Si fuera sólo de pastorear ideas


Curiosidad, fuente de las virtudes. Foto de María Fernanda Peter

La sala estaba llena de jóvenes, empresarios, emprendedores, inversionistas, profesores y alguno que otro curioso. Escuchamos las historias de las empresas de los cuatro conferencistas y luego vino el tiempo para las preguntas. Los cuatro empresarios se sentaron y nos hablaron de los obstáculos que habían superado para tener éxito, de lo que aprendieron de la experiencia, de sus dudas iniciales, de sus retos para el futuro. Un joven levantó la mano y les preguntó si tenían algún tipo de programa de apoyo para nuevos emprendedores, que qué hacían sus empresas para contribuir con un ecosistema de desarrollo donde surjan ideas y empresas nuevas. Los cuatro se quedaron callados y luego intentaron alguna justificación, no sabían exactamente qué responder, hablaron del apoyo que le dan a ciertos empleados sobresalientes y se sintieron un poco culpables por “no darle más a la sociedad”.

Lo que estos jóvenes empresarios perdieron de vista fue que le dan a otros su ejemplo, eso era lo que estaban haciendo ahí al compartir sus historias, estaban inspirando a otros para luchar por su idea. También perdieron de vista que gracias a sus empresas hay otras empresas que también crecen. Sus proveedores se benefician del éxito de esas cuatro empresas y así se va creando un “ecosistema”, un universo benevolente. Benefician a sus clientes, porque resuelven sus necesidades. Gracias a ellos no vivimos en un mundo altruista donde alguien sale perdiendo porque otro lo sacrifica, una ambiente de caníbales, eso es algo muy distinto.

Atrás de la reacción de los empresarios que no saben por qué sus empresas son buenas para el mundo hay una serie de ideas. Durante años han escuchado que su labor es perversa, no porque sean tramposos, explotadores, trinqueteros o antiéticos, simplemente por tener una empresa, por trabajar duro y obtener ganancias, algo que otros no hacen porque esperan obtener ganancias sin trabajar o que les regalen todo lo que necesitan.

Las ideas son poderosas, pero no nos llegan por ósmosis, por contagio, por leer La rebelión de Atlas o el libro rojo de Mao, no nos las incrustan en la cabeza en clase, por mucho que algunos crean que es así. No somos ovejitas que aceptan y callan, no tienen que pastorear las ideas que siembran en nosotros. Las ideas hay que trabajarlas conscientemente y para ello necesitamos exposición directa, análisis e introspección. Nadie puede obligarte a pensar, a creer algo que tú no quieras creer, para que te convenzan de una idea tú tienes que acceder y dejar que esa idea sea parte de tu vida.

Hay mucha gente que dice que los empresarios son malos, que las ideas de Ayn Rand están equivocadas, que el ser humano es un insecto, ¿estas son verdades incuestionables? Afortunadamente también hay personas que creen que el hombre es un ser magnífico; que ser empresario no es ser oportunista y lo demuestran con su calidad moral; que nos dan ejemplos, no para convencernos a tontas y locas, sino para hacernos reflexionar sobre las cualidades humanas, como Walter Peter con su escultura “Curiosidad, fuente de las virtudes”, que nos recuerda que debemos conocer, leer, cuestionar, soñar y no rendir nuestra mente bajo ningún pretexto.

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Una de estas cosas no es como las otras


Imagen tomada de: http://bit.ly/O7j3os

En el mundo hay algo así como 7,031,701,608 personas. De esos siete mil millones y pico, dicen que unas 8,600,000 personas son millonarias y que 1,200,000,000 viven en extrema pobreza. Yo represento el 0.00000001 % de la población mundial y no estoy en ninguno de esos dos extremos.

