El doctor que quiere eliminar el capitalismo


Imagen tomada de: http://bit.ly/1eymblc

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El verdadero Patch Adams se parece al Patch Adams de la película en la gentileza que se refleja en su mirada, tiene un aire de buena persona, de alguien que se preocupa por los demás. Oírlo hablar te conmueve, te hace querer ser parte de su grupo. Tiene muy buenas ideas, te habla de autoestima, te dice que quiere un mundo en el que la guerra y la injusticia no sean parte de la vida de las personas. Te dice que los doctores deberían pasar más tiempo con sus pacientes, que el mundo necesita una revolución de amor y que las madres son lo más importante en el mundo. Después dice que todo el mundo lo reconoce como el doctor gracioso de la película y que nadie piensa en que él es el doctor que quiere acabar con el capitalismo; lo dice tan serio y está tan convencido, que vale la pena analizar con detenimiento a qué se refiere y cuál es su objetivo.

Desde el principio de la entrevista marca una diferencia entre los hombres y las mujeres, a quienes idealiza por su capacidad de ser madres. Él tuvo la suerte de tener una buena madre, pero no por ello podemos decir que todas las madres son seres maravillosos o son capaces de criar seres maravillosos, pensemos en las madres de los dictadores o de los asesinos en serie, por ejemplo. Pero sus ideas sobre las madres son lo que menos me preocupa. Después dice que los hombres decidieron que en su escala de valores lo más importante iba a ser el dinero y el poder, que ambas cosas son las que no nos dejan ser felices y seres humanos integrales.

La relación de ideas es algo así: 1. Los hombres deciden que sus valores máximos son el dinero y el poder. 2. Eso es capitalismo. 3. Hay que eliminar el capitalismo para que los hombres busquen otra cosa más noble por qué vivir.

Patch también dice que todos deberíamos ser iguales, pero no especifica iguales cómo. Yo creo que todos debemos ser iguales ante la ley, que es muy distinto a pensar en que todos deberíamos tener las mismas cosas, ser iguales físicamente, ganar lo mismo o comer lo mismo, vestir igual, trabajar en lo mismo, tener la misma educación y pensar lo mismo. Muchas personas creen que en un sistema socialista todos son o deberían ser iguales, es decir, que todos deben tener lo mismo sin importar su capacidad o su talento e inteligencia. Pensemos en el extremo contrario al capitalismo, se supone que en el comunismo todos tienen las mismas cosas, acceso a servicios iguales para todos. En general,  todos son igual de pobres porque el objetivo no es que todos tengan lo máximo, sino que sobrevivan con lo mínimo. Bueno, casi todos, porque siempre hay un grupo dominante de políticos que tienen más que los demás.

La relación de ideas es algo como esto: 1. Los hombres son iguales. 2. Debido a que tienen las mismas cosas se olvidan de la ambición y deciden vivir por sus hermanos. 3. El mundo es mejor porque es más noble vivir para ser los guardianes de nuestros hermanos.

Yo estoy de acuerdo con que vivir para hacer dinero es absurdo, porque el dinero sólo es una herramienta, el dinero no te va a dar metas, tú tienes que tener las metas desde antes; el dinero no le va a dar sentido a tu vida, tú tienes que darle sentido a tu vida. Me apena mucho que una figura tan influyente como este doctor crea que el capitalismo es el que propicia las hambrunas, es el que crea la pobreza, cuando el libre intercambio es el primer paso para resolver esos problemas sociales de los que habla. No se trata de dejar de producir para voltear a ver al vecino y decidir que queremos que él sea feliz. Patch dice que gracias a su autoestima sabe que puede lograr cualquier meta que se proponga, ese para mí es un fin egoísta, él lo hace para sentirse bien consigo mismo y no se da cuenta, pero gran parte de su discurso es para inspirar a otros a encontrar su propio sueño, ese ideal que no es simplemente tener un montón de dinero vacío.

