La raza, el racismo y el capitalismo


“El racismo es la forma más baja y groseramente primitiva de colectivismo. Es la idea de atribuir significado moral, social y político al linaje genético de una persona, la noción de que los rasgos intelectuales y caracterológicos de un hombre son producidos y transmitidos por la química interna de su cuerpo.” Ayn Rand en la obra “La virtud del egoísmo”

El término raza surgió en su contexto moderno en el siglo XVII para distinguir entre grupos de seres humanos que se creyó compartían características hereditarias físicas.  Esta segregación se popularizó conforme se expandieron los imperios europeos (británica, española, francesa y danesa) y sirvió inicialmente para distinguir entre los grupos de seres humanos que habían sido esclavizados y el de los esclavistas.  Con el paso del tiempo, el término se amplió para distinguir no sólo entre los grupos de esclavos, sino también para incluir distintos “grados” de “blancura” y civilización superiores.

Ya en el siglo XVIII la práctica de distinguir entre distintas “razas de gente blanca” se había generalizado y surgieron prejuicios contra grupos étnicos que culminaron en el siglo XIX con los trabajos de darwinistas sociales como Herbert Spencer, Thomas Malthus, William Graham Sumner y Francis Galton (Galton fundó la eugenesia), entre otros.  Así, el término raza se empezó a utilizar para no sólo distinguir entre supuestos arbitrarios respecto a características hereditarias de grupos específicos sino también, para distinguir entre características de superioridad genética evolutiva a ciertas razas por encima de otras.

La eugenesia, la filosofía social que planteaba intervenir grupos raciales para mejorar rasgos hereditarios específicos se popularizó y no fue sino hasta en el siglo XX que sus planteamientos se comprobaron erróneos y arbitrarios.  Muchos continuaron defendiendo estas populares ideas y su ominosa culminación se evidenció con el horroroso genocidio de judíos, gitanos y otros grupos segregados en base a prejuicios raciales durante la Segunda Guerra Mundial.

La evidencia científica ha demostrado (ver bibliografía sugerida) que los seres humanos poseemos características hereditarias físicas que nos hacen únicos como individuos (color de pelo, tamaño de órganos, color de piel, sensibilidad a ciertas enfermedades, entre otros) pero que es imposible segregar a la especie en subdivisiones “raciales” que comparten características hereditarias comunes (en biología, los seres humanos somos clasificados como miembros de la especie homo sapiens).

En conclusión, utilizar el término “raza” para referirse a grupos específicos de personas es incorrecto y arbitrario.  Su uso tiene la intención de segregar dentro de nuestra especie en base a evidencia científica que no existe y es por lo tanto inconcebible su uso en ninguna conversación racional y objetiva.  En un sistema social y político racional sería imposible identificar entre distintos grupos raciales pues los mismos no son consecuencias de la herencia biológica que comparten y el término adecuado a utilizar es el de grupos étnicos o etnias.

Las etnias son poblaciones de “miembros que se identifican entre ellos, normalmente con base en una real o presunta genealogía y ascendencia común, o en otros lazos históricos. Las etnias están también normalmente unidas por unas prácticas culturales, de comportamiento, lingüística o religiosas comunes.”[1]

Más información y literatura sugerida:

      Sobre el derecho a la información en los libros digitales de Google


      Libros de Ayn Rand que tengo en mi biblioteca

      Libros de Ayn Rand que tengo en mi biblioteca

      Me encanta leer y tengo en mi biblioteca más de 400 libros impresos que en silencio esperan ser leídos.  Parece que soy mucho más eficiente comprando en Sophos y Amazon de lo que lo soy leyendo.

      Además, tengo otra biblioteca, oculta y desordenada, con libros digitales y audiobooks que alcanzan ya los 5,648 archivos en 206 carpetas distintas.  Las carpetas “root” están divididas en las áreas de economía, historia, ficción, filosofía, psicología, sociología y comics ilustrados.  La mayoría de los libros -ya sin derechos de autor- los adquirí en sitios web que permitían la descarga de libros digitales y desde entonces he leído ya varios.  Otros los compré con ganancias de publicidad en Amazon y lentamente mi lista ha ido creciendo.  Sin duda, terminar de leer estos libros me tomará varias décadas viviendo lejos, muy lejos, en una playa polinesia.

      Hoy terminé de leer el acuerdo de la Búsqueda de libros en Google y me dejó un horrible sinsabor pues el mismo fue apoyado por un grupo de personas que creían que todos los hombres tenemos derecho a la información y la educación.  Sin embargo, ni yo ni nadie, tiene un derecho a la información.

