Seguro la culpa es del libre mercado


Mi abuela era una mujer admirable. Emprendedora, trabajadora y siempre con mil proyectos en mente. Nos daba consejos todo el tiempo y le daba especial énfasis a recordarle a cada uno de sus hijos y luego a sus nietos, lo importante que es tener casa propia. Decía que alquilar es una de esas pesadillas que no terminan. Lo que nunca nos dijo mi abuela, fue que iba a llegar alguien a darnos esa casa, por más que fuera importante tenerla. La idea era que cada uno trabajara para comprar su terrenito y luego ir construyendo, poco a poco, como lo había hecho ella.

Cuando veo imágenes como la que ilustra este comentario, pienso en mis abuelos y todo lo que trabajaron para sacar adelante a esos hijos que ahora son mis padres y que también trabajaron para sacarme adelante; luego, intento analizar el problema desde varias perspectivas para ver si saco algo en claro.

La idea de la imagen es que el libre mercado capitalista hace que las personas no puedan vivir en esas casas nuevas que se ven ahí y que tengan que sobrevivir en carpas. Voy a dejar de lado el tema de si gobierno “debería” darle casa a los que no tienen, porque la imagen no alude a un sistema socialista y esa es otra historia. En un sistema de libre mercado tenemos a las personas que quieren comprar una casa, ellos son la demanda. Por el otro lado tenemos a quienes construyeron las casas para venderlas, ellos son la oferta. Ambas partes deberían llegar a un acuerdo voluntario y salir ganando como resultado de la transacción. En la imagen éste no es el caso, se ve que oferta y demanda no están haciendo tratos, así que debe haber alguna circunstancia que impide el acuerdo. Podría ser que la no correspondencia entre oferta y demanda pase a causa de una burbuja inmobiliaria, ese fenómeno que se produce cuando se construyen más casas porque hay un aumento en la demanda. Dicho aumento corresponde a que las personas miran que los inmuebles están a un bajo precio y empiezan a comprar para revender, esto hace que los precios suban y haya más oferta, hasta que la subida de precios hace que disminuya la demanda porque ya no es rentable la reventa. Llega el punto en que los precios caen y habrá vendedores que pierdan en ese proceso, a menos que alguien intervenga para “salvarlos”. Sigue leyendo