Yo, el lápiz


Yo, el lápiz es un ensayo en el que  Leonard E. Read cuenta la historia de un lápiz Mongol 482 de la compañía Eberhard Faber. El lápiz cuenta detalladamente su creación, enumera los materiales de que está compuesto, cedro, laca, grafito, regatón, facticio, piedra pómez, cera, pegamento y las numerosas personas involucradas para obtener dichos materiales, crear el producto, usarlo, distribuirlo. En esta extensa red de relaciones incluye a la mesera que le sirve café a los leñadores que cortaron la madera con que está fabricado, al barrendero en la fábrica y al guardián del faro que guía el envío en el puerto. Plantea que no hay una persona en el mundo que sepa cómo hacer un lápiz, puesto que los involucrados sólo tienen una pequeña parte de la información, el resto es un conocimiento disperso que nadie puede controlar.

El título completo del ensayo es “Yo, el lápiz. Mi árbol genealógico, según Leonard E. Read” y fue publicado por primera vez en diciembre de 1958 de The Freeman. Fue reimpreso en mayo de 1996 y en un folleto titulado “Yo… Lápiz” en mayo de 1998. En la reimpresión, Milton Friedman escribió la introducción y Donald J. Boudreaux escribió el epílogo. Puede encontrar una versión en español acá.

El vídeo que comparto, es parte de una serie del Competitive Enterprise Institute y hace una muy buena adaptación del texto original.

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porque me ha tocado gobernar en un pueblo de gente de voy


“-Aquí, Miguel, donde yo tengo que hacerlo todo, estar en todo, porque me ha tocado gobernar en un pueblo de gente de voy -dijo al sentarse-, debo echar mano de los amigos para aquellas cosas que no puedo hacer yo mismo. Esto de gente de voy -se dio una pausa-, quiere decir gente que tiene la mejor intención del mundo para hacer y deshacer, pero que por falta de voluntad no hace ni deshace nada, que ni huele ni hiede, como caca de loro. Y es así como el industrial se pasa la vida repite y repite: voy a introducir una fábrica, voy a montar maquinaria nueva, voy a esto, voy a lo otro, a lo de más allá; el señor agricultor, voy a implantar un cultivo, voy a exportar mis productos; el literato, voy a componer un libro; el profesor, voy a fundar una escuela; el comerciante, voy a intentar tal o cual negocio, y los periodistas -¡esos cerdos que a la manteca llaman alma!- vamos a mejorar el país; mas, como te decía al principio, nadie hace nada y, naturalmente, soy yo, es el Presidente de la República el que lo tiene que hacer todo, aunque salga como el cohetero. Con decir que si no fuera por mí no existiría la fortuna, ya que hasta de diosa ciega tengo que hacer en la lotería…” (Miguel Ángel Asturias, El señor presidente)

Por si hace falta la referencia, tomé esa cita del capítulo XXXVII de El señor presidente, novela en la que Miguel Ángel Asturias cuenta la historia de un dictador y del país que dirige con mano firme, de las torturas y de la poca esperanza con la que puede vivir la gente de dicho lugar, del asesinato de uno de los hombres de confianza del caudillo y de las repercusiones que por ese evento viven algunos de sus enemigos. El presidente está basado en Manuel Estrada Cabrera y la historia, en la dictadura que ejerció durante 22 años en Guatemala. La cita pertenece a uno de los momentos en que el presidente justifica sus acciones y me parece más interesante hablar de la conducta de la gente que da pie a opiniones como esa, que del anhelo “protector” del personaje.

Creo que todos en algún momento tomamos la actitud de Felipe (el personaje de Quino, que es amigo de Mafalda) y nos sentamos en nuestra sillita a decirnos que haremos muchas cosas que después no llevamos a cabo, y eso está bien, porque no se trata de andar en nuestro tanque aplastando casas y carros que se cruzan por nuestro camino solo porque decidimos dejar de dejarlo para mañana. Se trata de que a veces posponemos la lectura de ese libro cuyas ideas odiamos sin saber bien por qué, porque nunca lo hemos leído. A veces decimos que mañana sí vamos a enterarnos mejor de la fuente de las noticias antes de opinar. A veces dejamos para otro día eso de cuestionar las ideas de la gente que tiene influencia en nuestra vida, en la vida de muchos otros, y nos convertimos en una masa de gente irreflexiva, en lugar de ser una masa de gente crítica que no se deja llevar por la histeria colectiva.

