En Guatemala no hay parques


Imagen tomada de: http://bit.ly/1cZ2imJ

Imagen tomada de: http://bit.ly/1cZ2imJ

En Guatemala no hay parques, tampoco hay banquetas para caminar tranquilamente, es un atentado andar en bicicleta, no se diga el atentado que es usar los buses urbanos y extraurbanos; tampoco hay metro, ni trenes para ir a Petén o al puerto. En Guatemala no hay carreteras para llegar a los pueblitos recónditos, ni siquiera para llegar a ciertas partes de la ciudad, no hay escuelas, centros de salud. En Guatemala nos adaptamos y vamos viendo cómo sobrevivimos, si hay que polarizar los vidrios del carro, lo hacemos; si hay que poner rejas en las ventanas de las casas y alambre espigado en el techo, los ponemos; si tenemos que salir a la calle disfrazados, llevar el saco en la mochila para no parecer oficinistas y así tratar de pasar inadvertidos para que no nos asalten, nos ajustamos al perfil. En Guatemala nos quejamos de los políticos y nos indignamos por la corrupción, esperamos que “los dueños del país” hagan un cambio, que surja un líder que nos inspire, que el gobierno solucione lo de la inseguridad, alimente a los hambrientos, nos dé los parques que necesitamos, las escuelas, los centros de salud, el agua, la electricidad y el trabajo. En Guatemala siempre estamos pensando en que deberíamos irnos a otro país porque acá no se puede vivir. Tenemos la noción de que algo está mal, que el sistema no funciona, creemos que hay algo que deberíamos cambiar, pero no sabemos a ciencia cierta qué es. Tenemos mucho miedo e incertidumbre, no sabemos por dónde empezar a solucionar este país.

Imagen tomada de: http://on.fb.me/11o4nZC

Imagen tomada de: http://on.fb.me/11o4nZC

Algunos creen que lo que anda mal es que la riqueza está mal distribuida, que los que tienen más deberían darle a los que no tienen y así eliminar la pobreza. Algunos otros creen que no debería haber empresas transnacionales que inviertan en Guatemala, o que si las hay, que no deberían ganar nada por tener sus fábricas, sus minas, sus tiendas en territorio guatemalteco. Hay quienes creen que todos los empresarios son inescrupulosos por definición y que sería mejor que alguien los controlara para que no se hagan ricos a costillas de esos pobres empleados a los que explotan, para que no consuman las bellezas naturales y los recursos que tiene Guatemala y nos dejen sin nada. Otros creen que está bien que los empresarios y comerciantes tengan ganancias, pero que éstas deberían estar limitadas y que todos ellos deberían actuar por el bien común.

El punto en que estas opiniones coinciden es en la inmoralidad que representa el ganar dinero con fines personales. La idea de tener ganancias para sí mismos es cuestionada incluso por los propios empresarios y comerciantes, que sienten que deben retribuirle algo a la sociedad. No hablo acá de aquellos que se enriquecen de forma ilícita, por transas, hablo de la gente honrada que hace negocios limpiamente, incluso ellos sienten que le están quitando algo a alguien más, que hay algo perverso en producir y ganar dinero. En lo profundo de su ser sienten que están haciendo algo mal y que tienen una deuda que pagar.

¿Qué pasaría si las empresas dejaran de producir? ¿Qué pasaría si un día todas las fábricas, todas las transnacionales se fueran? ¿Los guatemaltecos recuperaríamos lo nuestro? ¿Qué es eso nuestro que queremos de vuelta? ¿Por qué estamos peleando exactamente? Si las empresas se fueran, ¿tendríamos parques, alguien haría que funcione el sistema público de transporte, alguien alimentaría a los hambrientos, nos daría empleo? Todas esas riquezas naturales de las que la gente se pasa hablando, no sirven de nada si nadie las explota, si nadie produce algo con ellas, no podemos tener paisajes vírgenes e inmaculados y a la vez tener energía eléctrica barata, escuelas, parques, centros de salud y todas esas cosas que nos hacen falta. Si el gobierno no produce nada, ¿por qué seguimos esperando que nos dé cosas? ¿Por qué seguimos juzgando mal a aquellos productores que mueven el mundo?

