José y Jacob, los nombres más populares en Estados Unidos


“José”, el nombre más popular en la lista de los nombres “Top 50” desde que la Social Security Administration empezó a contar los nacimientos de bebés en Estados Unidos ha salido por primera ocasión del listado.  Incluso en Texas, donde José fue el nombre #1 desde el año 1996 fue reemplazado por el nombre “Jacob” y las estadísticas parecen demostrar que la asimilación de hispánicos es una realidad.

Las tasas de nacimientos entre hispanos siempre han sido las más altas en Estados Unidos y es la minoría con mayor crecimiento en el país.  El profesor Cleveland Kent Evans, psicólogo en Bellevue University en Nebraska, comentó que este reciente cambio demográfico es un síntoma de la asimilación de hispanos en la cultura estadounidense en su libro “The Great Big Book of Baby Names.”

Pero esto es probable que no sea solamente resultado de la asimilación cultural sino también del preocupante descenso de la inmigración de trabajadores indocumentados a Estados Unidos debido a la recesión que afecta al país desde el año 2008.

El año 2000 fue el primer año que contó en el listado de Top 10 de apellidos en Estados Unidos con los apellidos García y Rodríguez.  Esto fue una llamada de los profundos cambios culturales que se avecinarían en el país en el futuro cercano y la diversidad étnica del país.

La asimilación cultural permite a inmigrantes ir a otros países para buscar una mejora de su calidad de vida, siempre y cuando se adapten a las costumbres y tradiciones del país receptor.  El proceso de asimilación cultural es positivo;  y como mencionó en un ensayo Walter Oppenheimer (“La batalla por la integración social”) es cuando deja de existir una sociedad multicultural y en proceso de asimilación que emergen graves problemas al conjunto de la sociedad receptora.  En sociedades cerradas, los inmigrantes se juntan formando guetos que les impiden asimilar los beneficios de una nueva cultura y sus tradiciones.

El proceso de asimilación requiere que ambos (ciudadano e inmigrante) dejen de ser pasivos y se involucren activamente en el proceso de aprendizaje mutuo; idealmente, en libertad de acción y en ausencia de coerción. Probablemente, esto está ocurriendo en los estados de Estados Unidos que han permitido con mayor facilidad la integración de inmigrantes indocumentados en el país.
Fuente: The New York Times

Regresa ‘Baby Doc’ Duvalier a Haití


El día de hoy se confirmó el regreso del dictador haitiano Jean-Claude Duvalier, conocido como “Baby Doc” Duvalier, al país caribeño.  Esta terrible noticia para el pueblo haitiano llega un año después de que un terrible terremoto sumiese al país en el caos.  Duvalier fue un sangriento dictador durante casi 15 años hasta que su destitución con un golpe de estado en 1986.

Esta noticia pareciera que ya fue escrita y podríamos suponer que el escritor cubano Alejo Carpentier se adelanto en la historia al escribir la novela “El reino de este mundo” comentando los efectos de la primera dictadura en Haití por el rey negro Henri Christophe.

Los invito a leer esta reseña sobre la obra del autor y espero que esto nos invite a la reflexión para no repetir uno de los eventos históricos más nefastos de la historia de la humanidad,

Análisis crítico de la novela “El reino de este mundo” por Alejo Carpentier

‘El reino de este mundo’ por Alejo Carpentier


Alejo Carpentier nació el 26 de diciembre de 1904 en la ciudad de La Habana, Cuba en donde vivió hasta los 12 años. Con tan sólo 12 años de edad, el joven Carpentier se trasladó a la ciudad de Las Luces en la cual estudiaría el liceo y desarrollaría una intensa vocación por la música. Fue también en esta ciudad que motivado por su padre cursó estudios de arquitectura, los cuales nunca finalizó, y trabajando como periodista empezó su vida política al lado de los grupos políticos izquierdistas tan de moda en la época.

Siendo izquierdista fue encarcelado y luego de ser puesto en libertad decidió irse al exilio y regresar a su tierra natal en el año de 1939. Estando en Cuba Carpentier realizó varios viajes y fue en una de sus visitas a Haití que tuvo la oportunidad de conocer y ser un espectador de primera fila del sincretismo cultural y religioso creado por los negros africanos, que habían sido traídos en la colonia como mano de obra en las grandes plantaciones, y la cultura europea de los franceses y sus títulos nobiliarios y religión católica.

