¿Qué es Laissez Faire?


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El laissez faire no significa: Dejen que operen las desalmadas fuerzas mecánicas. Significa: Dejen que cada individuo escoja cómo quiere cooperar en la división social del trabajo; dejen que los consumidores determinen cuáles empresarios deberían producir. Planificación significa: dejen que únicamente el gobierno escoja e imponga sus reglas a través del aparato de coerción y compulsión. (Ludwig von Mises, El significado de Laissez faire)

En la entrada anterior que escribí en este blog dije que el capitalismo no es ese gran monstruo que la gente malentiende, en las respuestas que recibí me pidieron que explicara más claramente qué es el capitalismo y qué es lo que la gente malentiende, también me sugirieron algunas lecturas, cosa que agradezco, porque para establecer un diálogo uno debe conocer los conceptos de los que habla y los conceptos que manejan sus interlocutores, para hablar en un mismo idioma.

Considero que uno de los primeros puntos que es necesario aclarar es la naturaleza “Laissez faire” del capitalismo, que es uno de los términos que se prestan a malos entendidos. Se lo asocia inmediatamente con anarquía, que trae a la mente la idea de caos, se lo asocia con actuar fuera de la ley, con abusar de los otros, con actuar de forma arbitraria e irresponsable porque “yo puedo hacer lo que me dé la gana”, pero estas interpretaciones ignoran parte del contexto del término. El tema de Laissez faire está directamente relacionado con cuánto control puede ejercer el gobierno en la economía y el mercado, no quiere decir que las personas tendrán el derecho de no respetar leyes, contratos, de robar o hacer uso de la fuerza en contra de los demás.

Ludwig von Mises (1881-1973) explicó qué significa Laissez faire en su libro Human Action: A Treatise on Economics. Comparto acá una traducción que está disponible en la página del Cato Institute, www.elcato.org

En la Francia del siglo XVIII la expresión laissez faire, laissez passer era la fórmula mediante la cual algunos de los campeones de la causa de la libertad comprimían su programa. Su objetivo era el establecimiento de una sociedad de mercado sin obstáculos. Con el fin de alcanzar dicho fin, ellos abogaban por la abolición de todas las leyes que prevenían que gente más industriosa y más eficiente superara a competidores menos industriosos y menos eficientes, y que restringían la movilidad de artículos y hombres. Esto era lo que la famosa máxima estaba diseñada a expresar.

En nuestra era de anhelo apasionado por un gobierno omnipotente la fórmula de laissez faire ha sido perturbada. La opinión pública actualmente la considera como una manifestación tanto de depravación moral como de ignorancia absoluta.

A como ve las cosas el intervensionista, la alternativa es “fuerzas automáticas” o “planeamiento deliberado”. Resulta obvio, insinúa, que confiar en los procesos automáticos es una total estupidez. Ningún hombre racional puede recomendar seriamente no hacer nada y dejar que las cosas trabajen sin ninguna interferencia por parte de una acción propositiva. Un plan, por el simple hecho de ser una muestra de acción deliberada, es incomparablemente superior a la ausencia de cualquier planificación. Se dice que el laissez faire significa: Dejen que los males perduren, no traten de mejorar la suerte de la humanidad a través de la acción racional.

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¿Por qué trabajamos?


Imagen tomada de: http://bit.ly/14HqXhE

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Es lunes, mediodía y a estas horas ya he recibido y enviado un par de chistes sobre por qué odiamos los lunes, sobre el desánimo de estar en la oficina cuando el sol está lindo allá afuera, sobre la nostalgia por los viernes y la promesa de un fin de semana para pasarlo rascándonos la panza, siendo lo menos productivos posible. Después de las quejas viene el momento de la reflexión, el momento de preguntar ¿por qué trabajamos?

