El doctor que quiere eliminar el capitalismo


Imagen tomada de: http://bit.ly/1eymblc

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El verdadero Patch Adams se parece al Patch Adams de la película en la gentileza que se refleja en su mirada, tiene un aire de buena persona, de alguien que se preocupa por los demás. Oírlo hablar te conmueve, te hace querer ser parte de su grupo. Tiene muy buenas ideas, te habla de autoestima, te dice que quiere un mundo en el que la guerra y la injusticia no sean parte de la vida de las personas. Te dice que los doctores deberían pasar más tiempo con sus pacientes, que el mundo necesita una revolución de amor y que las madres son lo más importante en el mundo. Después dice que todo el mundo lo reconoce como el doctor gracioso de la película y que nadie piensa en que él es el doctor que quiere acabar con el capitalismo; lo dice tan serio y está tan convencido, que vale la pena analizar con detenimiento a qué se refiere y cuál es su objetivo.

Desde el principio de la entrevista marca una diferencia entre los hombres y las mujeres, a quienes idealiza por su capacidad de ser madres. Él tuvo la suerte de tener una buena madre, pero no por ello podemos decir que todas las madres son seres maravillosos o son capaces de criar seres maravillosos, pensemos en las madres de los dictadores o de los asesinos en serie, por ejemplo. Pero sus ideas sobre las madres son lo que menos me preocupa. Después dice que los hombres decidieron que en su escala de valores lo más importante iba a ser el dinero y el poder, que ambas cosas son las que no nos dejan ser felices y seres humanos integrales.

La relación de ideas es algo así: 1. Los hombres deciden que sus valores máximos son el dinero y el poder. 2. Eso es capitalismo. 3. Hay que eliminar el capitalismo para que los hombres busquen otra cosa más noble por qué vivir.

Patch también dice que todos deberíamos ser iguales, pero no especifica iguales cómo. Yo creo que todos debemos ser iguales ante la ley, que es muy distinto a pensar en que todos deberíamos tener las mismas cosas, ser iguales físicamente, ganar lo mismo o comer lo mismo, vestir igual, trabajar en lo mismo, tener la misma educación y pensar lo mismo. Muchas personas creen que en un sistema socialista todos son o deberían ser iguales, es decir, que todos deben tener lo mismo sin importar su capacidad o su talento e inteligencia. Pensemos en el extremo contrario al capitalismo, se supone que en el comunismo todos tienen las mismas cosas, acceso a servicios iguales para todos. En general,  todos son igual de pobres porque el objetivo no es que todos tengan lo máximo, sino que sobrevivan con lo mínimo. Bueno, casi todos, porque siempre hay un grupo dominante de políticos que tienen más que los demás.

La relación de ideas es algo como esto: 1. Los hombres son iguales. 2. Debido a que tienen las mismas cosas se olvidan de la ambición y deciden vivir por sus hermanos. 3. El mundo es mejor porque es más noble vivir para ser los guardianes de nuestros hermanos.

Yo estoy de acuerdo con que vivir para hacer dinero es absurdo, porque el dinero sólo es una herramienta, el dinero no te va a dar metas, tú tienes que tener las metas desde antes; el dinero no le va a dar sentido a tu vida, tú tienes que darle sentido a tu vida. Me apena mucho que una figura tan influyente como este doctor crea que el capitalismo es el que propicia las hambrunas, es el que crea la pobreza, cuando el libre intercambio es el primer paso para resolver esos problemas sociales de los que habla. No se trata de dejar de producir para voltear a ver al vecino y decidir que queremos que él sea feliz. Patch dice que gracias a su autoestima sabe que puede lograr cualquier meta que se proponga, ese para mí es un fin egoísta, él lo hace para sentirse bien consigo mismo y no se da cuenta, pero gran parte de su discurso es para inspirar a otros a encontrar su propio sueño, ese ideal que no es simplemente tener un montón de dinero vacío.

