¿Qué es Laissez Faire?


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El laissez faire no significa: Dejen que operen las desalmadas fuerzas mecánicas. Significa: Dejen que cada individuo escoja cómo quiere cooperar en la división social del trabajo; dejen que los consumidores determinen cuáles empresarios deberían producir. Planificación significa: dejen que únicamente el gobierno escoja e imponga sus reglas a través del aparato de coerción y compulsión. (Ludwig von Mises, El significado de Laissez faire)

En la entrada anterior que escribí en este blog dije que el capitalismo no es ese gran monstruo que la gente malentiende, en las respuestas que recibí me pidieron que explicara más claramente qué es el capitalismo y qué es lo que la gente malentiende, también me sugirieron algunas lecturas, cosa que agradezco, porque para establecer un diálogo uno debe conocer los conceptos de los que habla y los conceptos que manejan sus interlocutores, para hablar en un mismo idioma.

Considero que uno de los primeros puntos que es necesario aclarar es la naturaleza “Laissez faire” del capitalismo, que es uno de los términos que se prestan a malos entendidos. Se lo asocia inmediatamente con anarquía, que trae a la mente la idea de caos, se lo asocia con actuar fuera de la ley, con abusar de los otros, con actuar de forma arbitraria e irresponsable porque “yo puedo hacer lo que me dé la gana”, pero estas interpretaciones ignoran parte del contexto del término. El tema de Laissez faire está directamente relacionado con cuánto control puede ejercer el gobierno en la economía y el mercado, no quiere decir que las personas tendrán el derecho de no respetar leyes, contratos, de robar o hacer uso de la fuerza en contra de los demás.

Ludwig von Mises (1881-1973) explicó qué significa Laissez faire en su libro Human Action: A Treatise on Economics. Comparto acá una traducción que está disponible en la página del Cato Institute, www.elcato.org

En la Francia del siglo XVIII la expresión laissez faire, laissez passer era la fórmula mediante la cual algunos de los campeones de la causa de la libertad comprimían su programa. Su objetivo era el establecimiento de una sociedad de mercado sin obstáculos. Con el fin de alcanzar dicho fin, ellos abogaban por la abolición de todas las leyes que prevenían que gente más industriosa y más eficiente superara a competidores menos industriosos y menos eficientes, y que restringían la movilidad de artículos y hombres. Esto era lo que la famosa máxima estaba diseñada a expresar.

En nuestra era de anhelo apasionado por un gobierno omnipotente la fórmula de laissez faire ha sido perturbada. La opinión pública actualmente la considera como una manifestación tanto de depravación moral como de ignorancia absoluta.

A como ve las cosas el intervensionista, la alternativa es “fuerzas automáticas” o “planeamiento deliberado”. Resulta obvio, insinúa, que confiar en los procesos automáticos es una total estupidez. Ningún hombre racional puede recomendar seriamente no hacer nada y dejar que las cosas trabajen sin ninguna interferencia por parte de una acción propositiva. Un plan, por el simple hecho de ser una muestra de acción deliberada, es incomparablemente superior a la ausencia de cualquier planificación. Se dice que el laissez faire significa: Dejen que los males perduren, no traten de mejorar la suerte de la humanidad a través de la acción racional.

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Una píldora mágica para bajar de peso


Imagen tomada de: http://bit.ly/145hNII

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Hay noticias de las que uno se entera aunque viva debajo de una piedra y haga todo el esfuerzo del mundo para no enterarse, así, esta semana me enteré de que Christina Aguilera perdió 40 libras después de hacer dieta y apareció en un evento luciendo un vestido rosado y una nueva figura. Eso me llevó a pensar en esos productos de los que uno se entera, de los que ha oído o visto publicidad por todos lados, como las píldoras para bajar de peso. Esas pastillas que le prometen a uno que después del simple acto de tomarlas con un poco de agua, perderá esas horribles libras de más y vivirá una mejor vida, sin esfuerzo, sin dietas, sin ejercicio. Luego me llevó a pensar en las promesas de políticos de las que uno se entera, que le ofrecen que erradicarán el hambre del mundo, que conseguirán la paz, la prosperidad para todos, que erradicarán la violencia y la pobreza del mundo.

