¿Quién es el dueño de algo y qué es el copyright?


 

Video: Creative Commons/un complemento al copyright

Esta es una de las preguntas más importantes que la sociedad del siglo XXI deberá decidir durante los próximos años conforme videos, canciones, libros, frases, compilaciones, ediciones…

En teoría de la persona que las creó, pensó, escribió por primera vez y luego reclamó sus derechos sobre la creación.

Pero, ¿qué es en realidad el derecho a poder regular la libre circulación de la información cuando la razón para la que fueron creadas era para que otros pudieran conocerla?

Acá tenemos dos temas distintos. Uno es el reconocimiento necesario de la creación del hombre y el otro el derecho a poder beneficiarse del éxito (en medidas dinerarias) de la distribución y venta de esa creación.

El autor y creador tiene todo el derecho a recibir los beneficios de su creación y el punto del copyright es regular que ese acceso se respete.

Ahora, algo distinto es decir que la razón por la que fueron creadas las cosas eran para que el mundo entero las conociera cuando el que lo dice es el autor y creador; o cuando lo dice la persona que usurpa el derecho del autor haciéndole un favor de correr la voz sobre su creación cuando el primero nunca se lo pidió.

Al final, las copias y ventas ilegales son ilegales porque nunca recibieron el permiso de distribuirlas con el apoyo del creador.

Esa es la única razón por la cual los derechos de autor deben respetarse. Más importante aún es que se debe siempre reconocer al autor de una creación y a la vez recompensarlo con una parte de las ganancias si es que las hay. Eso es libertad y respeto de la propiedad privada sobre la propiedad intelectual. Esa es la función del copyright.

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Sobre el derecho a la información en los libros digitales de Google


Libros de Ayn Rand que tengo en mi biblioteca

Libros de Ayn Rand que tengo en mi biblioteca

Me encanta leer y tengo en mi biblioteca más de 400 libros impresos que en silencio esperan ser leídos.  Parece que soy mucho más eficiente comprando en Sophos y Amazon de lo que lo soy leyendo.

Además, tengo otra biblioteca, oculta y desordenada, con libros digitales y audiobooks que alcanzan ya los 5,648 archivos en 206 carpetas distintas.  Las carpetas “root” están divididas en las áreas de economía, historia, ficción, filosofía, psicología, sociología y comics ilustrados.  La mayoría de los libros -ya sin derechos de autor- los adquirí en sitios web que permitían la descarga de libros digitales y desde entonces he leído ya varios.  Otros los compré con ganancias de publicidad en Amazon y lentamente mi lista ha ido creciendo.  Sin duda, terminar de leer estos libros me tomará varias décadas viviendo lejos, muy lejos, en una playa polinesia.

Hoy terminé de leer el acuerdo de la Búsqueda de libros en Google y me dejó un horrible sinsabor pues el mismo fue apoyado por un grupo de personas que creían que todos los hombres tenemos derecho a la información y la educación.  Sin embargo, ni yo ni nadie, tiene un derecho a la información.

Los derechos son principios morales que definen y restringen la acción humana en un contexto social.  Así, sólo existe un derecho fundamental y este es el derecho de un hombre a buscar la felicidad ie. actuar. El derecho del individuo de buscar la fecilidad implica que puede actuar y hacer todo lo que sea necesario para alcanzar la felicidad sin que nadie interfiera.  Este derecho de actuar es limitado sólo por el derecho de buscar la felicidad de los demás. (Para conocer más les recomiendo leer el libro “La virtud del egoísmo” de la filósofa Ayn Rand que tiene una fantástica explicación sobre qué son derechos y obligaciones)

El hombre no tiene un derecho a la información; como tampoco tiene un derecho a la educación; como tampoco tiene un derecho a la salud.  El hombre tiene derecho de buscar su felicidad y de actuar para alcanzarla; así, si para él leer, educarse y estar sano son condiciones necesarias de la felicidad que busca entonces, esta persona podrá actuar -trabajar- para conseguir los medios necesarios que le permitirán conseguir sus deseos.

El acuerdo de Google establece que uno de sus principios es cumplir con el derecho de las personas a la información; sin embargo, este derecho no existe pues nadie está obligado a dar la información, educación y conocimiento a otras personas.  Si las personas desean educarse y leer; entonces lo mejor es que se pongan a trabajar para conseguirlo.

En muchas ocasiones, usualmente por ignorancia del conocimiento de filosofía, creemos que tenemos derechos a recibir y acceder a cosas.  Sin embargo, los derechos sólo nos permiten actuar y trabajar para conseguir nuestros deseos.  Por ahora seguiré leyendo y espero muy pronto poder disfrutar de un acuerdo que recompensará a los autores y las editoriales por la publicación de libros digitales.

Sin embargo, no olvidaré que este acuerdo surgió luego de una batalla legal contra mentes perversas y carentes de filosofía que transgredieron los derechos de autores y editores en aras de “llevar información” al mundo entero.

¡Enhorabuena por la victoria de los dueños de los derechos de propiedad intelectual de los millones de libros digitales que estarán disponibles en Google!