El doctor que quiere eliminar el capitalismo


Imagen tomada de: http://bit.ly/1eymblc

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El verdadero Patch Adams se parece al Patch Adams de la película en la gentileza que se refleja en su mirada, tiene un aire de buena persona, de alguien que se preocupa por los demás. Oírlo hablar te conmueve, te hace querer ser parte de su grupo. Tiene muy buenas ideas, te habla de autoestima, te dice que quiere un mundo en el que la guerra y la injusticia no sean parte de la vida de las personas. Te dice que los doctores deberían pasar más tiempo con sus pacientes, que el mundo necesita una revolución de amor y que las madres son lo más importante en el mundo. Después dice que todo el mundo lo reconoce como el doctor gracioso de la película y que nadie piensa en que él es el doctor que quiere acabar con el capitalismo; lo dice tan serio y está tan convencido, que vale la pena analizar con detenimiento a qué se refiere y cuál es su objetivo.

Desde el principio de la entrevista marca una diferencia entre los hombres y las mujeres, a quienes idealiza por su capacidad de ser madres. Él tuvo la suerte de tener una buena madre, pero no por ello podemos decir que todas las madres son seres maravillosos o son capaces de criar seres maravillosos, pensemos en las madres de los dictadores o de los asesinos en serie, por ejemplo. Pero sus ideas sobre las madres son lo que menos me preocupa. Después dice que los hombres decidieron que en su escala de valores lo más importante iba a ser el dinero y el poder, que ambas cosas son las que no nos dejan ser felices y seres humanos integrales.

La relación de ideas es algo así: 1. Los hombres deciden que sus valores máximos son el dinero y el poder. 2. Eso es capitalismo. 3. Hay que eliminar el capitalismo para que los hombres busquen otra cosa más noble por qué vivir.

Patch también dice que todos deberíamos ser iguales, pero no especifica iguales cómo. Yo creo que todos debemos ser iguales ante la ley, que es muy distinto a pensar en que todos deberíamos tener las mismas cosas, ser iguales físicamente, ganar lo mismo o comer lo mismo, vestir igual, trabajar en lo mismo, tener la misma educación y pensar lo mismo. Muchas personas creen que en un sistema socialista todos son o deberían ser iguales, es decir, que todos deben tener lo mismo sin importar su capacidad o su talento e inteligencia. Pensemos en el extremo contrario al capitalismo, se supone que en el comunismo todos tienen las mismas cosas, acceso a servicios iguales para todos. En general,  todos son igual de pobres porque el objetivo no es que todos tengan lo máximo, sino que sobrevivan con lo mínimo. Bueno, casi todos, porque siempre hay un grupo dominante de políticos que tienen más que los demás.

La relación de ideas es algo como esto: 1. Los hombres son iguales. 2. Debido a que tienen las mismas cosas se olvidan de la ambición y deciden vivir por sus hermanos. 3. El mundo es mejor porque es más noble vivir para ser los guardianes de nuestros hermanos.

Yo estoy de acuerdo con que vivir para hacer dinero es absurdo, porque el dinero sólo es una herramienta, el dinero no te va a dar metas, tú tienes que tener las metas desde antes; el dinero no le va a dar sentido a tu vida, tú tienes que darle sentido a tu vida. Me apena mucho que una figura tan influyente como este doctor crea que el capitalismo es el que propicia las hambrunas, es el que crea la pobreza, cuando el libre intercambio es el primer paso para resolver esos problemas sociales de los que habla. No se trata de dejar de producir para voltear a ver al vecino y decidir que queremos que él sea feliz. Patch dice que gracias a su autoestima sabe que puede lograr cualquier meta que se proponga, ese para mí es un fin egoísta, él lo hace para sentirse bien consigo mismo y no se da cuenta, pero gran parte de su discurso es para inspirar a otros a encontrar su propio sueño, ese ideal que no es simplemente tener un montón de dinero vacío.