Si lo vemos fríamente, Christina va a engordar otra vez si no se cuida de ahora en adelante; las píldoras mágicas para bajar de peso no funcionan a largo plazo porque la gente no cambia sus hábitos y cree que puede seguir comiendo más de lo que su cuerpo necesita sin sufrir las consecuencias; y los políticos están falseando la realidad y haciendo promesas que no pueden cumplir porque para tener riqueza hay que crearla primero.

¿Qué sabemos sobre alimentarnos? Que los alimentos tienen una serie de elementos que necesitamos para vivir, como proteínas, carbohidratos, calorías, vitaminas, minerales, fibra, grasa. También sabemos que diferentes personas necesitan diferentes cantidades de cada componente, un bebé necesitará más calcio y un atleta necesitará más proteína, por ejemplo. También sabemos que si consumimos más grasas y calorías de las que vamos a usar, nuestro organismo acumulará energía que no necesitamos y engordaremos. Sabemos que cada persona es responsable de alimentarse sanamente y hacer ejercicio para estar mejor físicamente. No es algo que se logre con una pastilla, es una actividad que necesita racionalidad, constancia, disciplina. Sabemos, además, que no podemos generalizar y decir que todos tenemos que comer carne, azúcar o vegetales en una cantidad estandarizada porque alguien decidió que nos haría bien, que todos tenemos que igualar nuestra dieta para estar sanos. Ese es un asunto individual, así que si alguien decide vivir a base de donas y café, es su decisión y nadie tiene el derecho de forzarlo a comer otra cosa.

¿Qué sabemos sobre vivir en sociedad? Entre muchas otras cosas, que gracias a la cooperación social y al intercambio producimos y obtenemos productos y servicios con los que cubrimos necesidades de alimentación, vestido, transporte. Sabemos que necesitamos cultivar para tener vegetales y frutas, que necesitamos fabricar ropa, vehículos, construir casas, etc. Sabemos que la riqueza no es algo que existe en la naturaleza, es algo que debe ser creado. Sabemos que si gastamos más de lo que tenemos o podemos producir, nos enfrentaremos al problema de no tener con qué cubrir nuestras necesidades. Sabemos que el trabajo debe ser constante, porque necesitamos cubrir nuestras necesidades constantemente. No hay en la tierra algo como un paraíso de recursos ilimitados en el que podamos vivir sin hacer nada, aunque abandonáramos la agricultura, la tecnología y las ciudades, y volviéramos a ser cazadores y recolectores, si siguiéramos con vida tendríamos que hacer cosas para mantenernos con vida día a día. Cada vez que un político promete que todos vamos a vivir bien, que nos dará salud y educación, deberíamos preguntarle qué nos va a pedir a cambio, quién va a tener que trabajar para que eso suceda, quién lo va a pagar.

El capitalismo es el único sistema que se basa en el hecho de que cada quien obtiene lo que merece por su capacidad, no por su necesidad. Es el sistema que se basa en la libertad individual, la propiedad privada, la cooperación y el intercambio. No ofrece que vamos a tener un paraíso en el que nadie tendrá que trabajar nunca más, al contrario, es el sistema en el que tenemos que ser los mejores, esforzarnos más, en el que tenemos que preguntarnos qué hicimos bien hoy para hacerlo mejor mañana, en el que los seres humanos deben ser productivos cada día de sus vidas para vivir mejor. No es una píldora mágica que uno toma una vez y soluciona los problemas, es un sistema de acciones continuas donde no existe límite para la creación, para mejorar nosotros mismos y nuestra sociedad.

La libertad es egoísta


La semana pasada escribí un artículo que hablaba sobre la libertad y sobre la culpa que ponemos sobre los hombros de los productores por el simple hecho de que producen para sí mismos (o así deberían hacerlo). Recibí el comentario que leerán a continuación y que responderé después, punto por punto:

Uno quisiera creer que lo que llamamos libertad nos llevaría a una sociedad más justa y los problemas de países como el nuestro se solucionarían. No lo creo, la solución en si es compleja, no tan sencilla teniendo que cambiar por completo la enfermiza mentalidad genéticamente adquirida de nuestros pueblos. Lo primero, que es el sacrificio personal para trabajar por nuestro país nadie lo correría conformándonos algunos de nosotros solamente con protestar escribiendo o manifestándonos por este clase de medio que al final es solo catarsis.”

