Club de lectura de “La rebelión de Atlas”. Tercera reunión


En los primeros capítulos de la segunda parte de La rebelión de Atlas vemos algunas de las consecuencias de la partida de Ellys Wyatt, el mundo se convirtió en un lugar más frío y con menos certezas. La gente sigue desapareciendo y se acentúa esa sensación de que los personajes viven en “Ciudad Gótica” como comentó alguien.

Esta parte del libro se llama Una cosa o la otra, es la ley del tercero exlcuido, que postula que algo es A o No-A, pero no hay una tercera alternativa. En este punto seguimos buscando contradicciones y evaluando las premisas de los personajes. En el primer capítulo aparecen dos en los que podemos enfocarnos para este fin. Uno de ellos es Quentin Daniels, el joven científico que empieza a trabajar para Dagny intentando resolver el misterio del motor. El otro es La niñera, ese joven cínico que debe fiscalizar los movimientos de Rearden en su fábrica de metal. El científico representa, de alguna manera, la esperanza, la posibilidad de resolver un problema. El representante de la SAT en esa tierra es quien personifica al gobierno, ese sistema corrupto que no te deja opción para actuar más que como ellos desean, haciéndote saber que no tienes alternativa.

Antes de seguir adelante quiero aclarar algunos conceptos que nos serán de utilidad:

  • Una premisa es cada una de las dos primeras proposiciones del silogismo, de donde se infiere y saca la conclusión.
  • Una proposición es la expresión de un juicio entre dos términos, sujeto y predicado, que afirma o niega este de aquel, o incluye o excluye el primero respecto del segundo. Por ejemplo, la rosa es roja.
  • Un silogismo es un argumento que consta de tres proposiciones, la última de las cuales se deduce necesariamente de las otras dos. Por ejemplo, el hombre es mortal. Juanito es hombre. Por lo tanto, Juanito es mortal.

Las premisas de los personajes son los juicios que realizan para tomar decisiones y vivir su vida de una forma u otra. Quentin Daniels decide usar su mente para descifrar el diseño del motor y resolver el problema que se le planteó. Su premisa puede ser que el trabajo de la mente, el uso de la razón es la herramienta adecuada para resolver problemas. La niñera es enviado a fiscalizar el trabajo de Rearden, decide proponerle un acuerdo para que pueda entregarle más metal a sus amigos. Su premisa puede ser que todo se resuelve con dinero y que las reglas están para romperse. ¿Cuáles creen ustedes que son las premisas de estos y el resto de los personajes? ¿Cuál es la premisa de Francisco? ¿Es un hombre en que se puede confiar? ¿Cuál es la premisa de Cherryl? ¿Por qué decide casarse con Jim?

Club de lectura de “La rebelión de Atlas”. Primera reunión


El grupo está formado por más de veinte personas que, en su mayoría, no han leído La rebelión de Atlas o no pudieron terminar de leerlo en el pasado. La idea no es que simplemente lean la novela y se convenzan de cualquier cosa de la que podrían convencerse al leer una obra de ficción. La idea es que lean, analicen, se cuestionen y compartan sus dudas y comentarios con otros locos que andan en su tema. Quiero compartir algunas de las preguntas que tratamos durante la reunión y algunos puntos importantes de la lectura.

  • La primera parte del libro, titulada “la no-contradicción”, alude a la segunda ley de la lógica de Aristóteles, que dice que algo no puede ser A y no A al mismo tiempo, en el mismo contexto. En los primeros seis capítulos encontramos diversas contradicciones que van desde conflictos entre usar la razón o el corazón para tomar decisiones; cambios dramáticos en la conducta de personajes como Francisco d’Anconia que se convierte en un playboy que dilapida su fortuna y hace malas inversiones, o Ragnar Danneskjold que se convierte en pirata y atraca barcos en altamar. Hasta planteamientos para “ayudar al prójimo” como la ley de igualación de oportunidades, que aplicada a la literatura, por ejemplo, limitaría la venta de cualquier libro a diez mil ejemplares para que la gente no pudiera comprar un millón de un título y ninguno de otro. Aplicada a la industria limitaría a las personas a tener una sola empresa, en lugar de tener varias y limitaría su producción para que las empresas “pequeñas” tuvieran oportunidad ante las grandes. Sigue leyendo