En Guatemala no hay parques, eso nos corresponde solucionarlo a nosotros. Cualquiera puede construir un parque y cobrar una cuota para que la gente lo use. En Guatemala no se puede andar en la calle por los altos niveles de inseguridad en los que vivimos, eso sí le toca solucionarlo al gobierno, son ellos los responsables de proteger a los ciudadanos. La creación de riqueza es asunto de los ciudadanos, la seguridad de estos es asunto del gobierno. Si algo está mal en nuestra sociedad es que no estamos administrando bien las culpas. Los empresarios y comerciantes necesitan libertad y seguridad para hacer su parte. Está bien si quieren crear grandes fortunas para sí mismos, podemos empezar por dejar de culparlos por ello.

Anuncios

El orgullo de ser uno mismo


Imagen tomada de: http://bit.ly/1aHzCAd

Imagen tomada de: http://bit.ly/1aHzCAd

La vida en sociedad es un asunto complicado, aunque con el pasar de los siglos hemos llegado a ciertos acuerdos en normas para vivir unos con otros. Sin embargo, todavía tenemos mucho camino por recorrer respecto a la vida con nosotros mismos. Las leyes regulan nuestro comportamiento en sociedad y suelen establecerse para que los individuos mantengan una conducta adecuada respecto al prójimo, por ello castigamos cosas como el robo, el asesinato, la estafa, la explotación infantil, estos delitos que tienen que ver con los derechos individuales y la propiedad privada. La situación se torna más compleja cuando se trata de cosas que hacemos con nuestros propios cuerpos, porque acá entra en juego la moral y si empezamos a legislar a partir de asuntos morales, nunca nos vamos a poner de acuerdo. En la sociedad intentamos llevarnos bien con los otros, no lastimar a nadie, no hacer uso de la fuerza contra nadie y esperamos de los otros que no nos lastimen y que nadie ejerza la fuerza contra nosotros. Cuando nuestras leyes ignoran los derechos individuales y se basan en prejuicios morales de cierto grupo, siempre habrá otro grupo que saldrá lastimado.

Cuando Benito Juárez dijo que “”Entre los individuos, como entre las Naciones, el respeto al derecho ajeno es la paz“, no sólo se refería a que cada nación, cada individuo debe respetar el derecho de los otros a su vida, a su propiedad, e incluso a su búsqueda de la felicidad siempre que no pase por encima de los derechos de los demás, también se refería a que debemos recordar que cada individuo es libre de hacer de su vida lo que quiera, sin que tengamos que decirle qué es bueno para él. Respetar el derecho de los otros no quiere decir que debemos participar de sus prácticas, quiere decir que mientras no traspasen los límites de mi derecho, no tengo por qué limitar su derecho. Nuestras normas de vida respecto a nuestros cuerpos y lo que hacemos con ellos no son tan claras como las que regulan nuestro trato con los otros, sencillamente porque los individuos tienen gustos particulares y ello no está sujeto a discusión. ¿Por qué negarle derechos a cierto grupo porque nos parece incorrecto con quién o quiénes comparten su cama, por el color de su piel, por su sexo o la elección que hacen de él? Si basamos las leyes en la moral, cabría hacer la pregunta de ¿en la moral de quién? ¿Cómo evitamos la arbitrariedad si basamos las leyes en los gustos de un grupo?

