La actividad creativa y las instituciones educativas


foto via: Francisco Diez en Flickr.com

La creatividad, como el arte, es uno de los oficios menos valorados en las sociedades en desarrollo. La raiz de esta desvalorización se gesta en el hogar y el incentivo de los padres para “motivar” a sus hijos a seguir un oficio técnico pseudo-productivo es digno de una película de miedo.

Hay interminables testimonios de “artistas frustrados” que se vieron “obligados” a ir al colegio y aburrirse como ostras aprendiendo cosas que nunca les serían útiles (¡ellos eran artistas!) y también los hay de artistas que se graduaron de la universidad con oficios de saco y corbata que eran bien estimados por los cánones sociales.

La creatividad y la libertad en que esta se cimienta, fue castrada para muchísimas personas que en la juventud escucharon un absoluto NO a sus deseos de escribir, inventar, producir e imaginar.

Algunos casos, aún excepcionales, ejemplifican la manera exitosa en que el desarrollo creativo de los jóvenes fuera de las practicas actuales de educación sirve para perfeccionar las habilidades individuales.

Porque la educación occidental es uno de los ejemplos de la colectivización de la sociedad. Esta práctica es reciente y corresponde a la influencia colectivista que fue promovida a finales del siglo XIX por industriales que buscaban enseñar a las masas en los oficios técnicos que requería la industria. Pero el tiempo y el contexto económico han cambiado y el continuar obligando a que todos aprendan las mismas ideas y principios en el colegio es sin duda una afrenta a la libertad creativa de los jóvenes.

¿Qué opciones nos quedan?

  • Incentivar y promover que nuestros hijos desarrollen sus habilidades.
  • Implementar estrategias educativas liberales (donde sea posible).
  • Educar a los hijos sobre los errores del sistema educativo y de la estructura siervo-alumno vs tirano-catedrático.
  • Promover y exigir cambios en el sistema educativo que nuestros hijos reciben.
  • Leer y educarnos en la importancia de la creatividad y la libertad individual para el desarrollo de seres humanos felices y exitosos.

Sólo así los jóvenes podrán ser emprendedores que perfeccionarán sus habilidades. Sólo con libertad de elegir podrán los jóvenes ser hombres felices y exitosos. Esta decisión está en las manos de los padres y es su obligación como tutores permitírles emprenderla.

Porque, la inteligencia es dinámica y nuestra única esperanza es recuperar las estrategias educativas que permitían a nuestros hijos ser libres de decidir. La capacidad mental de los niños está siendo ahora sacrificada en aras de títulos profesionales y responsabilidades colectivas que desde el seno del hogar son promovidas.

“The power to rearrange the combinations of natural elements is the only creative power man possesses. It is an enormous and glorious power—and it is the only meaning of the concept “creative.” “Creation” does not (and metaphysically cannot) mean the power to bring something into existence out of nothing. “Creation” means the power to bring into existence an arrangement (or combination or integration) of natural elements that had not existed before.” Ayn Rand en Philosophy: Who Needs It.

El temor a la ciencia


El siguiente video es un fantástico ejemplo del temor a la ciencia, el escepticismo irracional y el uso del humor para engañar a las masas respecto a temas filosóficos que afectan nuestra vida diaria.  A pesar de que la antropologa en apariencia celebra los avances científicos su postura es en realidad pesimista y mal informada.  Los invito a ver el video y luego a leer algunos comentarios al respecto,

Amber Case: We are all cyborgs now

El temor a la ciencia y el progreso le ha costado el cuello a muchos científicos y a grandes hombres desde que el fuego y la rueda fueron inventados.  Y es que el avance de la ciencia ha sido siempre directamente inverso al avance del misticismo y las ideas místicas que buscan responder nuestras necesidades con ideas irracionales.

Nuestro siglo, el siglo que inició con la biotecnología y la nanotecnología no es la excepción. Aún ahora, el pensamiento anti-científico está a la orden del día y estas ideas reniegan de los avances científicos en distintos patrones de conducta que van desde,

A. los férreos opositores de la ciencia (llamados ludistas) que reclaman un retorno a nuestra condición salvaje (ejem. los ambientalistas),

B. Los escépticos que dudan de las externalidades negativas que algunos inventos podrían causar (ejem. energía nuclear, radiación en aparatos electrónicos, experimentación en células madre, etc.) y

C. Los pesimistas que apoyan el avance científico pero que temen un futuro en el que las máquinas dominen al hombre.

Esta última postura, no menos alarmista que las anteriores se popularizó durante el siglo XX con la corriente literaria de la novela de ciencia ficción.  Esta corriente, partía de las premisas:

A. Imaginar un mundo distópico.

B. Utilizar la tecnología como el causante del caos en la distopía.

C. Crear personajes que respondieran a los bajos sentimientos humanos (los vicios) como líderes de esos mundos distópicos.

D. Los héroes eran personajes románticos (científicos o gente vulgar) que romantizaba con la idea de “hubiesemos” o “en el pasado…”

Las ideas distópicas fueron populares a lo largo del s. XX y muchos intelectuales empezaron a suponer la posiblidad que el descubrimiento de máquinas con inteligencia superior a la humana en menor tiempo del esperado con el advenimiento de robots inteligentes y autónomos.  Sin embargo, algunos fueron un paso más allá y creyeron que los robots no sólo serían más inteligentes sino que también tendrían la característica que hace a los seres humanos excepcionales: el libre albedrío.

Es un hecho de la realidad que el libre albedrío no es algo que pueda crearse. Al menos no ahora y quizás tampoco en los siguientes 50 o 500 años.  Sin embargo, hay muchos que suponen que la inteligencia de los robots les permitirá desarrollar el libre albedrío por sí mismos y, por lo tanto, actuar en contra de sus creadores los seres humanos.

El temor a los avances científicos ahora dejó de identificarse con hombres de ciencia para empezar a satanizar los aparatos y descubrimientos científicos mismos.  Ahora los villanos no son genios como lo fueron Galileo Galilei o Nicolás Copérnico.  Los nuevos villanos son la televisión, el teléfono celular y los robots que actuan de manera autónoma.

Siempre habrá quienes renieguen de la ciencia y defienda la prevalencia del misticismo y la irracionalidad.  La antropóloga supone que el avance científico hace a los seres humanos menos introspectivos y por lo tanto menos inteligentes.  Además, celebra que a pesar de que la ciencia avanza nuestra “humanidad” se puede aún preservar (nuestra composición natural es más valiosa que cualquier invento “cyborg” que podamos crear). Así, esta antropóloga es un genial ejemplo de escépticos que dirán apoyar los avances científicos pero que, de una u otra manera, intentan alertar a la humanidad sobre los “peligros” que la ciencia conlleva al reemplazar nuestro lado “humano”.

No importa el nombre, tinte o excusa que pongan pues su filosofía de vida es la misma: todos temen a la razón y al progreso.  No dejemos que sus preocupaciones se materialicen en nuestras vidas.  Celebremos la ciencia y la razón.