Este doctor no quiere terminar con el capitalismo, quiere terminar con ese gran monstruo que la gente malentiende como capitalismo y antes de estar de acuerdo con él, uno tiene que preguntarse qué es eso que él llama capitalismo, qué es verdaderamente el capitalismo y cuál es su relación con los ideales, con los valores, con lo bueno que la gente tiene. No se trata de decir que el capitalismo es malo y Patch Adams representa la bondad en el mundo, se trata de entender los conceptos que nos rodean para tomar mejores decisiones que nos hagan mejores personas.

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Filgua 2013 y la minera


Imagen tomada de: http://on.fb.me/13jgORE

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Esta mañana abrió sus puertas la Feria Internacional del Libro en Guatemala (FILGUA), el evento lleva 10 años de realizarse, pero en esta ocasión sus organizadores han tenido que lidiar con la reacción y polémica que causaron dos de sus decisiones. Una de esas decisiones fue aceptar una donación de la empresa minera Montana Exploradora S. A. El debate inició porque a algunos grupos que están en contra de la minería en Guatemala les pareció que esa donación representaba desvirtuar la feria.  Irene Piedra Santa justificó que la gremial que preside aceptara el dinero diciendo que:  “no recibe el apoyo que debería para la realización de esta feria. “En los 10 años de Filgua solo hemos contado con otro patrocinador privado, un particular que brindó Q5 mil”. La actividad recibe un aporte de Q300 mil del Ministerio de Cultura y Deportes, y al momento de la realización de esta entrevista aún no les había sido entregado.”  (lea la nota completa acá)

Al principio pensé que si tanto le molesta esa contribución a los que están contra la minería, ellos deberían reunir los fondos para que la gremial no se vea en la necesidad de aceptar dinero del “enemigo” y luego justificar esa decisión como si fuera algo moralmente reprochable. Ni siquiera se me ocurrió opinar públicamente sobre ese juego de doble moral, hasta que me topé con esta “CARTA: Montana Exploradora y FILGUA-Reflexiones sobre Neoliberalismo” (disponible acá)

Los autores de la carta reconocen el importante papel de la feria en la vida cultural guatemalteca, reconocen que los escritores y las editoriales necesitan de ese espacio para vender sus libros y que son necesarios los espacios de discusión, conversatorios y conferencias. Yo estoy de acuerdo con que es necesario que tengamos más y más espacios de discusión porque tenemos que cambiar muchas de las cosas que están mal en nuestro país y no vamos a empezar a hacerlo hasta que nos demos cuenta de que necesitamos un cambio y eso se logra intercambiando ideas.

Muchas de las personas que están en contra de las minas, ahora están en contra de FILGUA y piden que no se apoye un evento financiado con ese dinero, dice la carta: “Lo que si causa indignación y perplejidad es que se haya permitido a la empresa minera Montana S.A., incursionar en un ambiente cultural, cuya característica es estar libre de presiones de empresas extractivistas cuya labor daña irreversiblemente el hábitat natural de los Pueblos y son señaladas de causar graves violaciones a los derechos humanos, individuales y colectivos de las poblaciones.” Unas líneas más adelante añaden: “Siendo Guatemala un país habitado mayoritariamente por población indígena y el pueblo mestizo pobre, también queremos recordar que las comunidades se han expresado contrarias a la explotación minería con la realización de más de ochenta consultas comunitarias de “buena fe” ya que el operar de la minería choca violentamente con el modelo de vida de las poblaciones rurales y su relación cosmogónica con la naturaleza, el territorio y el paisaje, que representa su estrecha vinculación con la Madre Tierra.”  Me permití resaltar esas líneas porque me perece que el problema, más allá del origen de los fondos es lo que ambas instituciones representan. La idea tras las minas es que cambian territorios, ese cambio en el modelo de vida de los pobladores de las aldeas cercanas a la mina no es enfrentarse a parajes áridos, es tener carreteras, escuelas, centros de salud y una fuente de trabajo para vivir mejor. FILGUA representa un espacio para cambiar ideas y es mejor que el gobierno no colabore con ellos para que tampoco interfiera en las discusiones que se lleven a cabo ahí. Así que es muy conveniente desprestigiar a cualquier institución que signifique cambio, que signifique que podemos hacer un mejor trabajo que el que hemos hecho hasta hoy con nuestro mundo.

