¿No a la minería, o es un no a algo más?


Imagen tomada de: http://bit.ly/YJRB5U

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Los vi ayer. Eran unas 50 o 60 personas. Llegaron, empezaron a tomar sus lugares y les entregaron los carteles para la protesta frente al edificio donde están las oficinas de la Embajada de Canadá. No llenaban toda la calle. Había un par que seguro eran los organizadores del asunto, porque eran los que le daban declaraciones a los periodistas. Yo no sé si los pobladores de Santa Rosa estaban convencidos de estar ahí, uno a veces piensa que son personas a las que les pagan por ir a protestar, eso no es algo nuevo bajo el sol. Sí sé que vi que estaban cansados, que no gritaban con entusiasmo, que sus voces y actitudes no tenían la fuerza de quien piensa que defiende la verdad. Estoy segura de que hay muchas personas en estas comunidades que se levantan muy temprano para ir a trabajar, que luchan cada día para salir adelante.

Hoy la policía disolvió otra protesta, la noticia dice que “Los pobladores dijeron a los periodistas que se oponen al proyecto minero, denominado “El Sastre”, debido a la contaminación y porque consideran que la empresa, que se propone extraer oro en el lugar, podría dejar sin agua a la comunidad”. El miedo es un arma poderosa, la gente tiene miedo de lo que no conoce, ¿podrían confiar en la empresa minera? ¿Podrían confiar en que el gobierno los defenderá si la empresa no cumple su parte del contrato? Puedo entender el miedo que produce la posibilidad de perder el agua, el miedo que da sentirse vulnerables. Estoy segura que hay muchas personas en estas comunidades que no quieren que sus hijos tengan que caminar kilómetros para ir a traer agua al río, que quieren progresar, educarse, que los dejen trabajar en paz.

Sé que hay gente en algunas empresas, mineras o no, que hacen transas, pero se supone que para eso vivimos en un mundo que tiene leyes y contratos, para que nadie esté sobre la ley. La idea es vivir en una sociedad que no permita los privilegios, con un gobierno que no te quite lo que es tuyo y te ayude a que nadie lo haga. Quiero pensar que la gente no está simplemente contra las minas, quiero pensar que está en contra de la incertidumbre que nos provoca pensar que los gobernantes son como Artemio Cruz, ese personaje de Carlos Fuentes, que en su juventud fue revolucionarlo y luego simplemente se convirtió en un político corrupto, que hacía negociaciones así:

«—…alegan que aquí en México se pueden fabricar esos mismos carros. Pero nosotros vamos a impedirlo, ¿verdad? Veinte millones de pesos son un millón y medio de dólares…
Plus our commissions
—No le va a sentar muy bien el hielo con ese catarro.
Just hay fever. Well, I’ll be
—No termino. Además, dicen que los fletes cobrados a las compañías mineras por el transporte del centro de la República a la frontera son bajísimos, que equivalen a un subsidio, que cuesta más caro transportar legumbres que acarrear los minerales de nuestras compañías…
Nasty, nasty
—Cómo no. Usted comprende que si aumentan los fletes, nos será incosteable trabajar las minas…
Less proffits, sure, lesproffitsure lesslessless…» (encuentre la novela completa acá)

Es cierto que la vida no es un negocio, es cierto que para preservar la vida tenemos que explotar la tierra, construir los bienes que necesitamos. Tenemos la inteligencia, las herramientas. Hay minas que no son una amenaza, que son la oportunidad para que muchas personas tengan un trabajo.

Dos formas de contar la misma historia


Dicen que uno habla de la feria según le fue, cuando las personas nos cuenta historias sobre lo maravilloso u horroroso que es cierto lugar, debemos comprender que su visión estará determinada por su experiencia en dicho lugar. Por ejemplo, a mí me gusta mucho ir al cine, es algo que disfruto y que intento hacer con frecuencia, cuando hablo de ir al cine, lo hago con entusiasmo para convencer a otros de acompañarme. Sin embargo, he tenido amigos para los cuales la sola mención del cine es algo penoso, les trae a la mente malas experiencias, aglomeraciones de gente, colas, frío, así que es algo que no quieren repetir, sus historias sobre el cine sirven para convencer a otros de no ir al cine. Lo cierto es que no sólo hablamos de la feria según nos fue, hablamos de nuestra vida según nos va. Hablamos de lo bueno o malo de ciertos aspectos de la vida según nuestra experiencia, nuestras creencias, nuestras ideas. Cada una de nuestras opiniones sobre la pobreza, el trabajo, los jefes, el amor, la amistad, los problemas, la educación o cualquier otro tema, están determinadas por cómo nos ha ido con estos temas.

Nuestra experiencia de la feria también nos hace estar de acuerdo o en desacuerdo cuando alguien viene a contarnos alguna historia que requiere alguna decisión o acción de nuestra parte. Debemos estar conscientes de la agenda de las personas y organizaciones cuando sus historias están orientadas a convencernos de algo. La narrativa moral nos presentará una historia con dos puntos opuestos sobre los que tenemos que tomar una decisión moral, así que la feria puede ser presentada para hacer que vayamos o dejemos de ir a ella. Podemos encontrar ejemplos de narrativa moral en un caso como este: “Un grupo de estudiantes sin más opción educativa que la escuela de magisterio, con necesidad de terminar la carrera pronto para poder trabajar y mantener a sus familias protestan contra la decisión del ministerio de incrementar tres años de estudios para poder optar al título de maestro”. En este caso, es muy fácil ponernos del lado de los estudiantes, puesto que el contexto nos dice que ellos no tienen opciones, que necesitan el título y que la decisión del ministerio es sólo un uso del poder para afectar a los más débiles. La historia desde la otra perspectiva puede ir algo así: “El ministerio de educación, consciente de que los estudiantes de magisterio necesitan una mejor especialización para competir en el mundo laboral está haciendo una reforma curricular que aumentará la carrera en dos años, pero dará como resultado maestros mejor educados que podrán competir por salarios más altos en el mercado laboral, ha propuesto diálogos con los estudiantes, pero estos se niegan a la discusión y se oponen a los cambios.” La idea acá es la buena voluntad del ministerio contra la necedad de los estudiantes, podríamos ponernos del lado del ministerio.

Otro punto importante de la narrativa moral es que necesita de mis principios para convencerme o no de algo. Si uno tiene ideas claras sobre lo bueno y lo malo, será capaz de ver las trampas en ambos argumentos, puesto que descartan muchos puntos importantes del contexto que los determina y están enfocados a buscar nuestra simpatía sin contestar nuestras preguntas. Desde mi perspectiva, ninguno de los grupos tiene razón y la solución a los problemas de los estudiantes de magisterio no están en aumentar la carrera para que reciban más clases sobre cómo enseñar, puesto que no saben qué van a enseñar; tampoco es hacer un cambio curricular políticamente correcto, lleno de buenas intenciones sobre autoestima, multiculturalidad, derechos humanos y ecología. El punto de la narrativa moral es convencernos de que estamos de acuerdo con “lo correcto” sin contarnos toda la historia, cada vez que nos topemos con una de estas historias es importante ver qué verdades están contendías en ella, para saber si estamos de acuerdo porque representa nuestros principios o sólo porque nos conmueve.