No quiero firmar peticiones


Los eventos ya son parte de la historia. Un grupo de manifestantes convocados por autoridades indígenas de los 48 cantones de Totonicapán, protestaban por el alto precio de la energía eléctrica, los cambios a la carrera magisterial y las reformas constitucionales. Bloquearon una carretera. Llegó el ejército para dispersar la manifestación y desbloquear la carretera. Los manifestantes no querían irse, hubo un altercado. Los del ejército dispararon y el resultado del caos fue de 8 personas muertas y varios heridos. (Lea detalles en Prensa LibreSiglo 21 o El Periódico).

¿Qué pasó después? Los bandos se dividieron, porque hay que estar del lado de los indígenas o del ejército, porque hay que defender  los derechos de unos o de los otros, la vida de unos o de los otros, acusar a unos o a los otros. Debemos expresar nuestro descontento, nuestra ira, recordar las masacres del conflicto armado interno, odiar al “ejército asesino”, acusar a los manifestantes por tomar las calles o quejarnos por el gobierno. El conflicto se condensa en ese día, en ese minuto de la historia. De ahí en adelante hay “peticiones”, porque no hay que olvidar, perdonar o reconciliarse, porque debemos denunciar e indignarnos un rato para sentir que somos parte de ese momento histórico, hemos estado inconformes hace tanto, que debemos refrescar un poco el resentimiento. ¿Qué viene después de las peticiones? ¿Qué sigue después de la denuncia y la indignación? Quizás otro evento que caldee los ánimos, más violencia, más protestas, más reclamos.

Si ampliamos la foto y dejamos de enfocarnos en los eventos de ese día, en la manifestación y las muertes, en las acusaciones, tenemos a dos grupos enfrentados. Cada uno tiene su agenda y sus objetivos, cada uno tiene individuos organizados bajo su bandera, cada uno tiene simpatizantes y detractores. Cada uno tiene líderes que toman las decisiones y le piden a los individuos que actúen por el bien común, por el bien del grupo. Los líderes de ambos grupos hacen negocios y concesiones con el otro grupo y mantienen un relativo balance, hasta que pasa algo que lo rompe y da paso a trágicos incidentes como el del 4 de octubre. Llevamos toda la vida en esa aparente calma donde lo único que tenemos que hacer es no involucrarnos mucho para no salir heridos. Eventualmente firmamos una petición o salimos a manifestar y nos sentimos orgullosos porque nos preocupan los otros, porque somos solidarios, porque nos indigna que nada cambie y después de la petición volvemos a rumiar nuestros odios y no hacemos nada.

Yo ya no quiero firmar peticiones, quiero cambiar ideas para que con ellas cambien las acciones. Ya no quiero lamentar que el gobierno haya mandado al ejército a dispersar una manifestación, quiero que ya no haya necesidad de manifestar. Debemos entender que no podemos pedir electricidad barata y estar en contra de las hidroeléctricas, plantas nucleares y otras formas de producir energía en grandes cantidades. Las comunidades deben elegir entre explotar la tierra, cambiarla y usarla o mantenerla y mantenerse en las condiciones que se encuentran ahora. No podemos tener las dos cosas a la vez, usamos el planeta o morimos, no hay más opciones. Debemos entender que no podemos renunciar a nuestra libertad y después pedir el respeto a nuestros derechos. Debemos dejar de esperar que el gobierno nos dé cosas, nos resuelva problemas y después no quiera callarnos cuando queremos protestar. O tenemos un gobierno mínimo que se encargue de asuntos específicos de seguridad y protección de nuestro derecho a la vida, la propiedad y la búsqueda de nuestra felicidad, o tenemos un gobierno que nos resuelve la vida entera y nos recuerda cada día que a cambio le entregamos nuestra libertad. Solo cuando decidamos qué queremos para nuestra vida, en general, podremos resolver eventos particulares de la historia. No podemos resolver los detalles si perdemos de vista el cuadro grande.

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¿Qué hacen los presidentes?