¿Vamos a seguir pensando que es fascinante que la gente de los pueblos del interior de la república sigan viviendo en condiciones como las de la época anterior revolución industrial? ¿Vamos a seguir consintiendo que nos digan que un paisaje intacto vale más que la vida de esas personas? ¿Vamos a seguir acusando a los que generan empleo y producen riqueza? ¿Vamos a seguir pensando que su dinero es malo y hace indigna a la feria del libro?

En Guatemala no hay parques


Imagen tomada de: http://bit.ly/1cZ2imJ

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En Guatemala no hay parques, tampoco hay banquetas para caminar tranquilamente, es un atentado andar en bicicleta, no se diga el atentado que es usar los buses urbanos y extraurbanos; tampoco hay metro, ni trenes para ir a Petén o al puerto. En Guatemala no hay carreteras para llegar a los pueblitos recónditos, ni siquiera para llegar a ciertas partes de la ciudad, no hay escuelas, centros de salud. En Guatemala nos adaptamos y vamos viendo cómo sobrevivimos, si hay que polarizar los vidrios del carro, lo hacemos; si hay que poner rejas en las ventanas de las casas y alambre espigado en el techo, los ponemos; si tenemos que salir a la calle disfrazados, llevar el saco en la mochila para no parecer oficinistas y así tratar de pasar inadvertidos para que no nos asalten, nos ajustamos al perfil. En Guatemala nos quejamos de los políticos y nos indignamos por la corrupción, esperamos que “los dueños del país” hagan un cambio, que surja un líder que nos inspire, que el gobierno solucione lo de la inseguridad, alimente a los hambrientos, nos dé los parques que necesitamos, las escuelas, los centros de salud, el agua, la electricidad y el trabajo. En Guatemala siempre estamos pensando en que deberíamos irnos a otro país porque acá no se puede vivir. Tenemos la noción de que algo está mal, que el sistema no funciona, creemos que hay algo que deberíamos cambiar, pero no sabemos a ciencia cierta qué es. Tenemos mucho miedo e incertidumbre, no sabemos por dónde empezar a solucionar este país.

Imagen tomada de: http://on.fb.me/11o4nZC

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Algunos creen que lo que anda mal es que la riqueza está mal distribuida, que los que tienen más deberían darle a los que no tienen y así eliminar la pobreza. Algunos otros creen que no debería haber empresas transnacionales que inviertan en Guatemala, o que si las hay, que no deberían ganar nada por tener sus fábricas, sus minas, sus tiendas en territorio guatemalteco. Hay quienes creen que todos los empresarios son inescrupulosos por definición y que sería mejor que alguien los controlara para que no se hagan ricos a costillas de esos pobres empleados a los que explotan, para que no consuman las bellezas naturales y los recursos que tiene Guatemala y nos dejen sin nada. Otros creen que está bien que los empresarios y comerciantes tengan ganancias, pero que éstas deberían estar limitadas y que todos ellos deberían actuar por el bien común.

El punto en que estas opiniones coinciden es en la inmoralidad que representa el ganar dinero con fines personales. La idea de tener ganancias para sí mismos es cuestionada incluso por los propios empresarios y comerciantes, que sienten que deben retribuirle algo a la sociedad. No hablo acá de aquellos que se enriquecen de forma ilícita, por transas, hablo de la gente honrada que hace negocios limpiamente, incluso ellos sienten que le están quitando algo a alguien más, que hay algo perverso en producir y ganar dinero. En lo profundo de su ser sienten que están haciendo algo mal y que tienen una deuda que pagar.

