Una de estas cosas no es como las otras


Imagen tomada de: http://bit.ly/O7j3os

En el mundo hay algo así como 7,031,701,608 personas. De esos siete mil millones y pico, dicen que unas 8,600,000 personas son millonarias y que 1,200,000,000 viven en extrema pobreza. Yo represento el 0.00000001 % de la población mundial y no estoy en ninguno de esos dos extremos.

Desperté haciendo cuentas, porque ayer leí un artículo sobre la tendencia igualitaria de algunos intelectuales en los años 70, en el que decía que ellos: “No prometen elevar el estándar de vida de los hombres, proclaman que debería ser disminuido. No tratan de redistribuir la riqueza, tratan de destruirla. ¿Qué queda entonces de su anterior credo? Sólo una constante: el sacrificio, que ahora predican abiertamente de la misma forma que siempre lo habían aprobado en secreto: ‘el sacrificio por el sacrificio mismo’.(“Una carta sin título”, en Filosofía ¿quién la necesita?, de Ayn Rand, página 211)

Yo nunca me consideré parte del 99% y sigo sin entender bien qué pretende o pretendía ese movimiento, tampoco soy del 1% (necesitaría tener a 69,999,999 de personas de mi lado para serlo). Soy una persona que se levanta cada mañana para ir a trabajar, que cumple las leyes, que no quiere meterse en problemas, sólo hacer su parte. Tengo algunos héroes y modelos a seguir, admiro a algunas personas y me gustaría hacer cosas excepcionales y vivir en un mundo mejor. Por lo pronto no quiero tener mi propia isla o viajar en mi jet privado para ir a cenar a París, realmente no necesito un armario lleno de vestidos de diseñador. Quizás no tengo en mis manos el poder para erradicar el hambre en el mundo y darle cosas a los pobres y hacer que el mundo viva en paz. Lo que tengo son ideas, ideas valiosas que me gusta compartir de persona en persona:

1. La filosofía te responde la pregunta de ¿cómo vivir?, cada quien debe responder el ¿para qué vivir?

2. La libertad es personal e intransferible, uno no puede hacer que otros sean libres. Cada quien debe entender y respetar la libertad de los otros.

3. La riqueza representa bienes que se han producido pero aún no se han consumido. La riqueza no es algo que se encuentre por ahí, hay que trabajar para obtenerla, transformar la materia, producirla.

4. Cada persona que vive en el mundo es un individuo con diferentes capacidades, contextos, anhelos y necesidades. Hay gente que trabaja muy duro y se gana lo que tiene, hay otros que desperdician sus herencias o sus cheques de pensión. Hay gente honesta que sabe que su trabajo es valioso, que no necesita que le digan que su esfuerzo es perverso porque es mejor que el de otros. Cada persona puede decidir ser excelente en lo que hace.

5. No necesitamos límites, necesitamos que nos dejen crear, producir, vivir. No necesitamos inventar un nuevo sistema económico, necesitamos comprender y usar el capitalismo para resolver muchos de los problemas que aquejan al mundo. Necesitamos pagar por nuestra comida, nuestra educación, nuestra casa, necesitamos que cada persona entienda que no hay cosas gratis en el mundo, que no es injusto tener que trabajar para conseguirlas. Necesitamos una revolución moral para que cada persona salga de ese 99% y se convierta en un individuo que puede ser mejor cada día, que puede estar orgulloso de sí mismo y de su trabajo.

Atlántida, el destino ideal


Escrito por Luis Eduardo Barrueto [SPOILERS MENORES DE LA REBELIÓN DE ATLAS]

Me he encontrado en varias ocasiones con una objeción que me llama mucho la atención sobreLa rebelión de Atlas en lo específico, y sobre la filosofía de Rand en general. Se resume en una frase que he escuchado de al menos dos personas: “ella era aristotélica en sus premisas pero platónica en sus conclusiones”. Por supuesto, si alguien le hubiera dicho esto a Ayn Rand, probablemente ella se hubiera desmayado o habría reunido las fuerzas para golpear a esa persona por la contradicción que eso supone, pero demos un poco de espacio al argumento para desarrollarse: La propuesta de una revolución moral y su representación en la ficción como la figura de Atlántida a la que los cerebros del mundo se retiran para fundar su sociedad es la que resulta un tanto increíble para los lectores, porque en un primer análisis parece que abandona su realismo por una suerte de “idealismo”.

