No somos dinero, somos personas


A primera vista estoy de acuerdo con este chico,  es cierto que no somos dinero, somos personas. Sin embargo, antes de coincidir con él  y simpatizar con su causa, le preguntaría a qué se refiere exactamente. No tengo clara cuál es su intención porque en la fuente de la foto sólo dice que él estaba en una manifestación, así que me tomaré la libertad de examinar algunas posibilidades. Se me ocurre que lo más probable es que él sea un indignado que está manifestando porque no consigue trabajo y tiene deudas que pagar, quizás se identifica como uno del 99% y cree que la culpa de sus problemas la tienen los empresarios que no han creado el empleo que donde él podría desempeñarse, los comerciantes que le venden baratijas que forman parte de su deuda. Él podría haberse comprado la idea marxista de que la relación del empleador con el empleado es del primero explotando al segundo, una relación gana-pierde, donde el empleador usa a sus empleados. Podría ser que estuviera manifestando contra la trata de personas. En cualquiera de esos casos le diría que tiene una idea del problema, pero que no ha llegado al fondo filosófico detrás de su frase.

Lo primero a entender es que “El dinero es sólo un instrumento de intercambio que no puede existir a menos que existan bienes y personas capaces de producirlos. Es la forma material del principio según el cual quienes desean tratar con otros deben hacerlo mediante transacciones, entregando valor por valor. No es un instrumento de los pordioseros, que exigen llorando el producto del trabajo ajeno, ni de saqueadores que lo arrebatan por la fuerza; el dinero se hace sólo posible gracias a quienes producen. ¿Es eso lo que considera malvado?” (Ayn Rand, La rebelión de Atlas). Una vez que tenemos claro ese punto, debemos recordar que cada persona es un fin en sí misma, no un medio para que otros alcancen sus fines. Me gustaría pensar que ese joven está manifestando para que el gobierno deje de meterse en su vida y lo deje buscar su propia felicidad, trabajar para sí mismo y no para pagar una deuda con la sociedad que le han hecho creer que debe saldar. No somos dinero, no somos medios para los fines de otros. Somos personas, individuos que tienen la responsabilidad de cuidar de sí mismos, de buscar los medios para cumplir sus propios sueños.

Tres códigos morales para elegir


Un código moral es el conjunto de valores que guían las acciones y decisiones de las personas, dichas acciones y decisiones determinarán el curso de sus vidas. Cada individuo tiene un código de valores propio, en algunos casos éste fue heredado de las personas a su alerdedor, como su familia, profesores, amigos; y en otros, ha sido elegido después de un proceso racional. No es sencillo elegir nuestro código moral, en especial si no tenemos claro qué implican muchos de los códigos que rigen la vida de las personas a nuestro alrededor. Stephen Hicks plantea que es posible reducir los grupos a tres códigos morales básicos:

Por Alberto MonttEl código de los guerreros:

Para los guerreros el valor del trabajo es bajo, puesto que viven de la conquista y el saqueo. Son predadores que piensan en términos de cazadores-recolectores y establecen relaciones de ganar-perder. Cuando un guerrero se encuentra con alguien más débil, le quitará lo que quiera por medio del uso de la fuerza. Cuando se encuentre con alguien más fuerte, deberá perder lo que tiene, así que los guerreros viven todo el tiempo a la defensiva, puesto que no deben perder lo que han ganado. No piensan en construir, piensan en vivir de lo que otros han construído, sus planes siempre son a corto plazo.

Por Quino

 

El código de los monjes: 

Para los monjes el valor del trabajo es bajo, puesto que viven de y para la caridad y el sacrificio. Son altruistas y sus relaciones están establecidas en términos de perder-ganar. Los monjes se resignarán a entregar lo que tengan. No piensan en construir, viven de lo que otros construyen, sus planes son a largo plazo, en muchos casos para tener una recompensa después de la muerte.

 

Bryan LarsenEl código de los emprendedores:

Para los emprendedores el trabajo tiene un alto valor, viven de la producción y el intercambio. Son egoístas y sus relaciones están establecidas en términos de ganar-ganar. Los emprendedores no quieren iniciar el uso de la fuerza y buscan dar y recibir de forma justa. Piensan en construir y vivir de lo que construyen. Sus planes son a largo plazo para una vida plena en esta tierra. Comprenden que tenemos una gran capacidad racional, aunque ésta tiene límites. Saben que vivimos en un mundo que tenemos que adaptar y usar para sobrevivir. Los cazadores-recolectores lo ven como un mundo de recursos limitados, los emprendedores saben que los recursos no son lo mismo que los materiales que necesitan para transformar su entorno.