Este doctor no quiere terminar con el capitalismo, quiere terminar con ese gran monstruo que la gente malentiende como capitalismo y antes de estar de acuerdo con él, uno tiene que preguntarse qué es eso que él llama capitalismo, qué es verdaderamente el capitalismo y cuál es su relación con los ideales, con los valores, con lo bueno que la gente tiene. No se trata de decir que el capitalismo es malo y Patch Adams representa la bondad en el mundo, se trata de entender los conceptos que nos rodean para tomar mejores decisiones que nos hagan mejores personas.

Una píldora mágica para bajar de peso


Imagen tomada de: http://bit.ly/145hNII

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Hay noticias de las que uno se entera aunque viva debajo de una piedra y haga todo el esfuerzo del mundo para no enterarse, así, esta semana me enteré de que Christina Aguilera perdió 40 libras después de hacer dieta y apareció en un evento luciendo un vestido rosado y una nueva figura. Eso me llevó a pensar en esos productos de los que uno se entera, de los que ha oído o visto publicidad por todos lados, como las píldoras para bajar de peso. Esas pastillas que le prometen a uno que después del simple acto de tomarlas con un poco de agua, perderá esas horribles libras de más y vivirá una mejor vida, sin esfuerzo, sin dietas, sin ejercicio. Luego me llevó a pensar en las promesas de políticos de las que uno se entera, que le ofrecen que erradicarán el hambre del mundo, que conseguirán la paz, la prosperidad para todos, que erradicarán la violencia y la pobreza del mundo.

Si lo vemos fríamente, Christina va a engordar otra vez si no se cuida de ahora en adelante; las píldoras mágicas para bajar de peso no funcionan a largo plazo porque la gente no cambia sus hábitos y cree que puede seguir comiendo más de lo que su cuerpo necesita sin sufrir las consecuencias; y los políticos están falseando la realidad y haciendo promesas que no pueden cumplir porque para tener riqueza hay que crearla primero.

¿Qué sabemos sobre alimentarnos? Que los alimentos tienen una serie de elementos que necesitamos para vivir, como proteínas, carbohidratos, calorías, vitaminas, minerales, fibra, grasa. También sabemos que diferentes personas necesitan diferentes cantidades de cada componente, un bebé necesitará más calcio y un atleta necesitará más proteína, por ejemplo. También sabemos que si consumimos más grasas y calorías de las que vamos a usar, nuestro organismo acumulará energía que no necesitamos y engordaremos. Sabemos que cada persona es responsable de alimentarse sanamente y hacer ejercicio para estar mejor físicamente. No es algo que se logre con una pastilla, es una actividad que necesita racionalidad, constancia, disciplina. Sabemos, además, que no podemos generalizar y decir que todos tenemos que comer carne, azúcar o vegetales en una cantidad estandarizada porque alguien decidió que nos haría bien, que todos tenemos que igualar nuestra dieta para estar sanos. Ese es un asunto individual, así que si alguien decide vivir a base de donas y café, es su decisión y nadie tiene el derecho de forzarlo a comer otra cosa.

¿Qué sabemos sobre vivir en sociedad? Entre muchas otras cosas, que gracias a la cooperación social y al intercambio producimos y obtenemos productos y servicios con los que cubrimos necesidades de alimentación, vestido, transporte. Sabemos que necesitamos cultivar para tener vegetales y frutas, que necesitamos fabricar ropa, vehículos, construir casas, etc. Sabemos que la riqueza no es algo que existe en la naturaleza, es algo que debe ser creado. Sabemos que si gastamos más de lo que tenemos o podemos producir, nos enfrentaremos al problema de no tener con qué cubrir nuestras necesidades. Sabemos que el trabajo debe ser constante, porque necesitamos cubrir nuestras necesidades constantemente. No hay en la tierra algo como un paraíso de recursos ilimitados en el que podamos vivir sin hacer nada, aunque abandonáramos la agricultura, la tecnología y las ciudades, y volviéramos a ser cazadores y recolectores, si siguiéramos con vida tendríamos que hacer cosas para mantenernos con vida día a día. Cada vez que un político promete que todos vamos a vivir bien, que nos dará salud y educación, deberíamos preguntarle qué nos va a pedir a cambio, quién va a tener que trabajar para que eso suceda, quién lo va a pagar.