¿Qué pasaría si las empresas dejaran de producir? ¿Qué pasaría si un día todas las fábricas, todas las transnacionales se fueran? ¿Los guatemaltecos recuperaríamos lo nuestro? ¿Qué es eso nuestro que queremos de vuelta? ¿Por qué estamos peleando exactamente? Si las empresas se fueran, ¿tendríamos parques, alguien haría que funcione el sistema público de transporte, alguien alimentaría a los hambrientos, nos daría empleo? Todas esas riquezas naturales de las que la gente se pasa hablando, no sirven de nada si nadie las explota, si nadie produce algo con ellas, no podemos tener paisajes vírgenes e inmaculados y a la vez tener energía eléctrica barata, escuelas, parques, centros de salud y todas esas cosas que nos hacen falta. Si el gobierno no produce nada, ¿por qué seguimos esperando que nos dé cosas? ¿Por qué seguimos juzgando mal a aquellos productores que mueven el mundo?

En Guatemala no hay parques, eso nos corresponde solucionarlo a nosotros. Cualquiera puede construir un parque y cobrar una cuota para que la gente lo use. En Guatemala no se puede andar en la calle por los altos niveles de inseguridad en los que vivimos, eso sí le toca solucionarlo al gobierno, son ellos los responsables de proteger a los ciudadanos. La creación de riqueza es asunto de los ciudadanos, la seguridad de estos es asunto del gobierno. Si algo está mal en nuestra sociedad es que no estamos administrando bien las culpas. Los empresarios y comerciantes necesitan libertad y seguridad para hacer su parte. Está bien si quieren crear grandes fortunas para sí mismos, podemos empezar por dejar de culparlos por ello.

El orgullo de ser uno mismo


Imagen tomada de: http://bit.ly/1aHzCAd

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La vida en sociedad es un asunto complicado, aunque con el pasar de los siglos hemos llegado a ciertos acuerdos en normas para vivir unos con otros. Sin embargo, todavía tenemos mucho camino por recorrer respecto a la vida con nosotros mismos. Las leyes regulan nuestro comportamiento en sociedad y suelen establecerse para que los individuos mantengan una conducta adecuada respecto al prójimo, por ello castigamos cosas como el robo, el asesinato, la estafa, la explotación infantil, estos delitos que tienen que ver con los derechos individuales y la propiedad privada. La situación se torna más compleja cuando se trata de cosas que hacemos con nuestros propios cuerpos, porque acá entra en juego la moral y si empezamos a legislar a partir de asuntos morales, nunca nos vamos a poner de acuerdo. En la sociedad intentamos llevarnos bien con los otros, no lastimar a nadie, no hacer uso de la fuerza contra nadie y esperamos de los otros que no nos lastimen y que nadie ejerza la fuerza contra nosotros. Cuando nuestras leyes ignoran los derechos individuales y se basan en prejuicios morales de cierto grupo, siempre habrá otro grupo que saldrá lastimado.

Cuando Benito Juárez dijo que “”Entre los individuos, como entre las Naciones, el respeto al derecho ajeno es la paz“, no sólo se refería a que cada nación, cada individuo debe respetar el derecho de los otros a su vida, a su propiedad, e incluso a su búsqueda de la felicidad siempre que no pase por encima de los derechos de los demás, también se refería a que debemos recordar que cada individuo es libre de hacer de su vida lo que quiera, sin que tengamos que decirle qué es bueno para él. Respetar el derecho de los otros no quiere decir que debemos participar de sus prácticas, quiere decir que mientras no traspasen los límites de mi derecho, no tengo por qué limitar su derecho. Nuestras normas de vida respecto a nuestros cuerpos y lo que hacemos con ellos no son tan claras como las que regulan nuestro trato con los otros, sencillamente porque los individuos tienen gustos particulares y ello no está sujeto a discusión. ¿Por qué negarle derechos a cierto grupo porque nos parece incorrecto con quién o quiénes comparten su cama, por el color de su piel, por su sexo o la elección que hacen de él? Si basamos las leyes en la moral, cabría hacer la pregunta de ¿en la moral de quién? ¿Cómo evitamos la arbitrariedad si basamos las leyes en los gustos de un grupo?