Imagen tomada de: http://bit.ly/Vgn75W

 

Había una vez una etapa de la historia de la humanidad que se llamó Imperio romano y duró varios siglos. Cuando el imperio cayó, más o menos por el siglo V d. C., las tierras europeas sufrieron una serie de invasiones, guerras y conflictos que condujeron a la organización de reinos y dieron paso a una nueva forma de sistema político, conocido como feudalismo. El problema que enfrentaban los reyes era que  sus territorios eran muy grandes y las comunicaciones poco eficientes, así que para mantener el control, le daban poder sobre ciertos territorios a nobles que los administraban. A cambio de las tierras, los señores feudales le juraban lealtad al rey, lo apoyaban con ejércitos y, por supuesto, se repartían los tesoros del reino. Cada señor feudal le daba tierra a los vasallos para que estos la trabajaran y a cambio de la tierra ellos lo servían y le daban parte de su producción. Los vasallos eran hombres libres, ya no eran esclavos, pero no podían vener la tierra y mudarse a otra parte, tampoco podían disponer de los excedentes de su producción y debían obediencia al señor feudal.

Unos siglos después este sistema entró en crisis por el agotamiento de las tierras de cultivo, la falta de alimentos que produjo hambruna, una gran cantidad de muertos y enfermedades epidémicas. A partir del siglo XIII, la mejora de las técnicas agrícolas y el  incremento del comercio hizo que se facilitara la apertura económica, se redujeran los tributos de peaje y se garantizaran formas de comercio seguro. Los nobles contrataban soldados en lugar de usar a sus vasallos y las ciudades prosperaron. Algunos siglos más adelante muchos países optaron por derrocar a la monarquía y cambiaron a sistemas políticos donde quien gobierna no es un rey que hereda el cargo, sino un representante electo que ocupa el puesto, generalmente, por un periodo de tiempo definido.

Del trabajo de los reyes sabemos que era ir a la guerra dirigiendo a sus tropas, repartir riquezas, hacer alianzas y tatar de tener herederos varones para dejarles el trono. Iban a cazar, no pasaban hambre, tenían riqueza suficiente para gastar, no se preocupaban por producir nada, puesto que lo que necesitaban era tener territorios más grandes, para tener más vasallos, para tener más riqueza. Ellos imponían las modas y decían qué era bueno y qué era malo, todos les debían obediencia. Ahora que tenemos presidentes en lugar de reyes, me pregunto qué hacen estos señores en el día a día, ¿cuál es realmente su trabajo? ¿Para qué les pagamos?

Cuando pensamos en “gobierno”, pensamos en un presidente que dirige a un gran grupo de personas para que trabajen por nosotros, para que nos defiendan, no de las invasiones de los bárbaros, sino de alguna otra clase de fantasmas; para que impartan justicia, ¿para que nos den cosas?, ¿para que nos digan qué está bien y qué está mal?, ¿para que nos eduquen, nos impongan modas, nos digan qué pensar?

¿Seguimos siendo vasallos? ¿Seguimos siendo propiedad del gobierno, que debe darnos tierra para que lo alimentemos? Superar esa historia medieval requiere de cada uno de nosotros la comprensión de su propia libertad, del compromiso y responsabilidad de ser personas independientes que se construirán a sí mismas cada día, para alcanzar su propia felicidad.

 

Los grupos son más poderosos que los individuos


“Los socialistas preguntan: Puesto que la ley organiza la justicia ¿por qué no organiza también el trabajo, la instrucción o la religión? He aquí la respuesta: Confiar a la ley la misión de organizar el trabajo, la instrucción o la religión equivaldría a confiar a la ley la misión de desorganizar la justicia. Recordemos que la ley es fuerza. En consecuencia, el dominio de la ley no puede rebasar el dominio legítimo de la fuerza”. La ley, Frederic Bastiat

Esta semana tuve un diálogo con estudiantes de bachillerato sobre La ley, de Bastiat y cuando estábamos en el tema de los grupos de presión, dos de sus comentarios me parecieron poderosamente significativos. El primero fue: “si no es el Estado ni la iglesia, entonces los que van a controlar todo son las empresas, las grandes corporaciones nos van a controlar”. El segundo era un poco más general: “los individuos no tienen posibilidades, los grupos siempre les van a ganar, uno no puede defenderse de los grupos”.

