Es injusto tener 12 pares de piernas


(Photo: Twitter/Oscar Pistorius)

Photo: Twitter/Oscar Pistorius, tomada de: http://bit.ly/O7edBU

Si pudiera cambiar cualquier parte de su cuerpo que no le gusta, ¿qué se cambiaría? Habrá quienes digan que se cambiarían la nariz, que se aumentarían o disminuirían el busto, se quitarían veinte libras de panza, algunas arrugas, que se enderezarían los dientes. Habrá otros que quisieran cambios más radicales, que quisieran ser mucho más altos, por ejemplo, o que harían modificaciones como alargarse las orejas para que queden puntiagudas como las de los vulcanos. Habrá quienes no querrán cambiar nada y otros que ya lo cambiaron. Y bueno, mientras cada uno tome sus propias decisiones y se pague sus propias operaciones, nadie debería tener mayor cosa que argumentar al respecto. La discusión cambia, sin embargo, cuando las operaciones se las hacen las candidatas a algún concurso de belleza, puesto que esos retoques significan que unas tendrán ventaja sobre las otras y eso se convierte en un tema de debate sobre la competencia y la justicia.

Supongamos que se trate de modificaciones físicas que alteren el rendimiento de los deportistas o el sexo de las candidatas a reinas de belleza, ¿cuál es el problema con ese tipo de ventajas a la hora de competir? Para mí no existe problema, mientras las reglas del juego sean respetadas y nadie engañe a nadie al respecto. Si una de las reglas de Miss Universo es que las competidoras hayan nacido mujeres, entonces está claro que nadie que haya cambiado de sexo puede competir ahí.

La discusión, en otros casos, gira en torno al equipo que usan los deportistas. Me parece muy interesante el caso de Oscar Pistorius, el corredor sudafricano que usa dos prótesis puesto que no tiene pies, puesto que muchos se oponen a que compita en las olimpiadas porque dichas prótesis pueden darle ventaja sobre los otros corredores. Lo que llama más mi atención es que esas piezas de equipo que le sirven para remplazar los miembros que le faltan y que lo restringen al campo de la discapacidad, se conviertan en el símbolo de una amenaza para los otros competidores, o que por lo menos la gente lo perciba así. Hay muchas opiniones científicas acerca de la ventaja o desventaja de las prótesis de Pistorius (para conocer esas opiniones, recomiendo la lectura de este artículo de la revista Scientific American), pero ¿qué pasa con las opiniones éticas? ¿Qué es lo que nos asusta de casos como el de Pistorius, que la tecnología ayude al ser humano a ser lo mejor que pueda ser, que lo ayude a superar todas las barreras? Habrá quienes opinen que él debería limitarse a ser “funcional” y aceptar su condición sin hacer nada para cambiarla. Habrá otros que digan que no es justo que él tenga unas prótesis de 24,000 euros mientras en el mundo hay niños que tienen que arrastrase y que no tienen esperanza de tener ni una pata de palo. Habrá otros, como yo, que piensen que la ventaja de Pistorius no está en sus prótesis, sino en su forma de enfrentar al mundo y querer ser mejor.

El título de este post hace referencia a una conferencia de Aimee Mullins, otra corredora sin piernas que luego se convirtió en modelo, y que cuenta cómo alguien le dijo que era injusto que ella pudiera cambiar su estatura según la prótesis que use. Mullins opina que el debate respecto a la discapacidad ha cambiado, porque estas personas tienen la oportunidad de convertirse en súper humanos y quizás eso nos hace cuestionarnos si nos estamos enfrentando a una nueva forma de evolución gracias a la tecnología, si podemos cambiar ese “diseño perfecto” que algunos dicen que tenemos.