Desperté haciendo cuentas, porque ayer leí un artículo sobre la tendencia igualitaria de algunos intelectuales en los años 70, en el que decía que ellos: “No prometen elevar el estándar de vida de los hombres, proclaman que debería ser disminuido. No tratan de redistribuir la riqueza, tratan de destruirla. ¿Qué queda entonces de su anterior credo? Sólo una constante: el sacrificio, que ahora predican abiertamente de la misma forma que siempre lo habían aprobado en secreto: ‘el sacrificio por el sacrificio mismo’.(“Una carta sin título”, en Filosofía ¿quién la necesita?, de Ayn Rand, página 211)

Yo nunca me consideré parte del 99% y sigo sin entender bien qué pretende o pretendía ese movimiento, tampoco soy del 1% (necesitaría tener a 69,999,999 de personas de mi lado para serlo). Soy una persona que se levanta cada mañana para ir a trabajar, que cumple las leyes, que no quiere meterse en problemas, sólo hacer su parte. Tengo algunos héroes y modelos a seguir, admiro a algunas personas y me gustaría hacer cosas excepcionales y vivir en un mundo mejor. Por lo pronto no quiero tener mi propia isla o viajar en mi jet privado para ir a cenar a París, realmente no necesito un armario lleno de vestidos de diseñador. Quizás no tengo en mis manos el poder para erradicar el hambre en el mundo y darle cosas a los pobres y hacer que el mundo viva en paz. Lo que tengo son ideas, ideas valiosas que me gusta compartir de persona en persona:

1. La filosofía te responde la pregunta de ¿cómo vivir?, cada quien debe responder el ¿para qué vivir?

2. La libertad es personal e intransferible, uno no puede hacer que otros sean libres. Cada quien debe entender y respetar la libertad de los otros.

3. La riqueza representa bienes que se han producido pero aún no se han consumido. La riqueza no es algo que se encuentre por ahí, hay que trabajar para obtenerla, transformar la materia, producirla.

4. Cada persona que vive en el mundo es un individuo con diferentes capacidades, contextos, anhelos y necesidades. Hay gente que trabaja muy duro y se gana lo que tiene, hay otros que desperdician sus herencias o sus cheques de pensión. Hay gente honesta que sabe que su trabajo es valioso, que no necesita que le digan que su esfuerzo es perverso porque es mejor que el de otros. Cada persona puede decidir ser excelente en lo que hace.

5. No necesitamos límites, necesitamos que nos dejen crear, producir, vivir. No necesitamos inventar un nuevo sistema económico, necesitamos comprender y usar el capitalismo para resolver muchos de los problemas que aquejan al mundo. Necesitamos pagar por nuestra comida, nuestra educación, nuestra casa, necesitamos que cada persona entienda que no hay cosas gratis en el mundo, que no es injusto tener que trabajar para conseguirlas. Necesitamos una revolución moral para que cada persona salga de ese 99% y se convierta en un individuo que puede ser mejor cada día, que puede estar orgulloso de sí mismo y de su trabajo.

Mientras, dejo de quejarme


Christopher Gardner: It was right then that I started thinking about Thomas Jefferson on the Declaration of Independence and the part about our right to life, liberty, and the pursuit of happiness. And I remember thinking how did he know to put the pursuit part in there? That maybe happiness is something that we can only pursue and maybe we can actually never have it. No matter what. How did he know that?

Yo siempre he tenido una capacidad asombrosa para quejarme, en especial cuando me cuesta hacer algo y creo que a los demás se les hace muy fácil. Supongo que siempre es más sencillo pensar que sólo a mí me cuesta, que no tengo la fuerza, la inteligencia, que para todo tengo que esforzarme el doble. A veces me pongo dramática y me peleo con el mundo, con mi suerte. Otras veces ocurre que me cruzo con una película en la televisión, por ejemplo, y entonces tengo que reconocer que de vez en cuando hay que sudar la camisola si uno quiere obtener y conservar lo que quiere obtener y conservar.

Hace unos días alguien me dijo que las novelas históricas siempre cuentan la historia de unos pocos, pero que la historia es construida por la gente común. Lamento no estar de acuerdo con esa persona, porque creo que la historia sí está escrita por unos pocos seres humanos excepcionales. Quizás a algunos las cosas les cuesten más que a otros, quizás tengan que esforzarse el doble para lograr sus sueños, así como el protagonista de The Pursuit Of Happyness tuvo que hacer seis meses de entrenamiento sin paga en la empresa de corredores de bolsa sólo para tener la oportunidad de quedarse con el trabajo. Quizás este personaje tenga razón y la felicidad no es nuestro derecho, porque lo que merecemos es la oportunidad de luchar por alcanzarla.