Sin embargo, ese “idealismo” con que etiquetamos el final estilo Hollywood de la novela no es el mismo “idealismo” con que etiquetamos a Platón y su filosofía, sintetizada popularmente por el mito de la caverna que aprendimos en la secundaria. Si visitamos la teoría estética de Rand descubriremos que en el arte ella se proclamaba una “realista romántica” y la Atlántida jugaría el papel del ideal de normas que deberían regir a los hombres racionales, pero un ideal que es alcanzable.

¿Alcanzable, la Atlántida?

Llegar a términos con un autor es difícil, pero creo que es bastante obvio decir que Ayn Rand no estaba haciendo un llamado literal a la huida de los empresarios a una provincia oculta entre las montañas donde pueden inventarse su propia sociedad from scratch.

La discusión sobre las normas que rigen a la sociedad tiene dos lados, uno normativo (lo que debería ser) y uno positivo (lo que es):

El normativo es al que Rand nos introduce en su obra. El único código moral correcto para los hombres racionales es el del egoísmo racional, que en el plano político se traduce en el respeto de los derechos individuales y su corolario, la libertad política y el capitalismo laissez-faire.

El positivo o descriptivo ha pasado más desapercibido, pero existe. Se trata de la obra de personas influidas por Rand pero también por otros autores liberales: Peter Leeson por ejemplo. En Leeson (2010) hay una revisión en la historia de cómo las reglas creadas por el gobierno suelen ser ineficientes, cuando menos, y perniciosas, casi siempre, para regular el comportamiento humano. En contra de las prescripciones de la filosofía de Descartes, Hobbes y sus seguidores, Leeson identifica que de hecho los seres humanos suelen portarse comparativamente mejor cuando se deja a su voluntad su propio uso de la razón, que cuando un aparato coercitivo les remueve esa facultad. Desde la conquista del Oeste hasta la ley mercantil internacional hay varios casos puntuales de “pockets of anarchy” o espacios en los que todas las reglas son creadas endógenamente, que demuestran que la visión que en la Atlántida se plantea como un ideal han de hecho ocurrido de forma aproximada en el mundo real.

Como verán, los dos tipos de literatura se complementan. El teórico puramente descriptivo apoya la visión que en Rand se convierte en un ideal alcanzable y que deberíamos elegir como valor, para defenderlo y procurar que se haga realidad.

Razones para leer o dejar de leer a Rand


Hace unos días me dijeron que debería cambiarle de nombre al Centro de Estudio del Capitalismo y ponerle “Centro de Estudios Randianos”, porque según esta persona sólo leemos a Rand y pensamos que ella, que es la cara menos amable del capitalismo, es la panacea para defender estas ideas. Mi respuesta dejó de lado que cualquier objetivista que se respete no dejará que le digan “randiano”, que ningún autor es “La” panacea de las ideas y que las caras amables muchas veces son engañosas. Lo cierto es que en los diálogos del CEC no sólo hablamos de la obra de Rand, aunque definitivamente sus novelas son nuestro punto de partida. Considero que hay razones buenas y malas para leer o dejar de leer a ciertos autores, para descalificar ciertas obras o pensar que son requisitos esenciales para una buena educación. Yo no me atrevería a descalificar a García Márquez como narrador por ser comunista o a Vargas Llosa porque dejó de serlo. Entiendo que sus ideas políticas estarán presentes en sus obras y ello sólo me servirá para tener un contexto completo y plantear mis juicios a partir de él. Admito que me dan un poco de desconfianza aquellos que aseguran que un libro te cambiará la vida o los que creen que es obligatorio leer a los clásicos porque son lo único en la literatura que vale la pena; porque, finalmente, la lectura es nuestra oportunidad para participar de un diálogo de siglos en que miles de autores nos invitan a reflexionar sobre las grandes preguntas de la humanidad, sobre los temas que nos han desvelado desde siempre.

No es un secreto que la lectura no es el pasatiempo favorito de muchos guatemaltecos, que los jóvenes deben tener mejores cosas que hacer, que dedican su tiempo a alimentar otras grandes pasiones. Entonces, ¿por qué pedirles que lean las novelas de Rand? Porque a la señora se le ocurrió que era una buena idea decir que los empresarios pueden ser héroes, que los personajes ideales nos sirven para imaginar cómo podríamos ser. No digo que sus héroes sean perfectos, que no cometan errores o que haya que imitarlos al pie de la letra. Ella no escribió manuales para que dejemos de cuestionarnos nuestras propias decisiones y sólo acudamos por la respuesta a la página tal, inciso tal del libro de la vida según Rand. Entre tantos libros que nos advierten sobre los sistemas totalitarios de gobierno, que nos hablan de los horrores de la guerra, que nos hacen cuestionarnos sobre el bien y el mal y nos dicen todo lo que no hay que hacer para ser felices, ella decidió poner ejemplos de individuos que luchan por sus propios sueños, por sus empresas, por su vida. No para que abandonemos nuestra mente, sino para que dejemos de pensar en términos de psicología inversa y veamos al ideal de frente.

¿Hay otros auotores que defienden el capitalismo? Definitivamente. Muchos lo hacen desde el mundo de la no ficción y lo justifican económica y políticamente. Rand lo hace desde el mundo de la ficción y lo justifica moralmente, en su libro Capitalismo: el ideal desconocido dice que “La justificación moral del capitalismo no recae sobre el reclamo altruista de que representa la mejor forma para alcanzar “el bienestar general”. Es verdad que el capitalismo lo logra, si acaso esa frase altisonante tiene algún significado, pero será meramente una consecuencia secundaria. La justificación moral del capitalismo descansa en el hecho de que es el único sistema en consonancia con la naturaleza racional del hombre, que protege la supervivencia del hombre en cuanto hombre y donde su regla básica es: la justicia”. ¿Ella tiene la última palabra al respecto? No, ella nos ofrece una base, nos toca a nosotros construir nuestros conceptos, nuestro mundo a partir de ahí. ¿Hay otros caminos para establecer estos conceptos? Por supuesto, le toca a cada uno cuestionarse y buscar sus propias respuestas, con Rand o sin ella.

Puedo pensar en cientos de razones para leer o no leer a un autor, pero no puedo justificar a nadie que critique a un autor sin haberlo leído y no me refiero a sólo haber sostenido en sus manos el libro y haber recorrido con la mirada sus líneas, me refiero a haberlo leído y cuestionado a profundidad.

El final de “La rebelión de Atlas”


I used to question Mike’s endless reading of fiction, wondering what notions he was getting. But turned out he got a better feeling for human life from stories than he had been able to garner from facts; fiction gave him a gestalt of life, one taken for granted by a human; he lives it. Besides this “humanizing” effect, Mike’s substitute for experience, he got ideas from “not-true data” as he called fiction. (Robert A. Heinlein, “The Moon Is a Harsh Mistress”)

La semana pasada me topé en una red social con una conversación muy interesante sobre el final de “La rebelión de Atlas”. Una de las cosas que llamó mi atención es la idea de uno de los personajes involucrados en el diálogo de que no se puede tomar “en serio” las idea de un libro de ficción puesto que son ficción. Yo considero que la ficción es importante en la vida del ser humano porque si no podemos imaginar cómo puede ser algo, ¿cómo vamos a llevarlo a cabo? Les comparto la discusión, cada intervensión está copiada textual; sin embargo, omití los nombres de los involucrados y las intervenciones de otras personas.

