¿pagar impuestos me hace mejor persona?


Una de las cosas que menos me gustaron de mis años de colegio y universidad fueron los trabajos en grupo. Un día llegaba la maestra y nos decía que teníamos que trabajar con cuatro o cinco compañeros, con un poco de suerte nos dejaba elegir con quiénes trabajar, con menos suerte ella hacía los grupos. Una vez metidos en esa situación aparecía el entusiasta que armaba el proyecto y quería organizarlo todo, quien algunas veces se extralimitaba y empezaba a dar órdenes y asignar tareas sin dejar que los demás opinaran; estaba aquel al que le daba francamente lo mismo y hacía lo que le dijeron, ni una cosa más; y aquel otro que no hacía nada pero al final tenía que aparecer en la nómina del grupo y recibía el mismo punteo que el resto del grupo. Yo asumí cada uno de esos roles en diferentes oportunidades y aprendí algunas cosas:

1. Uno no siempre puede elegir con qué grupo trabajar. Así que si estás en un país, ya sea porque naciste ahí o porque las circunstancias te llevaron a quedarte, hay que acatar sus leyes y trabajar con su gente. Ello no quiere decir que debo renunciar a mis ideas y convertirme en un autómata que no piensa. Existe una diferencia sustancial entre comprender mi contexto y aceptar la realidad y dejar de ser un individuo responsable.

2. Hay personas que quieren controlar al grupo y que las cosas se hagan a su manera. Cuando uno elige a un presidente, está eligiendo al administrador que  trabajará para el proyecto de país. No elegimos a un rey al cual debemos servir y obedecer, tampoco elegimos a un jefe que nos ordene cómo vivir o a un padre que nos cuide. El presidente es la cabeza de una organización que debería llevar a cabo ciertas actividades específicas, como velar por el respeto a los derechos individuales, hacer que se respeten los contratos y ofrecer seguridad a los ciudadanos.  Sigue leyendo