Filgua 2013 y la minera


Imagen tomada de: http://on.fb.me/13jgORE

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Esta mañana abrió sus puertas la Feria Internacional del Libro en Guatemala (FILGUA), el evento lleva 10 años de realizarse, pero en esta ocasión sus organizadores han tenido que lidiar con la reacción y polémica que causaron dos de sus decisiones. Una de esas decisiones fue aceptar una donación de la empresa minera Montana Exploradora S. A. El debate inició porque a algunos grupos que están en contra de la minería en Guatemala les pareció que esa donación representaba desvirtuar la feria.  Irene Piedra Santa justificó que la gremial que preside aceptara el dinero diciendo que:  “no recibe el apoyo que debería para la realización de esta feria. “En los 10 años de Filgua solo hemos contado con otro patrocinador privado, un particular que brindó Q5 mil”. La actividad recibe un aporte de Q300 mil del Ministerio de Cultura y Deportes, y al momento de la realización de esta entrevista aún no les había sido entregado.”  (lea la nota completa acá)

Al principio pensé que si tanto le molesta esa contribución a los que están contra la minería, ellos deberían reunir los fondos para que la gremial no se vea en la necesidad de aceptar dinero del “enemigo” y luego justificar esa decisión como si fuera algo moralmente reprochable. Ni siquiera se me ocurrió opinar públicamente sobre ese juego de doble moral, hasta que me topé con esta “CARTA: Montana Exploradora y FILGUA-Reflexiones sobre Neoliberalismo” (disponible acá)

Los autores de la carta reconocen el importante papel de la feria en la vida cultural guatemalteca, reconocen que los escritores y las editoriales necesitan de ese espacio para vender sus libros y que son necesarios los espacios de discusión, conversatorios y conferencias. Yo estoy de acuerdo con que es necesario que tengamos más y más espacios de discusión porque tenemos que cambiar muchas de las cosas que están mal en nuestro país y no vamos a empezar a hacerlo hasta que nos demos cuenta de que necesitamos un cambio y eso se logra intercambiando ideas.

Muchas de las personas que están en contra de las minas, ahora están en contra de FILGUA y piden que no se apoye un evento financiado con ese dinero, dice la carta: “Lo que si causa indignación y perplejidad es que se haya permitido a la empresa minera Montana S.A., incursionar en un ambiente cultural, cuya característica es estar libre de presiones de empresas extractivistas cuya labor daña irreversiblemente el hábitat natural de los Pueblos y son señaladas de causar graves violaciones a los derechos humanos, individuales y colectivos de las poblaciones.” Unas líneas más adelante añaden: “Siendo Guatemala un país habitado mayoritariamente por población indígena y el pueblo mestizo pobre, también queremos recordar que las comunidades se han expresado contrarias a la explotación minería con la realización de más de ochenta consultas comunitarias de “buena fe” ya que el operar de la minería choca violentamente con el modelo de vida de las poblaciones rurales y su relación cosmogónica con la naturaleza, el territorio y el paisaje, que representa su estrecha vinculación con la Madre Tierra.”  Me permití resaltar esas líneas porque me perece que el problema, más allá del origen de los fondos es lo que ambas instituciones representan. La idea tras las minas es que cambian territorios, ese cambio en el modelo de vida de los pobladores de las aldeas cercanas a la mina no es enfrentarse a parajes áridos, es tener carreteras, escuelas, centros de salud y una fuente de trabajo para vivir mejor. FILGUA representa un espacio para cambiar ideas y es mejor que el gobierno no colabore con ellos para que tampoco interfiera en las discusiones que se lleven a cabo ahí. Así que es muy conveniente desprestigiar a cualquier institución que signifique cambio, que signifique que podemos hacer un mejor trabajo que el que hemos hecho hasta hoy con nuestro mundo.