Este doctor no quiere terminar con el capitalismo, quiere terminar con ese gran monstruo que la gente malentiende como capitalismo y antes de estar de acuerdo con él, uno tiene que preguntarse qué es eso que él llama capitalismo, qué es verdaderamente el capitalismo y cuál es su relación con los ideales, con los valores, con lo bueno que la gente tiene. No se trata de decir que el capitalismo es malo y Patch Adams representa la bondad en el mundo, se trata de entender los conceptos que nos rodean para tomar mejores decisiones que nos hagan mejores personas.

¿Por qué trabajamos?


Imagen tomada de: http://bit.ly/14HqXhE

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Es lunes, mediodía y a estas horas ya he recibido y enviado un par de chistes sobre por qué odiamos los lunes, sobre el desánimo de estar en la oficina cuando el sol está lindo allá afuera, sobre la nostalgia por los viernes y la promesa de un fin de semana para pasarlo rascándonos la panza, siendo lo menos productivos posible. Después de las quejas viene el momento de la reflexión, el momento de preguntar ¿por qué trabajamos?

En un artículo publicado en el diario La Nación, Orlando Ferreres dice que  «En una encuesta que se hizo en Francia hace años atrás se preguntaba “¿Por qué trabajamos?”. La respuesta, en un 90 % fue: “Para ganar dinero”. Esto nos parece evidente, como que el sol sale por la mañana, no hay con que darle. Sin embargo, no es así. El error se observó en otra encuesta posterior: “¿Por qué el dinero permite comprar cosas?” Aquí el 90 % confeso que “no sabía”. Esto según el libro de Fourastié sobre el trabajo. (…) Entonces, en realidad, trabajamos para producir, no para ganar dinero. Este se usa como medio para la distribución de los bienes. Cuanto más producimos, más bienes o servicios tenemos a nuestra disposición.» (Lea el artículo completo acá)

Así pues, trabajamos para producir, es decir, trabajamos porque necesitamos resolver el problema de nuestra supervivencia. Como explica Yaron Brook:  «The material benefits of production are obvious. In contrast to other animals, the values we need to flourish don’t come ready-made in nature. We use our mind to discover the nature of nature and adapt it to our ends. In their book The Virtues of capitalism, Austin Hill and Scott Rae note that “the word capital itself comes from the Latin word caput, which means head. This refers to the human and intellectual elements of creating capital out of the earth’s resources (for example, using sand to make silicon).” It is the spiritual role of production in human life, however, that requires special emphasis. The deepest source of joy for a producer is not the financial rewards of his work but the process of creation itself.» (Free Market Revolution. How Ayn Rand’s Ideas Can End Big Government)

El trabajo requiere de nuestro esfuerzo físico y mental, el resultado de ese esfuerzo es la producción, y puedo pensar en muchas oportunidades en que la remuneración que recibimos no es en dinero. Cuando una madre se queda en casa para cuidar de su familia, cuando un joven se apunta como voluntario para construir casas o para bañar perros, cuando le ayudamos a alguien a estudiar para un examen o nos esforzamos creando una obra de arte aunque no seamos artistas profesionales. Las madres hacen un trabajo muy duro en sus casas y no perciben un salario en dinero, pero trabajar duro por cuidar a sus mayores valores es igual de importante. La satisfacción de ayudar a alguien es algo que el dinero no podría pagar. Sin embargo, no debemos perder de vista que en todos esos casos necesitamos de un esfuerzo físico y mental, y que producimos valor.

Muchas veces reducimos nuestra noción de productividad a que trabajamos para percibir un salario, pero ser productivos es mucho más que eso. ¿Por qué trabajamos? Porque no nos conformamos con el mundo tal como es y queremos mejorarlo, sacarle provecho a nuestra vida y a nuestro talento, a nuestro potencial.

