La perversión de la ley


“¡Ley pervertida! ¡Ley – y con ella, todas las fuerzas colectivas de la Nación – desviada de su objetivo legítimo y dirigida a un objetivo totalmente contrario! ¡Ley convertida en instrumento de todas las codicias, en lugar de frenar las codicias! ¡Ley hacedora de iniquidad, cuando su misión era castigar la iniquidad! Ciertamente se trata de una situación grave y de su existencia se me debe permitir alertar a mis conciudadanos.

¿Cómo ocurrió esta perversión de la ley? ¿Y cuáles han sido las consecuencias? La ley se ha pervertido bajo la influencia de dos fuerzas radicalmente diferentes: el egoísmo falto de inteligencia y la falsa filantropía. (…)

Bajo estas circunstancias, es concebible que la ley, en lugar de frenar la injusticia, se convierta en instrumento de injusticia, el más poderoso de todos los instrumentos de injusticia. Según el poder del legislador, es concebible que la ley construya, para provecho del legislador y en detrimento del resto de la humanidad, un sistema en el cual la esclavitud, la opresión y la expoliación agreden en diferentes grados la persona, la libertad y la propiedad.”

Lo anterior fue escrito por Frédéric Bastiat (1801-1850) mientras buscaba explicar la crisis de principios e ideas en que vivía el pueblo francés.  Los recientes acontecimientos en la escena política y legislativa en Guatemala son un reflejo de cómo la falta de objetividad, el egoísmo irracional y la deshonestidad intelectual han sumido a nuestro país en una crisis de principios como nunca antes vista.

La corrupción, los privilegios y el favoritismo corporativista están a la orden del día; su origen se encuentra en la inminente contradicción de valores e ideas que durante generaciones han desarrollado un sistema sui generis del corporativismo latinoamericano.

¿La solución?

  • La introspección informada, sin contradicciones, honesta y racional de los ciudadanos para entender cuáles son sus derechos y obligaciones.
  • El rescate de la definiciones de justicia, verdad y ley.
  • La devolución del poder del gobierno limitado a manos de un nuevo sistema constitucional que no permita los privilegios legalizados.
  • El rechazo moral de los corruptos, de sus familias y de quienes lucran en estos sistemas de gobierno mercantilistas.
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Quienes rompen la ley y se entronizan en el poder


La ley, ¡pervertida! La ley y tras ella todas las fuerzas colectivas de la nación, ha sido no solamente apartada de su finalidad, sino que aplicada para contrariar su objetivo lógico. ¡La ley, convertida en instrumento de todos los apetitos inmoderados, en lugar de servir como freno! Frédéric Bastiat

La historia latinoamericana está plagada de políticos que “rompieron” con la ley y se establecieron en el poder acumulando privilegios.  El político, con la única intención de conseguir votos, ofrece privilegios y redistribuir la riqueza.  Luego, ya entronizados en el poder buscar mantenerse en él por más tiempo del que su elección les permite.  Una tercera vía, la de los políticos corruptos sale del gobierno y se esconde detrás de las cortinas de la política ya enriquecidos y millonarios con empresas que se sostienen de prestar servicios al gobierno.

Pero, ¿en qué ha fallado la democracia?

La primera falla se encuentra en que nuestros sistemas de gobierno han sido incapaces de establecer los frenos necesarios a los distintos poderes del gobierno.  De ahí que muchos políticos, presidentes y congresistas se hagan de inmensas cuotas de poder (tal y como hicieron los reyes).  La otra falla se encuentra en que los pocos frenos existentes han sido violados por leyes manipuladas a conveniencia de los gobernantes.  La ley máxima de un país, la Constitución, debió ser escrita para defender los derechos de los individuos y proteger a los ciudadanos de hombres que buscan otorgar privilegios para algunos pocos “elegidos”.

Una de las mejores obras para explicar lo anterior fue escrita por Frédéric Bastiat y hoy los invitamos a leerla completa: Sigue leyendo

La Democracia amenaza la Libertad en Egipto


¿Cómo puede ser la Democracia una amenaza para la libertad en Egipto?

