Hablando de los impuestos y ser mejor persona


Una amiga me hizo un comentario respecto al post en que me preguntaba si pagar impuestos me hace mejor persona, me dijo: “Por supuesto que no me hace mejor persona, pero lamentablemente, aquí en Guatemala si no los pago, corro el riesgo de ir a la cárcel y obtener una condena, mucho más rápido que el proceso de un asesino.”

Primero me recordó una entrevista en la que el Doctor Martin Krause responde a la pregunta ¿El liberalismo le da la espalda a los desprotegidos? (pueden verla acá) él habla de la benevolencia y explica cómo una persona puede ser generosa con lo propio y no puede decir que lo fue cuando pagó impuestos a ciegas para que otro hiciera algo “bueno” con ese dinero. Espero no haber dado la impresión de estar proponiendo volvernos evasores de impuestos, porque mientras vivamos bajo ciertas leyes hay que cumplirlas. Mi idea era hablar de las justificaciones que nos damos a nosotros mismo cuando pensamos que estamos “haciendo el bien” al pagar nuestros impuestos.

También me hizo preguntarme el motivo por el que el gobierno le pone tanto empeño a perseguir a los evasores de impuestos. Mi primer impulso fue pensar en la simple corrupción, si los funcionarios se roban el dinero que todos damos, tienen menos que robar si algunos no dan, así que persiguen a esos para tener más que robar y para dar la impresión de que son muy honestos y persiguen y castigan a los ladrones. Llevando la idea a un plano menos corrupto, creo que tiene que ver con la naturaleza de los propios impuestos. Cada ciudadano aporta una parte de sus ingresos y eso se va a un fondo común que el gobierno administra. Es como si todos metiéramos nuestras monedas en el mismo cochinito y al final alguien tiene que decidir en qué invertirlo. Eso significa que lo que se usa en carreteras no se usa en medicinas, lo que le dan a unos significa algo que no le darán a otros. ¿Cómo se puede ser justo para repartir las monedas? ¿Cómo decidimos quién necesita más y quién necesita menos? Desde esta perspectiva, quien no mete su moneda en el cochinito es el peor ladrón de todos, porque nos está robando a todos y el gobierno le aplica todo el peso de la ley.

Si el gobierno es el único que tiene el poder para administrar nuestras monedas algún funcionario debe decidir cómo repartirlas. Si nos van a dar comida a todos (porque en todo caso la idea es que todos obtengamos los beneficios de aquello para lo que cooperamos) ese funcionario podría decidir que las galletas no son fundamentales para una dieta balanceada y las quitará de la lista de alimentos que nos dan, como damos mucho de nuestro dinero no podemos pagar nuestras galletas, así que poco a poco perderíamos nuestra libertad de elegir qué queremos comer.

El asunto no es preguntarnos si la salida es evadir impuestos, debemos preguntarnos por la moralidad de estos y por nuestra responsabilidad con nosotros mismos y nuestra libertad.