Sobre la ética


El RAE define la ética como,

adj. Recto, conforme a la moral.

f. Parte de la filosofía que trata de la moral y de las obligaciones del hombre.

f. Conjunto de normas morales que rigen la conducta humana.

Y a mi me gusta citar (con especial énfasis en este tema) la descripción que de la ética y la moral hace Ayn Rand en repetidas ocasiones en sus obras.

De la ética y la moral Ayn Rand dice (1) que

Es un código de valores que guían las acciones y decisiones del hombre; y que a la vez, determinarán la razón y decisioens de sus vidas.

De la ética como una ciencia Rand comenta que la misma

Trata de la búsqueda, descubrimiento y definición del código de valores.

Y así, la ética se encarga del estudio de por qué los hombre necesitan un código de valores y, a la vez, estudia por qué motivo los hombres tienen estos códigos de valores.

(1) Rand, Ayn (1964). “The Objectivist Ethics”. The Virtue of Selfishness (USA); p.13.

La moral no está en venta


La moralidad, terrible yugo de los libertinos e insensatos, es actuar conforme a los preceptos morales establecidos por la costumbre y las tradiciones de una sociedad. Se es una persona moral cuando las acciones y conductas empleadas para alcanzar fines específicos son éticas y por lo tanto buenas.

¿Esto parece sencillo de comprender o no? Sin embargo, para muchos no es algo sencillo de entender y mucho menos lo es actuar conforme a ella.

Esto es lo que pienso cada vez que escucho a alguien decir o escribir que en la sociedad moderna los jóvenes que como yo nacimos en la época de los 80s y 90s hemos puesto de moda la moralidad, la moral y la práctica de principios éticos. Y es que la moral nunca estará “de moda” pues esto implicaría que en algún momento dejará de estarlo. La moral es inmanente a la condición humana y por lo tanto no puede calificarse de popular o impopular. Para ejemplificar esto denle una mirada a lo que el siguiente autor tiene que decir al respecto,

En pocas palabras, la moral, desde la década de 1980, se ha convertido en una cuestión de actualidad. Se ha convertido, extrañamente, en un tema de moda. Y sencillamente, como pasa casi siempre, cuando la moda se pone por medio, se acaba pagando con unas cuantas confusiones (émpezando por él). Comte-Sponville, André (2004). “El Capitalismo, ¿es moral?”. Paidós.

Lo que sí puede ocurrir y está ocurriendo es que la inmoralidad, la acción bajo cualidades que no son conformes con los preceptos morales establecidos por la costumbre, se convierta de uso común. Y se ha convertido de uso común porque en algún momento en la historia occidental de los últimos 100 años empezaron a popularizarse ideas que cuestionaban la existencia de absolutos, y justificaban la contradicción de términos de que todo era relativo.

Así, lo que está de moda es el uso, aprobación y enseñanza de posturas relativistas y racionalistas respecto a los absolutos. Ni más, ni menos.

La moral no está en venta


La moralidad, terrible yugo de los libertinos e insensatos, es actuar conforme a los preceptos morales establecidos por la costumbre y las tradiciones de una sociedad.  Se es una persona moral cuando las acciones y conductas empleadas para alcanzar fines específicos son éticas y por lo tanto buenas.

¿Esto parece sencillo de comprender o no?  Sin embargo, para muchos no es algo sencillo de entender y mucho menos lo es actuar conforme a ella.

Esto es lo que pienso cada vez que escucho a alguien decir o escribir que en la sociedad moderna los jóvenes que nacimos en la época de los 80s y 90s hemos puesto de moda la moralidad, la moral y la práctica de principios éticos.  Y es que la moral nunca estará “de moda” pues esto implicaría que en algún momento dejará de estarlo.  La moral es inmanente a la condición humana y por lo tanto no puede calificarse de popular o impopular.  Para ejemplificar esto denle una mirada a lo que el siguiente autor tiene que decir al respecto,

En pocas palabras, la moral, desde la década de 1980, se ha convertido en una cuestión de actualidad.  Se ha convertido, extrañamente, en un tema de moda.  Y sencillamente, como pasa casi siempre, cuando la moda se pone por medio, se acaba pagando con unas cuantas confusiones (émpezando por él).  Comte-Sponville, André (2004).  “El Capitalismo, ¿es moral?”. Paidós.

Lo que sí puede ocurrir y está ocurriendo es que la inmoralidad, la acción bajo cualidades que no son conformes con los preceptos morales establecidos por la costumbre, se convierta de uso común.  Y se ha convertido de uso común porque en algún momento en la historia occidental de los últimos 100 años empezaron a popularizarse ideas que cuestionaban la existencia de absolutos, y justificaban la contradicción de términos de que todo era relativo.