El temor a la ciencia


El siguiente video es un fantástico ejemplo del temor a la ciencia, el escepticismo irracional y el uso del humor para engañar a las masas respecto a temas filosóficos que afectan nuestra vida diaria.  A pesar de que la antropologa en apariencia celebra los avances científicos su postura es en realidad pesimista y mal informada.  Los invito a ver el video y luego a leer algunos comentarios al respecto,

Amber Case: We are all cyborgs now

El temor a la ciencia y el progreso le ha costado el cuello a muchos científicos y a grandes hombres desde que el fuego y la rueda fueron inventados.  Y es que el avance de la ciencia ha sido siempre directamente inverso al avance del misticismo y las ideas místicas que buscan responder nuestras necesidades con ideas irracionales.

Nuestro siglo, el siglo que inició con la biotecnología y la nanotecnología no es la excepción. Aún ahora, el pensamiento anti-científico está a la orden del día y estas ideas reniegan de los avances científicos en distintos patrones de conducta que van desde,

A. los férreos opositores de la ciencia (llamados ludistas) que reclaman un retorno a nuestra condición salvaje (ejem. los ambientalistas),

B. Los escépticos que dudan de las externalidades negativas que algunos inventos podrían causar (ejem. energía nuclear, radiación en aparatos electrónicos, experimentación en células madre, etc.) y

C. Los pesimistas que apoyan el avance científico pero que temen un futuro en el que las máquinas dominen al hombre.

Esta última postura, no menos alarmista que las anteriores se popularizó durante el siglo XX con la corriente literaria de la novela de ciencia ficción.  Esta corriente, partía de las premisas:

A. Imaginar un mundo distópico.

B. Utilizar la tecnología como el causante del caos en la distopía.

C. Crear personajes que respondieran a los bajos sentimientos humanos (los vicios) como líderes de esos mundos distópicos.

D. Los héroes eran personajes románticos (científicos o gente vulgar) que romantizaba con la idea de “hubiesemos” o “en el pasado…”

Las ideas distópicas fueron populares a lo largo del s. XX y muchos intelectuales empezaron a suponer la posiblidad que el descubrimiento de máquinas con inteligencia superior a la humana en menor tiempo del esperado con el advenimiento de robots inteligentes y autónomos.  Sin embargo, algunos fueron un paso más allá y creyeron que los robots no sólo serían más inteligentes sino que también tendrían la característica que hace a los seres humanos excepcionales: el libre albedrío.

Es un hecho de la realidad que el libre albedrío no es algo que pueda crearse. Al menos no ahora y quizás tampoco en los siguientes 50 o 500 años.  Sin embargo, hay muchos que suponen que la inteligencia de los robots les permitirá desarrollar el libre albedrío por sí mismos y, por lo tanto, actuar en contra de sus creadores los seres humanos.

El temor a los avances científicos ahora dejó de identificarse con hombres de ciencia para empezar a satanizar los aparatos y descubrimientos científicos mismos.  Ahora los villanos no son genios como lo fueron Galileo Galilei o Nicolás Copérnico.  Los nuevos villanos son la televisión, el teléfono celular y los robots que actuan de manera autónoma.

Siempre habrá quienes renieguen de la ciencia y defienda la prevalencia del misticismo y la irracionalidad.  La antropóloga supone que el avance científico hace a los seres humanos menos introspectivos y por lo tanto menos inteligentes.  Además, celebra que a pesar de que la ciencia avanza nuestra “humanidad” se puede aún preservar (nuestra composición natural es más valiosa que cualquier invento “cyborg” que podamos crear). Así, esta antropóloga es un genial ejemplo de escépticos que dirán apoyar los avances científicos pero que, de una u otra manera, intentan alertar a la humanidad sobre los “peligros” que la ciencia conlleva al reemplazar nuestro lado “humano”.

No importa el nombre, tinte o excusa que pongan pues su filosofía de vida es la misma: todos temen a la razón y al progreso.  No dejemos que sus preocupaciones se materialicen en nuestras vidas.  Celebremos la ciencia y la razón.