La historia bíblica de Ananías y la colectivización de la propiedad


Cualquier similitud es pura coincidencia y esta historia que cuenta la Biblia me parece tan acertada para explicar la manera en que el Estado ahora nos ataca.

La historia de Ananías narra cómo este hombre muere “de vergüenza” luego de ocultar las ganancias de una propiedad que le pertenecía.  En esa época, las ganancias y la venta de las propiedades era colectiva y los réditos de cualquier transacción eran administrados por la Iglesia.  La “vergüenza” a la que se refiere la Biblia no es más que una figura para representar el castigo de la Iglesia y sus miembros luego de que Ananías hizo valer uno de los derecho más importantes, el de propiedad privada y el derecho a lucrar con la venta de la misma.

Actualmente, por fortuna, la Iglesia ni ninguna institución religiosa tiene el control para robar las ganancias obtenidas de nuestra propiedad; pero, en su lugar, el Estado se ha convertido en el albacéa de ese control impuesto.  El pago de impuestos forzosos sobre las rentas de los ciudadanos y la expropiación de la propiedad en nombre del bien público es un reflejo actual y preocupante de la manera en que el Estado viola uno de los derechos de acción más importantes: lucrar de nuestra propiedad privada y trabajo.

Los dejo con la espeluznante historia bíblica de una muerte anunciada,

“Un hombre llamado Ananías, junto con su mujer, Safira, vendió una propiedad,  y de acuerdo con ella, se guardó parte del dinero y puso el resto a disposición de los Apóstoles.  Pedro le dijo: «Ananías, ¿por qué dejaste que Satanás se apoderara de ti hasta el punto de engañar al Espíritu Santo, guardándote una parte del dinero del campo?  ¿Acaso no eras dueño de quedarte con él? Y después de venderlo, ¿no podías guardarte el dinero? ¿Cómo se te ocurrió hacer esto? No mentiste a los hombres sino a Dios».  Al oír estas palabras, Ananías cayó muerto. Un gran temor se apoderó de todos los que se enteraron de lo sucedido.”