Estamos en el mes del Orgullo LGBT (siglas a las que le agregaría la “H” de heterosexual, porque nosotros también somos parte de la diversidad) y en estas fechas particularmente se debate sobre temas como el matrimonio entre homosexuales y nos encontramos preguntándonos si una pareja de hombres o una pareja de mujeres serán capaces de enseñarle “buenas costumbres” a los niños, cuando hay tantas parejas heterosexuales que no son capaces de ello y nadie los cuestiona. Un amigo me comentó alguna vez que él no se siente particularmente orgulloso de ser gay, supongo que en el mismo sentido en que yo no me siento particularmente orgullosa de ser mujer, porque es algo que es parte de nuestra naturaleza, nosotros no tuvimos que ver en ello. Sin embargo, entendemos que podemos estar orgullosos de ser las personas que somos por nuestros logros en la vida, por las decisiones que tomamos, por el trabajo que hacemos y por no dejar que la simple etiqueta que define nuestra identidad sexual sea un obstáculo o un trampolín en nuestra vida. Uno puede sentirse orgulloso de ser uno mismo cuando comprende que ni siquiera ser “ser humano” es algo que nos haya sido dado, ser humanos y vivir como seres humanos es un trabajo difícil, que requiere del uso de nuestra razón y de nuestra capacidad para hacer de nuestra vida lo mejor que podamos lograr. Nuestra vida en sociedad será más simple y pacífica cuando entendamos que no podemos decirle a nadie cómo vivir su vida y que no tenemos que cuidar de la vida de los otros, ellos deben hacer su parte. Que el debate no sea si las parejas del mismo sexo que quieren adoptar niños o casarse son morales a nuestros ojos, que el debate sea cuánto se están respetando los derechos individuales de las personas, porque nunca sabemos cuándo la situación va a llegar al límite en que uno ya no pueda sentirse orgulloso de ser uno mismo porque alguien piense que eso no está bien.

Tienes que pensar


Imagen tomada de: http://bit.ly/YQSMtN

Imagen tomada de: http://bit.ly/YQSMtN

Ayer tuve una reunión con estudiantes de bachillerato en la que discutimos el ensayo de Ayn Rand, “Filosofía, ¿quién la necesita?” (disponible acá). En ese texto Rand explica la importancia de la filosofía en la vida de todas las personas, plantea cómo usamos frases de distintos filósofos sin detenernos a cuestionarlas y por qué debemos estar conscientes de la metafísica, epistemología y ética para vivir, para establecer nuestro código moral y defendernos de los enemigos que quieran convencernos de que una filosofía basada en el altruismo es buena y la única forma moral de vivir. Una de las cosas que aprecio de ese ensayo es la forma tan clara en la que Rand plantea lo bueno y lo malo, cómo explica lo blanco y lo negro sin detenerse en los grises y la forma en que no tiene reparos para defender lo que considera verdadero. Me encantan estos diálogos con estudiantes porque siempre hay alguno que cuestiona lo que leyó, que no se conforma con explicaciones y quiere entender el porqué de las ideas, conocer más acerca de ellas.

Después de la reunión se acercó a mí una de las estudiantes y me preguntó por qué la autora hacía tanto énfasis en persuadirnos a pensar, por qué estaba tan segura de conocer la verdad, por qué era tan radical. Le dije que era cierto que la autora era radical y que sí, quería persuadirnos a pensar y a que fuéramos conscientes de que la realidad es real, que somos parte de ella y tenemos que actuar en consecuencia. Ella me dijo que pensar era muy importante y que se nos está olvidando cómo hacerlo, pero que a ella no le gustaba que la obligaran a estar de acuerdo con las ideas. Le dije que Rand no quiere forzarte a estar de acuerdo con ella porque entiende que:

«Interponer la amenaza de destrucción física entre un hombre y su percepción de la realidad es negar y paralizar sus medios de supervivencia; forzarlo a actuar contra su propio juicio, es como forzarlo a actuar contra su propio sentido de la visión. Quienquiera que, por cualquier causa o finalidad, inicie el uso de la fuerza, es un asesino que actúa bajo una premisa de muerte más amplia que el asesinato: la premisa de destruir la capacidad humana para la vida. Sigue leyendo