El capitalismo es el único sistema que se basa en el hecho de que cada quien obtiene lo que merece por su capacidad, no por su necesidad. Es el sistema que se basa en la libertad individual, la propiedad privada, la cooperación y el intercambio. No ofrece que vamos a tener un paraíso en el que nadie tendrá que trabajar nunca más, al contrario, es el sistema en el que tenemos que ser los mejores, esforzarnos más, en el que tenemos que preguntarnos qué hicimos bien hoy para hacerlo mejor mañana, en el que los seres humanos deben ser productivos cada día de sus vidas para vivir mejor. No es una píldora mágica que uno toma una vez y soluciona los problemas, es un sistema de acciones continuas donde no existe límite para la creación, para mejorar nosotros mismos y nuestra sociedad.

La libertad es egoísta


La semana pasada escribí un artículo que hablaba sobre la libertad y sobre la culpa que ponemos sobre los hombros de los productores por el simple hecho de que producen para sí mismos (o así deberían hacerlo). Recibí el comentario que leerán a continuación y que responderé después, punto por punto:

Uno quisiera creer que lo que llamamos libertad nos llevaría a una sociedad más justa y los problemas de países como el nuestro se solucionarían. No lo creo, la solución en si es compleja, no tan sencilla teniendo que cambiar por completo la enfermiza mentalidad genéticamente adquirida de nuestros pueblos. Lo primero, que es el sacrificio personal para trabajar por nuestro país nadie lo correría conformándonos algunos de nosotros solamente con protestar escribiendo o manifestándonos por este clase de medio que al final es solo catarsis.”

Imagen tomada de: http://bit.ly/15y5ZwS

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1. Libertad: en el contexto político “libertad” significa la ausencia de coerción. En ese sentido, el ente que ejerce el uso de la fuerza para controlar a los ciudadanos es el gobierno, perdemos nuestra libertad cuando dejamos que el gobierno controle más y más aspectos de nuestra vida, ya sea que nos obligue a tomar vacunas, ir a la escuela o a la guerra, usar bombillas ahorrativas o que nos permita visitar algunos lugares y otros no. Hay ciertas actividades humanas que podemos condenar moralmente, como el suicidio, el aborto o fumar, pero ello no implica que deban ser controladas por el gobierno, tampoco deberíamos permitir que el gobierno nos cobre impuestos por ser productivos, cosa que pasa con el impuesto sobre la renta. El capitalismo no puede funcionar de acuerdo con un sistema moral que establece que es tu deber servir a otros. El deber del productor es decidir qué quiere producir, por qué quiere trabajar y qué quiere hacer con su producción, sin depender de las necesidades o deseos de otros, y garantizándole a los otros ese mismo derecho.

Imagen tomada de: http://bit.ly/12DVFAt

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2. Una sociedad justa:  dice Epicuro que “lo justo según la naturaleza es un acuerdo de lo conveniente para no hacerse daño unos a otros ni sufrirlo”, además dice que “la justicia no era desde un comienzo algo por sí mismo, sino un cierto pacto sobre el no hacer ni sufrir daño surgido de las relaciones de unos y otros en lugares y ocasiones determinados”. La justicia debe establecerse en base a una relación entre dos partes, la injusticia se dará cuando una parte dañe a la otra y la justicia cuando la parte que ocasiona el mal compense a la parte dañada. Vivir en una sociedad justa es vivir en una sociedad con leyes claras que se cumplen y donde no hay individuos que estén sobre la ley o tengan privilegios para no cumplirla. Libertad no significa que cada quien haga lo que se le dé la gana y pase sobre los derechos de los demás, libertad es actuar según el juicio propio, pero ello no implica que entonces todo mundo se tirará como loco a atacar a los demás, sencillamente porque muchos ya hemos aprendido que la cooperación es más efectiva. No significa depender de la buena voluntad de los demás, significa tener la certeza de que quien use la fuerza contra otro, recibirá su merecido.