Imagen tomada de: http://bit.ly/15y5ZwS

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1. Libertad: en el contexto político “libertad” significa la ausencia de coerción. En ese sentido, el ente que ejerce el uso de la fuerza para controlar a los ciudadanos es el gobierno, perdemos nuestra libertad cuando dejamos que el gobierno controle más y más aspectos de nuestra vida, ya sea que nos obligue a tomar vacunas, ir a la escuela o a la guerra, usar bombillas ahorrativas o que nos permita visitar algunos lugares y otros no. Hay ciertas actividades humanas que podemos condenar moralmente, como el suicidio, el aborto o fumar, pero ello no implica que deban ser controladas por el gobierno, tampoco deberíamos permitir que el gobierno nos cobre impuestos por ser productivos, cosa que pasa con el impuesto sobre la renta. El capitalismo no puede funcionar de acuerdo con un sistema moral que establece que es tu deber servir a otros. El deber del productor es decidir qué quiere producir, por qué quiere trabajar y qué quiere hacer con su producción, sin depender de las necesidades o deseos de otros, y garantizándole a los otros ese mismo derecho.

Imagen tomada de: http://bit.ly/12DVFAt

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2. Una sociedad justa:  dice Epicuro que “lo justo según la naturaleza es un acuerdo de lo conveniente para no hacerse daño unos a otros ni sufrirlo”, además dice que “la justicia no era desde un comienzo algo por sí mismo, sino un cierto pacto sobre el no hacer ni sufrir daño surgido de las relaciones de unos y otros en lugares y ocasiones determinados”. La justicia debe establecerse en base a una relación entre dos partes, la injusticia se dará cuando una parte dañe a la otra y la justicia cuando la parte que ocasiona el mal compense a la parte dañada. Vivir en una sociedad justa es vivir en una sociedad con leyes claras que se cumplen y donde no hay individuos que estén sobre la ley o tengan privilegios para no cumplirla. Libertad no significa que cada quien haga lo que se le dé la gana y pase sobre los derechos de los demás, libertad es actuar según el juicio propio, pero ello no implica que entonces todo mundo se tirará como loco a atacar a los demás, sencillamente porque muchos ya hemos aprendido que la cooperación es más efectiva. No significa depender de la buena voluntad de los demás, significa tener la certeza de que quien use la fuerza contra otro, recibirá su merecido.

La justicia no es igualdad material, no se establece diciendo que todos deberíamos tener las mismas cosas. La justicia es igualdad ante la ley, se establece a partir del concepto de que tenemos normas que todos debemos respetar, como el respeto a la propiedad privada, a la vida.

Imagen tomada de: http://bit.ly/18YuQiY

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3. El sacrificio personal para trabajar por nuestro país: sacrificio es entregar un bien mayor a cambio de un bien menor y este concepto está implícito en muchas de nuestras actividades, aunque no seamos conscientes de ello. Cuando nos enamoramos, nos dicen el amor debe ser sacrificio por el otro. Cuando somos madres o padres, nos dicen que debemos sacrificar todo por nuestros hijos. Cuando vivimos en sociedad nos dicen que debemos hacer sacrificios para ayudar a los “necesitados”. Nos dicen que uno debe trabajar por el bien común, jamás por uno mismo, porque esas actitudes egoístas son las que tienen al mundo como está. Sin embargo, hay un par de puntos que es importante aclarar cuando de sacrificios se trata. Sacrificio no es lo mismo que inversión, invertir significa entregar un bien menor a cambio de un bien mayor, pero para saber si estamos invirtiendo o sacrificando, deberíamos tener clara nuestra escala de valores. La benevolencia es una actitud individual y nadie debería forzar a nadie a ser generoso y eso incluye no condenar moralmente a los que no ceden a las presiones de grupo y no “dan” para cierta causa. Si yo considero que tengo cubiertas mis necesidades y me sobra tiempo o dinero para ayudar a alguien más es algo que solo yo puedo decidir.

Hasta el día de hoy hemos estado sacrificándonos por nuestro país y seguiremos haciéndolo mientras aceptemos que el gobierno tiene el control de nuestras vidas, mientras esperemos que el gobierno resuelva todos nuestros problemas, mientras sigamos pagando impuestos para que se los roben, mientras sigamos aceptando que quienes producen tienen una deuda con la sociedad.

