Vivir en una jaula de oro


Jaulas de luz y de oro

Hace una semana estuve escuchando la conferencia que impartió el doctor Gabriel Zanotti  como lección inaugural del primer semestre de 2012 en la Universidad Francisco Marroquín. Si bien su tema era ¿Se puede ser un buen cristiano y un buen liberal?, la idea que me quedó rondando en la cabeza fue su defensa de la libertad individual.

Las dictaduras surgen, nos explicó, de la oferta de protección que nos hace alguien, probablemente con toda la buena voluntad del mundo. Cuando somos pequeños, con un poco de suerte, tendremos alguien que nos cuide de los monstruos reales e imaginarios. Cuando crecemos nos quedamos solos para enfrentarnos a situaciones que no están bajo nuestro control,  en especial si nos vemos obligados a interactuar en una sociedad hostil,  de tal manera que la idea de un protector nos puede parecer seductora y le otorgamos al gobierno la potestad de convertirse en la figura de la madre o padre protector.

Cuando aceptamos dicha protección también aceptamos renunciar a ciertas libertades. Aceptamos estar seguros dentro de una jaula de oro y nos olvidamos del precio que estamos pagando, puesto que cuando alguien renuncia a su libertad por su seguridad pierde ambas.

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