La panacea de la dictadura


6927_292420110631_2841317_nAyer fui a un seminario donde alguien dijo que una dictadura es lo que se necesita para establecer un sistema capitalista en el país. Eso me llevó a preguntarme por qué creemos que un dictador haría ese trabajo en lugar de pensar en que necesitamos una revolución moral, una revolución de ideas. Traía esta pregunta en mente y lo comenté con mi vecina de escritorio, así que Lucy Rodríguez me dejó leer sus reflexiones sobre el tema, y me dejó compartir acá “La panacea de la dictadura” :

Recuerdo cuando estaba en el colegio, sin importar el malestar que sintiera la panacea siempre era la misma: vaya a pedir un té de pericón. La queja podía ser me duele la cabeza, tengo cólicos, me duele la espalda o el estómago, la recomendación no cambiaba: tómese un té de pericón. Aunque al principio me frustraba, luego fui más comprensiva, no podía esperar que maestras de colegio me dieran una solución que sólo alguien con conocimiento médico podía darme.
Hoy experimento una frustración similar en las aulas de ciencia política, sin importar el problema guatemalteco que estemos analizando, la panacea siempre es la misma: ¡dictadura, dictadura! La discusión puede tratarse de corrupción, el problema del crimen organizado, la debilidad en la estructura estatal, la falta de alcance, inestabilidad, desorden, ingobernabilidad, todos parecen tener la misma receta: dictadura.
Me he dado cuenta que es una respuesta apresurada y superficial que no toma en cuenta muchos factores. Uno de ellos es el hecho que Guatemala no cuenta con una maquinaria estatal lo suficientemente eficiente como para que las acciones de este mesiánico dictador se lleven a cabo. Por muy brillante, amante de la patria y sabio que sea el dictador, si no cuenta con un personal competente dentro de su gobierno, difícilmente puede llevar a cabo su milagroso plan para mejorar Guatemala. Sin la estructura necesario, en vez de tener un dictador a la cabeza, se tiene a un autoritario con delirio de grandeza que da órdenes que se marchitan en el camino.
Aún más peligroso fuera si nuestro país contara con tal estructura, tendríamos una figura en el poder con pocos límites, sin ser sujeto de rendición de cuentas a quien nadie podría controlar. Sin importar lo intachable que fuera esta persona, en palabras de Lord Acton “el poder corrompe, y el poder absoluto corrompe absolutamente”. No existirían mecanismos para enderezar a este dictador si se perdiera en el camino.
Lo más triste es que la panacea sólo mantiene vigente la tendencia a endosarle los problemas a alguien más. -¿Quién arregla esto? – ¡Zafo! Que lo arregle el dictador, este país está tan enredado que yo no puedo desatar este nudo. Una dictadura no hace más que reforzar la tradición paternalista, pues no ubica la responsabilidad de sacar al país adelante en la sociedad sino en un personaje al que se le ve con capacidades extraordinarias.
En adición un dictador no respeta los derechos de la población, no tiene por qué hacerlo. No es la población quien lo elige, no representa a la ciudadanía, no hay motivo alguno por el que deba respetar a la sociedad que gobierna. Su misión es reestablecer el orden y sus medios pasan por encima de los derechos de los habitantes del país. Antes de recetar un dictador sería bueno preguntar a los alemanes, a los norcoreanos, a los ugandeses, sin ir tan lejos, a los cubanos o a los venezolanos, como les supo la medicina.

porque me ha tocado gobernar en un pueblo de gente de voy


“-Aquí, Miguel, donde yo tengo que hacerlo todo, estar en todo, porque me ha tocado gobernar en un pueblo de gente de voy -dijo al sentarse-, debo echar mano de los amigos para aquellas cosas que no puedo hacer yo mismo. Esto de gente de voy -se dio una pausa-, quiere decir gente que tiene la mejor intención del mundo para hacer y deshacer, pero que por falta de voluntad no hace ni deshace nada, que ni huele ni hiede, como caca de loro. Y es así como el industrial se pasa la vida repite y repite: voy a introducir una fábrica, voy a montar maquinaria nueva, voy a esto, voy a lo otro, a lo de más allá; el señor agricultor, voy a implantar un cultivo, voy a exportar mis productos; el literato, voy a componer un libro; el profesor, voy a fundar una escuela; el comerciante, voy a intentar tal o cual negocio, y los periodistas -¡esos cerdos que a la manteca llaman alma!- vamos a mejorar el país; mas, como te decía al principio, nadie hace nada y, naturalmente, soy yo, es el Presidente de la República el que lo tiene que hacer todo, aunque salga como el cohetero. Con decir que si no fuera por mí no existiría la fortuna, ya que hasta de diosa ciega tengo que hacer en la lotería…” (Miguel Ángel Asturias, El señor presidente)

