Similitudes y diferencias entre las ideas de Ludwig von Mises y Ayn Rand


Warren Orbaugh, director del Centro Henry Hazlitt de la Universidad Francisco Marroquín, escribió un ensayo en el que compara las ideas de Ayn Rand y Ludwig von Mises. Según Orbaugh, “La rebelión de Atlas” es como “La acción humana” en ficción, porque aunque ambos autores usan un lenguaje distinto están exponiendo las mismas ideas. En este trabajo  toma los temas de la existencia, la acción humana, los valores, derechos, gobierno, interés propio, ética y altruismo, y analiza cómo los presentan ambos autores.

 

1. On Existence. 

Let me begin with the easy part. Both are realists. They agree that the existence of matter, of physical objects and the world is a fact, perceivable by man but independent of someoneЂs consciousness. I will quote Mises:

“From the praxeological point of view it is not possible to question the real existence of matter, of physical objects and of the external world. Their reality is revealed by the fact that man is not omnipotent. There is in the world something that offers resistance to the realization of his wishes and desires. Any attempt to remove by a mere fiat what annoys him and to substitute a state of affairs that suits him better for a state of affairs that suits him less is vain. If he wants to succeed, he must proceed according to methods that are adjusted to the structure of something about which perception provides him with some information. We may define the external world as the totality of all those things and events that determine the feasibility or unfeasibility, the success or failure, of human action.”1

And Rand states that reality is that which exists, that the unreal does not exist, that existence is a self-sufficient primary, and that consciousness, the faculty of perceiving that which exists, depends on the existence of an external world and not the other way around:

“Existence exists –and the act of grasping that statement implies two corollary axioms: that something exists, which one perceives and that one exists possessing consciousness, consciousness being the faculty of perceiving that which exists.

If nothing exists, there can be no consciousness: a consciousness with nothing to be conscious of is a contradiction in terms.”2

1 Mises, Ludwig von. The Ultimate Foundation of Economic Science, 5. The Reality of the External World 2

2 Rand, Ayn. Atlas Shrugged, Part Tree A IS A, VII “This is John Galt Speaking”

El documento completo puede ser descargado acá:

Mi vida construida por mí


Tomado de: http://piccsy.com/2011/06/never-stop-learning/Si yo hablara tu tipo de lenguaje, diría que el único mandamiento moral para el hombre es: ‘Debes pensar’. Pero la frase ‘mandamiento moral’ es una contradicción. Lo moral es lo elegido, no lo obligado; lo comprendido, no lo obedecido. Lo moral es lo racional, y la razón no acepta mandamientos.

Mi moral, la moral de la razón, está contenida en un sólo axioma: la existencia existe; y en una única elección: vivir. El resto se deriva de ella. Para vivir el hombre debe considerar tres cosas como los valores supremos que rigen su vida: razón, propósito y autoestima. La razón como su única herramienta para el conocimiento. El propósito, como su elección de la felicidad que esa herramienta procederá a lograr. Autoestima, como la inviolable certeza de que su mente es competente para pensar y de que su persona es digna de ser feliz, lo cual significa que es digna de vivir.

(La rebelión de Atlas, Ayn Rand, página 964)

La moral es esa guía que me indica la conducta que debo practicar para vivir mi vida. Así, es necesario que considere cuáles son los propósitos morales que rigen mi existencia. Si considero que cada persona es un fin en sí misma, defenderé valores como la autoestima, la libertad individual, el derecho que cada uno tiene de buscar su felicidad, de trabajar para alcanzarla. Si, por el contrario, considero que las personas son medios que están en este mundo para cumplir los fines de algo o alguien “más grande”, defenderé valores como el bien común, el sacrificio y el altruismo.

La clave en este asunto de la moral está en la elección racional que cada uno haga de su código, de la escala de valores de cada quien. Si considero que la vida es mi valor más importante y que vivirla bien es mi objetivo, actuaré en consecuencia. Si bien es cierto que somos criados en cierto ambiente, con cierto contexto y ciertas normas, ello no significa que debamos aceptar el código moral que la tradición, la familia, la sociedad, la iglesia, la escuela o cualquier otro nos imponga, es deber de cada uno cuestionarse si creerá en esos valores y si está dispuesto a vivir su vida buscando alcanzarlos.