Si la gente supiera


Seguro que algunos ya se toparon con esta imagen en alguna red social, yo la he visto varias veces pero hasta ayer me pregunté qué pasaría si todos nos bajáramos de la tabla y dejáramos que el gobierno cayera al vacío. La idea de la imagen, como yo la comprendo, es que somos un montón de individuos que dejamos que alguien nos gobierne, sin comprender que ese que está ahí debe ser un servidor público, que su deber es cuidar ciertos intereses nuestros y no deberíamos permitir que se extralimite en sus facultades. Si todos diéramos un paso atrás, ese gobernante no podría sostener al Estado por sí mismo. Supongo que la idea no es cambiar al que está en el estrado por uno de los que forman el grupo del otro lado de la tabla, eso sería elegir un pan con lo mismo.

¿Cómo sería la imagen después de la caída del gobierno? ¿Nos convertiríamos en grupos de salvajes peleando con otras tribus por territorios y riquezas? ¿Empezaríamos a construir de nuevo la tabla salvadora para establecer un nuevo gobierno que proteja a los débiles de los abusos de los fuertes? ¿Usaríamos a los débiles como esclavos? ¿Nos aislaríamos en grupos pequeños y pacíficos que no pelearían con otros grupos? ¿Estableceríamos un libre comercio y resolveríamos los problemas de los individuos con jueces privados? Yo no tengo una respuesta definitiva; sin embargo, sé que elegiría asociarme con otros individuos que respetaran la libertad individual y que concideraran la vida su máximo valor. De hecho, buscaría a alguien como el profesor, de la novela The Moon Is a Harsh Mistress, de Robert A. Heinlein, quien al ser cuestionado por otro de los personajes sobre su postura política declara:

“But—Professor, what are your political beliefs?”

“I’m a rational anarchist.”

“I don’t know that brand. Anarchist individualist, anarchist Communist, Christian anarchist,

philosophical anarchist, syndicalist, libertarian—those I know. But what’s this? Randite?”

“I can get along with a Randite. A rational anarchist believes that concepts such as ‘state’ and

‘society’ and ‘government’ have no existence save as physically exemplified in the acts of self-responsible

individuals. He believes that it is impossible to shift blame, share blame, distribute blame . . . as blame,

guilt, responsibility are matters taking place inside human beings singly and nowhere else. But being

rational, he knows that not all individuals hold his evaluations, so he tries to live perfectly in an imperfect

world . . . aware that his effort will be less than perfect yet undismayed by self-knowledge of self-failure.”

Ambos personajes están discutiendo cuáles son las mejores normas para una sociedad, el segundo personaje se desespera un poco con el profesor porque éste parece no estar de acuerdo con ningún grupo de normas que se le presentan:

Wyoh plowed doggedly into Prof, certain she had all answers. But Prof was interested in questions

rather than answers, which baffled her. Finally she said, “Professor, I can’t understand you. I don’t insist

that you call it ‘government’—I just want you to state what rules you think are necessary to insure equal

freedom for all.”

“Dear lady, I’ll happily accept your rules.”

“But you don’t seem to want any rules!”

“True. But I will accept any rules that you feel necessary to your freedom. I am free, no matter what

rules surround me. If I find them tolerable, I tolerate them; if I find them too obnoxious, I break them. I

am free because I know that I alone am morally responsible for everything I do.”

“You would not abide by a law that the majority felt was necessary?”

“Tell me what law, dear lady, and I will tell you whether I will obey it.”

Creo que es cierto que muchas personas desconocen el poder que tienen, no sólo para pelear por sus derechos, para instaurar o derrocar gobiernos. Hay muchos que desconocen el poder de su propia libertad, su poder para usar la razón y decidir qué leyes nos benefician y cuáles otras nos hacen daño. Antes de tirar al gobernante del otro lado de la tabla yo le preguntaría a ese grupo de personas si están listas para vivir por sí mismas y dejar a los otros vivir por sí mismos, si están dispuestos a abandonar el uso de la fuerza para obligar a los otros a aceptar sus leyes, si están dispuestos a comprender que son moralmente responsables de sus acciones, que pueden convivir y cooperar con los otros sin necesidad de dominarlos o dejarse dominar.