Del primer comentario saco cierta desesperanza, el joven que me lo dijo tenía la certeza de que siempre debe haber alguien superior a la ley, alguien que dé las órdenes y controle todo. Además, cuando esa organización superior no es el Estado o la iglesia, no queda otro ente de dominio más que las empresas perversas que controlan el mundo.  ¿Por qué esa idea de que si el gobierno se encarga solo de la justicia y de velar por el cumplimiento de los contratos, entonces quienes controlarían el mundo serían las grandes corporaciones? Todo el tiempo estamos intercambiando en nuestras relaciones, no sólo cuando trabajamos y recibimos un salario o cuando vendemos o compramos un producto; intercambiamos afecto, amabilidad, buenos o malos tratos con las personas a nuestro alrededor. Hacemos contratos laborales, pero también hay contratos de matrimonio o de comportamiento cuando estamos en el colegio, por ejemplo, y no creo que las empresas tengan que ver con estas relaciones. Lo que sí hacen las empresas grandes y pequeñas, los comerciantes y productores, es generar bienes y servicios, crear prosperidad, y sus actividades también deben estar regidas por la ley.

En cuanto a los grupos contra los individuos, todo el punto de Bastiat al respecto es que los grupos no deberían tener mayor influencia para controlar la ley a su antojo, porque es igual de injusto que una minoría expolie a una mayoría y viceversa. Además, es preciso que recordemos que un grupo es un conjunto de individuos y que un individuo puede sobrevivir sin un grupo, pero un grupo no puede sobrevivir sin individuos. Antes de ser “nosotros”, somos “yo”, la minoría más importante en el mundo, la que debemos defender a toda costa. Cuando dejamos que los grupos de presión pasen sobre la ley, cuando dejamos que los mercantilistas pasen sobre la ley, y los gobiernos o cualquiera, estamos olvidando nuestro propio valor, que no necesitamos de un gobierno central que planee nuestras vidas, que podemos unirnos a otros si lo que se necesita es que seamos un grupo grande de individuos que valoran y defienden su libertad.

Imágenes del capitalismo II


Imagen tomada de: http://bit.ly/O3kSgC

Me parece que la historia que cuenta la imagen no comienza en el primer cuadro. Para sacar mejores conclusiones deberíamos conocer el principio; sin embargo, eso no nos impide jugar un poco con ella.

La historia trata de un sujeto sentado a la sombra de un árbol en un día soleado. Está tranquilo, sin hacer nada más que contemplar el horizonte. Llega un segundo individuo, ve el árbol, lo corta, construye una casa y se la vende al primero, que queda muy triste en su nueva galerita. Al principio del cuento me gustaría saber ¿quién es el dueño del árbol? Si le pertenece al primer sujeto, los siguientes cuadros no son un ejemplo de capitalismo, sino de socialismo: llega alguien del gobierno, le roba su propiedad y luego le cobra para que la use de la forma en que ellos le dicen que debe hacerlo, ellos controlan el precio de compra-venta y los usos que le puede dar a la propiedad. Un ejemplo de mercantilismo: llega un “empresaurio” que hace uso de sus privilegios, le roba su árbol, él no puede ir a las autoridades porque ese individuo tiene comprada a la justicia. Construye la casa y se la vende a quien era dueño de la materia prima. Sería un ejemplo de capitalismo si el empresario le compra el árbol, porque lo que le vendería después no sería madera, sino una casa producto de un proceso de construcción. Si el individuo no era dueño del árbol y sólo estaba ahí sentado, no podría reclamar que el otro use la materia prima para construir lo que quiera y venda su producto al precio justo.

Me parece que la historia no termina ahí, porque un árbol puede ser un agradable refugio del sol, aunque no es tan eficiente para protegerte de la lluvia, menos de una tormenta eléctrica o de las panteras y los osos. Supongo que por ello no vivimos en árboles. Tomar materiales de la naturaleza y transformarlos es la forma de crear riqueza. En este caso el segundo individuo transformó el árbol y eso tiene un costo, gracias a ese proceso él obtuvo una ganancia. Creo que la imagen intenta cuestionar la moralidad del capitalismo con uno de sus elementos, que un emprendedor llegue, tome un material y lo transforme. La parte que deja de lado es contar a quién le pertenecía ese material y la virtud de trabajar en él para construir algo que beneficiará al primer individuo, que no hizo nada con el árbol en primer lugar.

¿a mí me pela?