Dice por ahí que siempre hay un roto para un descosido, así que para que un dictador tenga éxito y venga a querer cuidarnos de nosotros mismos, se necesita que haya personas que dejaron de creer que deben luchar por proteger su libertad, por conseguir su felicidad y por defender por sí mismos su vida y sus ideas.

Si fuera sólo de pastorear ideas


Curiosidad, fuente de las virtudes. Foto de María Fernanda Peter

La sala estaba llena de jóvenes, empresarios, emprendedores, inversionistas, profesores y alguno que otro curioso. Escuchamos las historias de las empresas de los cuatro conferencistas y luego vino el tiempo para las preguntas. Los cuatro empresarios se sentaron y nos hablaron de los obstáculos que habían superado para tener éxito, de lo que aprendieron de la experiencia, de sus dudas iniciales, de sus retos para el futuro. Un joven levantó la mano y les preguntó si tenían algún tipo de programa de apoyo para nuevos emprendedores, que qué hacían sus empresas para contribuir con un ecosistema de desarrollo donde surjan ideas y empresas nuevas. Los cuatro se quedaron callados y luego intentaron alguna justificación, no sabían exactamente qué responder, hablaron del apoyo que le dan a ciertos empleados sobresalientes y se sintieron un poco culpables por “no darle más a la sociedad”.

Lo que estos jóvenes empresarios perdieron de vista fue que le dan a otros su ejemplo, eso era lo que estaban haciendo ahí al compartir sus historias, estaban inspirando a otros para luchar por su idea. También perdieron de vista que gracias a sus empresas hay otras empresas que también crecen. Sus proveedores se benefician del éxito de esas cuatro empresas y así se va creando un “ecosistema”, un universo benevolente. Benefician a sus clientes, porque resuelven sus necesidades. Gracias a ellos no vivimos en un mundo altruista donde alguien sale perdiendo porque otro lo sacrifica, una ambiente de caníbales, eso es algo muy distinto.

Atrás de la reacción de los empresarios que no saben por qué sus empresas son buenas para el mundo hay una serie de ideas. Durante años han escuchado que su labor es perversa, no porque sean tramposos, explotadores, trinqueteros o antiéticos, simplemente por tener una empresa, por trabajar duro y obtener ganancias, algo que otros no hacen porque esperan obtener ganancias sin trabajar o que les regalen todo lo que necesitan.

Las ideas son poderosas, pero no nos llegan por ósmosis, por contagio, por leer La rebelión de Atlas o el libro rojo de Mao, no nos las incrustan en la cabeza en clase, por mucho que algunos crean que es así. No somos ovejitas que aceptan y callan, no tienen que pastorear las ideas que siembran en nosotros. Las ideas hay que trabajarlas conscientemente y para ello necesitamos exposición directa, análisis e introspección. Nadie puede obligarte a pensar, a creer algo que tú no quieras creer, para que te convenzan de una idea tú tienes que acceder y dejar que esa idea sea parte de tu vida.

Hay mucha gente que dice que los empresarios son malos, que las ideas de Ayn Rand están equivocadas, que el ser humano es un insecto, ¿estas son verdades incuestionables? Afortunadamente también hay personas que creen que el hombre es un ser magnífico; que ser empresario no es ser oportunista y lo demuestran con su calidad moral; que nos dan ejemplos, no para convencernos a tontas y locas, sino para hacernos reflexionar sobre las cualidades humanas, como Walter Peter con su escultura “Curiosidad, fuente de las virtudes”, que nos recuerda que debemos conocer, leer, cuestionar, soñar y no rendir nuestra mente bajo ningún pretexto.

Las palabras de Howard Roark


La historia  trata de un arquitecto llamado Howard Roark a quien un amigo, Peter Keating, le pide diseñar unos edificios de apartamentos. Roark le dice que lo hará con la condición de que su diseño sea respetado, que no le hagan cambios. Roark se va de viaje y cuando vuelve descubre que construyeron el edificio pero que cambiaron su diseño. Se enoja y dinamita el edificio una noche. No hay víctimas pero la construcción queda reducida a escombros. Llevan a Roark a juicio y éste es el discurso de su defensa.

Roark plantea su opinión con mucha claridad y uno tiende a estar totalmente de acuerdo o totalmente en desacuerdo con él, por ello, cuando discuto este texto con estudiantes o gente de un club de lectura, me gusta empezar por saber qué idea les sorprendió más. Las palabras de Roark son fuertes, son una defensa admirable del individuo y su fuerza creadora, un llamado a pensar en la moralidad de nuestro trabajo, en la necesidad de convivir con otras personas con reglas claras y en condiciones de justo intercambio. ¿Qué me sorprende del discurso? Que el juicio es por haber dinamitado un edificio y se convierte en un juicio en donde se acusa a un hombre por ser un creador, un individuo independiente.