En 1949 Alejo Carpentier escribe una de sus más importantes novelas. Esa novela lleva por nombre “El reino de este mundo” y a él le es concedido un alto lugar como literato mundial, pues fue y es uno de los pocos escritos histórico-literarios que comentan y ejemplifican el proceso de independencia haitiano. Además, Carpentier es reconocido como uno de los fundadores del llamado realismo mítico en el cual la literatura juega y entrelaza la realidad y los sueños, la imaginación y el raciocinio, la vida y la muerte, que al lado del barroquismo crean un tapiz suntuoso, mágico y alegórico del Haití de principios del siglo XIX. Es con este libro que Carpentier se unifica a un movimiento en busca de las tradiciones y orígenes de la historia haitiana, en una búsqueda de una consciencia americana propia, autónoma e independiente de un Nuevo Mundo.

Alejo Carpentier en su novela relata la historia haitiana y trata de cimentarla en fechas y eventos históricos reconocidos luego de que en el año de 1943 viajara al que antaño fue el reino de Henri Christophe; de esta manera menciona el envenenamiento de las aguas realizado por Mackandal en 1757 y su ejecución en 1758, el levantamiento de Bouckman en 1791, la huída de los plantadores franceses a la ciudad de Santiago de Cuba, entre los cuales se encontraba Lenormand De Mezy, el intento de Napoleón Bonaparte por recuperar el control de la colonia haitiana entre 1801-04, el envió de Paulina Bonaparte como representante real en 1801-02, el reinado de Henri Christophe entre 1807-1820, y finalmente la llegada de los agrimensores que realizaron un Código rural enviados por Jean-Pierre Boyer en 1826. Además, de identificar a personajes de la historia haitiana como el latifundista de la región Limbé al norte de Haití, Lenormand de Mezy.

El reino de este mundo es una obra basada en el realismo mágico, en una mezcla de la historia independentista y revolucionaria haitiana, junto al sincretismo religioso, al voduismo, a los sacrificios de animales, al calor y sudor de los esclavos negros en las plantaciones, una trama en la que la ironía del poder repite un ciclo vicioso en el cual todo final es un origen y la relación amo-sometido responde al ideal nietzscheano de la vida. Su credibilidad acontece en las referencias ya documentadas sobre la historia de Haití, pero la inclusión del barroquismo en su literatura, el uso de la naturaleza y su entorno nos proveen de un ambiente místico que transporta al lector a lo más profundo de las playas caribeñas y nos imaginamos incluso el palacio del cielo en que Henri Christophe dejó su cuerpo en los muros, como una perpetuación del primer rey negro del Nuevo Mundo.

La trama de El reino de este mundo inicia con una breve reseña sobre la burocracia francesa presente en la isla de Haití, que es parte de la corona de Francia y se menciona por primera vez a Ti Noel, un esclavo negro, que pertenece al latifundista Monsieur Lenormand de Mezy. Es aquí cuando por primera vez percibimos la presencia de la imagen que habrá de mantenerse a lo largo de toda la obra. Una imagen en la que se ilustra a los pueblos negros africanos viviendo como “un negro rodeado de abanicos de plumas y sentado sobre un trono adornado de figuras de monos y de lagartos.  Para luego hacer una comparación entre este rey negro rodeado de abanicos y plumas con el rey europeo al que tilda de cobarde, incompetente, sumiso y débil de carácter y fuerza; minimizándolo al lado del rey-guerrero negro.

Luego de fijar su mirada en un cuadro en el que se ilustraba a un rey negro recibiendo a visitantes blancos, Ti Noel se recuerda de un personaje tanto histórico como parte íntegra de la cultura vodú haitiana. Este personaje se llamaba Mackandal.

Mackandal era un negro que trabajaba en la plantación de Lenormand de Mezy y que debido a un accidente con el trapiche quedó manco y fue empleado en labores más sencillas debido a sus nuevas limitantes. Mackandal era un hombre excepcional, tenía el poder de llevar a todo el que escuchara sus relatos por viajes fantásticos de un mundo allende los mares en África; un mundo en que las ciudades de Guinea eran ricamente ilustradas y los negros soñaban con su libertad lejos del yugo blanco.

Un nuevo personaje sale a escena. Se trata de un negra practicante del vodú, su nombre es Mamán Loi, y es ella quien provee a Mackandal en las páginas siguientes de enormes poderes licantropitos que lo conectan a un mundo hombre-animal, hombre-naturaleza y cuerpo-espíritu.

