¿Entonces para qué?


Dos amigos se encuentran en una reunión y se ponen a platicar. El sujeto A le dice el sujeto B que su negocio no está bien, que la gente le dice que su producto está muy caro y le piden que baje el precio a un punto que sería insostenible. El sujeto B le dice que la gente tiene razón, que su producto está caro y que es porque está cobrando mucho por su trabajo. El sujeto A le contesta que debe cobrar por su trabajo, que le invierte tiempo y esfuerzo y que es justo que el cobrar por ello. El sujeto B sonríe y le replica que si el trabajo valiera dinero todos los trabajadores del mundo serían millonarios. El sujeto A sonríe y cambia de tema, pero se queda pensando en las palabras del otro sujeto y se pregunta ¿entonces para qué trabajar? ¿Por qué vale la pena?

Hay muchas preguntas que surgen de esta historia, desde las que conciernen a la naturaleza de los negocios y la labor emprendedora hasta las que nos llevan a la filosofía. Cuando un emprendedor decide llevar a cabo un negocio, confía en que dicho negocio le traerá ganancias, como diría mi mamá, uno arriesga un huevo para tener un pollo. Si bien es cierto que a veces uno arriesga huevos y no obtiene pollos, ese no es el fin que el emprendedor perseguía. Si le quitamos al negocio su finalidad de producir ganacias, no estamos pensando en empresas existosas, estamos pensando en algo más. En recibir subsidios o caridad, no en producir nuestros propios ingresos.

Si pensamos que nuestro trabajo no merece ser remunerado, y no hablo de un emprendedor que decide recibir un sueldo bajo en su propia empresa con tal de cumplir su sueño, sino de la idea de que nuestro trabajo debe ser entregado para beneficio de alguien más, entonces llegamos al punto filosófico del altruismo  y para ilustrarlo les dejo el siguiente video: