Lo digo en serio


Hace unas semanas escribí un post sobre la campaña de Asíes (supongo que es de ellos porque en las vallas publicitarias aparece como institución que firma al pie del anuncio) para crear conciencia de la necesidad de combatir la desnutrición en Guatemala, donde analizaba de forma muy breve su propuesta, luego les respondía si a mí me importaba el problema y, finalmente, hacía una crítica a los que considero son sus puntos débiles. Un amigo compartió mi texto en FB y éste recibió las dos respuestas de la imagen. Después de meditarlo mucho, decidí copiar estas respuestas y comentar al respecto, no porque crea que mis comentarios son incuestionables, sino porque me sorprende mucho esa necesidad de “imparcialidad” en ambos. Hacer una crítica no es fácil. No se trata sólo de decir que algo no me gusta porque no y después montar un berrinche sin argumentos. Se trata de evaluar al sujeto criticado y señalar los puntos precisos con los que uno está o no está de acuerdo.

A mí no me parece que el esfuerzo de esta campaña sea particularmente “honesto”, por ello no señalé este punto en mi crítica; pero más importante, la honestidad de un proyecto no hace que éste se convierta en algo que no puede ser criticado, es bien sabido que de buenas intenciones está empedrado el camino del infierno. ¿Cuándo decidimos que criticar a los proyectos que están pidiendo mi ayuda, mi dinero y mi tiempo es injusto, inhumano? Después de leer estos comentarios me pregunté si criticar ésta y otras campañas es enfermizo y parcializado de mi parte, hasta que me pregunté si acaso ¿no es enfermizo que una organización te diga que sos una mala persona por no darles dinero? ¿No es enfermizo que te digan que hacés mal en cuestionar una campaña más, que tampoco solucionará nada? ¿No es enfermizo que te culpen por problemas que tú no creaste? ¿No es enfermizo que te digan que una parte de la población es incapaz de sobrevivir si tú no les das esos Q50 para limpiar tu culpa?

El primer comentario dice que citar a Mises no resuelve nada, el segundo dice que yo parezco muy segura de saber las causas reales de la desnutrición, y ambos descalifican la honestidad de mis ideas. Cuando yo hago un comentario, lo hago en serio. No sé cómo puede uno sostener una discusión, una crítica, un comentario sin ideas firmes. La historia, la realidad, ha demostrado que la única forma de eliminar la pobreza es creando riqueza, porque aunque seás un parásito o saqueador muy efectivo, si aquel al que le estás quitando su dinero, deja de producir, ya no tendrás dinero que saquear. ¿Mi texto no propone soluciones? Quizás mi texto no propone que vayamos todos a visitar las casas de aquellos que se mueren de hambre en el interior de la República, lo que está dentro de mi texto es la propuesta de que hagamos una revolución moral, de que enfrentemos los problemas con ideas, no ideas que repetimos sin saber de dónde vienen, sino ideas que hemos cuestionado, en las que creemos. Es tiempo de que cada uno empiece a hablar en serio, que piense a dónde van sus esfuerzos y los esfuerzos que hacen los otros para que no nos atormenten con campañas para rompernos el corazón.

Hablando de los impuestos y ser mejor persona


Una amiga me hizo un comentario respecto al post en que me preguntaba si pagar impuestos me hace mejor persona, me dijo: “Por supuesto que no me hace mejor persona, pero lamentablemente, aquí en Guatemala si no los pago, corro el riesgo de ir a la cárcel y obtener una condena, mucho más rápido que el proceso de un asesino.”

Primero me recordó una entrevista en la que el Doctor Martin Krause responde a la pregunta ¿El liberalismo le da la espalda a los desprotegidos? (pueden verla acá) él habla de la benevolencia y explica cómo una persona puede ser generosa con lo propio y no puede decir que lo fue cuando pagó impuestos a ciegas para que otro hiciera algo “bueno” con ese dinero. Espero no haber dado la impresión de estar proponiendo volvernos evasores de impuestos, porque mientras vivamos bajo ciertas leyes hay que cumplirlas. Mi idea era hablar de las justificaciones que nos damos a nosotros mismo cuando pensamos que estamos “haciendo el bien” al pagar nuestros impuestos.

También me hizo preguntarme el motivo por el que el gobierno le pone tanto empeño a perseguir a los evasores de impuestos. Mi primer impulso fue pensar en la simple corrupción, si los funcionarios se roban el dinero que todos damos, tienen menos que robar si algunos no dan, así que persiguen a esos para tener más que robar y para dar la impresión de que son muy honestos y persiguen y castigan a los ladrones. Llevando la idea a un plano menos corrupto, creo que tiene que ver con la naturaleza de los propios impuestos. Cada ciudadano aporta una parte de sus ingresos y eso se va a un fondo común que el gobierno administra. Es como si todos metiéramos nuestras monedas en el mismo cochinito y al final alguien tiene que decidir en qué invertirlo. Eso significa que lo que se usa en carreteras no se usa en medicinas, lo que le dan a unos significa algo que no le darán a otros. ¿Cómo se puede ser justo para repartir las monedas? ¿Cómo decidimos quién necesita más y quién necesita menos? Desde esta perspectiva, quien no mete su moneda en el cochinito es el peor ladrón de todos, porque nos está robando a todos y el gobierno le aplica todo el peso de la ley.

Si el gobierno es el único que tiene el poder para administrar nuestras monedas algún funcionario debe decidir cómo repartirlas. Si nos van a dar comida a todos (porque en todo caso la idea es que todos obtengamos los beneficios de aquello para lo que cooperamos) ese funcionario podría decidir que las galletas no son fundamentales para una dieta balanceada y las quitará de la lista de alimentos que nos dan, como damos mucho de nuestro dinero no podemos pagar nuestras galletas, así que poco a poco perderíamos nuestra libertad de elegir qué queremos comer.

El asunto no es preguntarnos si la salida es evadir impuestos, debemos preguntarnos por la moralidad de estos y por nuestra responsabilidad con nosotros mismos y nuestra libertad.

 

¿pagar impuestos me hace mejor persona?


Una de las cosas que menos me gustaron de mis años de colegio y universidad fueron los trabajos en grupo. Un día llegaba la maestra y nos decía que teníamos que trabajar con cuatro o cinco compañeros, con un poco de suerte nos dejaba elegir con quiénes trabajar, con menos suerte ella hacía los grupos. Una vez metidos en esa situación aparecía el entusiasta que armaba el proyecto y quería organizarlo todo, quien algunas veces se extralimitaba y empezaba a dar órdenes y asignar tareas sin dejar que los demás opinaran; estaba aquel al que le daba francamente lo mismo y hacía lo que le dijeron, ni una cosa más; y aquel otro que no hacía nada pero al final tenía que aparecer en la nómina del grupo y recibía el mismo punteo que el resto del grupo. Yo asumí cada uno de esos roles en diferentes oportunidades y aprendí algunas cosas:

1. Uno no siempre puede elegir con qué grupo trabajar. Así que si estás en un país, ya sea porque naciste ahí o porque las circunstancias te llevaron a quedarte, hay que acatar sus leyes y trabajar con su gente. Ello no quiere decir que debo renunciar a mis ideas y convertirme en un autómata que no piensa. Existe una diferencia sustancial entre comprender mi contexto y aceptar la realidad y dejar de ser un individuo responsable.

2. Hay personas que quieren controlar al grupo y que las cosas se hagan a su manera. Cuando uno elige a un presidente, está eligiendo al administrador que  trabajará para el proyecto de país. No elegimos a un rey al cual debemos servir y obedecer, tampoco elegimos a un jefe que nos ordene cómo vivir o a un padre que nos cuide. El presidente es la cabeza de una organización que debería llevar a cabo ciertas actividades específicas, como velar por el respeto a los derechos individuales, hacer que se respeten los contratos y ofrecer seguridad a los ciudadanos.  Sigue leyendo

Club de lectura de “La rebelión de Atlas”. Segunda reunión


Comparto algunos de los temas y  preguntas que tratamos durante la segunda reunión de discusión:

  • Terminamos de leer la primera parte del libro. El final de “La no contradicción” nos dejó muchas más preguntas que respuestas. Seguimos discutiendo sobre Francisco d’Anconia, su cambio y la contradicción entre lapersona que era y la persona en quien se convirtió. En una conversación con Dagny nos dio una clave que debemos tener en cuenta para el resto de la historia “las contradicciones no existen. Cuando pienses que te encuentras frente a una contradicción, revisa tus premisas. Siempre encontrarás alguna equivocada.”
  • Si a contradicciones vamos, también nos topamos con la necesidad de aclarar algunos términos que aparecen en la novela. Con el fin de hablar el mismo idioma con la autora, les copio las definiciones que ella le da a esos términos.
  •  Benevolencia y altruismo: ¿cuál es el código moral del altruismo? El principio básico del altruismo es que el hombre no tiene derecho a existir por sí mismo, que el servicio a los demás es la única justificación de su existencia y que sacrificarse es su principal deber, virtud y valor moral. No hay que confundir altruismo con amabilidad, buena voluntad, o respeto por los derechos de otros. Estas no son causas primarias sino consecuencias, las cuales, de hecho, el altruismo hace imposibles. La causa irreducible del altruismo, la base absoluta, es el auto-sacrificio, lo que significa: la auto-inmolación, la abnegación, la negación de uno mismo, la auto-destrucción; es decir, el yo como criterio del mal, y el no-yo [lo desprendido, lo desinteresado, lo altruista] como criterio del bien.
  • Virtud: valor es aquello por lo que uno actúa para conseguir y/o conservar. Virtud es la acción por medio de la cual uno consigue y conserva ese valor. Sigue leyendo