Al final de esta pequeña reflexión de lunes, les dejo un video que puede resultarles interesante. Este señor habla sobre cómo cambiar nuestro esquema mental para mejorar nuestro trabajo y nuestra vida.

El final de “La rebelión de Atlas”


I used to question Mike’s endless reading of fiction, wondering what notions he was getting. But turned out he got a better feeling for human life from stories than he had been able to garner from facts; fiction gave him a gestalt of life, one taken for granted by a human; he lives it. Besides this “humanizing” effect, Mike’s substitute for experience, he got ideas from “not-true data” as he called fiction. (Robert A. Heinlein, “The Moon Is a Harsh Mistress”)

La semana pasada me topé en una red social con una conversación muy interesante sobre el final de “La rebelión de Atlas”. Una de las cosas que llamó mi atención es la idea de uno de los personajes involucrados en el diálogo de que no se puede tomar “en serio” las idea de un libro de ficción puesto que son ficción. Yo considero que la ficción es importante en la vida del ser humano porque si no podemos imaginar cómo puede ser algo, ¿cómo vamos a llevarlo a cabo? Les comparto la discusión, cada intervensión está copiada textual; sin embargo, omití los nombres de los involucrados y las intervenciones de otras personas.

Persona 1: “La rebelión de Atlas” tiene buenos pasajes. Al final es una obra de ficción que tiene un final ridículo. Me da pena que haya personas que sustenten sus consideraciones éticas y antropológicas en un libro de ficción. El libro sirve para mostrar el poder creeativo de la fuerza individual, pero de eso a formar un código moral hay una gran diferencia.

Rand tiene algo bueno: transmite de forma muy clara informaciones que muestran cómo la injerencia burocrática puede entorpecer la actividad económica. En ese sentido, el libro es interesante. El problema es que ofrece una visión ética y antropológica mutilada, que, además, tiene un final ridículo (los productivos se aíslan de la sociedad y se van a fundar su mundo perfecto). Y lo más peligroso, algunos lectores elevan la obra a la categoría de libro de culto.

Creo que la obra tiene buenos discursos y argumentos; pero muestra personajes planos, lineales y robóticos. Son poquísimas las transformaciones personales (la del policía apodado “la niñera”, la de la cuñada de Taggart que comprende muy tarde…). Los niños y los ancianos quedan prácticamente fuera. De las más de 1100 páginas de la novela, sólo unas 3 hablan de los niños. Digamos que presenta una visión del ser humano que para mí es muy incompleta.

Persona 2: interesante opinión sobre el final. Me imagino entonces, que también el Éxodo del pueblo de Israel, el éxodo de los puritanos que fundaron colonias en America, el éxodo de cerebros de la Inglaterra socialista pre-Thatcher, la separación de las colonias americanas de la Gran Bretaña y fundación de los Estados Unidos Americanos son todos ridículos, ya que son ejemplos del mismo principio: los productivos se aíslan de una sociedad que los explota y acosa y se van a fundar su mundo perfecto o a buscar uno mejor. Así me imagino que las propuestas de fundar Free Cities, o Charter Cities, o Leapfrog Cities, también han de ser ridículas. Y lo que originó las facultades de Arquitectura de la UFM y Landívar también fue ridículo, ya que estas surgieron por negociaciones de un grupo de estudiantes, (más de la mitad), de la antigua facultad de Arquitectura de la San Carlos, que no estábamos de acuerdo con aprender marxismo, que era lo que pretendía la guerrilla que se apoderó de la dirección de esta última. Sigue leyendo

Mi vida construida por mí


Tomado de: http://piccsy.com/2011/06/never-stop-learning/Si yo hablara tu tipo de lenguaje, diría que el único mandamiento moral para el hombre es: ‘Debes pensar’. Pero la frase ‘mandamiento moral’ es una contradicción. Lo moral es lo elegido, no lo obligado; lo comprendido, no lo obedecido. Lo moral es lo racional, y la razón no acepta mandamientos.

Mi moral, la moral de la razón, está contenida en un sólo axioma: la existencia existe; y en una única elección: vivir. El resto se deriva de ella. Para vivir el hombre debe considerar tres cosas como los valores supremos que rigen su vida: razón, propósito y autoestima. La razón como su única herramienta para el conocimiento. El propósito, como su elección de la felicidad que esa herramienta procederá a lograr. Autoestima, como la inviolable certeza de que su mente es competente para pensar y de que su persona es digna de ser feliz, lo cual significa que es digna de vivir.