      Los derechos son principios morales que definen y restringen la acción humana en un contexto social.  Así, sólo existe un derecho fundamental y este es el derecho de un hombre a buscar la felicidad ie. actuar. El derecho del individuo de buscar la fecilidad implica que puede actuar y hacer todo lo que sea necesario para alcanzar la felicidad sin que nadie interfiera.  Este derecho de actuar es limitado sólo por el derecho de buscar la felicidad de los demás. (Para conocer más les recomiendo leer el libro “La virtud del egoísmo” de la filósofa Ayn Rand que tiene una fantástica explicación sobre qué son derechos y obligaciones)

      El hombre no tiene un derecho a la información; como tampoco tiene un derecho a la educación; como tampoco tiene un derecho a la salud.  El hombre tiene derecho de buscar su felicidad y de actuar para alcanzarla; así, si para él leer, educarse y estar sano son condiciones necesarias de la felicidad que busca entonces, esta persona podrá actuar -trabajar- para conseguir los medios necesarios que le permitirán conseguir sus deseos.

      El acuerdo de Google establece que uno de sus principios es cumplir con el derecho de las personas a la información; sin embargo, este derecho no existe pues nadie está obligado a dar la información, educación y conocimiento a otras personas.  Si las personas desean educarse y leer; entonces lo mejor es que se pongan a trabajar para conseguirlo.

      En muchas ocasiones, usualmente por ignorancia del conocimiento de filosofía, creemos que tenemos derechos a recibir y acceder a cosas.  Sin embargo, los derechos sólo nos permiten actuar y trabajar para conseguir nuestros deseos.  Por ahora seguiré leyendo y espero muy pronto poder disfrutar de un acuerdo que recompensará a los autores y las editoriales por la publicación de libros digitales.

      Sin embargo, no olvidaré que este acuerdo surgió luego de una batalla legal contra mentes perversas y carentes de filosofía que transgredieron los derechos de autores y editores en aras de “llevar información” al mundo entero.

      ¡Enhorabuena por la victoria de los dueños de los derechos de propiedad intelectual de los millones de libros digitales que estarán disponibles en Google!

      En defensa propia; el valor de la vida en America Latina


      Representación de la batalla entre David y Goliath

      La protección de la vida de las personas y la certeza de la justicia son el motivo por el cual los seres humanos establecieron sistemas de gobierno que tuviesen el monopolio de la fuerza.  Estas sociedades, seguras por la protección del gobierno, se desarrollaron luego de que los ciudadanos tenía la certeza de que su propiedad privada sería protegida.

      Sin embargo en muchas ocasiones las labores principales del gobierno han sido descuidadas cuando se le exige realizar labores que no le corresponden para asegurar el “bienestar común”.  Noticias de robos, asaltos y asesinatos empiezan a ser parte de la cotidianeidad y pocos años después la economía deja de crecer, las inversiones empiezan a huir y los corruptos empiezan a adquirir gigantezcas propiedades y a disfrutar de privilegios.

      El culmen de este desastroso ciclo se alcanza cuando el gobierno es capturado por el crimen organizado y la ciudadanía se ve a la deriva cuestionándose cuál es su derecho a defenderse y se enfrenta a la dicotomía de,

      • “bajar la cabeza, esconderse y vivir en silencio” o,
      • “morir en la defensa de sus derechos”.

      Para comprender la importancia del derecho del hombre a la vida y la importancia de exigir al gobierno que cumpla su misión de proteger a sus ciudadanos es necesario en estos momentos de alza de las tasas de criminalidad en America Latina recordemos las palabras de la filósofa objetivista Ayn Rand, quien explicó lo siguiente:

      La consecuencia necesaria del derecho del hombre a la vida es su derecho a defenderse. En una sociedad civilizada, la fuerza puede ser utilizada sólo en represalia y sólo contra aquellos que inician su uso. Todas las razones que hacen que el inicio de la fuerza física sea una maldad, hacen que el uso de fuerza física como represalia sea un imperativo moral.

      Si alguna sociedad “pacifista” renunciara al uso de la fuerza como represalia, se volvería impotente y quedaría a merced del primer delincuente que decidiese ser inmoral. Tal sociedad lograría lo opuesto a su intención: en vez de abolir el mal, lo fomentaría y lo recompensaría.   Lea más: www.Objetivismo.org

      La tragedia de los comunes en el lago de Atitlán


      El lago de Atitlán ha sido uno de los emblemas del patriotismo guatemalteco.  Su belleza y naturaleza incomparables han sido visitadas por cientos de miles de turistas y un pujante comercio turístico se ha desarrollado.  Sin embargo, el lento pero constante crecimiento de una bacteria en el lago terminó conviertiéndolo en un pantano según confirmaron el día de ayer.  Este caso es el claro ejemplo de lo que Garret Hardin estudió en 1968 con el famoso artículo en la revista Science [1] hablando sobre La tragedia de los comunes.