Curiosamente y luego del envenenamiento de un perro con uno de los hongos que Mackandal le había dado a comer, el negro Mackandal desaparece luego de que Lenormand de Mezy lo mandase a llamar para pedir explicaciones. De Mezy resuelve que no habría de buscar al manco, pues no representaba peligro alguno. Tiempo después y luego de la enorme desesperanza que le envolvía; Ti Noel recibió un mensaje. Y este mensaje se desarrolla entorno a un evento por de más importantísimo y que representa el renacimiento a la vida y la esperanza luego de vivir en un valle de sombras, truenos y centellas: “Un día, cuando los ríos hubieron vuelto a su cauce, Ti Noel se encontró con la vieja de la montaña en las inmediaciones de las cuadras. Le traía un recado de Mackandal.”

Mackandal lo esperaba en una lúgubre cueva, llena de pociones y cosas extrañas. Fue aquí que divisó a su amigo y se percató de que nunca había desaparecido. Sólo estuvo ausente y a la vez presente del reino de este mundo.

Durante su ausencia es que Mackandal realizó alianzas para un levantamiento que habría de acabar con el yugo blanco y fue así que las haciendas de la llanura habían pactado con Mackandal y su resurrección.

El primer acontecimiento de la novela empieza. El veneno que había empezado por acabar con los estómagos de las vacas, bueyes, novillos, caballos y ovejas había esparcido su alcance a los blancos. Grandes hogueras que al inicio sólo calcinaban los cuerpos enfermos de animales habrían ahora de recibir los cuerpos de blancos que uno a uno caían ante la enfermedad. El pánico cundía. Mackandal fue descubierto y mítines de exploración fueron enviados a toda la comarca. En el ínterin el negro se movilizaba como licántropo en forma de iguana, mariposa, perro, alcatraz, etc. de hacienda en hacienda como vigía de que sus fieles siguieran lo planeado y su ápice había iniciado. Cuatro años después Mackandal era ahora ilimitadamente sobrenatural.

El gran velo. Capítulo que inicia con una metáfora interesante y de fácil detección; expresa como el inicio de una nueva época, poco antes de la salida del sol y a la vez poco después de una noche que termina, de un cierra de las tinieblas, los negros son llevados en oleada a la Plaza Mayor. El negro ha caído. Mackandal sería muerto calcinado.

“Un lunes de enero, poco antes del alba, las dotaciones de la Llanura del Norte comenzaron a entrar en la Ciudad del Cabo… De pronto, todos los abanicos se cerraron a un tiempo… Mackandal avanzaba hacia el centro de la plaza

¿Acaso el negro ha muerto? ¿Acaso este es el fin de la resistencia? ¿Acaso es este el fin de la revolución negra? De hecho lo es. El mundo blanco acabó con el protagonista de sus pesadillas y temores. Mackandal es ahora parte del fuego y morirá hecho polvo, parte de la tierra que en algún momento alimentó los hongos con los que mataba a los blancos. Mackandal ha muerto en el reino de este mundo, Mackandal ya no es.

Pero el mundo negro es ahora cuando descubre su ascensión. Mackandal se ha liberado del cuerpo. Ha trascendido a un nivel superior. Él es parte íntegra de un mundo extra sensorial y extra terrenal. Su espíritu se encuentra en cada negro que presenció su muerte en las brasas.

La fortuna y peculio son parte de la colonia francesa. El excedente de las plantaciones se nota en las calles de la Ciudad del Cabo. Las casas eran grandes y el barroquismo está presente con sus excesos en ornadas y pernios trebolados. Los oficios se han desarrollado e incluso un teatro y ópera había sido inaugurado en la calle Vandreuil.

Monsieur Lenormand de Mezy había regresado, ahora de la mano de una bella dama, en realidad una actriz fracasada en Europa, que a lo largo habrá de demostrar su frustración artística violentando e insultando a sus esclavos negros. 20 años habían pasado ya y Ti Noel era padre de una jauría de hijos que una cocinera había parido 12 veces. La hacienda florecía pero su amo había cambiado. La borrachez lo había tomado por completo y pasaba días castigando corpóreamente a los negros.

A continuación una larga e importantísima cita se presenta. Es una cita que demuestra la primera noticia del grito de ¡vive la Revolution! Que llegaba a la isla. Pero en qué contexto ocurre. De nuevo en medio de las lluvias torrenciales que demuestran los temores de una tierra que retumba, una tierra que se preocupa por el porvenir de los negros. Era una reunión de sombras, sombras silentes que murmuraban en lo profundo de la barranca. Era una ronca y sombría barranca que habría de ensordecer poco a poco con su grito de rebelión. Los unos por un lado apoyados por un Dios tirano amante del dolor y sufrimiento del látigo blanco, por el otro dioses de la naturaleza sedientos de venganza negra, venganza contra el Dios tirano de los blancos.