Invitación: Obra de teatro “La noche del 16 de enero”


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“La noche del 16 de enero” es una obra de teatro escrita por Ayn Rand en 1933. La acción se desarrolla en la sala de un juzgado durante un juicio, miembros del público son seleccionados para participar como jurados, deben decidir si el personaje enjuiciado es inocente o culpable, así que la historia tiene dos finales posibles y la resolución del conflicto depende de los asistentes a la presentación.

En este video Regina Bonifasi, directora de la obra, explica por qué eligió presentar un drama en Guatemala y cuáles son sus expectativas de la función.

Puede comprar sus entradas en la página de la Organización para las Artes o en taquilla el día del evento.

Al final el problema es filosófico


Un hombre de negocios piensa que por ser exitoso está obligado a retribuirle a la sociedad por lo que la sociedad le ha dado, así que decide hacer escuelas y obligar a otros empresarios a hacer lo mismo. Un señor piensa que debe pagar más impuestos porque gana más y decide obligar a otros a hacer lo mismo. Una señora piensa que está mal que ella pueda comprar un jamón caro para la cena, cuando hay tanta gente que se muere de hambre, decide no comprar el jamón y obligar a otros a que tampoco compren jamones. Un joven piensa que las industrias matan al planeta y piensa que debe oponerse a toda clase de industria para ayudar a los pobres, así que decide hacer una campaña para hacer que otros se opongan a las industrias. Otra joven piensa que no es justo que ella asista a un colegio privado mientras hay otros que van a una escuela pública, a ninguna escuela, y decide que es necesario abolir las escuelas privadas para que todos tengan la misma educación. Otros tantos ven que todo esto pasa y deciden no hacer nada, no opinar al respecto.

El mundo está lleno de personas y cada uno de nosotros debe lidiar con problemas que tienen que ver con nosotros mismos y con esos otros que nos rodean, en principio se trata de la convivencia en sociedad. Debemos tomar decisiones que nos afectan, que afectan a otros y la relación que tenemos con ellos. Esa convivencia se convierte en un problema filosófico cuando debemos afrontarla en términos del “deber moral”, ¿debemos velar por nuestro beneficio o por el beneficio de los otros? ¿Debemos cuidar de nosotros mismos o de los demás? Hay personas que deben tomar decisiones que afectan a poca gente, otros deben decidir por millones. Sin embargo, la escala de nuestra influencia no es el tema principal, el asunto que debería interesarnos es la filosofía detrás de nuestras decisiones y opiniones. Si creemos que estamos obligados a compensar a los otros porque somos mejores, porque tenemos más que otros, porque destruimos al mundo con las industrias, actuaremos acorde a dicha idea, intentaremos limpiar la culpa de nuestra conciencia y  justificar nuestra existencia con sacrificios. Si, por el contrario, creemos que el mundo puede ser un lugar mejor y debemos construirlo, que somos seres capaces de crear obras grandiosas, que no somos los “guardianes de nuestros hermanos”, que al buscar nuestro propio beneficio y dejar de obligar a los otros a hacer lo que creemos que deben hacer, también actuaremos conforme a dichas ideas.

El “deber moral” es un concepto popular en la filosofía y está vigente en la actualidad gracias a pensadores como Kant, que estableció que las personas no deberían actuar de acuerdo a sus caprichos o intereses personales, sino en base a leyes universales que no dependen del contexto específico en que hay que tomar una decisión; estos imperativos categóricos están basados en la razón; sin embargo, no hay que perder de vista que para Kant la razón no tiene fundamento en la realidad dado que las personas no tienen acceso a ésta, así que no se interesa por la ley de la causalidad. Tampoco hay que olvidar que si bien para Kant la virtud moral no es altruista, tampoco es egoísta, puesto que dice que si una persona encuentra beneficio de sus acciones ellas carecen de virtud. Así el deber moral se convierte en algo que tengo que hacer sin cuestionar, respondiendo a una autoridad universal que no conozco y ello sólo tendrá valor moral si no me trae beneficio.