Por si hace falta la referencia, tomé esa cita del capítulo XXXVII de El señor presidente, novela en la que Miguel Ángel Asturias cuenta la historia de un dictador y del país que dirige con mano firme, de las torturas y de la poca esperanza con la que puede vivir la gente de dicho lugar, del asesinato de uno de los hombres de confianza del caudillo y de las repercusiones que por ese evento viven algunos de sus enemigos. El presidente está basado en Manuel Estrada Cabrera y la historia, en la dictadura que ejerció durante 22 años en Guatemala. La cita pertenece a uno de los momentos en que el presidente justifica sus acciones y me parece más interesante hablar de la conducta de la gente que da pie a opiniones como esa, que del anhelo “protector” del personaje.

Creo que todos en algún momento tomamos la actitud de Felipe (el personaje de Quino, que es amigo de Mafalda) y nos sentamos en nuestra sillita a decirnos que haremos muchas cosas que después no llevamos a cabo, y eso está bien, porque no se trata de andar en nuestro tanque aplastando casas y carros que se cruzan por nuestro camino solo porque decidimos dejar de dejarlo para mañana. Se trata de que a veces posponemos la lectura de ese libro cuyas ideas odiamos sin saber bien por qué, porque nunca lo hemos leído. A veces decimos que mañana sí vamos a enterarnos mejor de la fuente de las noticias antes de opinar. A veces dejamos para otro día eso de cuestionar las ideas de la gente que tiene influencia en nuestra vida, en la vida de muchos otros, y nos convertimos en una masa de gente irreflexiva, en lugar de ser una masa de gente crítica que no se deja llevar por la histeria colectiva.

Dice por ahí que siempre hay un roto para un descosido, así que para que un dictador tenga éxito y venga a querer cuidarnos de nosotros mismos, se necesita que haya personas que dejaron de creer que deben luchar por proteger su libertad, por conseguir su felicidad y por defender por sí mismos su vida y sus ideas.

Dos libros y mi forma de ver el mundo


El primer libro es El fin es mi principio, donde Tiziano Terzani cuenta la historia de su vida a través de una conversación con su hijo Folco. Terzani fue un periodista italiano, de izquierda, “antiamericano”, que se admite parcial en cuanto a ideología, lo cual implica que conscientemente su trabajo siempre tuvo un punto de vista sesgado a favor del socialismo. Fue un hombre de mundo, un periodista que buscó la verdad en las historias y no se conformó con la versión de los hechos que le ofrecían las fuentes oficiales. Si bien a lo largo de su relato hay ideas suyas con las que no coincido, me resultó fascinante por su integridad, por su fascinación con el proyecto social de Mao, incluso por su admiración al Che Guevara.

Tiziano nació en un barrio popular de Florencia y declara que al nacer pobre tuvo que compensar esa pobreza, no económica sino socialmente. Ese es el origen de su compromiso social y su identificación con los oprimidos y la clase de los desheredados. Su época estuvo marcada por la descolonización y las guerras, fue testigo eventos históricos como el fin de las colonias del imperio británico y  la guerra de Vietnam. Después de mucho intentarlo llegó a China y se sintió profundamente impresionado al ver a toda la gente vestida de la misma forma, con las mismas cosas, sin diferencia de rango o clase.

Cuando conocemos de cerca la pobreza y luego pensamos en la gente que despilfarra el dinero, podemos pensar que el mundo debería ser más así, con las mismas cosas para todos, para que nadie tenga hambre y para eliminar ese deseo que nos hace “consumir cual si fuéramos máquinas”.

El segundo libro es 1984, donde George Orwell nos cuenta la historia distópica de un mundo controlado por un hermano mayor, donde la gente es programada para olvidar su historia y para no cometer delitos de pensamiento. Donde el que se atreve a desafiar al gobierno es sometido a un lavado de cerebro a fin de eliminar cualquier rasgo de individualidad, autoestima, amor y autorespeto. En esta sociedad el control ha llegado a niveles de absoluta intromisión, hay pantallas por todos lados y se mantiene latente en cada página que el hermano mayor te está observando. La gente no tiene permitido mostrar emociones, no tiene permitido pensar.