Imágenes del capitalismo II


Imagen tomada de: http://bit.ly/O3kSgC

Me parece que la historia que cuenta la imagen no comienza en el primer cuadro. Para sacar mejores conclusiones deberíamos conocer el principio; sin embargo, eso no nos impide jugar un poco con ella.

La historia trata de un sujeto sentado a la sombra de un árbol en un día soleado. Está tranquilo, sin hacer nada más que contemplar el horizonte. Llega un segundo individuo, ve el árbol, lo corta, construye una casa y se la vende al primero, que queda muy triste en su nueva galerita. Al principio del cuento me gustaría saber ¿quién es el dueño del árbol? Si le pertenece al primer sujeto, los siguientes cuadros no son un ejemplo de capitalismo, sino de socialismo: llega alguien del gobierno, le roba su propiedad y luego le cobra para que la use de la forma en que ellos le dicen que debe hacerlo, ellos controlan el precio de compra-venta y los usos que le puede dar a la propiedad. Un ejemplo de mercantilismo: llega un “empresaurio” que hace uso de sus privilegios, le roba su árbol, él no puede ir a las autoridades porque ese individuo tiene comprada a la justicia. Construye la casa y se la vende a quien era dueño de la materia prima. Sería un ejemplo de capitalismo si el empresario le compra el árbol, porque lo que le vendería después no sería madera, sino una casa producto de un proceso de construcción. Si el individuo no era dueño del árbol y sólo estaba ahí sentado, no podría reclamar que el otro use la materia prima para construir lo que quiera y venda su producto al precio justo.

Me parece que la historia no termina ahí, porque un árbol puede ser un agradable refugio del sol, aunque no es tan eficiente para protegerte de la lluvia, menos de una tormenta eléctrica o de las panteras y los osos. Supongo que por ello no vivimos en árboles. Tomar materiales de la naturaleza y transformarlos es la forma de crear riqueza. En este caso el segundo individuo transformó el árbol y eso tiene un costo, gracias a ese proceso él obtuvo una ganancia. Creo que la imagen intenta cuestionar la moralidad del capitalismo con uno de sus elementos, que un emprendedor llegue, tome un material y lo transforme. La parte que deja de lado es contar a quién le pertenecía ese material y la virtud de trabajar en él para construir algo que beneficiará al primer individuo, que no hizo nada con el árbol en primer lugar.

Una de estas cosas no es como las otras


Imagen tomada de: http://bit.ly/O7j3os

En el mundo hay algo así como 7,031,701,608 personas. De esos siete mil millones y pico, dicen que unas 8,600,000 personas son millonarias y que 1,200,000,000 viven en extrema pobreza. Yo represento el 0.00000001 % de la población mundial y no estoy en ninguno de esos dos extremos.

Desperté haciendo cuentas, porque ayer leí un artículo sobre la tendencia igualitaria de algunos intelectuales en los años 70, en el que decía que ellos: “No prometen elevar el estándar de vida de los hombres, proclaman que debería ser disminuido. No tratan de redistribuir la riqueza, tratan de destruirla. ¿Qué queda entonces de su anterior credo? Sólo una constante: el sacrificio, que ahora predican abiertamente de la misma forma que siempre lo habían aprobado en secreto: ‘el sacrificio por el sacrificio mismo’.(“Una carta sin título”, en Filosofía ¿quién la necesita?, de Ayn Rand, página 211)

Yo nunca me consideré parte del 99% y sigo sin entender bien qué pretende o pretendía ese movimiento, tampoco soy del 1% (necesitaría tener a 69,999,999 de personas de mi lado para serlo). Soy una persona que se levanta cada mañana para ir a trabajar, que cumple las leyes, que no quiere meterse en problemas, sólo hacer su parte. Tengo algunos héroes y modelos a seguir, admiro a algunas personas y me gustaría hacer cosas excepcionales y vivir en un mundo mejor. Por lo pronto no quiero tener mi propia isla o viajar en mi jet privado para ir a cenar a París, realmente no necesito un armario lleno de vestidos de diseñador. Quizás no tengo en mis manos el poder para erradicar el hambre en el mundo y darle cosas a los pobres y hacer que el mundo viva en paz. Lo que tengo son ideas, ideas valiosas que me gusta compartir de persona en persona:

1. La filosofía te responde la pregunta de ¿cómo vivir?, cada quien debe responder el ¿para qué vivir?

2. La libertad es personal e intransferible, uno no puede hacer que otros sean libres. Cada quien debe entender y respetar la libertad de los otros.