¿Vamos a seguir pensando que es fascinante que la gente de los pueblos del interior de la república sigan viviendo en condiciones como las de la época anterior revolución industrial? ¿Vamos a seguir consintiendo que nos digan que un paisaje intacto vale más que la vida de esas personas? ¿Vamos a seguir acusando a los que generan empleo y producen riqueza? ¿Vamos a seguir pensando que su dinero es malo y hace indigna a la feria del libro?

En Guatemala no hay parques


Imagen tomada de: http://bit.ly/1cZ2imJ

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En Guatemala no hay parques, tampoco hay banquetas para caminar tranquilamente, es un atentado andar en bicicleta, no se diga el atentado que es usar los buses urbanos y extraurbanos; tampoco hay metro, ni trenes para ir a Petén o al puerto. En Guatemala no hay carreteras para llegar a los pueblitos recónditos, ni siquiera para llegar a ciertas partes de la ciudad, no hay escuelas, centros de salud. En Guatemala nos adaptamos y vamos viendo cómo sobrevivimos, si hay que polarizar los vidrios del carro, lo hacemos; si hay que poner rejas en las ventanas de las casas y alambre espigado en el techo, los ponemos; si tenemos que salir a la calle disfrazados, llevar el saco en la mochila para no parecer oficinistas y así tratar de pasar inadvertidos para que no nos asalten, nos ajustamos al perfil. En Guatemala nos quejamos de los políticos y nos indignamos por la corrupción, esperamos que “los dueños del país” hagan un cambio, que surja un líder que nos inspire, que el gobierno solucione lo de la inseguridad, alimente a los hambrientos, nos dé los parques que necesitamos, las escuelas, los centros de salud, el agua, la electricidad y el trabajo. En Guatemala siempre estamos pensando en que deberíamos irnos a otro país porque acá no se puede vivir. Tenemos la noción de que algo está mal, que el sistema no funciona, creemos que hay algo que deberíamos cambiar, pero no sabemos a ciencia cierta qué es. Tenemos mucho miedo e incertidumbre, no sabemos por dónde empezar a solucionar este país.

Imagen tomada de: http://on.fb.me/11o4nZC

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Algunos creen que lo que anda mal es que la riqueza está mal distribuida, que los que tienen más deberían darle a los que no tienen y así eliminar la pobreza. Algunos otros creen que no debería haber empresas transnacionales que inviertan en Guatemala, o que si las hay, que no deberían ganar nada por tener sus fábricas, sus minas, sus tiendas en territorio guatemalteco. Hay quienes creen que todos los empresarios son inescrupulosos por definición y que sería mejor que alguien los controlara para que no se hagan ricos a costillas de esos pobres empleados a los que explotan, para que no consuman las bellezas naturales y los recursos que tiene Guatemala y nos dejen sin nada. Otros creen que está bien que los empresarios y comerciantes tengan ganancias, pero que éstas deberían estar limitadas y que todos ellos deberían actuar por el bien común.

El punto en que estas opiniones coinciden es en la inmoralidad que representa el ganar dinero con fines personales. La idea de tener ganancias para sí mismos es cuestionada incluso por los propios empresarios y comerciantes, que sienten que deben retribuirle algo a la sociedad. No hablo acá de aquellos que se enriquecen de forma ilícita, por transas, hablo de la gente honrada que hace negocios limpiamente, incluso ellos sienten que le están quitando algo a alguien más, que hay algo perverso en producir y ganar dinero. En lo profundo de su ser sienten que están haciendo algo mal y que tienen una deuda que pagar.