El poder de las palabras


Imagen tomada de: http://bit.ly/VFG2tl

Imagen tomada de: http://bit.ly/VFG2tl

Es interesante cómo funcionan las palabras. A veces uno las mira escritas en el periódico y sabe cuál es la agenda del columnista que las está usando, lo mismo si las escucha en las noticias. Sin embargo, creo que son especialmente poderosas cuando uno las usa en una conversación, más si la persona con que uno está hablando de pronto suelta un puñetazo a la cara con una frase como: “entonces vos trabajás con esos neoliberales”, “sos neoliberal”, “a vos no te importan los sectores desfavorecidos de la sociedad, porque defendés los intereses de esos explotadores que se aprovechan de la gente y a los que no les importa más que llenarse los bolsillos de dinero, sin importar cómo”. El golpe puede ser muy fuerte, aunque no siempre incluye una mala intención de parte del interlocutor. Puede pasar que éste use un concepto robado; es decir, que use un concepto con el que niega la validez de uno o más conceptos anteriores de los que depende lógicamente.

La fórmula para saber si la persona está usando un concepto robado es preguntarle qué entiende por “neoliberal”, en este caso, y así uno puede identificar que probablemente no se refiere a “capitalista”, sino a “mercantilista” y entonces es más fácil aclarar de qué estamos hablando. En mi afán por aclarar términos, encontré un par de páginas que le pueden servir a todo aquel que quiera saber de qué está hablando y estar seguro de que no está usando conceptos robados. La primera es el wiki diccionario, en el cual hay definiciones muy cortas de términos económicos, con enlaces a artículos donde se explican los términos con mayor profundidad.

En el wiki diccionario dice que capitalismo es un: “Concepto económico de la civilización que está basado en la propiedad privada (y el control) de los medios de producción. Dicha situación institucional permite e inevitablemente incentiva la división del trabajo, el cálculo económico, la acumulación del capital, la mejora tecnológica y la cooperación social voluntaria de una economía de mercado cuya producción es decidida en última instancia por el consumidor. El capitalismo es la antítesis del estatismosocialismo o comunismo que están basados en la propiedad estatal (y control) de los medios de producción.

Pero como esa definición no me satisfizo del todo, me fui a leer un Tópico de actualidad del CEES, donde Ayn Rand explica que el capitalismo es: “un sistema social basado en el reconocimiento de los derechos individuales, incluso el derecho de propiedad, en el que toda propiedad es poseída individualmente.

El reconocimiento de los derechos individuales lleva consigo la exclusión de la fuerza física de las relaciones humanas. Básicamente, los derechos sólo pueden ser violados por medio de la fuerza. En una sociedad capitalista, ningún hombre ni ningún grupo puede iniciar el uso de la fuerza física contra los demás La única función del gobierno en esta sociedad es la tarea de proteger los derechos del hombre, es decir, la tarea de protegerlo de la fuerza física. El gobierno actúa como agente del derecho de defensa del hombre y puede usar la fuerza sólo en represalia y sólo contra aquellos que inicien su uso. Así, el gobierno es el medio para colocar el uso en represalia de la fuerza bajo control objetivo”.

No encontré una definición de “Neoliberalismo” en el wiki diccionario, pero sí encontré artículos al respecto en la página de la revista Laissez Faire, donde hay una artículo en el que Enrique Ghersi explica las raíces del término y dice que “ el  ‘neoliberalismo’ es utilizado para asimilar con el liberalismo , a veces despectivamente , a veces con cierta pretensión científica políticas , ideas o gobiernos que , en realidad , no tienen nada que ver con él . Esta práctica ha llevado a muchos a considerar que se encontraban frente a un mito contemporáneo: el “ neoliberalismo ” sólo existía en la imaginación de quienes usaban el término. Este rechazo se ve incrementado, además , porque actualmente resulta muy difícil encontrar un liberal que se proclame a sí mismo como perteneciente a aquella subespecie , calificándose como “neoliberal ”. Por el contrario , quienes lo usan son generalmente sus detractores”.