Sé que vivo en un mundo lleno de personas, lo que significa que debo establecer relaciones con otros, asociarme y cooperar. Creo que es válido preguntarme si prefiero asociarme con gente que también considera que la vida es su valor máximo, que usa la razón para integrar la evidencia que recibe por medio de sus sentidos, que evalúa lo que es bueno y malo para su vida y busca alcanzar su propia felicidad sin sacrificar a los demás, sin hacer uso de la fuerza; o si prefiero vivir a la defensiva, entre personas que no sentirán respeto alguno por mis ideas y usarán la fuerza para obligarme a actuar contra mis principios.

Virtudes para la vida


A Ernest Hemingway le gustaba escribir de pie. Tenía un escritorio diseñado para ese fin. Se levantaba a las ocho de la mañana y se dedicaba a escribir hasta la una. Revisaba sus textos con extrema atención y batallaba con cada oración para que quedara como él quería. Era escritor de profesión; aunque en la juventud fue periodista y corresponsal de guerra.

Marguerite Yourcenar empezó a escribir Memorias de Adriano cuando andaba por los veintitantos años y no tenía idea de cómo llevar la novela a un buen fin. Descartó y perdió algunos borradores hasta que se quedó con un manuscrito que trabajó por diez años y finalmente publicó. Miguel Ángel Asturias invirtió siete años a trabajar en su cuento “Los mendigos políticos”, que fue publicado con el título de El señor presidente. Ambos se dedicaron a la academia y a la literatura desde jóvenes. José Saramago escribió un par de novelas en su juventud que no tuvieron éxito, así que decidió esperar a tener algo que decir y pasó veinte años dedicándose a otras cosas. Ganó el premio Nobel de Literatura a los 76 años.

Estos cuatro personajes comparten algunas características que fueron fundamentales para su trabajo, ciertas virtudes que los llevaron a triunfar. Eran apasionados, pacientes, independientes, exigentes con ellos mismos. La calidad de su trabajo no estuvo determinada por pertenecer a una familia intelectual, por desarrollar su talento literario desde temprana edad, por haberse dedicado a escribir desde siempre. Es innegable que tenían un talento para contar historias, pero también es cierto que no se conformaban con el resultado del primer borrador de sus relatos. Necesitaron del trabajo continuo, del tiempo invertido, del compromiso con su obra.

Los griegos concebían la virtud como el comportamiento por medio del cual se manifestaba la “excelencia moral” y la relacionaban de forma amplía con los valores de los individuos. Los conceptos de virtud y valor han cambiado a lo largo de los siglos, han evolucionado por el trabajo de filósofos y han sido influenciados por diferentes posturas religiosas, al punto de no estar tan claros en nuestra mente. Planteado de una forma muy simple, un valor es algo que queremos tener y conservar, y la virtud es la acción para tener ese valor.

Si tenemos clara nuestra escala de valores, sabremos qué virtudes necesitamos para obtenerlos, sabremos qué código moral necesitamos para vivir bien, para ser felices y cumplir nuestras metas. Sabremos cuáles son los vicios que nos detienen, con qué costumbres saboteamos nuestro propio crecimiento. Encuentro inspiradoras las historias de los cuatro escritores que mencioné, porque su obra es un ejemplo de la productividad de la mente humana, de perseverancia, tenacidad y pasión.

¿Cómo vender las ideas del liberalismo clásico?


Más sexis que ella

Más atractivos que el

O quizás más sensual que ellos,

¡En fin, no se trata de hacerlas bonitas, flacas y graciosas! La mejor receta para vender cualquier idea es hablar sin contradicción, buscando la verdad y viviendo íntegramente los valores que difundimos.  En serio, no hay mejor forma de enseñar, compartir y demostrar a otros que algo es bueno o malo sino hasta que lo ponemos en práctica y somos un ejemplo vivo de la excelencia.  Por eso, yo digo a todas voces “I am John Galt!”  ¿Qué opinan?