El emprendedor vs el usurpador


Friedrich Hayek inicia a escribir el libro “El orden de la libertad” con la pregunta,

¿Cuál es el problema que deseamos resolver cuando tratamos de construir un orden económico racional?

La respuesta que da es bastante sencilla y dice,

Si disponemos de toda la información pertinente, si podemos empezar con un sistema dado de preferencias, y si poseemos conocimiento completo de los medios a nuestra disposición, el problema que queda es puramente de lógica.  En otros términos, la respuesta a la pregunta acerca de cuál es el mejor uso que podemos darle a los medios a nuestro alcance está implícita en nuestros supuestos.  (…)  La respuesta es que las proporciones marginales de substitución de cualesquiera dos bienes o factores, debe ser la misma en todos sus diversos usos.

Con esto Hayek trató de explicar que un orden económico racional es construido por el cálculo ecómico y el conocimiento disperso del mismo.  Este cálculo económico no es afectado por el poder de un grupo de personas y/o por un gobierno central.  Es espontáneo y realizado por individuos.

Sin embargo, quiénes deben ser esos individuos y a qué código de valores morales debe responder es lo que Hayek no explicó al inicio de su libro.

Estos individuos, que tienen los “datos” necesarios para realizar el cálculo económico lo harán de manera que siempre buscarán satisfacer sus necesidad y asignar los recursos de la manera más barata y eficiente.  Estas decisiones, sin embargo, podrían no obedecer a principios virtuosos y serían incentivados por la búsqueda de ganancias a través del robo, la mentira, la usurpación, la expropiación y la incautación de recursos.

Es por esto que el cálculo económico está integrado por creadores y emprendedores.  Sólo estos individuos, que poseen el conocimiento necesario para asignar recursos y satisfacer las necesidades, son los verdaderos actores de un cálculo económico.

En nuestras sociedades muchos de los empresarios más conocidos y que más ganancias han obtenido para sus empresas suelen actuar inmoralmente y falsean los cálculos económicos indispensables para la consecución de transacciones de suma positiva.  La próxima ocasión que escuchen a uno de estos empresarios ser mencionados pregúntense,

  1. ¿Acaso este hombre creo un servicio o producto que benefició a la sociedad?
  1. ¿Acaso esta empresaria actuó de manera emprendedora para posicionarse en el mercado con la mejor calidad en sus servicios y productos?

Si la respuesta es afirmativa en ambos casos debemos celebrar a esa persona y aprender las lecciones que pueda darnos.  Si no lo hizo, no debemos decir que es un empresario, sino un usurpador de tan alto título y honor.

La ventana rota en Haití


Pocas semanas después del terremoto que destruyó Haití los medios de  comunicación lograron la solidarización de millones de habitantes del planeta.  Cientos de voluntarios trabajaron en la búsqueda de sobrevivientes y millones de dólares en comida, ropa e instrumentos de primeros auxilios llegaron a la isla.  Ahora, a tan sólo 2 semanas del terremoto, “la ventana sigue rota” en referencia a la falacia del famoso economista Frédéric Bastiat y es probable que repararla salga muy caro.

Estos son los motivos,

Antes del terremoto Haití era un país pobre, el más pobre de América Latina, y era gobernado por corruptos y criminales.  Así, durante muchos años un destacamento de las Naciones Unidas con más de 8,000 soldados trabaja con labores de “peace enforcement” en la isla.  El caos y la corrupción eran la norma, la pobreza era generalizada y la economía de la isla estaba estancada.  El vidrio desde hacía mucho estaba roto.

Sin embargo, fue hasta ahora que la comunidad internacional mostró su magnanimidad y ofreció rescatar al pueblo haitiano del caos.  Esta decisión, un acto benévolo noble y bueno, es sin embargo el causante de serios daños en el mediano y largo plazo de quienes pretende beneficiar. De nuevo se hará evidente que la ayuda internacional será incapaz de reconstruir el gobierno haitiano y es muy probable que los próximos 10 años de ayuda internacional sean utilizados para la construcción de un corrupto estado benefactor en Haití.