Estamos en el mes del Orgullo LGBT (siglas a las que le agregaría la “H” de heterosexual, porque nosotros también somos parte de la diversidad) y en estas fechas particularmente se debate sobre temas como el matrimonio entre homosexuales y nos encontramos preguntándonos si una pareja de hombres o una pareja de mujeres serán capaces de enseñarle “buenas costumbres” a los niños, cuando hay tantas parejas heterosexuales que no son capaces de ello y nadie los cuestiona. Un amigo me comentó alguna vez que él no se siente particularmente orgulloso de ser gay, supongo que en el mismo sentido en que yo no me siento particularmente orgullosa de ser mujer, porque es algo que es parte de nuestra naturaleza, nosotros no tuvimos que ver en ello. Sin embargo, entendemos que podemos estar orgullosos de ser las personas que somos por nuestros logros en la vida, por las decisiones que tomamos, por el trabajo que hacemos y por no dejar que la simple etiqueta que define nuestra identidad sexual sea un obstáculo o un trampolín en nuestra vida. Uno puede sentirse orgulloso de ser uno mismo cuando comprende que ni siquiera ser “ser humano” es algo que nos haya sido dado, ser humanos y vivir como seres humanos es un trabajo difícil, que requiere del uso de nuestra razón y de nuestra capacidad para hacer de nuestra vida lo mejor que podamos lograr. Nuestra vida en sociedad será más simple y pacífica cuando entendamos que no podemos decirle a nadie cómo vivir su vida y que no tenemos que cuidar de la vida de los otros, ellos deben hacer su parte. Que el debate no sea si las parejas del mismo sexo que quieren adoptar niños o casarse son morales a nuestros ojos, que el debate sea cuánto se están respetando los derechos individuales de las personas, porque nunca sabemos cuándo la situación va a llegar al límite en que uno ya no pueda sentirse orgulloso de ser uno mismo porque alguien piense que eso no está bien.

¿De qué te ríes?


Hay un capítulo de Los Simpson donde Bart le vende su alma al diablo, al principio todo va bien pero luego empieza a preocuparse y le pide ayuda a Lisa. Ella quiere comprobar si Bart realmente perdió su alma, así que hace que ambos vean algo gracioso, ella ríe y él no. Lisa le dice a Bart que la risa es el lenguaje del alma y éste le contesta que conoce el trabajo de Neruda, que se deje de cosas y lo ayude. Al final Bart recupera su alma y termina el programa. Sin ánimo de entrar en discusiones teológicas sobre la naturaleza del alma, pero con el acuerdo de que representa la esencia del ser, me interesa explorar cómo la risa habla de nosotros y nuestros valores.

Una mañana estaba en clase y le dije a mis alumnos que les iba a poner un video para ilustrar el tema del que estaba hablando, cuando hago ese tipo de ejercicios suelo dejar que ellos me muestren un video que les guste, ya sea para despertarlos un poco o para recuperar su atención. El video que ellos pidieron ese día fue el de un niño indio bailando:

Se rieron de buena gana. Cuando el video terminó les pregunté por qué les gustaba, qué les hacía gracia. El siguiente video que les puse fue éste:

Al final les pedí que comparáramos ambas historias. En términos generales, cuentan cómo dos niños sienten el impulso de bailar. En el primero hay una burla, un niño gordo que baila. En el segundo hay una niña enérgica que hace bailar incluso a sus osos de peluche, y aún cuando la acción es básicamente la misma, ambas formas de ver el mundo son diametralmente opuestas.

Reírnos de algo implica que aligeramos en cierto grado situaciones o ideas. De hecho, solemos reírnos de las religiones, razas, ciertas tragedias, de problemas, de los políticos, los borrachos, los infieles, los enfermos y nosotros mismos. No creo que ello esté mal porque a veces necesitamos esa cachetada para reconsiderar si nos estamos pasando de la raya promoviendo algunas ideas de forma obsesiva e irreflexiva, pero tampoco deberíamos pasar toda la vida sin tomarnos las ideas en serio, sin tomarnos en serio al ser humano y nuestra visión del mundo. La risa es un mecanismo de defensa con el que nos protegemos de la cruda realidad, pero esos escudos pueden invalidar la necesidad que tenemos de tomar ciertas acciones para mejorar nuestra vida. No se trata sólo de burlarnos de los empleados públicos corruptos, también debemos tomar acciones al respecto. No se trata de restarle valor a las creencias de los demás, se trata de establecer diálogos para discutir las ideas. No se trata de reírnos todo el tiempo, se trata de comprender cuáles son nuestros valores y entender cuándo debemos defenderlos.