¿Qué pasaría si las empresas dejaran de producir? ¿Qué pasaría si un día todas las fábricas, todas las transnacionales se fueran? ¿Los guatemaltecos recuperaríamos lo nuestro? ¿Qué es eso nuestro que queremos de vuelta? ¿Por qué estamos peleando exactamente? Si las empresas se fueran, ¿tendríamos parques, alguien haría que funcione el sistema público de transporte, alguien alimentaría a los hambrientos, nos daría empleo? Todas esas riquezas naturales de las que la gente se pasa hablando, no sirven de nada si nadie las explota, si nadie produce algo con ellas, no podemos tener paisajes vírgenes e inmaculados y a la vez tener energía eléctrica barata, escuelas, parques, centros de salud y todas esas cosas que nos hacen falta. Si el gobierno no produce nada, ¿por qué seguimos esperando que nos dé cosas? ¿Por qué seguimos juzgando mal a aquellos productores que mueven el mundo?

En Guatemala no hay parques, eso nos corresponde solucionarlo a nosotros. Cualquiera puede construir un parque y cobrar una cuota para que la gente lo use. En Guatemala no se puede andar en la calle por los altos niveles de inseguridad en los que vivimos, eso sí le toca solucionarlo al gobierno, son ellos los responsables de proteger a los ciudadanos. La creación de riqueza es asunto de los ciudadanos, la seguridad de estos es asunto del gobierno. Si algo está mal en nuestra sociedad es que no estamos administrando bien las culpas. Los empresarios y comerciantes necesitan libertad y seguridad para hacer su parte. Está bien si quieren crear grandes fortunas para sí mismos, podemos empezar por dejar de culparlos por ello.

Tenemos al “coco” en la cárcel


El mundo esta esperando Puedo decir con seguridad que Guatemala está pasando por un momento histórico importante y me da un poco de pena no sentir más entusiasmo al respecto, no ser parte de los que se entusiasman diciendo que #síhubogenocidio o que #nohubogenocidio, no ser de los que celebraron la condena o de los que quieren parar el país hasta que liberen al general. Me gustaría sentir que ganamos la batalla, que estamos haciendo las cosas bien, que vamos por el camino correcto, que me siento orgullosa de nuestras decisiones como nación, pero no puedo evitar este sentimiento de frustración que me colma.

La condena del general Ríos Montt, de “Ríos de sangre Montt”, como lo oí nombrar desde siempre, no me parece una victoria, ni una muestra de justicia. No digo que el señor sea inocente y que no tenga culpas que pagar, seguro tiene una gran cantidad de muertes en su conciencia, violentó la constitución, se instituyó en el poder por la fuerza, entre muchas otras cosas que se le podrían demostrar en un juicio, pero lo condenaron por genocidio, como si todo lo demás que hizo se resumiera en ese delito; como si usar la fuerza y atentar contra la vida, la libertad y los derechos de los guatemaltecos no tuvieran mérito suficiente para recibir una condena. Castigarlo por genocidio y regocijarnos por ello es dejarlo ganar. Es admitir que no tenemos una idea clara de cuál es el daño que él y otros como él nos hacen, porque no sólo arrebató vidas. Apresurar el juicio convirtió al general en un símbolo, el “oligarca prepotente y asesino” fue humillado y condenado, la justicia le llegó en vida y cayó de lo alto, el poderoso pagará, pero ¿para qué nos sirve el símbolo si solo representa un linchamiento social? ¿Para qué nos sirve la condena si solo significa que va a pasar un tiempo preso?

Quizás un acto de justicia sería que el general pagara de su bolsa el resarcimiento que ahora exigen las víctimas, pero ¿quienes son esas víctimas? Mucha gente cree que los indígenas fueron las víctimas del conflicto, las mujeres ixiles con sus tristes historias, los hombres que tenían que salir a patrullar, los que tenían que unirse al ejército, los que se unieron a la guerrilla, los niños y niñas. Otros creen que los desaparecidos fueron las víctimas, sus vecinos, su familia, pero se olvidan en esa larga lista del resto de guatemaltecos de esa época y de los guatemaltecos de las generaciones futuras y para resarcirnos a todos por los daños que nos causan no hay fortuna que alcance. Quizás un acto de justicia y una mejor forma de resarcimiento sea decidirnos a no dejar que el conflicto pase de nuevo. Tenemos que establecer las bases morales y filosóficas que nos ayuden a construir una sociedad de personas libres y responsables que no dejarán que un caudillo se robe su país, que no dejarán que la opinión internacional sea determinante para sus decisiones como nación. Si recibir ayuda de los gobiernos desarrollados nos va a obligar a deberles obediencia, dejemos de recibir esa ayuda. Si necesitamos símbolos para construir Guatemala, que ese símbolo no sea que metimos al “coco” a la cárcel, sino el heroísmo de las personas que cada mañana se levantan y van a trabajar porque su orgullo no se compra con resarcimientos o ayuda internacional.