Todavía me queda un largo camino por delante para aclarar los términos con que hablo y espero que me hablen, pero sé que es la única manera de eliminar los conceptos robados, como “neoliberal”. Muchas personas me han dicho que es más fácil crear términos nuevos, porque si uno habla de “capitalismo” las connotaciones negativas son muy fuertes, yo creo que en lugar de hacer nuevos diccionarios, debemos volver a las verdaderas raíces de los conceptos, debemos rescatar su valor original para no sentir que nos estamos apedreando con palabras todo el tiempo.

 

Para reportar el robo de su celular marque “2”


Imagen tomada de: http://bit.ly/TuwejW

Son casi las nueve de la mañana y los vehículos transitan lentamente por algunas calles de la ciudad de Guatemala. Cerca del semáforo hay vendedores de flores, chicles y accesorios para celulares. Hay algunos muchachos de los que te lavan el vidrio frontal del carro por una propina. Al frente de la fila hay unas niñas haciendo malabares y algunas personas están en la acera esperando el bus. También hay motoristas; van solos en sus motos porque ya no pueden llevar pasajeros desde que salió una ley que se los prohibe por motivos de seguridad, por lo de los sicarios y eso. La mayoría de los motoristas lleva casco, algunos llevan el chaleco reglamentario y otros no. Un motorista se acerca despacio desde atrás de la fila de carros, se detiene, toca el vidrio de la ventanilla del conductor con su pistola, pide el celular. El conductor del vehículo se lo da. La transacción no dura más de veinte segundos. El motorista se va. Es probable que cuando el del carro llegue a su destino, llame a la compañía telefónica para reportar el robo, para que le bloqueen la línea. Luego irá a poner una denuncia, a hacer los trámites necesarios para conseguir otro teléfono. Quizás vaya a algún mercado a comprar otro teléfono, quizás entregó el teléfono de reserva que lleva siempre para esas eventualidades. Lo que sí es seguro es que perderá la confianza con que andaba por la calle. De ese momento en adelante sentirá que cada motorista que pasa a su lado es un asaltante. Estará a la defensiva y no perderá de vista su espejo retrovisor, esperando el momento en que se acerque otro asaltante y le pida el teléfono, la billetera, le quite la vida.

Las precauciones no alcanzan en una ciudad como Guatemala, ¿les han mandado alguna vez un correo con esas listas de consejos de seguridad? ¿Alguien les ha recomendado que lleven los vidrios cerrados, mejor si tienen polarizado el carro; que no lleven sus cosas a la vista; que no usen los teléfonos en la calle; que tengan cuidado con los que lavan los vidrios delanteros de los carros, porque esos son los que le dicen a los ladrones quién lleva teléfono; que no reciban volantes; que siempre estén alerta? ¿Alguna vez han leido los reportes de seguridad con que advierten a los turistas que planean viajar a Guatemala (acá hay uno por si les da curiosidad)? ¿Han pensado en el origen del problema y cómo solucionarlo?

La gente del gobierno sigue pensando que la solución está en hacer una ley que hará que las personas y compañías registren los celulares, es decir, crear una gran base de datos en los que se sepa quién tiene qué celular. También proponen bloquear los celulares robados para que no puedan ser usados de nuevo para hacer que los ladrones pierdan el incentivo de robar. Una ley así hará tanto por la seguridad como lo ha hecho el obligar a los motoristas a llevar un chaleco con el número de placa de su moto. Ellos que están tan preocupados por los sicarios no pueden prevenir tiroteos donde mueren muchas personas. Ellos que están tan preocupados por el bloqueo de los celulares no se preocupan por evitar los robos, por devolverle a las víctimas lo que les robaron; tampoco se preocupan porque esa medida sea efectiva, ya que es de dominio público que es posible desbloquear un teléfono bloqueado de manera rápida.