Los colores del anuncio luminoso fueron lo primero que llamó mi atención, luego me intrigó que el anuncio estuviera repetido en tantos lugares. Cuando finalmente lo leí completo pensé en los motivos de esta “campaña de concientización”. Según el sitio web de la organización 2012 Despertemos el fin de los anuncios es sensibilizar a ese 50% de la población a la que no le importa que otro 50% de la población sufra de desnutrición. La pregunta es directa, así que la respuesta se reduce a un sí o no. Si la respuesta es sí, sólo estarán confirmando que hay guatemaltecos a los que el problema no les afecta y a quienes, por lo tanto, les da lo mismo. Si la respuesta es no, el siguiente paso lógico es preguntarles ¿qué me proponen que hagamos al respecto? Porque supongo que toda la campaña no se trata de una simple cuestión estadística.

Su propuesta se divide en cuatro fases. La primera es reunir a quienes quieran unirse al movimiento para hacer una gira por los departamentos de Guatemala más afectados por la hambruna, conocer a familias que viven ahí y ver cómo sufren el problema. Les darán talleres sobre nutrición y estrategias para combatir el problema, además de ayudarlos a sensibilizarse al respecto. En la siguiente fase reunirán a gente que ya esté haciendo algo para combatir la desnutrición con gente que quiere ayudar, harán diálogos para unir esfuerzos y hacer propuestas. El resto del proceso no me quedó claro, aunque supongo que será algo respecto a las propuestas que salgan de los diálogos; además, vi algo sobre una coperacha (colecta) nacional.

Con toda esta información puedo decirles que el problema no me “pela”, pero que tampoco voy a ser parte de este movimiento por tres razones fundamentales:

1. La única forma de eliminar la pobreza es creando riqueza. El gobierno no crea riqueza, las ONG no crean riqueza, las organizaciones políticas no crean riqueza, las organizaciones religiosas no crean riqueza. Los que crean riqueza son los empresarios, la gente que da trabajo y la gente que trabaja. Hacer una colecta no es crear riqueza, recolectar impuestos no es crear riqueza, robar no es crear riqueza. La desnutrición es un efecto directo de la pobreza, para combatir y erradicar la desnutrición, lo primero que debemos hacer es combatir y erradicar la pobreza.

2. Me parece arrogante llevar a grupos de gente para “sensibilizarlos” y que conozcan la pobreza. En los diálogos con la gente que ya está “haciendo algo” para combatir la desnutrición, ¿hay gente de las comunidades afectadas? ¿Quién sabe cuáles son las necesidades de cada comunidad, quien vive ahí o quien “sabe mejor” porque llega de la ciudad? ¿Las soluciones propuestas tienen que ver con creación de empresas y trabajo para las personas de las comunidades? ¿Qué diferencia hay entre un viaje a la selva para conocer la fauna y un viaje a las comunidades para conocer la pobreza?

3.  No tiene nada que ver con la benevolencia, es un mecanismo de manipulación por medio de la culpa. No es una campaña para que la gente comprenda las raíces de la pobreza, es para que se sienta culpable por lo que tiene, es para que piense que debe dar y dar y con eso basta para calmar su conciencia. ¿De qué nos sirve saber sobre nutrición si no tenemos qué comer?

¿Quién debe controlar la economía?


El hombre que está parado en la escalera, a punto de bajar a tierra por primera vez en su vida, es un pianista que nació en ese barco. Mira la ciudad y regresa al barco. Mucho tiempo después su amigo le pregunta por qué no bajó  y ésta es su respuesta: “No fue lo que vi lo que me detuvo. Fue lo que no vi. ¿Puedes comprenderlo?, fue lo que no vi. Lo busqué, pero no existía, en toda aquella inmensa ciudad había de todo excepto un final. Lo que no vi es dónde terminaba todo aquello. El final del mundo. Imagínate un piano. Las Teclas inician, las teclas acaban. Tú sabes que hay ochenta y ocho, sobre eso nadie puede engañarte. No son infinitas. Tú eres infinito. Eso me gusta, es fácil vivir con eso. Pero si yo subo a esa escalerilla y frente a mí se extiende un teclado con millones de teclas, millones, trillones de teclas que nunca se terminan, y ese teclado es infinito. En ese teclado no hay música que puedas tocar.“ (adaptado de Novecento, de Alessandro Baricco)