“Los truenos parecían romperse en aludes sobre los riscosos perfiles del Morne Rouge, rodando largamente al fondo de las barrancas, cuando los delegados de las dotaciones de la Llanura del Norte llegaron a las espesuras de Bois Caimán, enlodados hasta la cintura, temblando bajo sus camisas mojadas… una voz potente se alzó en medio del congresos de sombras… Era Bouckman el jamaiquino quien hablaba de esa manera… algo había ocurrido en Francia, y que unos señores muy influyentes habían declarado que debía darse libertad a los negros, pero que los ricos propietarios del Cabo, que eran todos unos hideputas monárquicos, se negaban a obedeces… el Dios de los blancos ordena el crimen. Nuestros dioses nos piden venganza… ya en mayo, la Asamblea Constituyente… había acordado que se concediera derechos políticos a los negros, hijos de manumisos.”

Ocho días habría de esperarse. La sublevación iniciaría y sólo juzgaría por el color quien viviría y quien no. Cuando Monsieur Lenormand de Mezy se encontraba tras los ajuares de una negra en la bodega de tabaco la sublevación inició. La cobardía tomó sus pantalones y permaneció escondido mientras las cabezas de los blancos empezaban a rodar y el cuerpo de su esposa era violada sin más ni menos que por Ti Noel.

Luego de dos días de Mezy sale a la luz, la sublevación había terminado, su esposa había sido violada y luego muerta, y todos menos 12 de sus esclavos habían sido asesinados. Pero el blanco salió perdiendo, la moral de sus señoritas había sido destruida. Sus cuerpos fueron penetrados y desgarrados por el orgullo negro. Haití ya no era colonia francesa. Nunca más lo sería como en su ápice lo fue. ¿A qué se debió que esto se saliera de las manos?

“La anarquía se entronizaba en el mundo. La colonia iba a la ruina. Los negros habían violado a casi todas las señoritas distinguidas de la Llanura. Después de haber destrozado tantos encajes, de haberse refocilado entre tantas sábanas de hilo… ya no había modo de contenerlos. Monsieur Blanchelande (el Gobernador) estaba por el exterminio total y absoluto de los esclavos, así como de los negros y mulatos libres… los negros tenían, pues, una religión secreta que los alentaba y solidarizaba en sus rebeldías. A lo mejor, durante años y años, habían observado las prácticas de esa religión en sus mismas narices, hablándose con los tambores de las calendas, sin que él lo sospechara.”

Los franceses se retiran de la isla. Su dirección es el puerto de Santiago de Cuba, sus motivos: la pérdida de la esperanza, el honor y el orgullo. Su consuelo: el licor, la comida y el poco dinero que les quedaba. Pero la revanche está en pie y los franceses envían mastines que habrán de desgarrar las carnes de los negros como ellos desgarraron a sus bellas mujeres.

Ahora Bonaparte entra en escena. Su enviada es Paulina Bonaparte que habrá de encabezar el ejército que recuperará el control de la isla. Ella, débil de carácter ejemplifica el exceso y la lascivia. Busca el cumplimiento de su sueño infantil de princesa y está lista para sucumbir ante la sensualidad de jóvenes oficiales al descubrir su cuerpo y tentarlos con lo infinitamente imposible que será para ellos tocar uno de sus cabellos. Es Paulina Bonaparte el nexus entre la feminidad que en la época colonial ejemplifica en su totalidad la inmoralidad de una colonia inundado por mores sociales que reprimen “sus instintos”.

Ti Noel ahora libre decide regresar a la isla y a lo largo de la isla capta como las raíces negras habían vuelto a sus caminos con sacrificios animales y el sonido africano. Al llegar a sus tierras divisa un enorme palacio y una enorme iglesia que se erguían en medio de los pastizales. Pero ¡oh asombro! Toda la gente que miraba era negra: sacerdotes, señoras, ministros y reclusos. Había llegado a Sans-Souci, la residencia de un rey negro, el primero de América. Henri Christophe, aquel que había sido un cocinero y dueño de La Corona en la ciudad, era ahora la cabeza de una enorme ciudad y un soberbio palacio en construcción.

Nomás llegado Ti Noel es tomado por esclavo y por 12 largos años se somete al yugo de sus amos negros quienes latiguean a su misma sangre exigiéndoles trabajo. El rey negro era un tirano con sed de poder y gloria.

Luego de años de sufrimiento, el pueblo estaba agotado y clamaba por la cabeza de su rey. Un día al asomarse por la ventana se percata de un gran ambiente de algarabía y tambores sonaban al son de las manos. ¿Pero por qué sonaban tambores? La sublevación había iniciado, el monarca corre como loco en busca de su ejército y sirvientes.