Vivir en libertad no implica actuar arbitrariamente, tampoco implica ser injusto o aceptar el sacrificio. Vivir en libertad, para uno mismo, por el beneficio propio, es el primer paso para que este mundo cambie. Quizás este tipo de artículos tienen una carga de catarsis, pero no están escritos con el simple afán de un desahogo público. Están escritos para generar diálogo y para cuestionar el mundo en que vivimos, porque si simplemente aceptamos que tenemos esta actitud “genéticamente adquirida”, nadie va a cambiar nada. Decir que es cuestión de genes o de naturaleza o de creación, es rendirnos, es pensar que no podemos hacer nada para cambiar un mundo que no nos gusta. No me conformo ante esa idea y si puedo defender a algún productor para que sepa que lo que hace por su beneficio es bueno, lo voy a hacer sin morderme la lengua.

El orgullo de ser uno mismo


Imagen tomada de: http://bit.ly/1aHzCAd

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La vida en sociedad es un asunto complicado, aunque con el pasar de los siglos hemos llegado a ciertos acuerdos en normas para vivir unos con otros. Sin embargo, todavía tenemos mucho camino por recorrer respecto a la vida con nosotros mismos. Las leyes regulan nuestro comportamiento en sociedad y suelen establecerse para que los individuos mantengan una conducta adecuada respecto al prójimo, por ello castigamos cosas como el robo, el asesinato, la estafa, la explotación infantil, estos delitos que tienen que ver con los derechos individuales y la propiedad privada. La situación se torna más compleja cuando se trata de cosas que hacemos con nuestros propios cuerpos, porque acá entra en juego la moral y si empezamos a legislar a partir de asuntos morales, nunca nos vamos a poner de acuerdo. En la sociedad intentamos llevarnos bien con los otros, no lastimar a nadie, no hacer uso de la fuerza contra nadie y esperamos de los otros que no nos lastimen y que nadie ejerza la fuerza contra nosotros. Cuando nuestras leyes ignoran los derechos individuales y se basan en prejuicios morales de cierto grupo, siempre habrá otro grupo que saldrá lastimado.

Cuando Benito Juárez dijo que “”Entre los individuos, como entre las Naciones, el respeto al derecho ajeno es la paz“, no sólo se refería a que cada nación, cada individuo debe respetar el derecho de los otros a su vida, a su propiedad, e incluso a su búsqueda de la felicidad siempre que no pase por encima de los derechos de los demás, también se refería a que debemos recordar que cada individuo es libre de hacer de su vida lo que quiera, sin que tengamos que decirle qué es bueno para él. Respetar el derecho de los otros no quiere decir que debemos participar de sus prácticas, quiere decir que mientras no traspasen los límites de mi derecho, no tengo por qué limitar su derecho. Nuestras normas de vida respecto a nuestros cuerpos y lo que hacemos con ellos no son tan claras como las que regulan nuestro trato con los otros, sencillamente porque los individuos tienen gustos particulares y ello no está sujeto a discusión. ¿Por qué negarle derechos a cierto grupo porque nos parece incorrecto con quién o quiénes comparten su cama, por el color de su piel, por su sexo o la elección que hacen de él? Si basamos las leyes en la moral, cabría hacer la pregunta de ¿en la moral de quién? ¿Cómo evitamos la arbitrariedad si basamos las leyes en los gustos de un grupo?

Estamos en el mes del Orgullo LGBT (siglas a las que le agregaría la “H” de heterosexual, porque nosotros también somos parte de la diversidad) y en estas fechas particularmente se debate sobre temas como el matrimonio entre homosexuales y nos encontramos preguntándonos si una pareja de hombres o una pareja de mujeres serán capaces de enseñarle “buenas costumbres” a los niños, cuando hay tantas parejas heterosexuales que no son capaces de ello y nadie los cuestiona. Un amigo me comentó alguna vez que él no se siente particularmente orgulloso de ser gay, supongo que en el mismo sentido en que yo no me siento particularmente orgullosa de ser mujer, porque es algo que es parte de nuestra naturaleza, nosotros no tuvimos que ver en ello. Sin embargo, entendemos que podemos estar orgullosos de ser las personas que somos por nuestros logros en la vida, por las decisiones que tomamos, por el trabajo que hacemos y por no dejar que la simple etiqueta que define nuestra identidad sexual sea un obstáculo o un trampolín en nuestra vida. Uno puede sentirse orgulloso de ser uno mismo cuando comprende que ni siquiera ser “ser humano” es algo que nos haya sido dado, ser humanos y vivir como seres humanos es un trabajo difícil, que requiere del uso de nuestra razón y de nuestra capacidad para hacer de nuestra vida lo mejor que podamos lograr. Nuestra vida en sociedad será más simple y pacífica cuando entendamos que no podemos decirle a nadie cómo vivir su vida y que no tenemos que cuidar de la vida de los otros, ellos deben hacer su parte. Que el debate no sea si las parejas del mismo sexo que quieren adoptar niños o casarse son morales a nuestros ojos, que el debate sea cuánto se están respetando los derechos individuales de las personas, porque nunca sabemos cuándo la situación va a llegar al límite en que uno ya no pueda sentirse orgulloso de ser uno mismo porque alguien piense que eso no está bien.