Que el mundo sea un lugar mejor depende de nosotros, de eso no cabe duda, lo que deberíamos empezar a cuestionarnos es si cada individuo tiene el deber de cuidar a los otros, de responder a leyes universales sin cuestionarlas, a obligar a los demás a actuar de acuerdo a esas leyes.

Todo en exceso


Imagen tomada de: http://bit.ly/10vBWrk

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Surplus: Terrorized Into Being Consumers es un documental de 54 minutos en el que Erik Gandini nos cuenta cómo nos hemos convertido en una raza que produce en exceso, consume en exceso y ha perdido ideas en exceso. Nos cuenta su historia con imágenes tremendistas, con frases repetitivas, música electrónica y cierta ironía. Considero que su idea fundamental, a grandes rasgos, es hacer un retrato de personas que han perdido la noción de valores por el consumo de cosas que no necesitan para sobrevivir. Para sustentar su punto presenta ideas de John Zerzan, el filósofo y anarquista que propone que deberíamos destruir nuestras ciudades, calles y tecnología, para volver al estado en que estaba la civilización en la edad de piedra, cuando los seres humanos eran cazadores-recolectores. También presenta a un joven que habla de la variedad de muñecas inflables que se producen en la fábrica en que trabaja, a una señora cubana que explica cómo funciona su cartilla de racionamiento, a una chica cubana que cuenta cómo se impresionó ante la cantidad de comida y productos a los que tuvo acceso en un viaje que hizo a Inglaterra, y a Mike Balmer dando brincos y alaridos en una charla motivacional en Microsoft.

Después de cuestionarnos y mostrarnos enormes depósitos de llantas usadas, termina su docuemental sin profundizar mucho en su tema, sin ofrecer soluciones o conclusiones. Lo que me pareció interesante de su propuesta no fueron las ideas de Zerzan y ese desprecio por la industria humana, por los logros que hemos alcanzado como civilización, que si bien han causado problemas, la “destrucción” de la tierra, nos han ayudado a tener mejores y más largas vidas. Si cada una de esas llantas en el enorme basurero equivalen a la cura de una enfermedad, a un mejor medio de transporte, a un invento que hace mi vida más fácil, creo que son un costo que estamos pagando y no un castigo. Tampoco me pareció nuevo que la chica hablara  con tanto entusiasmo de la hamburguesa que se comió, porque suele pasar que nos entusiasmemos con aquello que descubrimos por primera vez. Me pareció interesante que hiciera énfasis en que en Cuba no se producen muchas cosas porque les “alcanza” con un solo tipo de pasta de dientes, por ejemplo, pero que sí se producen muchos símbolos. El regimen no nos vende cachivaches, nos vende ideas y las consumimos sin cuestionarlas, de ahí que las playeras con la efigie del Ché se vendan tan bien.

Aunque no profundiza en la información que presenta, ni parece ser su intención hacer algo más que sorprendernos y dejarnos sintiendo culpables por lo inconscientes de somos a la hora de consumir, me recordó una idea que siempre me ha parecido importante discutir: ¿quién establece cuánto es demasiado? Habrá personas que piensen que es correcto que el gobierno regule la cantidad de soda que les venden en las cadenas de comida rápida o que el gobierno le ponga un freno a las personas que fuman “demasiado” o que regule los límites de velocidad a los que se puede circular en las carreteras. Habrá quien piense que la riqueza está mal distribuida en el mundo y alguien debería obligar a los ricos a que le den a los pobres. Por suerte, también creo que habrá quienes coincidan conmigo en que el concepto de “demasiado” es relacional, depende del contexto del sujeto y es personal. Nadie puede decirle a otro que tiene demasiado, porque no puede juzgar al otro sino en base a un criterio aplicado a sí mismo. Si ya tenemos mucho de todo, quizás es tiempo de establecer nuestros valores prioritarios, no digo que en este mundo todos tengan esa idea clara.