      Para ejemplificar la precariedad de la salud del lago, un informe del Ministerio de Ambiente determina que Atitlán tiene dos por ciento de oxígeno, mientras que un pantano tiene uno por ciento. Un lago sano debe tener ocho por ciento.

      Margaret Dix, científica de la Universidad del Istmo que ha estudiado la cianobacteria, explicó en el programa que la cianobacteria tiene la capacidad de alimentarse del fósforo ya sea en la superficie o en la profundidad del lago y puede buscar nitrógeno, por lo que la erradicación de esa especie depende de evitar que ambos elementos lleguen al lago y eso se logra dejando de utilizar fertilizantes químicos, detergentes y demás contaminantes. (link a noticia)

      ¿Y cuál es la tragedia del lago?

      La tragedia de los comunes es una explicación concreta de la manera en que la propiedad pública, en este caso el lago, (“sin dueño”) es utilizado para el beneficio de muchas personas (campesinos, pequeños empresarios, hoteleros, barqueros, pescadores, entre otros) sin que haya ninguna persona encargada directamente de velar por su cuidado, mantenimiento, preservación y regeneración.

      Sin embargo, en el caso del lago sí había un responsable de este cuidado y ha fallado en cumplir su rol.  El gobierno de Guatemala es el responsable del lago de Guatemala ya que en la Constitución de la República de este país el lago es considerado “dominio público” ie. propiedad del Estado de Guatemala y esta propiedad es, o debería, ser cuidada y preservada por los impuestos que los guatemaltecos pagan.  Lo anterior fue establecido en la Constitución de Guatemala artículos,

      Artículo 119.- Obligaciones del Estado. Son obligaciones fundamentales del Estado:  c. Adoptar las medidas que sean necesarias para la conservación, desarrollo y aprovechamiento de los recursos naturales en forma eficiente;

      Artículo 121.- Bienes del Estado. Son bienes del estado:
      a. Los de dominio público;  b. Las aguas de la zona marítima que ciñe las costas de su territorio, los lagos, ríos navegables y sus riberas, los ríos, vertientes y arroyos que sirven de límite internacional de la República, las caídas y nacimientos de agua de aprovechamiento (…)

      Artículo 125.- Explotación de recursos naturales no renovables. Se declara de utilidad y necesidad públicas, la explotación técnica y racional de hidrocarburos, minerales y demás recursos naturales no renovables.
      El Estado establecerá y propiciará las condiciones propias para su exploración, explotación y comercialización.

      Artículo 127.- Régimen de aguas. Todas las aguas son bienes de dominio público, inalienables e imprescriptibles. Su aprovechamiento, uso y goce, se otorgan en la forma establecida por la ley, de acuerdo con el interés social. Una ley específica regulará esta materia.

      Artículo 128.- Aprovechamiento de aguas, lagos y ríos. El aprovechamiento de las aguas de los lagos y de los ríos, para fines agrícolas, agropecuarios, turísticos o de cualquier otra naturaleza, que contribuya al desarrollo de la economía nacional, está al servicios de la comunidad y no de persona particular alguna, pero los usuarios están obligados a reforestar las riberas y los cauces correspondientes, así como a facilitar las vías de acceso.

      ¿y esto es culpa de los ricos o de los pobres?

      Todos los individuos están motivados por el interés personal de cuidar sus propiedades y maximizar de manera racional los usos que del mismo pueden hacer.  Así, los hoteleros que viven del lago han dicho que desde que construyeron sus negocios fue considerada la protección del lago como indispensable y ellos ya cuentan con plantas de tratamiento.  Así que no son todos los “ricos” y empresarios que lucran del lago los culpables de esto.  Quizás si lo sean algunos dueños de chalets que no tienen plantas de tratamiento.

      Sin embargo, los pueblos y aldeas pobres que rodean el lago nunca han tenido la capacidad económica de construir plantas de tratamiento, carecen de la educación para saber las consecuencias de los desechos que por décadas han depositado en el lago y, más importante aún, nunca han tenido los incentivos de preocuparse por el “nahual” del lago pues estaban confiados en que “el gobierno u alguien más debía hacerlo por ellos”.

      Así, esta tragedia es responsabilidad de los habitantes que viven alrededor del lago y han esperado, sin escuchar eco, que alguien cuidara y limpiara los desechos que producen.  Como corolario, los gobiernos que han estado ocupados en gastarse el dinero en pan y circo también deberían ser responsabilizados.

      Pero importa más una solución que la búsqueda de culpables

      La propiedad privada de los bienes es uno de los pilares fundamentales del capitalismo y es el único poder jurídico que habría evitado que el lago de Atitlán fuera contaminado por extraños hasta convertirlo en un pantano fétido y descolorido.  Sin duda, la privatización del lago de Atitlán, y los demás lagos de Guatemala, es la única opción para  evitar que esta contaminación se vuelva un caso recurrente.  La otra opción, ie. mantener los lagos como recursos limitados compartidos de “dominio público” funcionará, sí y sólo si, el gobierno de Guatemala incurre en gastos que un país tan pobre como Guatemala no podría nunca costear.