Digamos que sí hubo genocidio


Imagen tomada de: http://on-msn.com/vK12dE

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En enero de 2013 empezó en Guatemala el juicio contra el ex general José Efraín Ríos Montt, de 86 años, y su antiguo jefe de inteligencia, José Rodríguez, de 76, acusados de delito de genocidio por la matanza de 1.771 indígenas ixiles, entre 1982 y 1983. El proceso fue avanzando y ha estado frecuentemente en los titulares de los periódicos, en las noticias nacionales e internacionales y en las redes sociales.  Después de todo, hay que comentar sobre el momento histórico en que el “representante más duro de los gobiernos militares de Centroamérica” se sentó en el banquillo de los acusados para responder por los cargos que se le imputan. Después de todo, hay que hablar sobre los largos y detallados relatos que las mujeres ixiles hicieron sobre los abusos recibidos,  la muerte y la destrucción, la pena y el sufrimiento.

El juicio siguió su desarrollo hasta que se anuló la semana pasada. La discusión se polarizó y se empantanó por pura retórica y todo mundo empezó a discutir sobre si hubo genocidio o no. Hay quienes dicen que el “monstruo” no puede ser inocente, que sí hubo genocidio; hay quienes dicen que en efecto hubo muchas muertes, pero el cargo no puede tipificarse como genocidio. (El tema fue discutido de forma clara y sintética el viernes 17 de abril, en el programa Contravía PM, que puede ver  acá) Al final todo se reduce a qué grupo tiene razón en el uso de una palabra. ¿Hay una sincera búsqueda de justicia en la discusión o solo quieren probar que tienen la razón?

Yo supongo que llevamos a alguien a juicio para obtener justicia, ¿es importante el proceso de acusar a quien nos hizo daño para sanar las heridas o solo necesitamos que corra un poco de sangre? Cuando mataron a Rodrigo Rosenberg se organizaron marchas en la ciudad para protestar por el hecho, muchas personas que por lo regular no se involucran en ese tipo de actividades salieron a las calles y el comentario de “los de izquierda” era:  “ahora sí les dolió algo a los ricos y por eso salen a manifestar”, lo planteaban como si el dolor fuera exclusivo para la gente del campo, o los indígenas o los desfavorecidos o cualquier otro que no sea el guatemalteco promedio, como si de nada valiera la voz de esas personas porque no venían de una aldea en el Quiché o porque quizás no salieron a protestar por otras muertes. Porque en esos temas seguimos pensando en términos de  ellos y nosotros. En lugar de estar peleando por un término, mejor seamos solidarios y aunque retorzamos un poco la verdad, acordemos que a Ríos Montt se le condene por genocida, pero antes de hacerlo que alguien me diga ¿qué pasará entonces? ¿Qué justicia se le dará a la gente? ¿Será suficiente con que se le condene a unas 9 cadenas perpetuas, que él simplemente no tendrá tiempo de cumplir? ¿Es necesario retorcer la verdad para obtener justicia? ¿Es esa la justicia que necesitamos?