Al final el problema es filosófico


Un hombre de negocios piensa que por ser exitoso está obligado a retribuirle a la sociedad por lo que la sociedad le ha dado, así que decide hacer escuelas y obligar a otros empresarios a hacer lo mismo. Un señor piensa que debe pagar más impuestos porque gana más y decide obligar a otros a hacer lo mismo. Una señora piensa que está mal que ella pueda comprar un jamón caro para la cena, cuando hay tanta gente que se muere de hambre, decide no comprar el jamón y obligar a otros a que tampoco compren jamones. Un joven piensa que las industrias matan al planeta y piensa que debe oponerse a toda clase de industria para ayudar a los pobres, así que decide hacer una campaña para hacer que otros se opongan a las industrias. Otra joven piensa que no es justo que ella asista a un colegio privado mientras hay otros que van a una escuela pública, a ninguna escuela, y decide que es necesario abolir las escuelas privadas para que todos tengan la misma educación. Otros tantos ven que todo esto pasa y deciden no hacer nada, no opinar al respecto.

El mundo está lleno de personas y cada uno de nosotros debe lidiar con problemas que tienen que ver con nosotros mismos y con esos otros que nos rodean, en principio se trata de la convivencia en sociedad. Debemos tomar decisiones que nos afectan, que afectan a otros y la relación que tenemos con ellos. Esa convivencia se convierte en un problema filosófico cuando debemos afrontarla en términos del “deber moral”, ¿debemos velar por nuestro beneficio o por el beneficio de los otros? ¿Debemos cuidar de nosotros mismos o de los demás? Hay personas que deben tomar decisiones que afectan a poca gente, otros deben decidir por millones. Sin embargo, la escala de nuestra influencia no es el tema principal, el asunto que debería interesarnos es la filosofía detrás de nuestras decisiones y opiniones. Si creemos que estamos obligados a compensar a los otros porque somos mejores, porque tenemos más que otros, porque destruimos al mundo con las industrias, actuaremos acorde a dicha idea, intentaremos limpiar la culpa de nuestra conciencia y  justificar nuestra existencia con sacrificios. Si, por el contrario, creemos que el mundo puede ser un lugar mejor y debemos construirlo, que somos seres capaces de crear obras grandiosas, que no somos los “guardianes de nuestros hermanos”, que al buscar nuestro propio beneficio y dejar de obligar a los otros a hacer lo que creemos que deben hacer, también actuaremos conforme a dichas ideas.

El “deber moral” es un concepto popular en la filosofía y está vigente en la actualidad gracias a pensadores como Kant, que estableció que las personas no deberían actuar de acuerdo a sus caprichos o intereses personales, sino en base a leyes universales que no dependen del contexto específico en que hay que tomar una decisión; estos imperativos categóricos están basados en la razón; sin embargo, no hay que perder de vista que para Kant la razón no tiene fundamento en la realidad dado que las personas no tienen acceso a ésta, así que no se interesa por la ley de la causalidad. Tampoco hay que olvidar que si bien para Kant la virtud moral no es altruista, tampoco es egoísta, puesto que dice que si una persona encuentra beneficio de sus acciones ellas carecen de virtud. Así el deber moral se convierte en algo que tengo que hacer sin cuestionar, respondiendo a una autoridad universal que no conozco y ello sólo tendrá valor moral si no me trae beneficio.

Que el mundo sea un lugar mejor depende de nosotros, de eso no cabe duda, lo que deberíamos empezar a cuestionarnos es si cada individuo tiene el deber de cuidar a los otros, de responder a leyes universales sin cuestionarlas, a obligar a los demás a actuar de acuerdo a esas leyes.