El altruismo y el capitalismo son incompatibles


Objetivismo.org tradujo una serie de entrevistas realizadas a Ayn Rand en las que le preguntaron su opinión sobre el altruismo y sus dañinos efectos en la sociedad.  Copiamos la entrevista a continuación y los invitamos a visitar el sitio para encontrar más información de interés,

Entrevistador: Usted dice que va contra nuestros instintos el actuar altruísticamente, pero ¿no depende el capitalismo laissez-faire – la filosofía de Adam Smith, que usted defiende – de que un hombre de negocios le haga una exposición correcta de su producto al consumidor? ¿No hay contradicción entre su oposición al altruismo y un empresario que no engañe a sus clientes siempre que tenga la oportunidad de hacerlo?


Ayn Rand
: En primer lugar, no creo en instintos, y nunca hablo de ellos cuando escribo sobre altruismo. En segundo lugar, yo no soy una defensora de la filosofía de Adam Smith. No creo que haya una mano invisible que lleve a los hombres al altruismo mientras persiguen sus intereses personales. Rechazo el altruismo, el servicio público y el bien común como justificación moral de la libre empresa.

El altruismo es lo que está destruyendo al capitalismo. Adam Smith fue un economista brillante; estoy de acuerdo con muchas de sus teorías económicas, pero no estoy de acuerdo con su tentativa de justificar el capitalismo por razones altruistas. Mi defensa del capitalismo está fundamentada en los derechos individuales, igual que lo hicieron los Padres Fundadores de los Estados Unidos, quienes no eran altruistas. Ellos no dijeron que el hombre debe existir por los otros; dijeron que debe buscar su propia felicidad.

Y finalmente, no es en el propio interés racional de un hombre el engañar a sus clientes. Cuanto más competente es un hombre, más capaz es de planificar a largo plazo. Un empresario competente no está en el negocio de hacer una fortuna rápida y salir corriendo; su objetivo no es engañar a sus clientes una vez y luego desaparecer. Él sabe que es en su propio interés racional y práctico el hacer lo mejor que pueda económicamente: crear el mejor producto posible y venderlo al precio más bajo posible.

(1963)
Entrevistador: Usted dice que el capitalismo requiere que el altruismo sea repudiado. Pero ¿no es cierto que el capitalismo le permite a una persona libre actuar de forma altruista? Además, ¿no son todos los actos de altruismo – el darle voluntariamente bienes y servicios a quien no se los ha ganado – moralmente errados?

Ayn Rand: La segunda parte de esta pregunta nos da una pista sobre el error de quien la formula. Él no está hablando de altruismo. “Altruismo” es un término que originó el filósofo Auguste Comte, y que ha sido usado desde su origen con el significado que Comte quería. “Altruismo” viene de la palabra latina alter, que significa “otro”. Significa poner los intereses de otros por encima de los tuyos, existir por el bien de los demás. El altruismo dice que el hombre no tiene derecho a existir por sí mismo, que el servicio a otros es la única justificación moral de su existencia, y que el auto-sacrificio es su mayor virtud. Pero quien pregunta confunde altruismo con benevolencia, cortesía y generosidad. Bajo esa definición, darle a alguien un regalo por Navidad es un acto de altruismo, pero eso es ridículo. Este tipo de “paquete conceptual” permite que los altruistas se salgan con la suya con la maldad que están perpetrando.

La esencia del altruismo es auto-sacrificio. Si haces algo para alguien y eso te perjudica a ti mismo, eso es altruismo. Pero darle voluntariamente a alguien que no se lo ha ganado, no lo es, eso es moralmente neutro. Tú puedes o no tener razones válidas para hacerlo; en principio, nadie pensaría en prohibir que se puedan dar cosas voluntariamente. El juzgar cuándo dar es apropiado depende del contexto de la situación, de la relación de las dos personas afectadas. Además, el acto de dar es el acto menos importante en la vida; no es aquí donde uno empieza la discusión sobre moralidad o política.