“Pero, en ese momento, la noche se llenó de tambores. Llamándose unos a otros, respondiéndose de montaña a montaña, subiendo de las playas, saliendo de las cavernas, corriendo debajo de los árboles, descendiendo por las quebradas y cauces.”

El rey olvidó que la sangre de los toros que habría de sacrificar por doce años le protegería de un ataque de los blancos, sin saber que serían los negros, su raza, los culpables de su caída y del balazo que atravesaría su cuerpo. Disparo dado por el mismo hacia la sien. Sus trajes reales se teñían de sangre, su reinado había caído, su muerte era el fin del rey negro del Nuevo Mundo.

Cinco de sus esclavos cargaron su cuerpo a tuto y lo llevaron a la Ciudadela de La Ferrière, donde habría de ser parte de la fortaleza. Su cuerpo desaparecería en la argamasa, luego de que un dedo, su dedo meñique se iría a Roma en el escote de la reina María Luisa. Mientras que su sueño sería su pesadilla, el nunca sería polvo, su cuerpo quedaría atrapado por la eternidad en el hormigón que el mismo mando a construir. Ese sería su purgatorio por el resto de los días.

Ti Noel había tomado partido en la destrucción de la Ciudadela. Su casa estaba adornada por tesoros robados del castillo de Henri Christophe. Una cosaca adornaba de vez en vez su cuerpo y su mente se transportaba a “Angola”, su reino propio. ¿Acaso Ti Noel había enloquecido? ¿Acaso había descubierto realmente la libertad? ¿Era el su propio rey?

“Ti Noel había caído en posesión del rey de Angola, pronunciando un largo discurso lleno de adivinanzas y de promesas. Luego, habían nacido rebaños sobre sus tierras. Porque aquellas nuevas reses que triscaban entre sus ruinas eran, indudablemente, presentes de sus súbditos… Ti Noel dictaba órdenes al viento. Pero eran edictos de un gobierno apacible, puesto que ninguna tiranía de blancos ni de negros parecía amenazar su libertad.”

La llegada de los agrimensores afrancesados acabó con el sueño de Ti Noel. Estos agrimensores son ni más ni menos que el Código Rural que Jean-Pierre Boyer realizó en 1826. Su mundo era invadido de nuevo. ¿Ahora a donde lo llevaría el viento?

Su camino procedió a seguir los pasos de Mackandal, su amigo eterno, el espíritu que después de su “muerte” moraba a su alrededor. Fue gracias a Mackandal que Ti Noel era ahora ave, luego un garañon, luego una avispa, ahora una hormiga que habías sido sometida a otra clase de trabajo, ¡al trabajo en serie! ¡Bienvenido a la Revolución Industrial! Él era ahora parte de “un engranaje igual de corrupto” o al menos eso es lo que trata de describir Carpentier.

“Transformado en hormiga por mala idea suya, fue obligado a llevar cargas enormes, en interminables caminos, bajo la vigilancia de unos cabezotas que demasiado le recordaban los mayorales de Lenormand de Mezy, los guardias de Christophe, los mulatos de ahora.”

Ahora era ganso y descubrió que había luchado su vida entera por cambiar el rumbo del mundo, cuando todo menos el mundo estaba dispuesto a cambiar. La relatividad de la vida, la subjetividad de la posición desde la que se juzga. Lo bueno y lo malo, arriba o abajo, amo y sometido, blanco y negro. El reino de este mundo era un mundo en el que:

“El hombre nunca sabe para quién padece y espera. Padece y espera y trabaja para gentes que nunca conocerá, y que a su vez padecerán y esperarán y trabajarán para otros que tampoco serán felices, pues el hombre

ansía siempre una felicidad situada más allá de la porción que le es otorgada.”

Se vive pensando en la libertad, se muere pensando en la libertad. Haití era libre y a la vez oprimido. Haití fue el primer país en independizarse de América Latina, pero qué es Haití ahora sino un cúmulo de problemas y horrores. Haití significó no más que una advertencia para América. No podemos ignorar que hay una mano invisible que maneja nuestro mundo y ese mundo a veces es preferible no perturbarlo. Haití significó el caos para un mundo negro que no estaba listo para dirigirse por sí solo. Fue un fracaso de independencia como lo fueron en menor escala casi todos los países latinoamericanos que le siguieron. América no estaba lista para ser el dueño de su propio destino.