(La rebelión de Atlas, Ayn Rand, página 964)

La moral es esa guía que me indica la conducta que debo practicar para vivir mi vida. Así, es necesario que considere cuáles son los propósitos morales que rigen mi existencia. Si considero que cada persona es un fin en sí misma, defenderé valores como la autoestima, la libertad individual, el derecho que cada uno tiene de buscar su felicidad, de trabajar para alcanzarla. Si, por el contrario, considero que las personas son medios que están en este mundo para cumplir los fines de algo o alguien “más grande”, defenderé valores como el bien común, el sacrificio y el altruismo.

La clave en este asunto de la moral está en la elección racional que cada uno haga de su código, de la escala de valores de cada quien. Si considero que la vida es mi valor más importante y que vivirla bien es mi objetivo, actuaré en consecuencia. Si bien es cierto que somos criados en cierto ambiente, con cierto contexto y ciertas normas, ello no significa que debamos aceptar el código moral que la tradición, la familia, la sociedad, la iglesia, la escuela o cualquier otro nos imponga, es deber de cada uno cuestionarse si creerá en esos valores y si está dispuesto a vivir su vida buscando alcanzarlos.

Sé que vivo en un mundo lleno de personas, lo que significa que debo establecer relaciones con otros, asociarme y cooperar. Creo que es válido preguntarme si prefiero asociarme con gente que también considera que la vida es su valor máximo, que usa la razón para integrar la evidencia que recibe por medio de sus sentidos, que evalúa lo que es bueno y malo para su vida y busca alcanzar su propia felicidad sin sacrificar a los demás, sin hacer uso de la fuerza; o si prefiero vivir a la defensiva, entre personas que no sentirán respeto alguno por mis ideas y usarán la fuerza para obligarme a actuar contra mis principios.

¿Entonces para qué?


Dos amigos se encuentran en una reunión y se ponen a platicar. El sujeto A le dice el sujeto B que su negocio no está bien, que la gente le dice que su producto está muy caro y le piden que baje el precio a un punto que sería insostenible. El sujeto B le dice que la gente tiene razón, que su producto está caro y que es porque está cobrando mucho por su trabajo. El sujeto A le contesta que debe cobrar por su trabajo, que le invierte tiempo y esfuerzo y que es justo que el cobrar por ello. El sujeto B sonríe y le replica que si el trabajo valiera dinero todos los trabajadores del mundo serían millonarios. El sujeto A sonríe y cambia de tema, pero se queda pensando en las palabras del otro sujeto y se pregunta ¿entonces para qué trabajar? ¿Por qué vale la pena?

Hay muchas preguntas que surgen de esta historia, desde las que conciernen a la naturaleza de los negocios y la labor emprendedora hasta las que nos llevan a la filosofía. Cuando un emprendedor decide llevar a cabo un negocio, confía en que dicho negocio le traerá ganancias, como diría mi mamá, uno arriesga un huevo para tener un pollo. Si bien es cierto que a veces uno arriesga huevos y no obtiene pollos, ese no es el fin que el emprendedor perseguía. Si le quitamos al negocio su finalidad de producir ganacias, no estamos pensando en empresas existosas, estamos pensando en algo más. En recibir subsidios o caridad, no en producir nuestros propios ingresos.

Si pensamos que nuestro trabajo no merece ser remunerado, y no hablo de un emprendedor que decide recibir un sueldo bajo en su propia empresa con tal de cumplir su sueño, sino de la idea de que nuestro trabajo debe ser entregado para beneficio de alguien más, entonces llegamos al punto filosófico del altruismo  y para ilustrarlo les dejo el siguiente video:

Invitación: Documetal “Ayn Rand & la profecía de La rebelión de Atlas”


El martes 6 de marzo se llevará a cabo el preestreno del documental “Ayn Rand & la profecía de La rebelión de Atlas” en el auditorio Juan Bautista Gutiérrez de la Universidad Francisco Marroquín (más información acá). Este evento es una buena oportunidad para conocer más acerca de esta autora y su obra.