Ahora vamos al resto de la pregunta. Quien hace la pregunta ignora o evade la diferencia entre un principio legal y un principio moral. Legalmente, bajo el capitalismo, la propiedad de un hombre es suya, y puede hacer lo que le plazca con ella: tirarla, regalarla, disfrutarla racionalmente, etc. La moralidad tiene que ver con los principios correctos para guiar las acciones de un hombre, y por lo tanto para guiar las leyes de la sociedad. Antes de llegar a la pregunta: “¿Qué puede hacer un hombre con su propiedad?”, uno tiene que responder a la pregunta: “¿Cuáles son los derechos de un hombre? ¿Debe vivir para sí mismo o para otros?” Si, bajo el capitalismo, el estado no interfiere en cómo un hombre dispone de sus bienes, es precisamente porque el capitalismo se basa en el principio que la vida del hombre y los productos de su trabajo le pertenecen a él, que el hombre existe por su propio bien. Si no empiezas con la moralidad del auto-interés racional, entonces no hay justificación para que el estado no se meta con la propiedad de un hombre. Si un hombre no tiene el derecho a existir por su propio bien, entonces otros pueden hacer demandas sobre él; y bajo el altruismo, las hacen. Según el altruismo, debemos vivir por los demás, y deberíamos basar la sociedad en ese principio. El resultado final consistente con esa moralidad es una dictadura totalitaria, ya sea comunista o fascista.

Además, quien pregunta sólo hablade consecuencias. Cuando habla del derecho de un hombre a disponer de su propiedad, está hablando de redistribución. No le preocupa la producción, la fuente de la propiedad. Pero antes de poder discutir la distribución tenemos que hablar del derecho a producir: una vez más, aquí entra el conflicto entre altruismo y capitalismo. Para poder producir, el hombre necesita la certeza moral de que existe para sí mismo y puede actuar en su propio beneficio.

Primero, un productor usa el juicio de su mente contra las mentes de otros. Cuanto mejor la mente, más probable es que él sea un innovador, y por lo tanto, independientemente del nivel de conocimiento de una sociedad concreta, la mejor mente estará desfasada del resto de la sociedad. En una sociedad libre, nadie lo detendrá. La gente tiene derecho a estar de acuerdo con él o no, pero nadie le dirá: “La mayoría no está de acuerdo contigo, ¿quién eres tú para decir que tus ideas son superiores a las suyas?; como buen altruista, desiste”.

Segundo, el productor tiene que decidir por qué quiere producir. Antes de que tenga alguna propiedad para distribuir, tiene que decidir por qué quiere trabajar, y qué pretende hacer con su riqueza. Necesita tener derecho a producir lo que quiere, y hacer lo que quiera con los resultados, independientemente de las ideas, deseos, o necesidades de los otros, siempre aceptando que ellos tienen los mismos derechos.

Es en estas dos cuestiones – el derecho a usar tu propio juicio y el derecho a decidir cuáles son tus objetivos y actuar para conseguirlos – en las que el altruismo y el capitalismo chocan. El capitalismo no puede funcionar según una moralidad que afirma que es tu deber el servir a otros; en cuanto introduces un elemento de deber, estás en el camino del comunismo. No te preocupes con regalar cosas o con acumularlas, sino con el derecho de un hombre a vivir y a producir.

(1962)

De la benevolencia a la entrega forzosa de la tierra


La redistribución, palabra procaz utilizada sin ningún cuidado por defensores del colectivismo y sus opositores, es una de las más practicadas durante los últimos 3000 años de historia.  La redistribución es un concepto que resulta del reconocimiento de la riqueza privada y el derecho de propiedad de la misma por un individuo o grupo de individuos que entrega voluntariamente o de manera forzosa la propiedad sobre la misma.  Luego, esa propiedad es repartida a otros por la intervención de un distribuidor de los bienes.

En la formación de los Estados, la distribución de la tierra por un distribuidor autorizado (sistema de gobierno) puede darse de las siguientes maneras:

  • La entrega voluntaria de la propiedad y la redistribución por un distribuidor.
  • La entrega forzada de la propiedad y la redistribución por un distribuidor.
  • La entrega por un distribuidor de tierra que no tiene dueño aún.

En Estados más desarrollados la propiedad sobre la tierra se extendió a más individuos o grupos organizados en comunidades que, con el crecimiento poblacional, llevaron a algunos reformadores a sugerir que la misma debía distribuida para que todos pudieran trabajarla e “ingresar” al mercado.  Así, la gran división de los últimos dos siglos, de parte de quienes apoyan la redistribución de la tierra y de quienes la niegan se volcó hacia el derecho de algunos de recibir la tierra y la obligación altruista de otros de entregarla.