Entender las diferencias entre estos tres códigos nos ayuda a entender un poco mejor cómo funciona nuestro mundo, por qué algunos siempre están preocupados de que venga alguien a quitarle su sitio, sus cosas. Por qué algunos piensan que debe haber una entidad superior que les diga qué hacer y los defienda de los otros saqueadores. Los dos primeros códigos representan un universo malévolo, el tercero presenta uno benévolo, donde el respeto al individuo y la responsabilidad son las bases de la convivencia pacífica y la libertad.

 

 

 

 

 

Ya disponible, “Un juego que no suma cero” en tu Kindle


Un juego que no suma cero

“Algunos, que se consideran a sí mismos campeones del derecho a la propiedad privada, se sorprenderían al descubrir que cuando se oponen al libre comercio y a la “globalización” están negando a otros su derecho a la propiedad”.

Manuel F. Ayau

Ya está disponible para la compra en Internet la versión digital en español e inglés del último libro publicado por el ingeniero Manuel F. Ayau.   El ingeniero es miembro fundador del Centro de Estudios Económicos y Sociales (CEES), así como también, de la nuestra casa de estudios, la Universidad Francisco Marroquín.

El libro “Un juego que no suma cero” tiene como objeto explicar el fundamento del intercambio de bienes al lector general, políticos, empresarios y a cualquier persona que realiza transacciones comerciales en su vida diaria.  El libro estudia la “ley de los costos comparados” e instruye al lector en los fundamentos de una economía fundada en el derecho de propiedad y la libertad de comercio.

Un juego que no suma cero (Amazon.com – versión en español)

Not a Zero-Sum Game (Amazon.com – English version)

Competencia: el éxito del iPad


El lanzamiento del aparato más novedoso de los últimos 2 años fue celebrado por el mundo entero el día 03 de abril cuando empezó a venderse el iPad en las tiendas de Apple en Estados Unidos.  En ese primer día de ventas, se vendieron aprox. entre 600 y 700 mil aparatos con un valor aprox. a los US$200.00  El éxito de este aparato era ya esperado, las ventas en órdenes previas habían alcanzado ya las 300 mil unidades en las semanas previas al lanzamiento en las tiendas.  Este es sin duda, el producto tecnológico más “caliente” de los últimos años.

¿A qué se debe su éxito?

El iPad no es realmente un producto tecnológico innovador.  Muchos de sus accesorios y funciones existían ya en el teléfono iPhone y su principal característica es el tener dimensiones mayores que permiten una mejor visión de la pantalla.  Es interesante entender que la competencia de este producto no es un procesador portatil o laptop, y tampoco es un teléfono, los anteriores son los aparatos tecnológicos más vendidos en el mundo y por lo tanto, es en ese mercado que hay mayores volúmenes de ventas.

La principal competencia del iPad está en el mercado de lectores digitales y su competencia es el lector digital Kindle, el Nook y el Sony Reader.  La primera generación del Kindle, el lector digital más popular hasta ahora, fue lanzado en noviembre del año 2007 y para el último cuarto del año 2009 se habían vendido 1,5 millones de aparatos a un precio aprox. de US$250.00  Este número de ventas ha demostrado que quedará corto en comparación de las ventas del iPad.  Sin duda, la competencia en el mercado de lectores digitales continuará desarrollandose a partir de ahora con mayor velocidad.  Una encuesta que analizó en febrero de 2010 el comportamiento de los consumidores en este mercado, dió como resultado la participación de mercado para los siguientes 3 meses,

¿Entonces qué ocurrió?

El éxito de este producto radica en la naturaleza del mercado y la competencia catálactica que se caracteríza por ser un fenómeno social que posibilitó a los individuos elegir ad libitum el adquirir o no un producto más de intercambio.  Desde que el iPad fue anunciado, el valor marginal de este producto ascendío tan pronto se especuló sobre la escasez que habría del mismo durante los primeros meses de venta.  El producto se convirtió en un bien que era deseado por todos, no por sus características tecnológicas innovadoras, sino por su valor como bien de lujo.  Así, esta competencia cataláctica, entre quienes opinaban que el iPad sería mejor que otros gadgets tecnológicos, tuvo la función social de garantizar de la mejor manera, las necesidades (esperadas) por los que serían sus consumidores iniciales dadas las actuales circunstancias económicas.  El futuro de este producto, y el que se mantengan sus ventas será ahora determinado por las valoraciones individuales que hagan los compradores iniciales de este producto.  Su popularidad dependerá del consumidor y sus opiniones.

La historia de ventas del iPad es la más nueva noticia del funcionamiento eficiente de la competencia catálactica en un sistema económico en ausencia de la coacción gubernamental.  Enhorabuena!