Persona 1: “La rebelión de Atlas” tiene buenos pasajes. Al final es una obra de ficción que tiene un final ridículo. Me da pena que haya personas que sustenten sus consideraciones éticas y antropológicas en un libro de ficción. El libro sirve para mostrar el poder creeativo de la fuerza individual, pero de eso a formar un código moral hay una gran diferencia.

Rand tiene algo bueno: transmite de forma muy clara informaciones que muestran cómo la injerencia burocrática puede entorpecer la actividad económica. En ese sentido, el libro es interesante. El problema es que ofrece una visión ética y antropológica mutilada, que, además, tiene un final ridículo (los productivos se aíslan de la sociedad y se van a fundar su mundo perfecto). Y lo más peligroso, algunos lectores elevan la obra a la categoría de libro de culto.

Creo que la obra tiene buenos discursos y argumentos; pero muestra personajes planos, lineales y robóticos. Son poquísimas las transformaciones personales (la del policía apodado “la niñera”, la de la cuñada de Taggart que comprende muy tarde…). Los niños y los ancianos quedan prácticamente fuera. De las más de 1100 páginas de la novela, sólo unas 3 hablan de los niños. Digamos que presenta una visión del ser humano que para mí es muy incompleta.

Persona 2: interesante opinión sobre el final. Me imagino entonces, que también el Éxodo del pueblo de Israel, el éxodo de los puritanos que fundaron colonias en America, el éxodo de cerebros de la Inglaterra socialista pre-Thatcher, la separación de las colonias americanas de la Gran Bretaña y fundación de los Estados Unidos Americanos son todos ridículos, ya que son ejemplos del mismo principio: los productivos se aíslan de una sociedad que los explota y acosa y se van a fundar su mundo perfecto o a buscar uno mejor. Así me imagino que las propuestas de fundar Free Cities, o Charter Cities, o Leapfrog Cities, también han de ser ridículas. Y lo que originó las facultades de Arquitectura de la UFM y Landívar también fue ridículo, ya que estas surgieron por negociaciones de un grupo de estudiantes, (más de la mitad), de la antigua facultad de Arquitectura de la San Carlos, que no estábamos de acuerdo con aprender marxismo, que era lo que pretendía la guerrilla que se apoderó de la dirección de esta última. Seguir leyendo

Los misioneros


Hace unos días uno de mis primos me preguntó si había oído esto:

“Dos novelas pueden cambiar la vida de un adolescente intelectual de 14 años: El Señor de los Anillos y La Rebelión de Atlas. Uno es una fantasía infantil que muchas veces engendra una obsesión perpetua con sus héroes inverosímiles, dando como resultado a un adulto emocionalmente mal desarrollado y socialmente atrofiado, sin capacidad de abordar el mundo real. El otro libro tiene hobbits.” 

Me reí de buena gana del comentario y como él no tenía idea de la fuente de tal reflexión, se tomó la molestia de buscar el blog donde la había leído y me mandó el enlace a Tipos de libertarios chapines, escrito por un católico políticamente incorrecto, donde, además, encontré toda una clasificación de los libertarios según su conducta. No quiero iniciar un debate aclarando la opinión que Rand tenía sobre los libertarios. Tampoco comentaré sobre el propósito de los héroes de la novela, ni hablaré de esa comparación entre objetivismo y cienciología, porque me parece más interesante hablar de los 13 tipos de personas descritas e ilustradas en esa lista, que podría ser facilmente adaptada a la lista de los tipos de católicos o cristianos chapines, de maestros, ingenieros, políticos, futbolistas o locutores chapines.

http://adamthinks.com/tag/atlas-shrugged/Creo que mi lugar en la clasificación está en el último de la lista. Diré que a mucha honra soy de esas personas que siempre andan intentando que los demás lean, sí, soy una misionera de la lectura que hace años le tiene declarada la guerra a la pereza mental. Para mí es muy importante que la gente lea libros como La rebelión de Atlas para que tenga contacto con héroes que representan la visión ideal e incluso aspiracional del ser humano, para que tengan la oportunidad de conocer a un personaje que vive sin temor, sin dolor y sin culpa, sólo para salir un poco del panorama de la literatura donde los héroes no pueden representar los máximos ideales de alguien porque eso los vuelve inverosímiles.

