¿Cómo te imaginas un mundo mejor?


Imagen tomada de: http://bit.ly/9ws3Sk

Imagen tomada de: http://bit.ly/9ws3Sk

La pregunta lanzada al aire fue ¿cómo se imaginan un mundo mejor? Hubo una pausa musical y luego el locutor recibió una llamada. La voz pertenecía a una mujer joven, habló del tránsito en la calle y luego dijo que ella creía que el futuro sería mejor si le damos trabajo a la gente. Dijo que Guatemala es un país muy lindo, pero que tiene grandes problemas como violencia, delincuencia, pobreza, que ella pensaba que la solución a todo eso era generar trabajos, que sólo vamos a superar nuestros problemas trabajando. Contó que ella desde niña pensaba que lo que quería hacer de grande era darle trabajo a la gente y que se dedicaba a eso. Le dio las gracias al locutor y se despidió. Yo me quedé pensando en sus palabras y dejé de prestarle atención a la música. Yo estoy de acuerdo con esa chica, si queremos resolver los problemas a los que nos enfrentamos como sociedad debemos trabajar y yo le agregaría a eso que también debemos sentirnos orgullosos por nuestro trabajo, orgullosos de ganar dinero, de ser productivos.

Yo tuve mi primer trabajo a los 14 años. Una tía me contrató como “vacacionista” para empacar regalos de navidad en su tienda. Lo primero que compré con el dinero que gané fueron zapatos y recuerdo esa agradable sensación de comprar el tipo de zapato que yo quería, porque era mi dinero y eso me daba la libertad de elegir. De ese tiempo para acá he seguido trabajando, tanto formal como informalmente, a veces he ganado más y a veces he ganado menos y eso la gente lo ve normal, pero si hubiera ganado mucho, muchísimo con algún buen negocio ya me hubiera topado con un prejuicio que le va quitando el orgullo al trabajo, esa vieja idea de “eso es demasiado, está ganando demasiado”. Me he preguntado muchas veces cómo pasamos de creer que el trabajo que te da lo suficiente para mantenerte o mantener a tu familia de manera digna es virtuoso y el trabajo que te da millones ya es pura avaricia. Quizás se nos olvida un punto importante del que habla Francisco d’Anconia en La rebelión de Atlas:

¿Alguna vez os habéis preguntado cuál es el origen del dinero? El dinero es un instrumento de cambio, que no puede existir a menos que existan bienes producidos y hombres capaces de producirlos. El dinero es la forma material del principio que los hombres que desean tratar entre sí deben hacerlo por intercambio y dando valor por valor. El dinero no es el instrumento de mendigos que claman tu producto con lágrimas, ni el de saqueadores que te lo quitan por la fuerza. El dinero lo hacen posible sólo los hombres que producen. ¿Es eso lo que consideráis malvado? (…)

Pero el dinero es sólo un instrumento. Te llevará donde desees, pero no te sustituirá como conductor. Te dará los medios para la satisfacción de tus deseos, pero no te proveerá con deseos. El dinero es la plaga de los hombres que intentan revertir la ley de causalidad – los hombres que buscan reemplazar la mente adueñándose de los productos de la mente.

El dinero no comprará la felicidad para el hombre que no tenga ni idea de lo que quiere; el dinero no le dará un código de valores si él ha evadido el conocimiento de qué valorar, y no le dará un objetivo si él ha evadido la elección de qué buscar. El dinero no comprará inteligencia para el estúpido, o admiración para el cobarde, o respeto para el incompetente. El hombre que intenta comprar los cerebros de sus superiores para que le sirvan, reemplazando con dinero su capacidad de juicio, acaba por convertirse en la víctima de sus inferiores. Los hombres de inteligencia lo abandonan, pero los embaucadores y farsantes acuden a él en masa, atraídos por una ley que él no ha descubierto: que ningún hombre puede ser inferior a su dinero. ¿Es ésa la razón por la que lo llamáis malvado? (…)