El pianista sabe que puede controlar una cantidad limitada de teclas y con ellas puede crear infinitas combinaciones. De esta forma, las personas cuentan con un número limitado de datos para tomar decisiones y actuar; por extensión, no hay gobierno alguno que pueda conocer todas las variables, todos los datos, todos los contextos, los gobernantes cuentan con una pequeña parte de la información del mercado, por ejemplo. En el momento en que el gobierno interviene en la economía, es como si dejáramos al pianista creer que será capaz de crear una melodía con un piano de teclas infinitas. No importa si el equipo que conforma el gobierno es el mejor o el peor, lo que importa es saber que hay infinidad de posibilidades que no conoce y no puede controlar, hay miles de decisiones que no puede tomar porque no sabe qué es bueno para cada quien y por qué.

En cada proceso de mercado, en el intercambio hay individuos que están directamente relacionados, otros que reciben las externalidades y otros que ni se enteran. Mientras más grande es la transacción es probable que involucre a más individuos. Si dejamos que el gobierno subcidie ciertos negocios, si dejamos que el gobierno otorgue privilegios, si estamos de acuerdo con la idea de que puede controlar el mercado, hacemos que evite el libre desarrollo del mercado. Evitamos que los individuos actuén con libertad y responsabilidad. Cuando las personas hacen negocios pueden ganar o perder, el gobierno no debería “salvar” a unos o “sacrificar” a otros, debería dejar que cada quien asuma sus riesgos, pierda o gane con libertad.

Entrevista a Adelaida Loukota


Ayer apareció publicada en el diario Siglo 21 una entrevista que me hizo Sofía Botrán, les copio acá una parte y pueden ver el resto acá.

Adelaida Loukota: Que cada quien busque sus ideas y trabaje para lograrlas

Sofía Botrán conversó con la encargada de un departamento que defiende una filosofía de vida liderada por la razón.

El Centro de Estudios del Capitalismo (CEC) cuenta desde el pasado 1 de octubre con una nueva directora, Adelaida     Loukota, también conocida en la comunidad de la Universidad Francisco Marroquín por ser la coordinadora de los clubes de lectura de la Biblioteca Ludwig von Mises.

Desde su nacimiento en 2009, el CEC promueve la reflexión para adoptar una ideología que defienda el capitalismo, la razón, los derechos individuales y la libre actividad empresarial. Teniendo en cuenta esos pilares, Loukota busca construir esa filosofía de vida, a través de lecturas como, La Rebelión del Atlas El Manantial de Ayn Rand, novelas que toman el capitalismo como único sistema filosófico moral. En esta entrevista explica cómo funciona el CEC.

¿Qué es el Centro de Estudios del Capitalismo?

El centro divulga, estudia y discute los principios filosóficos de la razón, los derechos individuales, el capitalismo y la actividad emprendedora partiendo de los estudios realizados por Ayn Rand y filósofos liberales clásicos.

¿Cuál es el método?

Se realizan actividades de diálogo y discusión al estilo de las reuniones socráticas con estudiantes de bachillerato, universitarios y profesionales interesados en profundizar en el Capitalismo. Se estudian los fundamentos por los cuales la riqueza del mundo es creada y los hombres buscan su felicidad y la de sus seres queridos.

¿Cuál es la bibliografía utilizada?

No sólo leemos y discutimos a Ayn Rand; sus libros suelen ser con los que iniciamos pero luego los grupos pueden decidir continuar con las reuniones para leer otras cosas. En una ocasión pasamos a las obras de Kafka, Dostoievski y otros autores.

¿Por qué Ayn Rand?

En sus novelas muestra sus principios. Ella sostenía que el hombre debe elegir sus valores y sus acciones mediante la razón, argumento también defendido por el CEC. Por ejemplo en La Rebelión del Atlas establece una serie de dicotomías de personajes para ilustrar mejor los conflictos. Entre estos “bandos” se pueden ir agrupando los productivos y los parásitos o saqueadores, mostrando así a los motores que mueven el mundo. Por otro lado, en El Manantiase presenta la lucha individuo contra el mundo, en sus palabras “El ego del hombre es el manantial del progreso humano”.