Digamos que sí hubo genocidio y que ruede la cabeza del ex general, pero no nos conformemos con ello, después de todo, en ningún lado dice que el genocidio solo puede ser ejercido por los gobernantes hacia un pueblo determinado. Ya que estamos en esas, analicemos bien si la guerrilla, con alguno de los grupos que la conformaban, tuvo que ver con matanzas. Revisemos bien quiénes cometieron crímenes, de toda naturaleza, en cualquiera de los bandos. Si vamos a empezar a acusar, terminemos de una vez y que corra toda la sangre que sea necesaria para curar nuestras heridas como sociedad. Hagamos bien todo el proceso, para que dentro de diez años no se repita, para que las víctimas de otro pueblo no tengan que venir a declarar cómo las violaron, mataron y demás. Si de verdad queremos justicia por todo lo que nos pasó en estos años de historia reciente, debemos preguntarnos por qué las matanzas eran en esos pueblos, si los dirigentes de la guerrilla que vivían en París mientras su gente moría en el selva también deben algo, si estamos dispuestos a buscar respuestas en lugar de prestarnos al circo en que tendríamos que darnos por satisfechos porque se condene al general. Si de nada sirvió que firmáramos esa paz con la que le dimos amnistía a cualquiera que hubiera cometido algún crimen en tiempo de la guerra, si no nos reconciliamos, es mejor que de una vez deroguemos la “Ley de reconciliación nacional” (Decreto 145-96) y hagamos las cosas bien.

Tan simple como duplicar el modelo


Imagen tomada de: http://bit.ly/OKXs4l

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Entré a la Universidad de San Carlos de Guatemala en 1998. Acababa de cumplir  18 años y era una más de esos especímenes preadultos que pululaban por el campus. Estaba lista para llevar esa vida política que suponía iba a encontrar en cada rincón de la USAC, quería discutir ideas y defender mi ideología, quería la revolución y cambiar el mundo. La oportunidad de experimentar la vida política llegó, aunque no como yo esperaba. Ese primer año de Letras estaba constituido por algo así como 10 alumnos, en Bibliotecología había como 4 personas y Filosofía sólo había por la noche, el resto de alumnos de primer año de Humanidades era un grupo de unos 70 estudiantes de Pedagogía. El decano de ese tiempo era pedagogo y había empezado a cerrar jornadas de Letras, Filosofía y Bibliotecología por falta de alumnos y, a cambio, había empezado a abrir jornadas de Pedagogía, había en la mañana, en la tarde, en la noche, sábados, domingos y sólo le faltó poner alguna en días festivos. Se acercaba el fin de su periodo como decano y esperábamos el día de elecciones para votar por alguien más, cambiar de decano y así eliminar la corrupción que veíamos todos los días, para que nuestra facultad fuera lo que fue alguna vez, para que fuera un mejor lugar.

Llegó el día de las elecciones y aún teníamos la esperanza de cambiar de autoridades, si lográbamos que se unieran los de Bibliotecología, Filosofía, Letras y algunos de Pedagogía, porque la democracia era la mejor solución, la alternativa civilizada para resolver el conflicto. Esa mañana empezamos a ver que llegaban buses llenos de gente. Cientos de personas inundaron los pasillos de la facultad. Con horror nos enteramos de que eran alumnos de las extensiones departamentales de la facultad. Todos habían sido llevados para votar en la capital, como era su deber y derecho. Además del viaje, les darían comida, viáticos y un paseo por algún centro comercial de la ciudad. La victoria del decano fue aplastante, su reelección fue inminente, y así fue como aprendí en micro lo que pasa en mi país en macro y que la democracia no es más que la dictadura de la mayoría.

