celebración del Día Mundial de la Justicia Social debe apoyar la labor de la comunidad internacional encaminada a erradicar la pobreza y promover el empleo pleno y el trabajo decente, la igualdad entre los sexos y el acceso al bienestar social y la justicia social para todos. Ante la proximidad de la Conferencia de Río +20 sobre el Desarrollo Sostenible, tenemos la oportunidad de reformular un conjunto de estrategias de desarrollo y prácticas empresariales que nos conduzcan hacia un futuro más sostenible y equitativo. La sostenibilidad depende de la creación de mercados que sean capaces de distribuir mejor los beneficios del desarrollo. Significa cubrir la creciente demanda de los consumidores de productos y servicios más ecológicos. Y significa también sentar las bases para que todos vivamos con dignidad, estabilidad y oportunidades. En nuestro empeño por lograr esta transformación debemos, al mismo tiempo, integrar la inclusión social en nuestras políticas y en todas nuestras iniciativas.”

¿Por qué pienso que es una definición poco específica? Porque abarca tantos ámbitos que no se ocupa de algo concreto. En sus Máximas Capitales, Epicuro establece que “lo justo según la naturaleza es un acuerdo de lo conveniente para no hacerse daño unos a otros ni sufrirlo”, además, dice que “la justicia no era desde un comienzo algo por sí mismo, sino un cierto pacto sobre el no hacer ni sufrir daño surgido de las relaciones de unos y otros en lugares y ocasiones determinados”. La justicia debe establecerse en base a una relación entre dos partes, la injusticia se dará cuando una parte dañe a la otra y la justicia cuando la parte que ocasiona el mal compense a la parte dañada. Sigue leyendo

Club de lectura de “La rebelión de Atlas”. Primera reunión


El grupo está formado por más de veinte personas que, en su mayoría, no han leído La rebelión de Atlas o no pudieron terminar de leerlo en el pasado. La idea no es que simplemente lean la novela y se convenzan de cualquier cosa de la que podrían convencerse al leer una obra de ficción. La idea es que lean, analicen, se cuestionen y compartan sus dudas y comentarios con otros locos que andan en su tema. Quiero compartir algunas de las preguntas que tratamos durante la reunión y algunos puntos importantes de la lectura.

  • La primera parte del libro, titulada “la no-contradicción”, alude a la segunda ley de la lógica de Aristóteles, que dice que algo no puede ser A y no A al mismo tiempo, en el mismo contexto. En los primeros seis capítulos encontramos diversas contradicciones que van desde conflictos entre usar la razón o el corazón para tomar decisiones; cambios dramáticos en la conducta de personajes como Francisco d’Anconia que se convierte en un playboy que dilapida su fortuna y hace malas inversiones, o Ragnar Danneskjold que se convierte en pirata y atraca barcos en altamar. Hasta planteamientos para “ayudar al prójimo” como la ley de igualación de oportunidades, que aplicada a la literatura, por ejemplo, limitaría la venta de cualquier libro a diez mil ejemplares para que la gente no pudiera comprar un millón de un título y ninguno de otro. Aplicada a la industria limitaría a las personas a tener una sola empresa, en lugar de tener varias y limitaría su producción para que las empresas “pequeñas” tuvieran oportunidad ante las grandes. Sigue leyendo

Si la vida te da limones…


En una de esas conversaciones escuchadas al azar, el sujeto A le decía al sujeto B: yo no soy optimista ni pesimista, prefiero ver la realidad y tomar decisiones en base a ella. El sujeto B contestó algo que ahora no recuerdo. Ellos siguieron conversando, yo seguí mi camino y me pregunté para qué necesita uno estar consciente de la realidad, qué beneficio podría traerme estar consciente de las cosas buenas y malas que pasan en el mundo, a mi alrededor, las que provoco y las que me afectan directamente. Creo que el asunto va más allá de evaluar si el vaso está medio lleno o medio vacío y sentirnos felices o infelices a partir de nuestras conclusiones. Evaluar la situación en que nos encontramos debería servirnos de base para decidir qué debemos hacer para continuar bien o para mejorar aquello que no está bien.

Fernando Savater dijo en una conferencia que las personas libres no se preguntan qué pasará, sino qué harán al respecto, ello quiere decir que mientras seamos libres, tenemos la oportunidad de actuar para lograr nuestros fines. Estar consciente de la realidad, de mis limitaciones, de las leyes de la naturaleza me permite tener la confianza de que si siembro maíz, cosecharé maíz y no frijol. Si tengo el cuidado necesario evitaré plagas y si fertilizo el terreno y las plantas, obtendré un mejor maíz. Estar consciente de la realidad también me ayuda a comprender que a veces caen heladas y que mi cosecha puede perderse, pero ello no significa que el mundo conspirando esté conspirando en mi contra o que hice enojar a los duendes y por ello me mandaron un castigo.

Hay sociedades en el mundo en que los individuos no son libres, pueden vivir bajo un regimen dictatorial y ser reprimidos por el constante uso de la fuerza por parte de los aparatos estatales, pero los verdaderos hombres libres siguen preguntándose qué hacer para mejorar su situación y tomando acciones para lograrlo. Los inventores y los emprendedores suelen percatarse de un problema y buscan solucionarlo. No se sientan a esperar que el problema se resuelva solo, que lo resuelva alguien más. A fianl de cuentas, si después de evaluar mi realidad, mi vaso, descubro que está medio vacío, ello quiere decir que debo encontrar una manera para llenarlo. Si está medio lleno, significa que estoy haciendo lo correcto y pronto lo tendré lleno. Si se me cae un poco de agua en el proceso, podré aprender a llenarlo mejor.