La Democracia es un sistema político de opresión que ha sido durante siglos defendido por masas ignorantes y políticos corruptos.  Un ejemplo fue el de la Democracia Ateniense que asesinó a Sócrates por el crimen de enseñar a los jóvenes atenienses a hacerse preguntas y pensar.  Una mayoría democrática en Alemania llevó al poder a un dictador racista que prometió a su pueblo recuperar la “gloria de Alemania” y acabar con las razas inferiores.  Una mayoría democrática en Afganistán asesinó al converso cristiano Abdul Rahman por “atreverse” a rechazar el Islam.  Una mayoría democrática en Iraq ratificó la Constitución que institucionalizó el Islam como el estándar de justicia.

Las democracias no son buenas, estos sistemas democráticos también son capaces de votar a favor de la opresión y de establecer limitaciones a la libertad de expresión.  Las democracias son sistemas de gobierno que facilitan el acceso de poder para corruptos que establecen sistemas mercantilistas de gobierno y que esclavizan a las clases minoritarias y pobres.  La historia ha demostrado que la Democracia ha sido la causa del fin de la Libertad.

¿Cuál es el mejor sistema de gobierno?

El sistema de gobierno que realmente asegura la libertad de sus ciudadanos es uno que proteja y respete sus derechos individuales.  Hasta ahora, la Constitución de Estados Unidos es el paso más cercano que la Humanidad ha tenido a un sistema semejante y es por ese motivo que a lo largo de 200 años se ha mantenido como el país con mayores progresos económicos y sociales.  Estados Unidos fue fundado no como una Democracia sino como un gobierno regido por una Constitución Republicana que estableció un gobierno representantivo que escribiría las leyes respetando la vida, libertad y propiedad de sus ciudadanos y no el capricho público.

Los recientes eventos políticos en Egipto son una llamada de atención para el mundo.  De nuevo, el cortoplacista e ignorante apoyo dado por muchos académicos y políticos a la Democracia en Egipto establecerá un gobierno teocrático inconsistente con los derechos individuales que probablemente evolucionará en una teocracia totalitaria.  El pueblo de Egipto necesita establecer un gobierno republicano y Constitucional en el que gobierne el Estado de Derecho y se respeten los derechos individuales.  De no ocurrir esto último, es seguro que muchos más morirán a pesar de que Hosni Mubarak desaparezca de la presidencia de ese país.

Egipto: del fervor democrático al totalitarismo teocrático


“Quiero expresar mi compromiso de seguir adelante y proteger la Constitución y al pueblo y de transferir el poder a quien sea elegido en septiembre próximo en las elecciones libres y transparentes…” Palabras del dictador Hosni Mubarak en la noche del 10 de febrero de 2011.

Sin duda, la Constitución egipcia no es perfecta; muchas fallas en su estructura permitieron que Hosni Mubarack se apoderara del control del gobierno egipcio y estableciera una dictadura que lentamente suprimió las libertades de sus ciudadanos hasta que muchos fueron encadenados en el miedo y el letargo.

En las últimas semanas un movimiento popular surgió en Túnez y en pocos días se esparció con manifestaciones populares en distintos países del Medio Oriente.  El país más afectado por estos movimientos populares fue Egipto y hasta ahora miles de manifestantes se han presentado a la plaza Tahrir en El Cairo.  Ahora, los ciudadanos egipcios reclaman el retorno a la democracia y el temor de muchos académicos y politólogos se hace cada vez más evidente.

Un grupo de presión llamado “Hermanos Musulmanes” ha tenido un creciente liderazgo en la presión ejercida por los movimientos de protesta egipcios.  Este grupo, es el mismo que perpetró ataques terrorista contra distintos países en Medio Oriente desde su creación en 1928, organizó la masacre de Hama en 1982 y es el núcleo del que se formó el sanguinario grupo islamista Hamás.

El movimiento toma de nuevo importancia en estas manifestaciones y la probabilidad de que una tiranía democrática-islamista emerja de las protestas es una amenaza para la estabilidad de Medio Oriente, para el mantenimiento de la paz en la región y el mundo y para la salvaguarda de la vida de millones de personas.  El poder de los Hermanos Musulmanes ha aumentado y sus maniobras para asumir el liderazgo de las protestas han sido muy exitosos.  Lamentablemente, de nuevo en Occidente estas evidencias han sido ignoradas y seguimos alimentando el poder de un grupo islámico que exige la guerra contra Occidente y todo lo que nuestra civilización representa.  Los Hermanos Musulmanes son nuestros enemigos y su potencial éxito en Egipto es directamente proporcional al aumento de amenazas terroristas contra Europa y América.