Así, lo que está de moda es el uso, aprobación y enseñanza de posturas relativistas y racionalistas respecto a los absolutos.  Ni más, ni menos.

La ecología como principio social; según el sitio Objetivismo.org


“La ecología como principio social… condena las ciudades, la cultura, la industria, la tecnología, el intelecto, y aboga por el retorno de los hombres a la “naturaleza”, al estado de infra-animales gruñidores cavando el suelo con sus propias manos.” Fuente: objetivismo.org

La ecología es la ciencia que estudia la relación de TODOS los seres vivos y el ambiente que los rodea.  Intentar enfocarla a un “principio social” sólo abre las puertas a la crítica de términos que actualmente tienen una connotación negativa debido a la ignorancia y desconocimientode su verdadera definición.

La ecología no es mala o buena; es una ciencia.

La crítica debe dirigirse a los hombres y no a la ciencia.  El show de los defensores del medio ambiente debe combatirse en el campo de la moralidad.

Así, es distinto decir que aquellos hombres que  dicen llamarse defensores del medio ambiente, críticos del calentamiento global antropogénico y/o empáticos en el uso y aplicación de soluciones que no dañan el medio ambiente son quienes condenan las ciudades, la cultura, la industria, la tecnología, el intelecto y abogan por el retorno de los hombres a un estado de “naturaleza”, a un estado animal incivilizado que cultiva el suelo con sus propias manos.

Si utilizamos este segundo discurso seguramente tendremos muchas maneras para demostrar que nuestra postura es la correcta y la moral.  Yo puedo defender de manera radical los principios del capitalismo y ser a la vez una persona que cree que el desarrollo sostenible es imprescindible para la creación de riqueza y expansión del comercio.

Este post tan interesante de Objetivismo.org les permitirá continuar estudiando cuál es el código de valores detrás del moviento ecologista y, a la vez, conocer cuáles son los fundamentos filosóficos que todos los días nos permiten buscar nuestra felicidad y la de nuestros seres queridos.

De la benevolencia a la entrega forzosa de la tierra


La redistribución, palabra procaz utilizada sin ningún cuidado por defensores del colectivismo y sus opositores, es una de las más practicadas durante los últimos 3000 años de historia.  La redistribución es un concepto que resulta del reconocimiento de la riqueza privada y el derecho de propiedad de la misma por un individuo o grupo de individuos que entrega voluntariamente o de manera forzosa la propiedad sobre la misma.  Luego, esa propiedad es repartida a otros por la intervención de un distribuidor de los bienes.

En la formación de los Estados, la distribución de la tierra por un distribuidor autorizado (sistema de gobierno) puede darse de las siguientes maneras:

  • La entrega voluntaria de la propiedad y la redistribución por un distribuidor.
  • La entrega forzada de la propiedad y la redistribución por un distribuidor.
  • La entrega por un distribuidor de tierra que no tiene dueño aún.

En Estados más desarrollados la propiedad sobre la tierra se extendió a más individuos o grupos organizados en comunidades que, con el crecimiento poblacional, llevaron a algunos reformadores a sugerir que la misma debía distribuida para que todos pudieran trabajarla e “ingresar” al mercado.  Así, la gran división de los últimos dos siglos, de parte de quienes apoyan la redistribución de la tierra y de quienes la niegan se volcó hacia el derecho de algunos de recibir la tierra y la obligación altruista de otros de entregarla.

Sin embargo, se pasó por alto la cuestión moral de una decisión que violaba los derechos de aquellos que, sin importar su riqueza, debían ser forzados a entregar su propiedad para que un distribuidor la diera a personas que la necesitaban.  En tan sólo dos siglos, la benevolencia practicada (no en pocas ocasiones por algunos que entregaron tierras y derechos de propiedad a sus fieles trabajadores e inquilinos) se convirtió en una compulsión de los gobernadores que forzaba a los hombres a ser “buenos altruistas” y sacrificarse por otros.  Esto último, nunca sugerido por los sociólogos y antropólogos que estudiaron el tema en el desarrollo de las civilización humana empezó a ser modificado por el discurso colectivista y altruista de los últimos 70 años.

Quizás sea hora de recordar que el amor, la empatía y la benevolencia son sentimientos profundos e inefables de preocupación cariñosa por el bienestar de otra persona y nunca implicarían entregar algo que estiman bajo la coacción de un poderoso “distribuidor”.