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Entre eso y la segunda colonización


Captura de pantalla de: http://www.diagonalperiodico.net

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El título de la nota llamó mi atención, así que me fui a leerla (si alguien quiere leerla antes de leer mi comentario, puede ir acá). Al inicio el autor ofrece un poco del contexto de la situación en Panamá y la lucha de una comunidad contra una hidroeléctrica, con el apoyo del sociólogo Jesús Alemancia. Luego, presenta a Lolita Chávez y va planteando las ideas de ambos en forma paralela. Los dos activistas denuncian proyectos de hidroelécticras y minas que las multinacionales españolas y el gobierno quieren llevar a cabo en los territorios indígenas. Este conflicto básico, a mi juicio, es que las comunidades se oponen a que usen su territorio comunal y el gobierno está usando el territorio de su país. ¿De quién es esa tierra? ¿Quién debería decidir qué se hace ahí? ¿Qué ley debe prevalecer en este caso, la de autoridades ancestrales o la del gobierno electo? ¿Con quién deberían negociar los inversionistas? ¿Que alguien haya vivido mucho tiempo en un lugar le da automáticamente derecho de propiedad sobre la tierra?

No me estoy preguntando acá si existe algún tipo de “inequidad histórica” en el que algunos grupos privilegiados tengan mucha tierra y otros grupos tengan poca tierra, sino en quién decide eso. El artículo 67 de Constitución Política de la República de Guatemala establece la“ Protección a las tierras y las cooperativas agrícolas indígenas. Las tierras de las cooperativas, comunidades indígenas o cualesquiera otras formas de tenencia comunal o colectiva de propiedad agraria, así como el patrimonio familiar y vivienda popular, gozarán de protección especial del Estado, asistencia crediticia y de técnica preferencial, que garanticen su posesión y desarrollo, a fin de asegurar a todos los habitantes una mejor calidad de vida. Las comunidades indígenas y otras que tengan tierras que históricamente les pertenecen y que tradicionalmente han administrado en forma especial, mantendrán ese sistema.” Así que es el Estado quien establece qué tierras son de las comunidades e, incluso, puede decidir qué tipo de desarrollo conviene más a la comunidad. Es como si el intendente del condominio pudiera decirme qué cuartos de mi casa son míos y cuáles va a alquilar para el beneficio de la comunidad.

No estoy de acuerdo con la idea de desarrollo colectivo que presentan los activistas, con su defensa ambientalista basada en el fantasma del calentamiento global o con sus prejuicios sobre lo que creen que es la sociedad capitalista occidental. No estoy de acuerdo con quieran decirme que debo estar de acuerdo con ellos en lo que consideran bueno. Sin embargo, estoy de acuerdo con ese reclamo de libertad que está en el fondo de sus argumentos. Cada comunidad debería ser libre de tomar las decisiones sobre su vida y su subsistencia que le convenga, sin que ningún ente externo, ya sea el gobierno o la cooperación internacional, le diga qué le conviene hacer. Cada comunidad debería ser dueña de su territorio y libre de negociar o no con quien tenga el capital para hacer proyectos en ella. Cada comunidad debería velar por sí misma y no esperar a que el gobierno la saque de la pobreza y le dé educación, salud, vivienda o internét, porque cada vez que reciben algo, deben dar algo más a cambio y todo va bien hasta que el gobierno les quita por la fuerza lo que ellos no hubieran querido dar.Quizás deberíamos preocuparnos más por establecer reglas claras en cuanto a la propiedad de la tierra y qué puede hacer el gobierno y qué no, antes de preocuparnos por una segunda, tercera, cuarta colonización. Nuestros pueblos no serán independientes mientras sigan esperando que el gobierno los cuide y les provea. Cuando la tierra no tiene dueño, alguien se quedará con ella.

El poder de las palabras


Imagen tomada de: http://bit.ly/VFG2tl

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Es interesante cómo funcionan las palabras. A veces uno las mira escritas en el periódico y sabe cuál es la agenda del columnista que las está usando, lo mismo si las escucha en las noticias. Sin embargo, creo que son especialmente poderosas cuando uno las usa en una conversación, más si la persona con que uno está hablando de pronto suelta un puñetazo a la cara con una frase como: “entonces vos trabajás con esos neoliberales”, “sos neoliberal”, “a vos no te importan los sectores desfavorecidos de la sociedad, porque defendés los intereses de esos explotadores que se aprovechan de la gente y a los que no les importa más que llenarse los bolsillos de dinero, sin importar cómo”. El golpe puede ser muy fuerte, aunque no siempre incluye una mala intención de parte del interlocutor. Puede pasar que éste use un concepto robado; es decir, que use un concepto con el que niega la validez de uno o más conceptos anteriores de los que depende lógicamente.