Todo en exceso


Imagen tomada de: http://bit.ly/10vBWrk

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Surplus: Terrorized Into Being Consumers es un documental de 54 minutos en el que Erik Gandini nos cuenta cómo nos hemos convertido en una raza que produce en exceso, consume en exceso y ha perdido ideas en exceso. Nos cuenta su historia con imágenes tremendistas, con frases repetitivas, música electrónica y cierta ironía. Considero que su idea fundamental, a grandes rasgos, es hacer un retrato de personas que han perdido la noción de valores por el consumo de cosas que no necesitan para sobrevivir. Para sustentar su punto presenta ideas de John Zerzan, el filósofo y anarquista que propone que deberíamos destruir nuestras ciudades, calles y tecnología, para volver al estado en que estaba la civilización en la edad de piedra, cuando los seres humanos eran cazadores-recolectores. También presenta a un joven que habla de la variedad de muñecas inflables que se producen en la fábrica en que trabaja, a una señora cubana que explica cómo funciona su cartilla de racionamiento, a una chica cubana que cuenta cómo se impresionó ante la cantidad de comida y productos a los que tuvo acceso en un viaje que hizo a Inglaterra, y a Mike Balmer dando brincos y alaridos en una charla motivacional en Microsoft.

Después de cuestionarnos y mostrarnos enormes depósitos de llantas usadas, termina su docuemental sin profundizar mucho en su tema, sin ofrecer soluciones o conclusiones. Lo que me pareció interesante de su propuesta no fueron las ideas de Zerzan y ese desprecio por la industria humana, por los logros que hemos alcanzado como civilización, que si bien han causado problemas, la “destrucción” de la tierra, nos han ayudado a tener mejores y más largas vidas. Si cada una de esas llantas en el enorme basurero equivalen a la cura de una enfermedad, a un mejor medio de transporte, a un invento que hace mi vida más fácil, creo que son un costo que estamos pagando y no un castigo. Tampoco me pareció nuevo que la chica hablara  con tanto entusiasmo de la hamburguesa que se comió, porque suele pasar que nos entusiasmemos con aquello que descubrimos por primera vez. Me pareció interesante que hiciera énfasis en que en Cuba no se producen muchas cosas porque les “alcanza” con un solo tipo de pasta de dientes, por ejemplo, pero que sí se producen muchos símbolos. El regimen no nos vende cachivaches, nos vende ideas y las consumimos sin cuestionarlas, de ahí que las playeras con la efigie del Ché se vendan tan bien.

Aunque no profundiza en la información que presenta, ni parece ser su intención hacer algo más que sorprendernos y dejarnos sintiendo culpables por lo inconscientes de somos a la hora de consumir, me recordó una idea que siempre me ha parecido importante discutir: ¿quién establece cuánto es demasiado? Habrá personas que piensen que es correcto que el gobierno regule la cantidad de soda que les venden en las cadenas de comida rápida o que el gobierno le ponga un freno a las personas que fuman “demasiado” o que regule los límites de velocidad a los que se puede circular en las carreteras. Habrá quien piense que la riqueza está mal distribuida en el mundo y alguien debería obligar a los ricos a que le den a los pobres. Por suerte, también creo que habrá quienes coincidan conmigo en que el concepto de “demasiado” es relacional, depende del contexto del sujeto y es personal. Nadie puede decirle a otro que tiene demasiado, porque no puede juzgar al otro sino en base a un criterio aplicado a sí mismo. Si ya tenemos mucho de todo, quizás es tiempo de establecer nuestros valores prioritarios, no digo que en este mundo todos tengan esa idea clara.