La justicia no es igualdad material, no se establece diciendo que todos deberíamos tener las mismas cosas. La justicia es igualdad ante la ley, se establece a partir del concepto de que tenemos normas que todos debemos respetar, como el respeto a la propiedad privada, a la vida.

Imagen tomada de: http://bit.ly/18YuQiY

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3. El sacrificio personal para trabajar por nuestro país: sacrificio es entregar un bien mayor a cambio de un bien menor y este concepto está implícito en muchas de nuestras actividades, aunque no seamos conscientes de ello. Cuando nos enamoramos, nos dicen el amor debe ser sacrificio por el otro. Cuando somos madres o padres, nos dicen que debemos sacrificar todo por nuestros hijos. Cuando vivimos en sociedad nos dicen que debemos hacer sacrificios para ayudar a los “necesitados”. Nos dicen que uno debe trabajar por el bien común, jamás por uno mismo, porque esas actitudes egoístas son las que tienen al mundo como está. Sin embargo, hay un par de puntos que es importante aclarar cuando de sacrificios se trata. Sacrificio no es lo mismo que inversión, invertir significa entregar un bien menor a cambio de un bien mayor, pero para saber si estamos invirtiendo o sacrificando, deberíamos tener clara nuestra escala de valores. La benevolencia es una actitud individual y nadie debería forzar a nadie a ser generoso y eso incluye no condenar moralmente a los que no ceden a las presiones de grupo y no “dan” para cierta causa. Si yo considero que tengo cubiertas mis necesidades y me sobra tiempo o dinero para ayudar a alguien más es algo que solo yo puedo decidir.

Hasta el día de hoy hemos estado sacrificándonos por nuestro país y seguiremos haciéndolo mientras aceptemos que el gobierno tiene el control de nuestras vidas, mientras esperemos que el gobierno resuelva todos nuestros problemas, mientras sigamos pagando impuestos para que se los roben, mientras sigamos aceptando que quienes producen tienen una deuda con la sociedad.

Vivir en libertad no implica actuar arbitrariamente, tampoco implica ser injusto o aceptar el sacrificio. Vivir en libertad, para uno mismo, por el beneficio propio, es el primer paso para que este mundo cambie. Quizás este tipo de artículos tienen una carga de catarsis, pero no están escritos con el simple afán de un desahogo público. Están escritos para generar diálogo y para cuestionar el mundo en que vivimos, porque si simplemente aceptamos que tenemos esta actitud “genéticamente adquirida”, nadie va a cambiar nada. Decir que es cuestión de genes o de naturaleza o de creación, es rendirnos, es pensar que no podemos hacer nada para cambiar un mundo que no nos gusta. No me conformo ante esa idea y si puedo defender a algún productor para que sepa que lo que hace por su beneficio es bueno, lo voy a hacer sin morderme la lengua.

En Guatemala no hay parques


Imagen tomada de: http://bit.ly/1cZ2imJ

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En Guatemala no hay parques, tampoco hay banquetas para caminar tranquilamente, es un atentado andar en bicicleta, no se diga el atentado que es usar los buses urbanos y extraurbanos; tampoco hay metro, ni trenes para ir a Petén o al puerto. En Guatemala no hay carreteras para llegar a los pueblitos recónditos, ni siquiera para llegar a ciertas partes de la ciudad, no hay escuelas, centros de salud. En Guatemala nos adaptamos y vamos viendo cómo sobrevivimos, si hay que polarizar los vidrios del carro, lo hacemos; si hay que poner rejas en las ventanas de las casas y alambre espigado en el techo, los ponemos; si tenemos que salir a la calle disfrazados, llevar el saco en la mochila para no parecer oficinistas y así tratar de pasar inadvertidos para que no nos asalten, nos ajustamos al perfil. En Guatemala nos quejamos de los políticos y nos indignamos por la corrupción, esperamos que “los dueños del país” hagan un cambio, que surja un líder que nos inspire, que el gobierno solucione lo de la inseguridad, alimente a los hambrientos, nos dé los parques que necesitamos, las escuelas, los centros de salud, el agua, la electricidad y el trabajo. En Guatemala siempre estamos pensando en que deberíamos irnos a otro país porque acá no se puede vivir. Tenemos la noción de que algo está mal, que el sistema no funciona, creemos que hay algo que deberíamos cambiar, pero no sabemos a ciencia cierta qué es. Tenemos mucho miedo e incertidumbre, no sabemos por dónde empezar a solucionar este país.