Cuando vamos cediendo nuetras libertades a cambio de la seguridad que nos ofrece el hermano mayor, perdemos más de lo que ganamos. Si en algún momento decidimos que el mejor camino para nuestra sociedad es renunciar a nuestra razón, a nuestra responsabilidad como individuos, no estamos muy lejos de obtener a un dictador que nos controle la vida y no hablo sólo de que nos den dos pantalones iguales a cada uno o que no aspiremos a comprarnos un Mercedes Benz porque eso no es a lo que aspira la mayoría, hablo de que la línea es muy delgada y cuando nos damos cuenta de lo que está pasando ya nos están diciendo qué pensar y qué sentir.

En mi forma de ver el mundo la gran contradicción de Tiziano es más bien un error conceptual. Él cree que lo que conoce como “capitalismo” es la causa de las grandes desigualdades sociales, de la intervensión de los Estados Unidos en las dictaduras latinoamericanas, de la guerra de Vietnam. Creo que, a final de cuentas, es simplemente la etiqueta que eligió para aquellas cosas con las que no estaba de acuerdo. Porque una cosa es el capitalismo y otra es el intervensionismo, el mercantilismo.

En mi forma de ver al mundo la solución para la pobreza no está en crear controles y otorgarle el poder al gobierno para convertirse en ese temido hermano mayor, la solución es crear riqueza, la solución es comprender que tenemos la gran responsabilidad de luchar por nuestra libertad, por nuestra individualidad, por nuestra felicidad, cosa que no lograremos si no conocemos nuestra historia y la historia del mundo, cosa que no lograremos confiando en que alguien más hará el trabajo por nosotros.

Vivir en una jaula de oro


Jaulas de luz y de oro

Hace una semana estuve escuchando la conferencia que impartió el doctor Gabriel Zanotti  como lección inaugural del primer semestre de 2012 en la Universidad Francisco Marroquín. Si bien su tema era ¿Se puede ser un buen cristiano y un buen liberal?, la idea que me quedó rondando en la cabeza fue su defensa de la libertad individual.

Las dictaduras surgen, nos explicó, de la oferta de protección que nos hace alguien, probablemente con toda la buena voluntad del mundo. Cuando somos pequeños, con un poco de suerte, tendremos alguien que nos cuide de los monstruos reales e imaginarios. Cuando crecemos nos quedamos solos para enfrentarnos a situaciones que no están bajo nuestro control,  en especial si nos vemos obligados a interactuar en una sociedad hostil,  de tal manera que la idea de un protector nos puede parecer seductora y le otorgamos al gobierno la potestad de convertirse en la figura de la madre o padre protector.

Cuando aceptamos dicha protección también aceptamos renunciar a ciertas libertades. Aceptamos estar seguros dentro de una jaula de oro y nos olvidamos del precio que estamos pagando, puesto que cuando alguien renuncia a su libertad por su seguridad pierde ambas.

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Seis mitos sobre el petróleo


Alex Epstein, experto en el tema, publicó un interesante ensayo en el sitio FoxNews.com en el que explica seis mitos detrás del petróleo y qué ideas están detrás de los mismos.  El artículo se titula “The 6 Myths About Oil” y acá hacemos una traducción libre con un resumen. Se lo recomendamos,

Cada estadounidense consume aprox. 3 galones de petróleo al día. Según los representantes del partido Republicano y Demócrata esta “dependencia” en el petróleo es una “adicción irracional y autodestructiva que debe ser detenida tan pronto como sea posible” y el reciente accidente de British Petroleum en el golfo de México ha servido para encender más estos argumentos.  Sin embargo, al examinar con atención los argumentos de este discurso veremos que están fundados en mitos y es innegable que el petróleo es una fuente de energía vital, viable y deseable para el futuro de la humanidad.

Mitos que Epstein cuestiona:

  • Mito # 1: la dependencia de USA en el petróleo es una adicción irracional y autodestructiva.
  • Mito # 2: existen tecnologías verdes (amigables con el ambiente) que son tan buenas o incluso mejores que el petróleo.
  • Mito # 3: como el petróleo es un bien escaso es inevitable que se acabe.
  • Mito # 4: la mayoría del petróleo que existe está en otros países y pueden “cortarnos” el acceso al petróleo y causar una catástrofe económica.
  • Mito # 5: el dinero del petróleo es utilizado para mantener dictaduras hostiles a USA y Occidente (por ejemplo, en Arabia Saudita, Irán, entre otros) y si usáramos menos petróleo estaríamos asegurando nuestra seguridad is les quitamos el dinero con el que se mantienen.
  • Mito # 6: el quemar petróleo produce CO2 y es un contaminante mortal que debe ser reducido drásticamente.
Las respuestas de Epstein a estos mitos son genialmente escritas en el ensayo publicado en FoxNews y se las compartimos: The 6 Myths About Oil” (en inglés)