No entraré a discutir casos específicos de cómo la ayuda internacional ha fallado en cumplir su misión y ser consecuente con sus fundamentos.  Esto lo han hecho ya muchos artículos y ensayos académicos.  Ahora, los dejo con una narración que explica concisamente por qué motivos la ayuda monetaria internacional es la receta del fracaso.

La narración de Bastiat es clara y acertada, el que la multitud (las naciones del mundo) decida ayudar no significa que necesariamente esta ayuda sea la necesitada por el panadero (el pueblo haitiano).  La solución más acertada, racional y coherente es dejar a los haitianos ser los artífices de su futuro.  Ellos deben ser quienes se organicen, reconstruyan su gobierno y sus comunidades.  Luego, ellos deben ser también quienes pidan ayuda (no gratis o impuesta) para reconstruir su país.  El no permitirles reconstruir su país sin que haya interferencia extranjera será mucho más dañino que la ayuda que pretende ofrecérseles.

Esta es la historia:

Un chico algo travieso, tira un ladrillo contra la ventana de la panadería de su barrio y la destroza. El panadero sale furioso a la calle, pero el chico ya se ha ido.

Rápidamente comienza  a reunirse un grupo de curiosos que observan los restos de la vidriera sobre los panes y las facturas del local. Algunos de los curiosos comienzan a filosofar acerca del hecho y expresan que, después de todo, esta desgracia puede tener su lado bueno: significará una ganancia para algún vidriero.

¿Cuánto cuesta un nuevo vidrio? ¿100 pesos? No es una suma tan importante. Además, si los vidrios nunca se rompiesen ¿Qué pasaría con los negocios de vidriería?

El razonamiento continúa. El vidriero tendrá $100 más para gastar en otras cosas y esto a su vez hará que otros gasten esos $100  y así hasta el infinito.

La “ventana rota”, va a ir generando dinero y empleos en forma de espiral y la muchedumbre concluirá, entonces, que el chico travieso lejos de ser una amenaza pública, se ha convertido en un benefactor social!.

Hasta aquí la historia, pero veamos el caso desde otra perspectiva.

La multitud estaba en lo cierto al menos en algo: la ventana rota implicará más ganancia para algún vidriero, quien seguramente, se pondrá muy feliz gracias a este pequeño acto de vandalismo. Pero ¿Qué sucede con el panadero?

El panadero tendrá $100 menos para gastar, por ejemplo, en comprarse un traje nuevo.

Debido a que tuvo que reponer su vidriera, se quedará sin su traje nuevo (o cualquier otra cosa que hubiese deseado adquirir). En lugar de tener una ventana y $100, ahora sólo tiene la ventana. Más bien, como él pensaba ir a comprarse el traje esa tarde, en lugar de tener ambas cosas, la ventana y el traje, deberá contentarse con tener solamente la ventana.

Si pensamos en el panadero como miembro de la comunidad, la misma ha perdido la posibilidad de tener un nuevo traje que de otra forma hubiese existido, es decir que en este sentido: se ha empobrecido (carece de algo que necesitaba).

La ganancia que obtiene el vidriero, no es otra cosa que la pérdida que tiene ahora el sastre. Ningún nuevo  “empleo”  ha sido creado.

La multitud solamente estaba pensando en 2 partes de la transacción: el panadero y el vidriero. Se olvidaron de la 3a parte potencial involucrada en ella: el sastre.

Ese olvido se debe precisamente a que el sastre nunca entró en escena.

La gente verá la nueva ventana colocada al día siguiente. Lo que nunca verán es el traje nuevo, simplemente porque nunca será confeccionado. Ven solamente lo que es inmediatamente visible a sus ojos.

Esta “Falacia de la ventana rota”, bajo innumerables disfraces ha sido una de las más persistentes en la historia de la economía.

Es solemnemente reafirmada cada día por grandes capitanes de la industria, cámaras de comercio, lideres sindicales, editorialistas y periodistas radiales, expertos en estadísticas y profesores de economía de las mejores universidades.

Artículo adaptado originalmente al castellano por el Instituto Ecuatoriano de Economía Política (IEEP) para su serie: Ideas de Libertad.

fotografía vía Quod