Con el tiempo que pasa


Cuando estaba en la universidad decidí que no me iba a involucrar en política. En parte porque no me gustaba la política que se hacía por esos rumbos, a pequeña escala en la universidad y a gran escala en mi país, en el mundo; tampoco conocía (no quería conocer) alternativas. Yo me dedicaba a asuntos culturales, quería cambiar al mundo por medio de la poesía.  Prefería no opinar sobre las ideas políticas de Jorge Luis Borges o Ezra Pound y prefería hablar de las de García Márquez. Con el paso del tiempo no sólo he comprendido que si bien la ideología de un autor se ve reflejada en su obra, ésta no la hace mejor o peor. También comprendí que es importante tener una opinión, ideas claras, incluídas las políticas. Porque si uno sólo se deja llevar por la marea puede terminar en un lugar donde no quiere estar, puede terminar viviendo en su peor pesadilla y no ser consciente de qué está mal.

Hace un tiempo vi este video: Cuba: The times are changing – People & Power – Al Jazeera English. El documental contiene opiniones de cubanos a los que se les ha permitido tener un negocio propio, como un experimento capitalista. Una de las cosas que más me impresionó es que ellos están muy contentos con la oportunidad de tener algo propio, de trabajar para sí mismos pero cuando el entrevistador les pregunta sobre las medidas que han permitido el fenómeno, ellos dicen que eso ya es política y prefieren no hablar de ello. Ellos no quieren tener una opinión política. Esta postura resulta natural si consideramos los años de censura y el control, comunes en cualquier dictadura. Para mí, ello también es un signo de advertencia, un recordatorio que necesitamos para defender nuestras ideas, para no abandonarnos en la comodidad de una opinión “segura” y que va con la corriente. El capitalismo sigue siendo un ideal desconocido, muchos lo rechazan sin tener idea de cuáles son los valores fundamentales sobre los que se sustenta. Creo que ahora no sólo me llegó el tiempo de expresar mis ideas, también de cuestionarlas, discutirlas, defenderlas.

Competencia: el éxito del iPad


El lanzamiento del aparato más novedoso de los últimos 2 años fue celebrado por el mundo entero el día 03 de abril cuando empezó a venderse el iPad en las tiendas de Apple en Estados Unidos.  En ese primer día de ventas, se vendieron aprox. entre 600 y 700 mil aparatos con un valor aprox. a los US$200.00  El éxito de este aparato era ya esperado, las ventas en órdenes previas habían alcanzado ya las 300 mil unidades en las semanas previas al lanzamiento en las tiendas.  Este es sin duda, el producto tecnológico más “caliente” de los últimos años.

¿A qué se debe su éxito?

El iPad no es realmente un producto tecnológico innovador.  Muchos de sus accesorios y funciones existían ya en el teléfono iPhone y su principal característica es el tener dimensiones mayores que permiten una mejor visión de la pantalla.  Es interesante entender que la competencia de este producto no es un procesador portatil o laptop, y tampoco es un teléfono, los anteriores son los aparatos tecnológicos más vendidos en el mundo y por lo tanto, es en ese mercado que hay mayores volúmenes de ventas.

La principal competencia del iPad está en el mercado de lectores digitales y su competencia es el lector digital Kindle, el Nook y el Sony Reader.  La primera generación del Kindle, el lector digital más popular hasta ahora, fue lanzado en noviembre del año 2007 y para el último cuarto del año 2009 se habían vendido 1,5 millones de aparatos a un precio aprox. de US$250.00  Este número de ventas ha demostrado que quedará corto en comparación de las ventas del iPad.  Sin duda, la competencia en el mercado de lectores digitales continuará desarrollandose a partir de ahora con mayor velocidad.  Una encuesta que analizó en febrero de 2010 el comportamiento de los consumidores en este mercado, dió como resultado la participación de mercado para los siguientes 3 meses,

¿Entonces qué ocurrió?

El éxito de este producto radica en la naturaleza del mercado y la competencia catálactica que se caracteríza por ser un fenómeno social que posibilitó a los individuos elegir ad libitum el adquirir o no un producto más de intercambio.  Desde que el iPad fue anunciado, el valor marginal de este producto ascendío tan pronto se especuló sobre la escasez que habría del mismo durante los primeros meses de venta.  El producto se convirtió en un bien que era deseado por todos, no por sus características tecnológicas innovadoras, sino por su valor como bien de lujo.  Así, esta competencia cataláctica, entre quienes opinaban que el iPad sería mejor que otros gadgets tecnológicos, tuvo la función social de garantizar de la mejor manera, las necesidades (esperadas) por los que serían sus consumidores iniciales dadas las actuales circunstancias económicas.  El futuro de este producto, y el que se mantengan sus ventas será ahora determinado por las valoraciones individuales que hagan los compradores iniciales de este producto.  Su popularidad dependerá del consumidor y sus opiniones.