El reino de este mundo. Alejo Carpentier. Alianza Editorial. 2004. España. pp. 22

El reino de este mundo. Alejo Carpentier. Alianza Editorial. 2004. España. pp. 34

El reino de este mundo. Alejo Carpentier. Alianza Editorial. 2004. España. pp. 49-50

El reino de este mundo. Alejo Carpentier. Alianza Editorial. 2004. España. pp. 60-61

El reino de este mundo. Alejo Carpentier. Alianza Editorial. 2004. España. pp. 70-71

El reino de este mundo. Alejo Carpentier. Alianza Editorial. 2004. España. pp. 127

El reino de este mundo. Alejo Carpentier. Alianza Editorial. 2004. España. pp. 147

El reino de este mundo. Alejo Carpentier. Alianza Editorial. 2004. España. pp. 152

El reino de este mundo. Alejo Carpentier. Alianza Editorial. 2004. España. pp. 156

Hoy, día de Martin Luther King Jr.


El día de hoy, 17 de enero, se conmemora el día de Martin Luther King Jr que en un célebre discurso aseguró que aspiraba a un mundo en el que el racismo no existiese:

“Sueño que mis cuatro hijos vivirán un día en un país en el cual no serán juzgados por el color de su piel, sino por los rasgos de su personalidad. (…)” Martin Luther King (discurso completo)

Luther King fue un célebre pastor estadounidense de la iglesia bautista que jugó un papel de importante liderazgo durante la década de 1960 en la lucha de los Movimientos por los derechos civiles en los Estados Unidos.  Antes de 1960 y no más de 50 años atrás, la segregación racial en ese país impedía a los afroamericanos gozar de los derechos que otorgaba la Constitución estadounidense plenamente. (para conocer más sobre el tema ver Painter, Nell Irvin. The History of White People. W. W. Norton & Company; 1St Edition edition (March 15, 2010).

Sin embargo, 48 años han pasado y aún hay lugares en el mundo en el que la práctica de segregación, discriminación legal, esclavitud y genocidio aún son practicadas.  Para acabar con esto, será necesario que no sólo conozcamos cuáles son los derechos del hombre y exijamos a nuestros representantes que los respeten.  Sino qué, también, comprendamos que el concepto de raza no es aplicabable para describir a grupos poblacionales des seres humanos.  Es necesario que eduquemos a quienes suelen cometer este error y los eduquemos.  Los seres humanos pueden ser agrupados correctamente en etnias en base a sus prácticas culturales, de comportamiento, lingüística o religiosas.

También, es  fundamental que la práctica de los gobiernos para legislar políticas y programas que se sustentan en la discriminación positiva sean eliminadas.  La discriminación positiva (también conocida como acción afirmativa) se fundamenta en el reconocimiento de que “no todos los seres humanos somos iguales en términos de grupo” y por lo tanto deben ser tratados de manera diferente.  Así, ellos apoyan que se realicen programas y legislación que favorezca a ciertos grupos en términos culturales y sociales.  Desafortunadamnete, la discriminación positiva rápidamente se vuelca en contra de sus intereses (y los de todos) y sólo permite la violación de los derechos individuales en favor de un grupo particular de personas.

El mismo año en que Martin Luther King Jr. diese su discurso “Tengo un sueño” la lucha de los movimientos civiles interesaba a muchas personas que creían en la búsqueda de la felicidad y en la educación en una filosofía de vida que permitiese a todos los seres humanos buscar la paz y vivir como hermanos.

Al respecto, en un discurso también en el año 1963, la filósofa objetivista Ayn Rand dijo que,

“El racismo es la forma más baja y groseramente primitiva de colectivismo. Es la idea de atribuir significado moral, social y político al linaje genético de una persona, la noción de que los rasgos intelectuales y caracterológicos de un hombre son producidos y transmitidos por la química interna de su cuerpo.”

No olvidemos el trabajo que estas personas hicieron.  Defendamos nuestros derechos y soñemos también que en un futuro cercano viviremos en un mundo en el que nuestros hijos no serán juzgados por su color de piel sino por sus logros y triunfos.

¡Enhorabuena!

“Tengo un sueño” por Martin Luther King Jr.


Martin Luther King, Jr.

“Tengo un sueño”

DISCURSO EN WASHINGTON, D.C.


Pronunciado: El 28 de agosto de 1963 delante del monumento a Abraham Lincoln en Washington, DC, durante una histórica manifestación de más de 200,000 en pro de los derechos civiles para los afroamericanos en los EE.UU.
Versión digital: Wikisource en Español, 2006.
Derechos: El contenido está disponible bajo los términos de la GNU Free Documentation License.


Estoy orgulloso de reunirme con ustedes hoy, en la que será ante la historia la mayor manifestación por la libertad en la historia de nuestro país.