Resulta muy cansado vivir en una ciudad donde uno no está seguro, donde tiene que vivir a la defensiva y cuando algo le pasa, incluso tiene que lidiar con el sentimiento de “fue mi culpa por ir distraído”. Resulta muy cansado saber que nadie castigará a los delincuentes, que no se cumplirán las leyes que ya existen, esas dónde se penaliza el robo. Resulta muy cansado saber que gran parte de nuestros problemas se los debemos a la pobreza, que la única manera de combatirla es creando riqueza, no haciendo leyes que nos hagan perder la libertad de a poquito.

porque me ha tocado gobernar en un pueblo de gente de voy


“-Aquí, Miguel, donde yo tengo que hacerlo todo, estar en todo, porque me ha tocado gobernar en un pueblo de gente de voy -dijo al sentarse-, debo echar mano de los amigos para aquellas cosas que no puedo hacer yo mismo. Esto de gente de voy -se dio una pausa-, quiere decir gente que tiene la mejor intención del mundo para hacer y deshacer, pero que por falta de voluntad no hace ni deshace nada, que ni huele ni hiede, como caca de loro. Y es así como el industrial se pasa la vida repite y repite: voy a introducir una fábrica, voy a montar maquinaria nueva, voy a esto, voy a lo otro, a lo de más allá; el señor agricultor, voy a implantar un cultivo, voy a exportar mis productos; el literato, voy a componer un libro; el profesor, voy a fundar una escuela; el comerciante, voy a intentar tal o cual negocio, y los periodistas -¡esos cerdos que a la manteca llaman alma!- vamos a mejorar el país; mas, como te decía al principio, nadie hace nada y, naturalmente, soy yo, es el Presidente de la República el que lo tiene que hacer todo, aunque salga como el cohetero. Con decir que si no fuera por mí no existiría la fortuna, ya que hasta de diosa ciega tengo que hacer en la lotería…” (Miguel Ángel Asturias, El señor presidente)

Por si hace falta la referencia, tomé esa cita del capítulo XXXVII de El señor presidente, novela en la que Miguel Ángel Asturias cuenta la historia de un dictador y del país que dirige con mano firme, de las torturas y de la poca esperanza con la que puede vivir la gente de dicho lugar, del asesinato de uno de los hombres de confianza del caudillo y de las repercusiones que por ese evento viven algunos de sus enemigos. El presidente está basado en Manuel Estrada Cabrera y la historia, en la dictadura que ejerció durante 22 años en Guatemala. La cita pertenece a uno de los momentos en que el presidente justifica sus acciones y me parece más interesante hablar de la conducta de la gente que da pie a opiniones como esa, que del anhelo “protector” del personaje.

Creo que todos en algún momento tomamos la actitud de Felipe (el personaje de Quino, que es amigo de Mafalda) y nos sentamos en nuestra sillita a decirnos que haremos muchas cosas que después no llevamos a cabo, y eso está bien, porque no se trata de andar en nuestro tanque aplastando casas y carros que se cruzan por nuestro camino solo porque decidimos dejar de dejarlo para mañana. Se trata de que a veces posponemos la lectura de ese libro cuyas ideas odiamos sin saber bien por qué, porque nunca lo hemos leído. A veces decimos que mañana sí vamos a enterarnos mejor de la fuente de las noticias antes de opinar. A veces dejamos para otro día eso de cuestionar las ideas de la gente que tiene influencia en nuestra vida, en la vida de muchos otros, y nos convertimos en una masa de gente irreflexiva, en lugar de ser una masa de gente crítica que no se deja llevar por la histeria colectiva.

Dice por ahí que siempre hay un roto para un descosido, así que para que un dictador tenga éxito y venga a querer cuidarnos de nosotros mismos, se necesita que haya personas que dejaron de creer que deben luchar por proteger su libertad, por conseguir su felicidad y por defender por sí mismos su vida y sus ideas.