Imagen tomada de: http://on.fb.me/11o4nZC

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Algunos creen que lo que anda mal es que la riqueza está mal distribuida, que los que tienen más deberían darle a los que no tienen y así eliminar la pobreza. Algunos otros creen que no debería haber empresas transnacionales que inviertan en Guatemala, o que si las hay, que no deberían ganar nada por tener sus fábricas, sus minas, sus tiendas en territorio guatemalteco. Hay quienes creen que todos los empresarios son inescrupulosos por definición y que sería mejor que alguien los controlara para que no se hagan ricos a costillas de esos pobres empleados a los que explotan, para que no consuman las bellezas naturales y los recursos que tiene Guatemala y nos dejen sin nada. Otros creen que está bien que los empresarios y comerciantes tengan ganancias, pero que éstas deberían estar limitadas y que todos ellos deberían actuar por el bien común.

El punto en que estas opiniones coinciden es en la inmoralidad que representa el ganar dinero con fines personales. La idea de tener ganancias para sí mismos es cuestionada incluso por los propios empresarios y comerciantes, que sienten que deben retribuirle algo a la sociedad. No hablo acá de aquellos que se enriquecen de forma ilícita, por transas, hablo de la gente honrada que hace negocios limpiamente, incluso ellos sienten que le están quitando algo a alguien más, que hay algo perverso en producir y ganar dinero. En lo profundo de su ser sienten que están haciendo algo mal y que tienen una deuda que pagar.

¿Qué pasaría si las empresas dejaran de producir? ¿Qué pasaría si un día todas las fábricas, todas las transnacionales se fueran? ¿Los guatemaltecos recuperaríamos lo nuestro? ¿Qué es eso nuestro que queremos de vuelta? ¿Por qué estamos peleando exactamente? Si las empresas se fueran, ¿tendríamos parques, alguien haría que funcione el sistema público de transporte, alguien alimentaría a los hambrientos, nos daría empleo? Todas esas riquezas naturales de las que la gente se pasa hablando, no sirven de nada si nadie las explota, si nadie produce algo con ellas, no podemos tener paisajes vírgenes e inmaculados y a la vez tener energía eléctrica barata, escuelas, parques, centros de salud y todas esas cosas que nos hacen falta. Si el gobierno no produce nada, ¿por qué seguimos esperando que nos dé cosas? ¿Por qué seguimos juzgando mal a aquellos productores que mueven el mundo?

En Guatemala no hay parques, eso nos corresponde solucionarlo a nosotros. Cualquiera puede construir un parque y cobrar una cuota para que la gente lo use. En Guatemala no se puede andar en la calle por los altos niveles de inseguridad en los que vivimos, eso sí le toca solucionarlo al gobierno, son ellos los responsables de proteger a los ciudadanos. La creación de riqueza es asunto de los ciudadanos, la seguridad de estos es asunto del gobierno. Si algo está mal en nuestra sociedad es que no estamos administrando bien las culpas. Los empresarios y comerciantes necesitan libertad y seguridad para hacer su parte. Está bien si quieren crear grandes fortunas para sí mismos, podemos empezar por dejar de culparlos por ello.