La fórmula para saber si la persona está usando un concepto robado es preguntarle qué entiende por “neoliberal”, en este caso, y así uno puede identificar que probablemente no se refiere a “capitalista”, sino a “mercantilista” y entonces es más fácil aclarar de qué estamos hablando. En mi afán por aclarar términos, encontré un par de páginas que le pueden servir a todo aquel que quiera saber de qué está hablando y estar seguro de que no está usando conceptos robados. La primera es el wiki diccionario, en el cual hay definiciones muy cortas de términos económicos, con enlaces a artículos donde se explican los términos con mayor profundidad.

En el wiki diccionario dice que capitalismo es un: “Concepto económico de la civilización que está basado en la propiedad privada (y el control) de los medios de producción. Dicha situación institucional permite e inevitablemente incentiva la división del trabajo, el cálculo económico, la acumulación del capital, la mejora tecnológica y la cooperación social voluntaria de una economía de mercado cuya producción es decidida en última instancia por el consumidor. El capitalismo es la antítesis del estatismosocialismo o comunismo que están basados en la propiedad estatal (y control) de los medios de producción.

Pero como esa definición no me satisfizo del todo, me fui a leer un Tópico de actualidad del CEES, donde Ayn Rand explica que el capitalismo es: “un sistema social basado en el reconocimiento de los derechos individuales, incluso el derecho de propiedad, en el que toda propiedad es poseída individualmente.

El reconocimiento de los derechos individuales lleva consigo la exclusión de la fuerza física de las relaciones humanas. Básicamente, los derechos sólo pueden ser violados por medio de la fuerza. En una sociedad capitalista, ningún hombre ni ningún grupo puede iniciar el uso de la fuerza física contra los demás La única función del gobierno en esta sociedad es la tarea de proteger los derechos del hombre, es decir, la tarea de protegerlo de la fuerza física. El gobierno actúa como agente del derecho de defensa del hombre y puede usar la fuerza sólo en represalia y sólo contra aquellos que inicien su uso. Así, el gobierno es el medio para colocar el uso en represalia de la fuerza bajo control objetivo”.

No encontré una definición de “Neoliberalismo” en el wiki diccionario, pero sí encontré artículos al respecto en la página de la revista Laissez Faire, donde hay una artículo en el que Enrique Ghersi explica las raíces del término y dice que “ el  ‘neoliberalismo’ es utilizado para asimilar con el liberalismo , a veces despectivamente , a veces con cierta pretensión científica políticas , ideas o gobiernos que , en realidad , no tienen nada que ver con él . Esta práctica ha llevado a muchos a considerar que se encontraban frente a un mito contemporáneo: el “ neoliberalismo ” sólo existía en la imaginación de quienes usaban el término. Este rechazo se ve incrementado, además , porque actualmente resulta muy difícil encontrar un liberal que se proclame a sí mismo como perteneciente a aquella subespecie , calificándose como “neoliberal ”. Por el contrario , quienes lo usan son generalmente sus detractores”.

Todavía me queda un largo camino por delante para aclarar los términos con que hablo y espero que me hablen, pero sé que es la única manera de eliminar los conceptos robados, como “neoliberal”. Muchas personas me han dicho que es más fácil crear términos nuevos, porque si uno habla de “capitalismo” las connotaciones negativas son muy fuertes, yo creo que en lugar de hacer nuevos diccionarios, debemos volver a las verdaderas raíces de los conceptos, debemos rescatar su valor original para no sentir que nos estamos apedreando con palabras todo el tiempo.

 

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