Escuelas como cárceles


Imagen tomada de: http://bit.ly/12tp3K2

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A mí me gustaba ir al colegio. Mi casa estaba lejos de todo, no tenía vecinos, así que ahí era el lugar donde estaban mis amigos. Recuerdo mi primer día de clases, mis papás me metieron a preparatoria a los 5 años y no pasé por todos los grados que los niños pasan ahora antes de llegar a prepa. Pasé en el colegio trece años y en la universidad cinco más y no recuerdo mucho de mi vida escolar. Una vez intenté sacar el libro de historia para copiar en un examen, pero como no había leído, no tenía idea de qué buscar y fue de poca ayuda, ni siquiera logré hacer trampa. Otra vez, para una Semana Santa, me dejaron de tarea escribir los números de uno a un millón. Superé la clase de geografía, aunque todavía soy bastante mala con los accidentes geográficos. No fui una alumna excepcionalmente buena ni excepcionalmente mala. Supongo que siempre me mantuve en el promedio, con buenas notas y un comportamiento aceptable. Esos años constituyen una parte de lo que soy ahora, pero ¿es suficiente tener una noción del valor de mi educación? ¿Vale la pena invertir tanto tiempo, esfuerzo y dinero en una experiencia de la que después no se puede sacar una idea concreta de para qué nos sirve? Sí, me enseñaron a leer, a escribir; era buena en matemática, pero mi tía fue la que me enseñó a usar la regla de 3, algo que uso mucho más que la factorización.

A mi sobrino le dejaron de tarea hacer un cartel ilustrado con las reglas para coser diferentes tipos de tela. Si él no estuviera en primero primaria, si tuviera que zurcir un calcetín de vez en cuando o si le importara la diferencia entre la lana, el algodón y el poliéster, por algo más que saber por qué el material de su suéter pica, pensaría que esa tarea le va a servir de algo, que quizás su experiencia con la educación formal y el colegio va a ser mejor que la mía, pero no es así. El colegio en el que él estudia sigue siendo el mismo colegio en que estudié yo, en el que estudiaron mis papás, mis abuelos, creo que incluso sigue teniendo muchos de los contenidos curriculares del siglo XIX.

La escuela es uno de esos lugares en los que los niños pueden aprender muchas de las cosas que necesitan para la vida, pero no estas escuelas que tenemos en la actualidad y que han sido, parafraseando lo que dicen en el documental “La educación prohibida”, construidas a imagen y semejanza de las cárceles y las fábricas, donde los niños tienen que obedecer timbres que les dicen cuándo pueden comer y cuándo no, cuándo tienen que escribir y cuándo tienen que ejercitarse. Sé que no estoy sola con mi idea de la necesidad de una evolución en las escuelas tradicionales, necesitamos convertirlas en espacios donde estimulen la libertad, la creatividad y el pensamiento independiente.  Sir Ken Robinson en sus charlas de TED nos cuenta un poco de la historia de la educación moderna, nos habla de los modelos educativos post revolución industrial y plantea cómo las escuelas dejaron de responder a las necesidades de las personas, cómo aniquilan a los creadores en potencia. En la primer media hora de “La educación prohibida” también nos dan ese contexto histórico y luego nos hablan de cómo aprenden los niños.

Una de las conclusiones que saco en claro de esos planteamientos y esas ideas revolucionarias, es que tenemos que lograr que la escuela se separe del Estado. No podemos seguir dejando la educación en manos de los gobiernos, ellos no han hecho un buen trabajo y no saben cómo empezar a hacerlo. Para que en una escuela se le enseñe al niño a ser libre, primero tiene que ser libre la institución, elegir su propio currículo, elegir su propio horario y su forma de educar. Los que dicen qué se debe estudiar en las escuelas públicas y privadas no son los maestros, ni siquiera los dueños de los colegios o los directores, son burócratas a los que no les interesan los individuos. Nos quejamos todo el tiempo de lo mal que está la educación, la juventud, los acusamos de no leer y de no interesarse, quizás es tiempo de una revolución de ideas que ayude a nuestros jóvenes a interesarse por aprender a aprender, en lugar de darles un montón de conocimiento estéril que olvidarán pronto y que no significará algo para ellos.