Existen miles de argumentos para no leer La rebelión de Atlas (o cualquier otro libro), que van desde la alusión a su extensión, pasando por críticas al caracter o la vida de su autora, llegando a decir que el libro hará que uno se convierta en algo que no es, que actuará mágicamente para alterar nuestra conducta. Hay excusas que me parecen más válidas que otras, pero a final de cuentas uno no puede tener una opinión informada si no se ha enfrentado a las páginas, situaciones e ideas de la novela. En cuanto a la ilustración de la filosofía de la autora a través de la novela, sólo diré que se engañan quienes piensan que el resto de novelas no tienen una base filosfófica y que no los “contaminarán” con ideas.

Mi vida construida por mí


Tomado de: http://piccsy.com/2011/06/never-stop-learning/Si yo hablara tu tipo de lenguaje, diría que el único mandamiento moral para el hombre es: ‘Debes pensar’. Pero la frase ‘mandamiento moral’ es una contradicción. Lo moral es lo elegido, no lo obligado; lo comprendido, no lo obedecido. Lo moral es lo racional, y la razón no acepta mandamientos.

Mi moral, la moral de la razón, está contenida en un sólo axioma: la existencia existe; y en una única elección: vivir. El resto se deriva de ella. Para vivir el hombre debe considerar tres cosas como los valores supremos que rigen su vida: razón, propósito y autoestima. La razón como su única herramienta para el conocimiento. El propósito, como su elección de la felicidad que esa herramienta procederá a lograr. Autoestima, como la inviolable certeza de que su mente es competente para pensar y de que su persona es digna de ser feliz, lo cual significa que es digna de vivir.

(La rebelión de Atlas, Ayn Rand, página 964)

La moral es esa guía que me indica la conducta que debo practicar para vivir mi vida. Así, es necesario que considere cuáles son los propósitos morales que rigen mi existencia. Si considero que cada persona es un fin en sí misma, defenderé valores como la autoestima, la libertad individual, el derecho que cada uno tiene de buscar su felicidad, de trabajar para alcanzarla. Si, por el contrario, considero que las personas son medios que están en este mundo para cumplir los fines de algo o alguien “más grande”, defenderé valores como el bien común, el sacrificio y el altruismo.

La clave en este asunto de la moral está en la elección racional que cada uno haga de su código, de la escala de valores de cada quien. Si considero que la vida es mi valor más importante y que vivirla bien es mi objetivo, actuaré en consecuencia. Si bien es cierto que somos criados en cierto ambiente, con cierto contexto y ciertas normas, ello no significa que debamos aceptar el código moral que la tradición, la familia, la sociedad, la iglesia, la escuela o cualquier otro nos imponga, es deber de cada uno cuestionarse si creerá en esos valores y si está dispuesto a vivir su vida buscando alcanzarlos.

Sé que vivo en un mundo lleno de personas, lo que significa que debo establecer relaciones con otros, asociarme y cooperar. Creo que es válido preguntarme si prefiero asociarme con gente que también considera que la vida es su valor máximo, que usa la razón para integrar la evidencia que recibe por medio de sus sentidos, que evalúa lo que es bueno y malo para su vida y busca alcanzar su propia felicidad sin sacrificar a los demás, sin hacer uso de la fuerza; o si prefiero vivir a la defensiva, entre personas que no sentirán respeto alguno por mis ideas y usarán la fuerza para obligarme a actuar contra mis principios.

Invitación: Documetal “Ayn Rand & la profecía de La rebelión de Atlas”


El martes 6 de marzo se llevará a cabo el preestreno del documental “Ayn Rand & la profecía de La rebelión de Atlas” en el auditorio Juan Bautista Gutiérrez de la Universidad Francisco Marroquín (más información acá). Este evento es una buena oportunidad para conocer más acerca de esta autora y su obra.