En un artículo publicado en el diario La Nación, Orlando Ferreres dice que  «En una encuesta que se hizo en Francia hace años atrás se preguntaba “¿Por qué trabajamos?”. La respuesta, en un 90 % fue: “Para ganar dinero”. Esto nos parece evidente, como que el sol sale por la mañana, no hay con que darle. Sin embargo, no es así. El error se observó en otra encuesta posterior: “¿Por qué el dinero permite comprar cosas?” Aquí el 90 % confeso que “no sabía”. Esto según el libro de Fourastié sobre el trabajo. (…) Entonces, en realidad, trabajamos para producir, no para ganar dinero. Este se usa como medio para la distribución de los bienes. Cuanto más producimos, más bienes o servicios tenemos a nuestra disposición.» (Lea el artículo completo acá)

Así pues, trabajamos para producir, es decir, trabajamos porque necesitamos resolver el problema de nuestra supervivencia. Como explica Yaron Brook:  «The material benefits of production are obvious. In contrast to other animals, the values we need to flourish don’t come ready-made in nature. We use our mind to discover the nature of nature and adapt it to our ends. In their book The Virtues of capitalism, Austin Hill and Scott Rae note that “the word capital itself comes from the Latin word caput, which means head. This refers to the human and intellectual elements of creating capital out of the earth’s resources (for example, using sand to make silicon).” It is the spiritual role of production in human life, however, that requires special emphasis. The deepest source of joy for a producer is not the financial rewards of his work but the process of creation itself.» (Free Market Revolution. How Ayn Rand’s Ideas Can End Big Government)

El trabajo requiere de nuestro esfuerzo físico y mental, el resultado de ese esfuerzo es la producción, y puedo pensar en muchas oportunidades en que la remuneración que recibimos no es en dinero. Cuando una madre se queda en casa para cuidar de su familia, cuando un joven se apunta como voluntario para construir casas o para bañar perros, cuando le ayudamos a alguien a estudiar para un examen o nos esforzamos creando una obra de arte aunque no seamos artistas profesionales. Las madres hacen un trabajo muy duro en sus casas y no perciben un salario en dinero, pero trabajar duro por cuidar a sus mayores valores es igual de importante. La satisfacción de ayudar a alguien es algo que el dinero no podría pagar. Sin embargo, no debemos perder de vista que en todos esos casos necesitamos de un esfuerzo físico y mental, y que producimos valor.

Muchas veces reducimos nuestra noción de productividad a que trabajamos para percibir un salario, pero ser productivos es mucho más que eso. ¿Por qué trabajamos? Porque no nos conformamos con el mundo tal como es y queremos mejorarlo, sacarle provecho a nuestra vida y a nuestro talento, a nuestro potencial.

La libertad es egoísta


La semana pasada escribí un artículo que hablaba sobre la libertad y sobre la culpa que ponemos sobre los hombros de los productores por el simple hecho de que producen para sí mismos (o así deberían hacerlo). Recibí el comentario que leerán a continuación y que responderé después, punto por punto:

Uno quisiera creer que lo que llamamos libertad nos llevaría a una sociedad más justa y los problemas de países como el nuestro se solucionarían. No lo creo, la solución en si es compleja, no tan sencilla teniendo que cambiar por completo la enfermiza mentalidad genéticamente adquirida de nuestros pueblos. Lo primero, que es el sacrificio personal para trabajar por nuestro país nadie lo correría conformándonos algunos de nosotros solamente con protestar escribiendo o manifestándonos por este clase de medio que al final es solo catarsis.”

Imagen tomada de: http://bit.ly/15y5ZwS

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1. Libertad: en el contexto político “libertad” significa la ausencia de coerción. En ese sentido, el ente que ejerce el uso de la fuerza para controlar a los ciudadanos es el gobierno, perdemos nuestra libertad cuando dejamos que el gobierno controle más y más aspectos de nuestra vida, ya sea que nos obligue a tomar vacunas, ir a la escuela o a la guerra, usar bombillas ahorrativas o que nos permita visitar algunos lugares y otros no. Hay ciertas actividades humanas que podemos condenar moralmente, como el suicidio, el aborto o fumar, pero ello no implica que deban ser controladas por el gobierno, tampoco deberíamos permitir que el gobierno nos cobre impuestos por ser productivos, cosa que pasa con el impuesto sobre la renta. El capitalismo no puede funcionar de acuerdo con un sistema moral que establece que es tu deber servir a otros. El deber del productor es decidir qué quiere producir, por qué quiere trabajar y qué quiere hacer con su producción, sin depender de las necesidades o deseos de otros, y garantizándole a los otros ese mismo derecho.

Imagen tomada de: http://bit.ly/12DVFAt

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2. Una sociedad justa:  dice Epicuro que “lo justo según la naturaleza es un acuerdo de lo conveniente para no hacerse daño unos a otros ni sufrirlo”, además dice que “la justicia no era desde un comienzo algo por sí mismo, sino un cierto pacto sobre el no hacer ni sufrir daño surgido de las relaciones de unos y otros en lugares y ocasiones determinados”. La justicia debe establecerse en base a una relación entre dos partes, la injusticia se dará cuando una parte dañe a la otra y la justicia cuando la parte que ocasiona el mal compense a la parte dañada. Vivir en una sociedad justa es vivir en una sociedad con leyes claras que se cumplen y donde no hay individuos que estén sobre la ley o tengan privilegios para no cumplirla. Libertad no significa que cada quien haga lo que se le dé la gana y pase sobre los derechos de los demás, libertad es actuar según el juicio propio, pero ello no implica que entonces todo mundo se tirará como loco a atacar a los demás, sencillamente porque muchos ya hemos aprendido que la cooperación es más efectiva. No significa depender de la buena voluntad de los demás, significa tener la certeza de que quien use la fuerza contra otro, recibirá su merecido.

La justicia no es igualdad material, no se establece diciendo que todos deberíamos tener las mismas cosas. La justicia es igualdad ante la ley, se establece a partir del concepto de que tenemos normas que todos debemos respetar, como el respeto a la propiedad privada, a la vida.

Imagen tomada de: http://bit.ly/18YuQiY

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3. El sacrificio personal para trabajar por nuestro país: sacrificio es entregar un bien mayor a cambio de un bien menor y este concepto está implícito en muchas de nuestras actividades, aunque no seamos conscientes de ello. Cuando nos enamoramos, nos dicen el amor debe ser sacrificio por el otro. Cuando somos madres o padres, nos dicen que debemos sacrificar todo por nuestros hijos. Cuando vivimos en sociedad nos dicen que debemos hacer sacrificios para ayudar a los “necesitados”. Nos dicen que uno debe trabajar por el bien común, jamás por uno mismo, porque esas actitudes egoístas son las que tienen al mundo como está. Sin embargo, hay un par de puntos que es importante aclarar cuando de sacrificios se trata. Sacrificio no es lo mismo que inversión, invertir significa entregar un bien menor a cambio de un bien mayor, pero para saber si estamos invirtiendo o sacrificando, deberíamos tener clara nuestra escala de valores. La benevolencia es una actitud individual y nadie debería forzar a nadie a ser generoso y eso incluye no condenar moralmente a los que no ceden a las presiones de grupo y no “dan” para cierta causa. Si yo considero que tengo cubiertas mis necesidades y me sobra tiempo o dinero para ayudar a alguien más es algo que solo yo puedo decidir.

Hasta el día de hoy hemos estado sacrificándonos por nuestro país y seguiremos haciéndolo mientras aceptemos que el gobierno tiene el control de nuestras vidas, mientras esperemos que el gobierno resuelva todos nuestros problemas, mientras sigamos pagando impuestos para que se los roben, mientras sigamos aceptando que quienes producen tienen una deuda con la sociedad.

Vivir en libertad no implica actuar arbitrariamente, tampoco implica ser injusto o aceptar el sacrificio. Vivir en libertad, para uno mismo, por el beneficio propio, es el primer paso para que este mundo cambie. Quizás este tipo de artículos tienen una carga de catarsis, pero no están escritos con el simple afán de un desahogo público. Están escritos para generar diálogo y para cuestionar el mundo en que vivimos, porque si simplemente aceptamos que tenemos esta actitud “genéticamente adquirida”, nadie va a cambiar nada. Decir que es cuestión de genes o de naturaleza o de creación, es rendirnos, es pensar que no podemos hacer nada para cambiar un mundo que no nos gusta. No me conformo ante esa idea y si puedo defender a algún productor para que sepa que lo que hace por su beneficio es bueno, lo voy a hacer sin morderme la lengua.

Todo en exceso


Imagen tomada de: http://bit.ly/10vBWrk

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Surplus: Terrorized Into Being Consumers es un documental de 54 minutos en el que Erik Gandini nos cuenta cómo nos hemos convertido en una raza que produce en exceso, consume en exceso y ha perdido ideas en exceso. Nos cuenta su historia con imágenes tremendistas, con frases repetitivas, música electrónica y cierta ironía. Considero que su idea fundamental, a grandes rasgos, es hacer un retrato de personas que han perdido la noción de valores por el consumo de cosas que no necesitan para sobrevivir. Para sustentar su punto presenta ideas de John Zerzan, el filósofo y anarquista que propone que deberíamos destruir nuestras ciudades, calles y tecnología, para volver al estado en que estaba la civilización en la edad de piedra, cuando los seres humanos eran cazadores-recolectores. También presenta a un joven que habla de la variedad de muñecas inflables que se producen en la fábrica en que trabaja, a una señora cubana que explica cómo funciona su cartilla de racionamiento, a una chica cubana que cuenta cómo se impresionó ante la cantidad de comida y productos a los que tuvo acceso en un viaje que hizo a Inglaterra, y a Mike Balmer dando brincos y alaridos en una charla motivacional en Microsoft.

Después de cuestionarnos y mostrarnos enormes depósitos de llantas usadas, termina su docuemental sin profundizar mucho en su tema, sin ofrecer soluciones o conclusiones. Lo que me pareció interesante de su propuesta no fueron las ideas de Zerzan y ese desprecio por la industria humana, por los logros que hemos alcanzado como civilización, que si bien han causado problemas, la “destrucción” de la tierra, nos han ayudado a tener mejores y más largas vidas. Si cada una de esas llantas en el enorme basurero equivalen a la cura de una enfermedad, a un mejor medio de transporte, a un invento que hace mi vida más fácil, creo que son un costo que estamos pagando y no un castigo. Tampoco me pareció nuevo que la chica hablara  con tanto entusiasmo de la hamburguesa que se comió, porque suele pasar que nos entusiasmemos con aquello que descubrimos por primera vez. Me pareció interesante que hiciera énfasis en que en Cuba no se producen muchas cosas porque les “alcanza” con un solo tipo de pasta de dientes, por ejemplo, pero que sí se producen muchos símbolos. El regimen no nos vende cachivaches, nos vende ideas y las consumimos sin cuestionarlas, de ahí que las playeras con la efigie del Ché se vendan tan bien.

Aunque no profundiza en la información que presenta, ni parece ser su intención hacer algo más que sorprendernos y dejarnos sintiendo culpables por lo inconscientes de somos a la hora de consumir, me recordó una idea que siempre me ha parecido importante discutir: ¿quién establece cuánto es demasiado? Habrá personas que piensen que es correcto que el gobierno regule la cantidad de soda que les venden en las cadenas de comida rápida o que el gobierno le ponga un freno a las personas que fuman “demasiado” o que regule los límites de velocidad a los que se puede circular en las carreteras. Habrá quien piense que la riqueza está mal distribuida en el mundo y alguien debería obligar a los ricos a que le den a los pobres. Por suerte, también creo que habrá quienes coincidan conmigo en que el concepto de “demasiado” es relacional, depende del contexto del sujeto y es personal. Nadie puede decirle a otro que tiene demasiado, porque no puede juzgar al otro sino en base a un criterio aplicado a sí mismo. Si ya tenemos mucho de todo, quizás es tiempo de establecer nuestros valores prioritarios, no digo que en este mundo todos tengan esa idea clara.

Abajo los muros: migración y desarrollo humano


Migración - Imagen de Think Progress

La ayuda internacional es materia de muchas disputas pero como materia de debate se ha salido de las aulas y ha inundado los periódicos, las discusiones públicas, los estadios de rock y algún que otro púlpito.

Uno de sus más reconocidos defensores intelectuales, Jeffrey Sachs, ha dicho que la ayuda internacional es el único medio para conseguir que los países subdesarrollados, en America Latina y África principalmente, salgan de lo que él llama la “trampa de la pobreza”. El hecho de que los países desarrollados sean incapaces de salir de la pobreza por sus propios medios es arduo debatible y no pocos han argumentado en contra de la existencia de alguna trampa que evite el desarrollo. En este tema destaca Bill Easterly, quien ha debatido constantemente a Sachs, pero no es el único.

La ayuda internacional es una causa que por su atractivo sentimental no esperará al final del debate y en los últimos años ha conseguido involucrar no sólo a los economistas y funcionarios de siempre, sino a sociedad civil, a algunos rockeros como Bono y Bob Geldof y hasta algún periodista y líder religioso despistado. Pero si nuestra verdadera intención es resolver el problema de la pobreza y el desarrollo, hay un gran tema que tanto las discusiones sobre derechos humanos como sobre la mejora de la calidad de vida han ignorado olímpicamente: la migración entre países.

Bono y Bob Geldof - Reuters

Bono y Bob Geldof – Reuters

Veamos por qué urge que se añada este tema a la discusión.

Un estimado del Banco Mundial del 2005 consideraba que si los países ricos permitían simplemente un 3% de incremento en su fuerza laboral facilitando la inmigración, el beneficio sería de $300 miles de millones de dólares, en su mayoría para los sectores más pobres del planeta. El costo es virtualmente cero para los países ricos y para los habitantes de países pobres el beneficio es monumental.

Es posible argumentar que por la forma en que es concedida y administrada, la mayor parte del dinero otorgado a países en desarrollo se desperdicia. Pero incluso si concedemos que cada dólar otorgado en ayuda internacional entrega exactamente un dólar en beneficios para los pobres (una idea lejana de la realidad), cuando lo comparamos con los potenciales beneficios de flexibilizar las barreras a la migración, se queda muy corto.

¿Por qué no estamos discutiendo este tema con la urgencia que precisa? El libre movimiento de las personas no debería ser un tabú y merece que lo discutamos con toda la seriedad del caso. Además del destino de los pobres en los distintos países, es parte del derecho fundamental de cada persona a su vida escoger dónde quiere vivirla.

Si Bono, Bob Geldof, Madonna, Brad Pitt, Wyclef Jean, Shakira y tantos otros quieren ayudar, un vistazo a la evidencia nunca está de más. Si yo estuviera en el lugar tan influyente como el que ocupa Bono, lo que diría es: “tiremos ya tantos muros” (wink).

¿Cómo te imaginas un mundo mejor?


Imagen tomada de: http://bit.ly/9ws3Sk

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La pregunta lanzada al aire fue ¿cómo se imaginan un mundo mejor? Hubo una pausa musical y luego el locutor recibió una llamada. La voz pertenecía a una mujer joven, habló del tránsito en la calle y luego dijo que ella creía que el futuro sería mejor si le damos trabajo a la gente. Dijo que Guatemala es un país muy lindo, pero que tiene grandes problemas como violencia, delincuencia, pobreza, que ella pensaba que la solución a todo eso era generar trabajos, que sólo vamos a superar nuestros problemas trabajando. Contó que ella desde niña pensaba que lo que quería hacer de grande era darle trabajo a la gente y que se dedicaba a eso. Le dio las gracias al locutor y se despidió. Yo me quedé pensando en sus palabras y dejé de prestarle atención a la música. Yo estoy de acuerdo con esa chica, si queremos resolver los problemas a los que nos enfrentamos como sociedad debemos trabajar y yo le agregaría a eso que también debemos sentirnos orgullosos por nuestro trabajo, orgullosos de ganar dinero, de ser productivos.

Yo tuve mi primer trabajo a los 14 años. Una tía me contrató como “vacacionista” para empacar regalos de navidad en su tienda. Lo primero que compré con el dinero que gané fueron zapatos y recuerdo esa agradable sensación de comprar el tipo de zapato que yo quería, porque era mi dinero y eso me daba la libertad de elegir. De ese tiempo para acá he seguido trabajando, tanto formal como informalmente, a veces he ganado más y a veces he ganado menos y eso la gente lo ve normal, pero si hubiera ganado mucho, muchísimo con algún buen negocio ya me hubiera topado con un prejuicio que le va quitando el orgullo al trabajo, esa vieja idea de “eso es demasiado, está ganando demasiado”. Me he preguntado muchas veces cómo pasamos de creer que el trabajo que te da lo suficiente para mantenerte o mantener a tu familia de manera digna es virtuoso y el trabajo que te da millones ya es pura avaricia. Quizás se nos olvida un punto importante del que habla Francisco d’Anconia en La rebelión de Atlas:

¿Alguna vez os habéis preguntado cuál es el origen del dinero? El dinero es un instrumento de cambio, que no puede existir a menos que existan bienes producidos y hombres capaces de producirlos. El dinero es la forma material del principio que los hombres que desean tratar entre sí deben hacerlo por intercambio y dando valor por valor. El dinero no es el instrumento de mendigos que claman tu producto con lágrimas, ni el de saqueadores que te lo quitan por la fuerza. El dinero lo hacen posible sólo los hombres que producen. ¿Es eso lo que consideráis malvado? (…)

Pero el dinero es sólo un instrumento. Te llevará donde desees, pero no te sustituirá como conductor. Te dará los medios para la satisfacción de tus deseos, pero no te proveerá con deseos. El dinero es la plaga de los hombres que intentan revertir la ley de causalidad – los hombres que buscan reemplazar la mente adueñándose de los productos de la mente.

El dinero no comprará la felicidad para el hombre que no tenga ni idea de lo que quiere; el dinero no le dará un código de valores si él ha evadido el conocimiento de qué valorar, y no le dará un objetivo si él ha evadido la elección de qué buscar. El dinero no comprará inteligencia para el estúpido, o admiración para el cobarde, o respeto para el incompetente. El hombre que intenta comprar los cerebros de sus superiores para que le sirvan, reemplazando con dinero su capacidad de juicio, acaba por convertirse en la víctima de sus inferiores. Los hombres de inteligencia lo abandonan, pero los embaucadores y farsantes acuden a él en masa, atraídos por una ley que él no ha descubierto: que ningún hombre puede ser inferior a su dinero. ¿Es ésa la razón por la que lo llamáis malvado? (…)

El dinero es vuestro medio de supervivencia. El veredicto que pronunciáis sobre la fuente de vuestro sustento es el veredicto que pronunciáis sobre vuestra vida. Si la fuente es corrupta, habéis condenado vuestra propia existencia. ¿Adquiristeis vuestro dinero por fraude? ¿Cortejando los vicios o estupideces humanas? ¿Sirviendo a imbéciles con la esperanza de conseguir más de lo que vuestra capacidad se merece? ¿Rebajando vuestros principios? ¿Realizando tareas que despreciáis para compradores que desdeñáis? En tal caso, vuestro dinero no os dará ni un momento, ni un centavo de alegría. Todo cuanto compréis se convertirá, no en una honra para vosotros, sino en un reproche; no en un triunfo, sino en un evocador de vergüenza. Entonces gritaréis que el dinero es malvado. ¿Malvado, porque no sustituye al respeto que os debéis a vosotros mismos? ¿Malvado, porque no os dejó disfrutar de vuestra depravación? ¿Es ésa la raíz de vuestro odio por el dinero?

El dinero siempre seguirá siendo un efecto y rehusará reemplazaros como la causa. El dinero es el producto de la virtud, pero no os dará la virtud y no redimirá vuestros vicios. El dinero no os dará lo inmerecido, ni en materia ni es espíritu.” (Pueden leer el discurso completo acá)

El producto de nuestro esfuerzo, el producto de nuestro trabajo no debería ser desestimado calificándolo de “demasiado”. Además, yo sé cuánto es demasiado para mí, pero jamás me atrevería a decir cuánto es demasiado para alguien más. Entiendo que no toda la gente con fortunas se las han ganado por las buenas, por ello admiro a aquellos que se niegan a obtener subsidios del gobierno, que no hacen trampas, que se niegan a despojar a otros de lo que les pertenece. Admiro a las personas que se sienten orgullosas de su trabajo, del producto de su mente y sus decisiones.

La panacea de la dictadura


6927_292420110631_2841317_nAyer fui a un seminario donde alguien dijo que una dictadura es lo que se necesita para establecer un sistema capitalista en el país. Eso me llevó a preguntarme por qué creemos que un dictador haría ese trabajo en lugar de pensar en que necesitamos una revolución moral, una revolución de ideas. Traía esta pregunta en mente y lo comenté con mi vecina de escritorio, así que Lucy Rodríguez me dejó leer sus reflexiones sobre el tema, y me dejó compartir acá “La panacea de la dictadura” :

Recuerdo cuando estaba en el colegio, sin importar el malestar que sintiera la panacea siempre era la misma: vaya a pedir un té de pericón. La queja podía ser me duele la cabeza, tengo cólicos, me duele la espalda o el estómago, la recomendación no cambiaba: tómese un té de pericón. Aunque al principio me frustraba, luego fui más comprensiva, no podía esperar que maestras de colegio me dieran una solución que sólo alguien con conocimiento médico podía darme.
Hoy experimento una frustración similar en las aulas de ciencia política, sin importar el problema guatemalteco que estemos analizando, la panacea siempre es la misma: ¡dictadura, dictadura! La discusión puede tratarse de corrupción, el problema del crimen organizado, la debilidad en la estructura estatal, la falta de alcance, inestabilidad, desorden, ingobernabilidad, todos parecen tener la misma receta: dictadura.
Me he dado cuenta que es una respuesta apresurada y superficial que no toma en cuenta muchos factores. Uno de ellos es el hecho que Guatemala no cuenta con una maquinaria estatal lo suficientemente eficiente como para que las acciones de este mesiánico dictador se lleven a cabo. Por muy brillante, amante de la patria y sabio que sea el dictador, si no cuenta con un personal competente dentro de su gobierno, difícilmente puede llevar a cabo su milagroso plan para mejorar Guatemala. Sin la estructura necesario, en vez de tener un dictador a la cabeza, se tiene a un autoritario con delirio de grandeza que da órdenes que se marchitan en el camino.
Aún más peligroso fuera si nuestro país contara con tal estructura, tendríamos una figura en el poder con pocos límites, sin ser sujeto de rendición de cuentas a quien nadie podría controlar. Sin importar lo intachable que fuera esta persona, en palabras de Lord Acton “el poder corrompe, y el poder absoluto corrompe absolutamente”. No existirían mecanismos para enderezar a este dictador si se perdiera en el camino.
Lo más triste es que la panacea sólo mantiene vigente la tendencia a endosarle los problemas a alguien más. -¿Quién arregla esto? – ¡Zafo! Que lo arregle el dictador, este país está tan enredado que yo no puedo desatar este nudo. Una dictadura no hace más que reforzar la tradición paternalista, pues no ubica la responsabilidad de sacar al país adelante en la sociedad sino en un personaje al que se le ve con capacidades extraordinarias.
En adición un dictador no respeta los derechos de la población, no tiene por qué hacerlo. No es la población quien lo elige, no representa a la ciudadanía, no hay motivo alguno por el que deba respetar a la sociedad que gobierna. Su misión es reestablecer el orden y sus medios pasan por encima de los derechos de los habitantes del país. Antes de recetar un dictador sería bueno preguntar a los alemanes, a los norcoreanos, a los ugandeses, sin ir tan lejos, a los cubanos o a los venezolanos, como les supo la medicina.