Sin embargo, se pasó por alto la cuestión moral de una decisión que violaba los derechos de aquellos que, sin importar su riqueza, debían ser forzados a entregar su propiedad para que un distribuidor la diera a personas que la necesitaban.  En tan sólo dos siglos, la benevolencia practicada (no en pocas ocasiones por algunos que entregaron tierras y derechos de propiedad a sus fieles trabajadores e inquilinos) se convirtió en una compulsión de los gobernadores que forzaba a los hombres a ser “buenos altruistas” y sacrificarse por otros.  Esto último, nunca sugerido por los sociólogos y antropólogos que estudiaron el tema en el desarrollo de las civilización humana empezó a ser modificado por el discurso colectivista y altruista de los últimos 70 años.

Quizás sea hora de recordar que el amor, la empatía y la benevolencia son sentimientos profundos e inefables de preocupación cariñosa por el bienestar de otra persona y nunca implicarían entregar algo que estiman bajo la coacción de un poderoso “distribuidor”.

No a la RSE. Los empresarios trabajan por sus clientes.


“Corporate managers ought to pay attention to their primary purpose of making the company grow, but not so much that they neglect where they operate, the people with whom they deal, and so on.”  Tibor Machan en A primer on business ethics. más sobre el libro

La Responsabilidad Social Empresarial (RSE) es un concepto popularizado en los últimos años por los gurús del mundo de los negocios, la autoayuda y el trabajo en equipo.  Su intención, estimular y fomentar la educación ética y responsable de los empresarios y emprendedores que participan en sus seminarios y/o leen sobre el tema.

Sin embargo, la RSE es una máscara más para ocultar el popular odio y resentimiento con el cual se pretende culpar y etiquetar a los empresarios e innovadores como los artífices de las más horrendas historias corporativas.

Sobre la actividad emprendedora

Uno de los pilares fundamentales de la actividad emprendedora es la innovación y búsqueda de nuevos y mejores sistemas y/o herramientas para facilitar la vida de los seres humanos.  Aquellos emprendedores que demuestran ser existosos en esta obra suelen ser recompensados con la riqueza y el éxito en los negocios.

Otro de los pilares fundamentales de la actividad emprendedora es también la ética y responsabilidad; intrínsecas en la actividad empresarial.  Pero, ¿por qué son intrínsecas?  Porque el empresario actúa si y sólo sí, reconoce que existe una necesidad humana que él desea suplir.  Sus acciones serán siempre responsables pues intentar suplir alguna necesidad por métodos y sistemas irresponsables y/o faltos de ética eliminaría su condición de empresario innovador.

Sobre la RSE

La RSE tiene como misión la educación en la ética y la responsabilidad a quienes no són éticos y responsables.  ie. a los supuestos empresarios y líderes de la economía.  Más allá, la RSE tiene como misión la responsabilización de las personas exitosas por la miseria y necesidades de quienes no lo son.  Esta responsabilización tiene el nombre de “responsabilidad social”.  Al responsabilizar a algunos por la miseria de otros, se busca incentivar y justificar la redistribución de la riqueza de quienes tienen más para el beneficio de otros.

¿Y esto por qué es inmoral?

La RSE y quienes la promueven consideran que el hombre es en naturaleza malo y necesita ser educado y/o estimulado para realizar actos altruistas para beneficiar a personas más necesitadas.  Estos activistas consideran encontrar en la RSE una justificación para condenar a las industrias y sus líderes por el único crímen de haber creado nuevos servicios y enriquecerse en este proceso.

Aspirar a que todos seamos cada vez más felices y la pobreza sea eliminada parece ser la misión de la RSE.  Sin embargo, sus postulados sólo consiguen fomentar el sacrificio de las personas más exitosas y trabajadoras por el bien de aquellos más pobres.

“the doctrine of Corporate Social Responsibility basically holds that the primary goal of those in business must have to advance the social or common good, never mind their professional obligations to those who have hired them: their clients” Tibor Machan en The morality of business: a profession for human wealthcare. más sobre el libro

¿Qué hacer al respecto?

Entender las razones filosóficas por las que el sacrificio humano en beneficio de otros es malo tomaría mucho tiempo de estudio y análisis.  Así, el mejor lugar para iniciar este cuestionamiento podría ser leyendo los más de 30 libros que Tibor Machan ha escrito.  Y por supuesto, poner atención al discurso utilizado por conferencistas y escritores cuando escriban a favor de estas prácticas empresariales.

A continuación se publican algunos links hacia artículos y comentarios hechos por este profesor de filosofía.

Libros en Amazon de Tibor Machan que vale la pena conseguir: