El patriota latinoamericano en el 2011


Agenda electoral latinoamericana 2011. Tendencias

En América Latina se conmemora anualmente la independencia de siete países durante el mes de septiembre.  En este año, Guatemala no sólo conmemorará su independencia sino también elegirá un nuevo gobierno.  Junto con Guatemala, otros 4 países latinoamericanos estarán en elecciones presidenciales (Haití, Perú, Argentina y Nicaragua).

Celebraciones en honor a estas fiestas se realizan en las ciudades y pueblos.  Cientos de panfletos patriotas, banderas, escudos y eventos ensalzan las avenidas.  Por algunas semanas son las fiestas de independencia la máxima celebración de los pueblos latinoamericanos.  Sin embargo, la inconformidad con la creciente corrupción, la constante violación de los derechos individuales por parte del gobierno, el aumento de las tasas de actos delictivos y los cambios en las tasas impositivas preocupan a cientos de ciudadanos.  Las calles y plazas son tomadas por ciudadanos libres que han decidido denunciar los crímenes cometidos por aquellos legisladores que olvidaron el valor de la libertad, la honradez, la unión y la rectitud.

¿Qué ha fallado?  ¿Cómo es posible celebrar la independencia y gloria del surgimiento de una patria libre, soberana e independiente si con el paso de décadas de impunidad, corrupción y expoliación ante la ley se han viciado los ideales de los próceres de la Independencia?

Henry David Thoreau (1817-1862), el famoso escritor anarquista del Tratado “La desobediencia civil”, comenta que la razón por la cual decidió quitar su apoyo al Estado (mientras nosotros celebramos su constitución como un país independiente por un año más)  se debe a que el Estado lo violentó al no armarse de honradez o inteligencia.  El Estado recurrió al a fuerza física para coartar su libertad[1].

Y sí, es una contradicción de principios celebrar la independencia de nuestros países mientras el paso de los años nos ha sumido en el letargo de un Estado que nos violenta y deshonra.  No podemos continuar viviendo como ciudadanos indolentes mientras el Estado se convierte en el nido de ladrones y asesinos.  Si es que acaso deseamos celebrar la independencia de nuestros países debemos ser coherentes con los principios que llevaron a la victoria a los próceres de la Independencia.  El no hacerlo nos hace partícipes de los crímenes cometidos en el gobierno.

Así, los verdaderos patriotas son aquellos que demuestran su inconformidad de manera pacífica, denunciando los crímenes maquinados en el Estado por legisladores y burócratas corruptos.  Aquellos ciudadanos libres que manifiestan su descontento, como lo hizo el movimiento estudiantil de la U. Andrés Bello[2] durante la reciente reforma constitucional impulsada por Hugo Chávez, son los únicos que aún viven como hombres libres y dicen: ¡Basta ya!



[1]
“El Estado nunca se enfrenta voluntariamente con la conciencia intelectual o moral de un hombre sino con su cuerpo, con sus sentidos.  No se arma de honradez o de inteligencia sino que recurre a la simple fuerza física.  Yo no he nacido para ser violentado.  Seguiré mi propio camino.  Veremos quién es el más fuerte.” Thoreau, Henry D.  (1987).  Desobediencia civil y otros escritos.  (P.48).  Madrid: E. Tecnos.

[2] Este movimiento estudiantil lideró la lucha en contra de las reformas constitucionales que promovía el presidente venezolano Hugo Chávez en diciembre de 2007.  El líder del movimiento, Yon Goicoechea, fue galardonado con el premio Milton Friedman por la Libertad 2008.

La milagrosa reforma constitucional latinoamericana


Durante mucho tiempo se ha gestado en América Latina movimientos civiles de protesta organizada que reclaman una reforma constitucional para resolver problemas enraizados en el sistema de gobierno.  Sin excepción, los países latinoamericanos se han caracterizado, en mayor o menor medida, por la captura del gobierno por corruptos mercantilistas que comercian con privilegios al disponer de poder sin pesos y contrapesos fuertes. Así, la reforma constitucional es en apariencia el sistema más fácil y sencillo para “solucionar” la debilidad institucional por la que se caracterizan.

Sin embargo, es necesario dejar a un lado la postura constructivista del Estado para comprender que el mismo es el producto y/o resultado de la evolución social de cada nación, pueblo y territorio específico.  La imposición de un sistema de gobierno occidental mezclado con el comercio de privilegios y una estructura mercantilista no es nuevo.  Existe desde hace más de 400 años y no habrá ninguna manera de modificarlo.  Es necesario que los miembros de cada sociedad tomen acciones asertivas y progresivas que lentamente permitirán cambiar y quizás, incluso, mejorar los débiles sistemas de gobierno latinoamericanos.

La historia, sabia consejera, nos deja estas palabras del Libertador de América del Sur, Simón Bolívar, para que comprendamos cómo después de casi 200 años nuestras sociedades aún no han evolucionado.

Por favor, lean con calma el siguiente texto y tan sólo reemplacen la palabra “Americanos” por la de “ciudadanos, pueblo o votantes” y  la palabra “españoles” por “mercantilistas, privilegiados, corruptos, oligarcas”.   Al hacer esto comprenderán de las palabras de un sabio ya desparecido lo que ocurre en nuestras sociedades desde hace mucho tiempo más del que tenemos nosotros de estar vivos.

Los americanos, en el sistema español que está en vigor, y quizá con mayor fuerza que nunca, no ocupan otro lugar en la sociedad que el de siervos propios para el trabajo, y cuando más el de simples consumidores; y aún esta parte coartada con restricciones chocantes […]; en fin, ¿quiere Vd. saber cuál es nuestro destino?, los campos para cultivar el añil, la grana, el café, la caña, el cacao y el algodón, las llanuras solitarias para criar ganados, los desiertos para cazar las bestias feroces, las entrañas de la tierra para excavar el oro que no puede saciar a esa nación avarienta. […] Estábamos, como acabo de exponer, abstraídos y, digámoslo así, ausentes del universo en cuanto es relativo a la ciencia del gobierno y administración del estado. Jamás éramos virreyes ni gobernadores, sino por causas muy extraordinarias; arzobispos y obispos pocas veces; diplomáticos nunca; militares, sólo en calidad de subalternos; nobles, sin privilegios reales; no éramos, en fin, ni magistrados, ni financistas y casi ni aun comerciantes; todo es contravención directa de nuestras instituciones.

Tan negativo era nuestro estado que no encuentro semejante en ninguna otra asociación civilizada, por más que recorro la serie de edades y la política de todas las naciones. Pretender que un país tan felizmente constituido, extenso, rico y populoso, sea meramente pasivo, ¿no es un ultraje y una violación de los derechos de la humanidad?