Todo en exceso


Imagen tomada de: http://bit.ly/10vBWrk

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Surplus: Terrorized Into Being Consumers es un documental de 54 minutos en el que Erik Gandini nos cuenta cómo nos hemos convertido en una raza que produce en exceso, consume en exceso y ha perdido ideas en exceso. Nos cuenta su historia con imágenes tremendistas, con frases repetitivas, música electrónica y cierta ironía. Considero que su idea fundamental, a grandes rasgos, es hacer un retrato de personas que han perdido la noción de valores por el consumo de cosas que no necesitan para sobrevivir. Para sustentar su punto presenta ideas de John Zerzan, el filósofo y anarquista que propone que deberíamos destruir nuestras ciudades, calles y tecnología, para volver al estado en que estaba la civilización en la edad de piedra, cuando los seres humanos eran cazadores-recolectores. También presenta a un joven que habla de la variedad de muñecas inflables que se producen en la fábrica en que trabaja, a una señora cubana que explica cómo funciona su cartilla de racionamiento, a una chica cubana que cuenta cómo se impresionó ante la cantidad de comida y productos a los que tuvo acceso en un viaje que hizo a Inglaterra, y a Mike Balmer dando brincos y alaridos en una charla motivacional en Microsoft.

Después de cuestionarnos y mostrarnos enormes depósitos de llantas usadas, termina su docuemental sin profundizar mucho en su tema, sin ofrecer soluciones o conclusiones. Lo que me pareció interesante de su propuesta no fueron las ideas de Zerzan y ese desprecio por la industria humana, por los logros que hemos alcanzado como civilización, que si bien han causado problemas, la “destrucción” de la tierra, nos han ayudado a tener mejores y más largas vidas. Si cada una de esas llantas en el enorme basurero equivalen a la cura de una enfermedad, a un mejor medio de transporte, a un invento que hace mi vida más fácil, creo que son un costo que estamos pagando y no un castigo. Tampoco me pareció nuevo que la chica hablara  con tanto entusiasmo de la hamburguesa que se comió, porque suele pasar que nos entusiasmemos con aquello que descubrimos por primera vez. Me pareció interesante que hiciera énfasis en que en Cuba no se producen muchas cosas porque les “alcanza” con un solo tipo de pasta de dientes, por ejemplo, pero que sí se producen muchos símbolos. El regimen no nos vende cachivaches, nos vende ideas y las consumimos sin cuestionarlas, de ahí que las playeras con la efigie del Ché se vendan tan bien.

Aunque no profundiza en la información que presenta, ni parece ser su intención hacer algo más que sorprendernos y dejarnos sintiendo culpables por lo inconscientes de somos a la hora de consumir, me recordó una idea que siempre me ha parecido importante discutir: ¿quién establece cuánto es demasiado? Habrá personas que piensen que es correcto que el gobierno regule la cantidad de soda que les venden en las cadenas de comida rápida o que el gobierno le ponga un freno a las personas que fuman “demasiado” o que regule los límites de velocidad a los que se puede circular en las carreteras. Habrá quien piense que la riqueza está mal distribuida en el mundo y alguien debería obligar a los ricos a que le den a los pobres. Por suerte, también creo que habrá quienes coincidan conmigo en que el concepto de “demasiado” es relacional, depende del contexto del sujeto y es personal. Nadie puede decirle a otro que tiene demasiado, porque no puede juzgar al otro sino en base a un criterio aplicado a sí mismo. Si ya tenemos mucho de todo, quizás es tiempo de establecer nuestros valores prioritarios, no digo que en este mundo todos tengan esa idea clara.