No quiero firmar peticiones


Los eventos ya son parte de la historia. Un grupo de manifestantes convocados por autoridades indígenas de los 48 cantones de Totonicapán, protestaban por el alto precio de la energía eléctrica, los cambios a la carrera magisterial y las reformas constitucionales. Bloquearon una carretera. Llegó el ejército para dispersar la manifestación y desbloquear la carretera. Los manifestantes no querían irse, hubo un altercado. Los del ejército dispararon y el resultado del caos fue de 8 personas muertas y varios heridos. (Lea detalles en Prensa LibreSiglo 21 o El Periódico).

¿Qué pasó después? Los bandos se dividieron, porque hay que estar del lado de los indígenas o del ejército, porque hay que defender  los derechos de unos o de los otros, la vida de unos o de los otros, acusar a unos o a los otros. Debemos expresar nuestro descontento, nuestra ira, recordar las masacres del conflicto armado interno, odiar al “ejército asesino”, acusar a los manifestantes por tomar las calles o quejarnos por el gobierno. El conflicto se condensa en ese día, en ese minuto de la historia. De ahí en adelante hay “peticiones”, porque no hay que olvidar, perdonar o reconciliarse, porque debemos denunciar e indignarnos un rato para sentir que somos parte de ese momento histórico, hemos estado inconformes hace tanto, que debemos refrescar un poco el resentimiento. ¿Qué viene después de las peticiones? ¿Qué sigue después de la denuncia y la indignación? Quizás otro evento que caldee los ánimos, más violencia, más protestas, más reclamos.

Si ampliamos la foto y dejamos de enfocarnos en los eventos de ese día, en la manifestación y las muertes, en las acusaciones, tenemos a dos grupos enfrentados. Cada uno tiene su agenda y sus objetivos, cada uno tiene individuos organizados bajo su bandera, cada uno tiene simpatizantes y detractores. Cada uno tiene líderes que toman las decisiones y le piden a los individuos que actúen por el bien común, por el bien del grupo. Los líderes de ambos grupos hacen negocios y concesiones con el otro grupo y mantienen un relativo balance, hasta que pasa algo que lo rompe y da paso a trágicos incidentes como el del 4 de octubre. Llevamos toda la vida en esa aparente calma donde lo único que tenemos que hacer es no involucrarnos mucho para no salir heridos. Eventualmente firmamos una petición o salimos a manifestar y nos sentimos orgullosos porque nos preocupan los otros, porque somos solidarios, porque nos indigna que nada cambie y después de la petición volvemos a rumiar nuestros odios y no hacemos nada.

Yo ya no quiero firmar peticiones, quiero cambiar ideas para que con ellas cambien las acciones. Ya no quiero lamentar que el gobierno haya mandado al ejército a dispersar una manifestación, quiero que ya no haya necesidad de manifestar. Debemos entender que no podemos pedir electricidad barata y estar en contra de las hidroeléctricas, plantas nucleares y otras formas de producir energía en grandes cantidades. Las comunidades deben elegir entre explotar la tierra, cambiarla y usarla o mantenerla y mantenerse en las condiciones que se encuentran ahora. No podemos tener las dos cosas a la vez, usamos el planeta o morimos, no hay más opciones. Debemos entender que no podemos renunciar a nuestra libertad y después pedir el respeto a nuestros derechos. Debemos dejar de esperar que el gobierno nos dé cosas, nos resuelva problemas y después no quiera callarnos cuando queremos protestar. O tenemos un gobierno mínimo que se encargue de asuntos específicos de seguridad y protección de nuestro derecho a la vida, la propiedad y la búsqueda de nuestra felicidad, o tenemos un gobierno que nos resuelve la vida entera y nos recuerda cada día que a cambio le entregamos nuestra libertad. Solo cuando decidamos qué queremos para nuestra vida, en general, podremos resolver eventos particulares de la historia. No podemos resolver los detalles si perdemos de vista el cuadro grande.