Hace cien años, un gran estadounidense, cuya simbólica sombra nos cobija hoy, firmó la Proclama de la emancipación. Este trascendental decreto significó como un gran rayo de luz y de esperanza para millones de esclavos negros, chamuscados en las llamas de una marchita injusticia. Llegó como un precioso amanecer al final de una larga noche de cautiverio. Pero, cien años después, el negro aún no es libre; cien años después, la vida del negro es aún tristemente lacerada por las esposas de la segregación y las cadenas de la discriminación; cien años después, el negro vive en una isla solitaria en medio de un inmenso océano de prosperidad material; cien años después, el negro todavía languidece en las esquinas de la sociedad estadounidense y se encuentra desterrado en su propia tierra.

Por eso, hoy hemos venido aquí a dramatizar una condición vergonzosa. En cierto sentido, hemos venido a la capital de nuestro país, a cobrar un cheque. Cuando los arquitectos de nuestra república escribieron las magníficas palabras de la Constitución y de la Declaración de Independencia, firmaron un pagaré del que todo estadounidense habría de ser heredero. Este documento era la promesa de que a todos los hombres, les serían garantizados los inalienables derechos a la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad.

Es obvio hoy en día, que Estados Unidos ha incumplido ese pagaré en lo que concierne a sus ciudadanos negros. En lugar de honrar esta sagrada obligación, Estados Unidos ha dado a los negros un cheque sin fondos; un cheque que ha sido devuelto con el sello de “fondos insuficientes”. Pero nos rehusamos a creer que el Banco de la Justicia haya quebrado. Rehusamos creer que no haya suficientes fondos en las grandes bóvedas de la oportunidad de este país. Por eso hemos venido a cobrar este cheque; el cheque que nos colmará de las riquezas de la libertad y de la seguridad de justicia.

También hemos venido a este lugar sagrado, para recordar a Estados Unidos de América la urgencia impetuosa del ahora. Este no es el momento de tener el lujo de enfriarse o de tomar tranquilizantes de gradualismo. Ahora es el momento de hacer realidad las promesas de democracia. Ahora es el momento de salir del oscuro y desolado valle de la segregación hacia el camino soleado de la justicia racial. Ahora es el momento de hacer de la justicia una realidad para todos los hijos de Dios. Ahora es el momento de sacar a nuestro país de las arenas movedizas de la injusticia racial hacia la roca sólida de la hermandad.

Sería fatal para la nación pasar por alto la urgencia del momento y no darle la importancia a la decisión de los negros. Este verano, ardiente por el legítimo descontento de los negros, no pasará hasta que no haya un otoño vigorizante de libertad e igualdad.

1963 no es un fin, sino el principio. Y quienes tenían la esperanza de que los negros necesitaban desahogarse y ya se sentirá contentos, tendrán un rudo despertar si el país retorna a lo mismo de siempre. No habrá ni descanso ni tranquilidad en Estados Unidos hasta que a los negros se les garanticen sus derechos de ciudadanía. Los remolinos de la rebelión continuarán sacudiendo los cimientos de nuestra nación hasta que surja el esplendoroso día de la justicia. Pero hay algo que debo decir a mi gente que aguarda en el cálido umbral que conduce al palacio de la justicia. Debemos evitar cometer actos injustos en el proceso de obtener el lugar que por derecho nos corresponde. No busquemos satisfacer nuestra sed de libertad bebiendo de la copa de la amargura y el odio. Debemos conducir para siempre nuestra lucha por el camino elevado de la dignidad y la disciplina. No debemos permitir que nuestra protesta creativa degenere en violencia física. Una y otra vez debemos elevarnos a las majestuosas alturas donde se encuentre la fuerza física con la fuerza del alma. La maravillosa nueva militancia que ha envuelto a la comunidad negra, no debe conducirnos a la desconfianza de toda la gente blanca, porque muchos de nuestros hermanos blancos, como lo evidencia su presencia aquí hoy, han llegado a comprender que su destino está unido al nuestro y su libertad está inextricablemente ligada a la nuestra. No podemos caminar solos. Y al hablar, debemos hacer la promesa de marchar siempre hacia adelante. No podemos volver atrás.

Hay quienes preguntan a los partidarios de los derechos civiles, “¿Cuándo quedarán satisfechos?”