La historia de ventas del iPad es la más nueva noticia del funcionamiento eficiente de la competencia catálactica en un sistema económico en ausencia de la coacción gubernamental.  Enhorabuena!

Engañosa libertad de comercio


La extraordinaria popularidad de que en la actualidad goza la política restrictiva se debe a que la gente no se percata de sus ineludibles consecuencias. (…)  Frente a tan viles calumnias debemos reiterar una y otra vez que la riqueza y el bienestar son consecuencia de la producción, no de la restricción. Ludwig von Mises

En el libre comercio, vendedores y compradores intercambian bienes o servicios sin que el precio se vea regulado por el poder coercitivo de un gobierno. El precio de venta de estos servicios es acordado mediante las leyes de la oferta y la demanda estableciendo una relación gana-gana entre los participantes.

Es mediante el libre comercio que se consigue distribuir la riqueza de bienes y servicios de la manera más eficiente, ahorrando costos de transacción y permitiendo que todos los individuos que participan del mismo reciban beneficios. Sin embargo, este comercio libre es restringido cuando el gobierno utiliza impuestos progresivos, aranceles al comercio, barreras no arancelarias y mecanismos para lucrar del intercambio acordado entre participantes de distintas naciones. El único resultado de estos actos gubernamentales sólo consigue reducir la cantidad de bienes intercambiados, reducir la competitividad de los productos importados en el mercado nacional, transferir los beneficios que podría obtener la ciudadanía hacia el erario del gobierno.

Entonces, ¿los tratados bilaterales de libre comercio que firman los países son realmente libres? La respuesta es negativa y es debido a esto, que muchos de esos tratados resultan con beneficios de suma positiva para alguno de los participantes y con perdidas para el otro.

Uno de los más recientes tratados bilaterales de comercio fue firmado entre Chile y Guatemala a finales del año 2009. El tratado entrará en vigencia el 21 de marzo de 2010 y la publicidad dada en torno a este tratado regulado de comercio no espero en malinformar a los ciudadanos de ambos países. Michelle Bachelet, Presidenta de Chile, dijo que este instrumento comercial permitirá que los productos con certificado de origen chileno que sean exportados a Guatemala ingresen al país con un 10% menos de aranceles.

Por su parte, su homólogo guatemalteco, Álvaro Colom, dijo que se esperaba un aumento de las importaciones chilenas de azúcar y manufacturas guatemaltecas. El intercambio comercial entre ambos países es bastante reducido, durante los primeros 9 meses del año 2009 Guatemala importó US$118,007 y exportó US$83,817, según datos oficiales.

El actual tratado de libre comercio entre Chile y Guatemala permitirá que se reduzcan los costos de transacción al reducirse la cantidad de aranceles a pagar. Sin embargo, este tratado dista mucho de ser un tratado libre y es en realidad un tratado regulado de comercio. Aún, las actuales tradiciones de comercio permiten que el gobierno perciba grandes sumas de dinero que reducen los beneficios del comercio exterior mediante la aplicación de barreras no arancelarias, cobro de impuestos al valor agregado, manipulación artificial del tipo de cambio y la expropiación del dinero de sus ciudadanos.

Tal y como Willhelm Röpke dijera en la columna “Economía libre y orden social”, la economía de mercado es una vez más considera una parte dentro de un sistema social y político integral y bajo ese concepto, es totalmente aceptable que una maquinaria gubernamental gigantezca ejerza el control de manera centralizada. Sin embargo, la economía de mercado y la libertad de intercambiar bienes y servicios no son un instrumento de un gobierno central de la misma manera en que funcionó el sistema de gobierno soviético durante varias décadas.

La economía de mercado y la libertad de comercio requieren que exista absoluta libertad, espontaneidad y competencia en el intercambio de bienes y servicios. Sólo en un sistema de intercambio como el anterior, existiría el libre comercio sin que fuese necesaria la ratificación y elaboración de tratados de cientos de páginas con regulaciones, condiciones de origen, reglas, excepciones y privilegios.