El dinero es vuestro medio de supervivencia. El veredicto que pronunciáis sobre la fuente de vuestro sustento es el veredicto que pronunciáis sobre vuestra vida. Si la fuente es corrupta, habéis condenado vuestra propia existencia. ¿Adquiristeis vuestro dinero por fraude? ¿Cortejando los vicios o estupideces humanas? ¿Sirviendo a imbéciles con la esperanza de conseguir más de lo que vuestra capacidad se merece? ¿Rebajando vuestros principios? ¿Realizando tareas que despreciáis para compradores que desdeñáis? En tal caso, vuestro dinero no os dará ni un momento, ni un centavo de alegría. Todo cuanto compréis se convertirá, no en una honra para vosotros, sino en un reproche; no en un triunfo, sino en un evocador de vergüenza. Entonces gritaréis que el dinero es malvado. ¿Malvado, porque no sustituye al respeto que os debéis a vosotros mismos? ¿Malvado, porque no os dejó disfrutar de vuestra depravación? ¿Es ésa la raíz de vuestro odio por el dinero?

El dinero siempre seguirá siendo un efecto y rehusará reemplazaros como la causa. El dinero es el producto de la virtud, pero no os dará la virtud y no redimirá vuestros vicios. El dinero no os dará lo inmerecido, ni en materia ni es espíritu.” (Pueden leer el discurso completo acá)

El producto de nuestro esfuerzo, el producto de nuestro trabajo no debería ser desestimado calificándolo de “demasiado”. Además, yo sé cuánto es demasiado para mí, pero jamás me atrevería a decir cuánto es demasiado para alguien más. Entiendo que no toda la gente con fortunas se las han ganado por las buenas, por ello admiro a aquellos que se niegan a obtener subsidios del gobierno, que no hacen trampas, que se niegan a despojar a otros de lo que les pertenece. Admiro a las personas que se sienten orgullosas de su trabajo, del producto de su mente y sus decisiones.

Anuncios

Los misioneros


Hace unos días uno de mis primos me preguntó si había oído esto:

“Dos novelas pueden cambiar la vida de un adolescente intelectual de 14 años: El Señor de los Anillos y La Rebelión de Atlas. Uno es una fantasía infantil que muchas veces engendra una obsesión perpetua con sus héroes inverosímiles, dando como resultado a un adulto emocionalmente mal desarrollado y socialmente atrofiado, sin capacidad de abordar el mundo real. El otro libro tiene hobbits.” 

Me reí de buena gana del comentario y como él no tenía idea de la fuente de tal reflexión, se tomó la molestia de buscar el blog donde la había leído y me mandó el enlace a Tipos de libertarios chapines, escrito por un católico políticamente incorrecto, donde, además, encontré toda una clasificación de los libertarios según su conducta. No quiero iniciar un debate aclarando la opinión que Rand tenía sobre los libertarios. Tampoco comentaré sobre el propósito de los héroes de la novela, ni hablaré de esa comparación entre objetivismo y cienciología, porque me parece más interesante hablar de los 13 tipos de personas descritas e ilustradas en esa lista, que podría ser facilmente adaptada a la lista de los tipos de católicos o cristianos chapines, de maestros, ingenieros, políticos, futbolistas o locutores chapines.

http://adamthinks.com/tag/atlas-shrugged/Creo que mi lugar en la clasificación está en el último de la lista. Diré que a mucha honra soy de esas personas que siempre andan intentando que los demás lean, sí, soy una misionera de la lectura que hace años le tiene declarada la guerra a la pereza mental. Para mí es muy importante que la gente lea libros como La rebelión de Atlas para que tenga contacto con héroes que representan la visión ideal e incluso aspiracional del ser humano, para que tengan la oportunidad de conocer a un personaje que vive sin temor, sin dolor y sin culpa, sólo para salir un poco del panorama de la literatura donde los héroes no pueden representar los máximos ideales de alguien porque eso los vuelve inverosímiles.

Existen miles de argumentos para no leer La rebelión de Atlas (o cualquier otro libro), que van desde la alusión a su extensión, pasando por críticas al caracter o la vida de su autora, llegando a decir que el libro hará que uno se convierta en algo que no es, que actuará mágicamente para alterar nuestra conducta. Hay excusas que me parecen más válidas que otras, pero a final de cuentas uno no puede tener una opinión informada si no se ha enfrentado a las páginas, situaciones e ideas de la novela. En cuanto a la ilustración de la filosofía de la autora a través de la novela, sólo diré que se engañan quienes piensan que el resto de novelas no tienen una base filosfófica y que no los “contaminarán” con ideas.