Nunca podremos quedar satisfechos mientras nuestros cuerpos, fatigados de tanto viajar, no puedan alojarse en los moteles de las carreteras y en los hoteles de las ciudades. No podremos quedar satisfechos, mientras los negros sólo podamos trasladarnos de un gueto pequeño a un gueto más grande. Nunca podremos quedar satisfechos, mientras un negro de Misisipí no pueda votar y un negro de Nueva York considere que no hay por qué votar. No, no; no estamos satisfechos y no quedaremos satisfechos hasta que “la justicia ruede como el agua y la rectitud como una poderosa corriente”.

Sé que algunos de ustedes han venido hasta aquí debido a grandes pruebas y tribulaciones. Algunos han llegado recién salidos de angostas celdas. Algunos de ustedes han llegado de sitios donde en su búsqueda de la libertad, han sido golpeados por las tormentas de la persecución y derribados por los vientos de la brutalidad policíaca. Ustedes son los veteranos del sufrimiento creativo. Continúen trabajando con la convicción de que el sufrimiento que no es merecido, es emancipador.

Regresen a Misisipí, regresen a Alabama, regresen a Georgia, regresen a Louisiana, regresen a los barrios bajos y a los guetos de nuestras ciudades del Norte, sabiendo que de alguna manera esta situación puede y será cambiada. No nos revolquemos en el valle de la desesperanza.

Hoy les digo a ustedes, amigos míos, que a pesar de las dificultades del momento, yo aún tengo un sueño. Es un sueño profundamente arraigado en el sueño “americano”.

Sueño que un día esta nación se levantará y vivirá el verdadero significado de su credo: “Afirmamos que estas verdades son evidentes: que todos los hombres son creados iguales”.

Sueño que un día, en las rojas colinas de Georgia, los hijos de los antiguos esclavos y los hijos de los antiguos dueños de esclavos, se puedan sentar juntos a la mesa de la hermandad.

Sueño que un día, incluso el estado de Misisipí, un estado que se sofoca con el calor de la injusticia y de la opresión, se convertirá en un oasis de libertad y justicia.

Sueño que mis cuatro hijos vivirán un día en un país en el cual no serán juzgados por el color de su piel, sino por los rasgos de su personalidad.

¡Hoy tengo un sueño!

Sueño que un día, el estado de Alabama cuyo gobernador escupe frases de interposición entre las razas y anulación de los negros, se convierta en un sitio donde los niños y niñas negras, puedan unir sus manos con las de los niños y niñas blancas y caminar unidos, como hermanos y hermanas.

¡Hoy tengo un sueño!

Sueño que algún día los valles serán cumbres, y las colinas y montañas serán llanos, los sitios más escarpados serán nivelados y los torcidos serán enderezados, y la gloria de Dios será revelada, y se unirá todo el género humano.

Esta es nuestra esperanza. Esta es la fe con la cual regreso al Sur. Con esta fe podremos esculpir de la montaña de la desesperanza una piedra de esperanza. Con esta fe podremos trasformar el sonido discordante de nuestra nación, en una hermosa sinfonía de fraternidad. Con esta fe podremos trabajar juntos, rezar juntos, luchar juntos, ir a la cárcel juntos, defender la libertad juntos, sabiendo que algún día seremos libres.

Ese será el día cuando todos los hijos de Dios podrán cantar el himno con un nuevo significado, “Mi país es tuyo. Dulce tierra de libertad, a tí te canto. Tierra de libertad donde mis antesecores murieron, tierra orgullo de los peregrinos, de cada costado de la montaña, que repique la libertad”. Y si Estados Unidos ha de ser grande, esto tendrá que hacerse realidad.

Por eso, ¡que repique la libertad desde la cúspide de los montes prodigiosos de Nueva Hampshire! ¡Que repique la libertad desde las poderosas montañas de Nueva York! ¡Que repique la libertad desde las alturas de las Alleghenies de Pensilvania! ¡Que repique la libertad desde las Rocosas cubiertas de nieve en Colorado! ¡Que repique la libertad desde las sinuosas pendientes de California! Pero no sólo eso: ! ¡Que repique la libertad desde la Montaña de Piedra de Georgia! ¡Que repique la libertad desde la Montaña Lookout de Tennesse! ¡Que repique la libertad desde cada pequeña colina y montaña de Misisipí! “De cada costado de la montaña, que repique la libertad”.

Cuando repique la libertad y la dejemos repicar en cada aldea y en cada caserío, en cada estado y en cada ciudad, podremos acelerar la llegada del día cuando todos los hijos de Dios, negros y blancos, judíos y cristianos, protestantes y católicos, puedan unir sus manos y cantar las palabras del viejo espiritual negro: “¡Libres al fin! ¡Libres al fin! Gracias a Dios omnipotente, ¡somos libres al fin!”