3. La riqueza representa bienes que se han producido pero aún no se han consumido. La riqueza no es algo que se encuentre por ahí, hay que trabajar para obtenerla, transformar la materia, producirla.

4. Cada persona que vive en el mundo es un individuo con diferentes capacidades, contextos, anhelos y necesidades. Hay gente que trabaja muy duro y se gana lo que tiene, hay otros que desperdician sus herencias o sus cheques de pensión. Hay gente honesta que sabe que su trabajo es valioso, que no necesita que le digan que su esfuerzo es perverso porque es mejor que el de otros. Cada persona puede decidir ser excelente en lo que hace.

5. No necesitamos límites, necesitamos que nos dejen crear, producir, vivir. No necesitamos inventar un nuevo sistema económico, necesitamos comprender y usar el capitalismo para resolver muchos de los problemas que aquejan al mundo. Necesitamos pagar por nuestra comida, nuestra educación, nuestra casa, necesitamos que cada persona entienda que no hay cosas gratis en el mundo, que no es injusto tener que trabajar para conseguirlas. Necesitamos una revolución moral para que cada persona salga de ese 99% y se convierta en un individuo que puede ser mejor cada día, que puede estar orgulloso de sí mismo y de su trabajo.

Lo digo en serio


Hace unas semanas escribí un post sobre la campaña de Asíes (supongo que es de ellos porque en las vallas publicitarias aparece como institución que firma al pie del anuncio) para crear conciencia de la necesidad de combatir la desnutrición en Guatemala, donde analizaba de forma muy breve su propuesta, luego les respondía si a mí me importaba el problema y, finalmente, hacía una crítica a los que considero son sus puntos débiles. Un amigo compartió mi texto en FB y éste recibió las dos respuestas de la imagen. Después de meditarlo mucho, decidí copiar estas respuestas y comentar al respecto, no porque crea que mis comentarios son incuestionables, sino porque me sorprende mucho esa necesidad de “imparcialidad” en ambos. Hacer una crítica no es fácil. No se trata sólo de decir que algo no me gusta porque no y después montar un berrinche sin argumentos. Se trata de evaluar al sujeto criticado y señalar los puntos precisos con los que uno está o no está de acuerdo.

A mí no me parece que el esfuerzo de esta campaña sea particularmente “honesto”, por ello no señalé este punto en mi crítica; pero más importante, la honestidad de un proyecto no hace que éste se convierta en algo que no puede ser criticado, es bien sabido que de buenas intenciones está empedrado el camino del infierno. ¿Cuándo decidimos que criticar a los proyectos que están pidiendo mi ayuda, mi dinero y mi tiempo es injusto, inhumano? Después de leer estos comentarios me pregunté si criticar ésta y otras campañas es enfermizo y parcializado de mi parte, hasta que me pregunté si acaso ¿no es enfermizo que una organización te diga que sos una mala persona por no darles dinero? ¿No es enfermizo que te digan que hacés mal en cuestionar una campaña más, que tampoco solucionará nada? ¿No es enfermizo que te culpen por problemas que tú no creaste? ¿No es enfermizo que te digan que una parte de la población es incapaz de sobrevivir si tú no les das esos Q50 para limpiar tu culpa?

El primer comentario dice que citar a Mises no resuelve nada, el segundo dice que yo parezco muy segura de saber las causas reales de la desnutrición, y ambos descalifican la honestidad de mis ideas. Cuando yo hago un comentario, lo hago en serio. No sé cómo puede uno sostener una discusión, una crítica, un comentario sin ideas firmes. La historia, la realidad, ha demostrado que la única forma de eliminar la pobreza es creando riqueza, porque aunque seás un parásito o saqueador muy efectivo, si aquel al que le estás quitando su dinero, deja de producir, ya no tendrás dinero que saquear. ¿Mi texto no propone soluciones? Quizás mi texto no propone que vayamos todos a visitar las casas de aquellos que se mueren de hambre en el interior de la República, lo que está dentro de mi texto es la propuesta de que hagamos una revolución moral, de que enfrentemos los problemas con ideas, no ideas que repetimos sin saber de dónde vienen, sino ideas que hemos cuestionado, en las que creemos. Es tiempo de que cada uno empiece a hablar en serio, que piense a dónde van sus esfuerzos y los esfuerzos que hacen los otros para que no nos atormenten con campañas para rompernos el corazón.