Escuelas como cárceles


Imagen tomada de: http://bit.ly/12tp3K2

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A mí me gustaba ir al colegio. Mi casa estaba lejos de todo, no tenía vecinos, así que ahí era el lugar donde estaban mis amigos. Recuerdo mi primer día de clases, mis papás me metieron a preparatoria a los 5 años y no pasé por todos los grados que los niños pasan ahora antes de llegar a prepa. Pasé en el colegio trece años y en la universidad cinco más y no recuerdo mucho de mi vida escolar. Una vez intenté sacar el libro de historia para copiar en un examen, pero como no había leído, no tenía idea de qué buscar y fue de poca ayuda, ni siquiera logré hacer trampa. Otra vez, para una Semana Santa, me dejaron de tarea escribir los números de uno a un millón. Superé la clase de geografía, aunque todavía soy bastante mala con los accidentes geográficos. No fui una alumna excepcionalmente buena ni excepcionalmente mala. Supongo que siempre me mantuve en el promedio, con buenas notas y un comportamiento aceptable. Esos años constituyen una parte de lo que soy ahora, pero ¿es suficiente tener una noción del valor de mi educación? ¿Vale la pena invertir tanto tiempo, esfuerzo y dinero en una experiencia de la que después no se puede sacar una idea concreta de para qué nos sirve? Sí, me enseñaron a leer, a escribir; era buena en matemática, pero mi tía fue la que me enseñó a usar la regla de 3, algo que uso mucho más que la factorización.

A mi sobrino le dejaron de tarea hacer un cartel ilustrado con las reglas para coser diferentes tipos de tela. Si él no estuviera en primero primaria, si tuviera que zurcir un calcetín de vez en cuando o si le importara la diferencia entre la lana, el algodón y el poliéster, por algo más que saber por qué el material de su suéter pica, pensaría que esa tarea le va a servir de algo, que quizás su experiencia con la educación formal y el colegio va a ser mejor que la mía, pero no es así. El colegio en el que él estudia sigue siendo el mismo colegio en que estudié yo, en el que estudiaron mis papás, mis abuelos, creo que incluso sigue teniendo muchos de los contenidos curriculares del siglo XIX.

La escuela es uno de esos lugares en los que los niños pueden aprender muchas de las cosas que necesitan para la vida, pero no estas escuelas que tenemos en la actualidad y que han sido, parafraseando lo que dicen en el documental “La educación prohibida”, construidas a imagen y semejanza de las cárceles y las fábricas, donde los niños tienen que obedecer timbres que les dicen cuándo pueden comer y cuándo no, cuándo tienen que escribir y cuándo tienen que ejercitarse. Sé que no estoy sola con mi idea de la necesidad de una evolución en las escuelas tradicionales, necesitamos convertirlas en espacios donde estimulen la libertad, la creatividad y el pensamiento independiente.  Sir Ken Robinson en sus charlas de TED nos cuenta un poco de la historia de la educación moderna, nos habla de los modelos educativos post revolución industrial y plantea cómo las escuelas dejaron de responder a las necesidades de las personas, cómo aniquilan a los creadores en potencia. En la primer media hora de “La educación prohibida” también nos dan ese contexto histórico y luego nos hablan de cómo aprenden los niños.

Una de las conclusiones que saco en claro de esos planteamientos y esas ideas revolucionarias, es que tenemos que lograr que la escuela se separe del Estado. No podemos seguir dejando la educación en manos de los gobiernos, ellos no han hecho un buen trabajo y no saben cómo empezar a hacerlo. Para que en una escuela se le enseñe al niño a ser libre, primero tiene que ser libre la institución, elegir su propio currículo, elegir su propio horario y su forma de educar. Los que dicen qué se debe estudiar en las escuelas públicas y privadas no son los maestros, ni siquiera los dueños de los colegios o los directores, son burócratas a los que no les interesan los individuos. Nos quejamos todo el tiempo de lo mal que está la educación, la juventud, los acusamos de no leer y de no interesarse, quizás es tiempo de una revolución de ideas que ayude a nuestros jóvenes a interesarse por aprender a aprender, en lugar de darles un montón de conocimiento estéril que olvidarán pronto y que no significará algo para ellos.