      Sin embargo, algunos ya no tardan en sugerir una tercera vía, cobrar impuestos de uso de los lagos.  El cobrar impuestos discriminatorios sobre un grupo específico es un arma muy peligrosa y bastante subjetiva que tiene como único resultado el empobrecimiento generalizado de todos los guatemaltecos.

      Si queremos seguir visitando un lago hermoso en el territorio guatemalteco debemos empezar por ser objetivos.  El primer paso es detener por completo la contaminación del lago por todas aquellas personas que no tienen acceso a plantas de tratamiento y exigir la acción inmediata del gobierno de Guatemala con el fin de asegurar la salud de los habitantes que rodean el lago.  Luego, permitir la acción privada de quienes se ven afectados directamente por la contaminación y han visto un descenso de sus ingresos (hoteleros, pesqueros, etc.).  Ya con esto, podemos empezar a pensar en vender derechos de uso y explotación del lago a quienes podrían estar interesados en enriquecerse con su explotación y cuidado.

      La privatización es la única solución para cuidar y maximizar el uso de los escasoz recursos naturales del planeta.  Si no se privatizan, lo mejor será acostumbrarnos a escuchar noticias cada 5 ó 10 años de cómo un lago más se transforma en un pantano.

      ¿Qué haremos al respecto?

      ¿Tenemos derecho a recibir ayuda?


      Un lector de nuestros posts en Facebook envió la siguiente pregunta y me gustaría iniciar la discusión,

      Supongamos que el individuo “A” encuentra al individuo “B” moribundo y necesitado de asistencia médica. ¿Por qué si “A” pasa de largo sin alertar a los servicios médicos y “B” muere, “A” va a ser acusado de homicidio? ¿Significa ello que la necesidad de “B” le daba derecho a esperar una conducta mínima por parte de “A” (en este caso alertar a los servicios médicos)?

      Este ejemplo me parece similar a una situación común en las ciudades de América Latina.  Es probable que en alguna ocasión nosotros hayamos pasado al lado de un mendigo o un borracho que está tirado en la calle.  La posibilidad de que esa persona haya estado intoxicada y al borde de la muerte es muy probable.  Sin embargo, no he ayudado a ninguna de estas personas.  ¿Será que en este caso yo sería el individuo A y debería ser acusado de homicidio?

      Me parece que en este caso no habría ninguna justificación objetiva que pudiese utilizarse para acusar al individuo A de homicidio.  Es probable que muchas personas consideren la necesidad de los demás como una razón suficiente para acusar a alguien de un crimen.  Sin embargo, ninguna persona está obligada a ayudar a otra sólo porque alguien está en necesidad de algo, ie. salud, proteccción, educación, desintoxicación, medicinas, cobijo, etc.

      De la misma manera, no es el derecho de ninguna persona el recibir estos servicios de manos de nadie más.  Y por lo tanto, nadie debería ser acusado de un crimen por estos motivos.

      Quizás, el individuo A pudo haber alertado a los servicios médicos o quizás pudo haberse acercado y revisado la condición física del individuo B.  Pero, ¿cuál de estas dos actitudes sería considerada una conducta mínima? y ¿bajo qué estándares mediremos lo mínimo o máximo de una conducta que luego será juzgada como buena, mala, suficiente, insuficiente, etc?

      En un juicio usualmente se estudia la condición humana y las causas que motivaron la acciones  de los acusados.  Específicamente, el enfoque suele enfatizar los antecedentes causales que llevaron a que una persona utilizara su libre albedrío para actuar y tomar decisiones.  La única razón por la cual este individuo debería ser acusado de homicidio es si acaso hubiera actuado para acelerar su muerte y no por no haber actuado.

      Si el individuo A es acusado de homicidio se estarían violando sus derechos.  La creación del estado benefactor es exactamente la misma violación de los derechos de los individuos por cuanto se está obligando a unos “sacrificarse” bajo la amenaza indirecta de coacción por parte del Estado para el beneficio de otros, a quienes el Estado designa como necesitados.

      Si desean conocer más sobre los derechos fundamentales les recomiendo escuchar a Ricardo Rojas en la UFM en el año 2005 con una serie de conferencias, conversatorios y con la presentación del libro los derechos fundamentales y el orden jurídico e institucional de Cuba (link a videoconferencia). Además, Rojas ilustró muy bien su opinión sobre qué son los derechos fundamentales, la ética y las obligaciones de los humanos cuando viven en sociedad en un artículo que estudia el capitalismo y sus fundamentos morales (link al artículo)