Como se lo diría a René


Imagen tomada de: http://bit.ly/sOwRhn

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Uno enciende la radio y se topa con una extensa muestra de la visión del mundo de cantantes, compositores, radioescuchas y locutores. Abundan canciones cuya letra es una frase que se repite, se repite, se repite. Otras, sólo tienen buen ritmo y otras tantas pasan por ruido de fondo hasta que uno se da cuenta que se le quedaron pegadas todo el día. Dentro de toda esa biodiversidad puede que uno encuentre algunas piezas que no por comerciales carecen de sentido. En ese panorama me he topado con algunas canciones de Calle 13 y después de escucharlas he llegado a tener discusiones bizantinas en las que he defendido, pocas veces con éxito, a René Pérez, vocalista del grupo. En tres discos he visto un cambio en sus letras, desde las rimas ingeniosas para que salgas del clóset, pasando por la rabia contra los reguetoneros, hasta llegar a su último disco, con protesta social y todo. Yo sé que él es socialista, supongo que no está de acuerdo con el libre mercado y que está lejos de apoyar el capitalismo, pero creo que es un tipo listo, con potencial, a quien quizás sólo le falta cuestionar un poco más, leer a otros autores, discutir sin estar a la defensiva.

Lo que pienso de su música es que si después de oír la letra de la Perla: “La policía que se tira sin pena rompiendo mi casa pa’ cobrar la quincena/ Aquí nació mi mai, hasta mi bisabuela…éste es mi barrio, yo soy libre como Mandela / Cuidao’ con la vieja escuela, que no te coja, que te va meter con chancletas y palos de escoba…/ Así que no te me pongas majadero, porque yo vengo con apetito de obrero…/ A comerme a cualquiera que venga a robarme lo mío…/ Yo soy el Napoleón del caserío.” Algún joven se pregunta por qué “libre como Mandela”, quién fue Napoleón y por qué ambos son importantes en la historia del mundo, esa canción habrá hecho más de lo que hacen algunos maestros de escuela que solo le enseñan a los niños fórmulas de conocimiento prefabricado.

René anda por ahí pidiendo educación pública gratuita y apoyando a movimientos estudiantiles y entonces me desilusiona un poco y me dan ganas de pedirle que reconsidere algunos puntos fundamentales: sí, la educación es importante, pero también es importante quién paga por ella. No podemos pedirle al gobierno que nos dé educación y después pretender que no se meta en el tipo de educación que nos da. No existe el amor sin interés, ningún gobierno da nada de gratis, las escuelas públicas no son centros para que los individuos se eduquen, de ahí sale tanto niño indoctrinado que no se cuestiona qué está mal en la raíz, quiénes son los villanos que le roban oportunidades, quiénes se aprovechan de su vida. Si ha habido luchas para separar a la iglesia del Estado, para que la gente tenga libertad de culto, ¿por qué no luchamos para separar la educación del Estado, para que la gente tenga libertad de pensamiento? Sí, la educación es importante, pero ello no implica que la educación sea una cuestión académica, algo que solo se obtiene en un salón de clases, no todas las personas necesitan salir de la universidad para ser exitosos y felices. Sin embargo, todas las personas exitosas saben que la felicidad solo se obtiene por esfuerzo propio, con una lucha constante y ganas de ser mejor, de estar mejor. Yo no tengo todas las respuestas, no podría decir que los estudiantes necesitan tal o cual materia para ser exitosos. Lo que sé es que las personas necesitan ser libres, elegir qué les conviene más y ser responsables de buscarlo. Cada individuo necesita saber que su derecho llega hasta donde empieza el derecho del otro, que el gobierno debe velar por el respeto a esos derechos, y que la constitución sirve para cuidar a los ciudadanos del gobierno.

¿Por qué me dan ganas de discutir con René? Porque dentro del ruido que puede haber en sus letras, encuentro cosas como esta: “No puedes comprar mi vida./ Mi tierra no se vende. / Trabajo en bruto pero con orgullo,/ Aquí se comparte, lo mío es tuyo. / Este pueblo no se ahoga con marullos, /Y si se derrumba yo lo reconstruyo.”  En la que encuentro a un hombre orgulloso de su trabajo, de su fuerza, alguien generoso, que puede lidiar con sus contradicciones y ser esa voz que escuchan millones de personas y que puede llevarlos a preguntarse qué fundamento filosófico sirve de base para afirmar que “No puedes comprar mi vida”.