Es cierto que no todos los manifestantes en los recientes eventos en Egipto son simpatizantes de los Hermanos Musulmanes.  Sin embargo, en el contexto político y social del Medio Oriente es importante recordar que los llamados “moderados” se pueden dividir en uno de estos grupos:

  1. El término “moderado” en el mundo Árabe-Musulmán significa los grupos que son anti-islamistas, pero no necesariamente pro-occidentales.  Egipto es un país en el que el antisemitismo y “el odio a Occidente” abunda y quienes hemos podido viajar al país podemos explicar cuan vivo es el odio por la etnia judía y los prejuicios existentes contra Occidente.  Una gran cantidad de egipcios cree que los ataques del 11 de septiembre de 2001 fueron necesarios y que “Estados Unidos se lo merecía”.
  2. Los moderados no necesariamente buscan ser un grupo opositor de los Hermanos Musulmanes.  En la cultura política árabe-musulmana, las diferencias son casi homogéneas y las diferencias ideológicas son solamente en cuanto al porcentaje de control que la religión debería tener en el gobierno; cualquier moderado considera que el Islam es importante en su cumplimiento de un rol central en el ejercicio del gobierno y los verdaderos moderados seculares son escazos y su participación está marginalizada.

Así, la posibilidad de que el derrocamiento de Hosni Mubarak signifique el ascenso de un gobierno teocrático totalitario apoyado por las masas es, no sólo probable, sino casi inevitable.  Este ascenso de un gobierno teocrático en Egipto resultará en el recrudecimiento de la guerra contra Israel, el aumento de ataques terroristas contra Occidente y una mayor amenaza económica de aquellos países que controlan los campos de petróleo más importantes del Planeta.

Una vez más, es muy probable que la Democracia demuestre sus debilidades como sistema.  De nuevo, la historia política de la humanidad verá cómo en aras de devolver los derechos individuales a los ciudadanos se establecerán los caprichos de la mayoría y un gobierno religioso surgirá en el control del gobierno egipcio.

La milagrosa reforma constitucional latinoamericana


Durante mucho tiempo se ha gestado en América Latina movimientos civiles de protesta organizada que reclaman una reforma constitucional para resolver problemas enraizados en el sistema de gobierno.  Sin excepción, los países latinoamericanos se han caracterizado, en mayor o menor medida, por la captura del gobierno por corruptos mercantilistas que comercian con privilegios al disponer de poder sin pesos y contrapesos fuertes. Así, la reforma constitucional es en apariencia el sistema más fácil y sencillo para “solucionar” la debilidad institucional por la que se caracterizan.

Sin embargo, es necesario dejar a un lado la postura constructivista del Estado para comprender que el mismo es el producto y/o resultado de la evolución social de cada nación, pueblo y territorio específico.  La imposición de un sistema de gobierno occidental mezclado con el comercio de privilegios y una estructura mercantilista no es nuevo.  Existe desde hace más de 400 años y no habrá ninguna manera de modificarlo.  Es necesario que los miembros de cada sociedad tomen acciones asertivas y progresivas que lentamente permitirán cambiar y quizás, incluso, mejorar los débiles sistemas de gobierno latinoamericanos.

La historia, sabia consejera, nos deja estas palabras del Libertador de América del Sur, Simón Bolívar, para que comprendamos cómo después de casi 200 años nuestras sociedades aún no han evolucionado.

Por favor, lean con calma el siguiente texto y tan sólo reemplacen la palabra “Americanos” por la de “ciudadanos, pueblo o votantes” y  la palabra “españoles” por “mercantilistas, privilegiados, corruptos, oligarcas”.   Al hacer esto comprenderán de las palabras de un sabio ya desparecido lo que ocurre en nuestras sociedades desde hace mucho tiempo más del que tenemos nosotros de estar vivos.

Los americanos, en el sistema español que está en vigor, y quizá con mayor fuerza que nunca, no ocupan otro lugar en la sociedad que el de siervos propios para el trabajo, y cuando más el de simples consumidores; y aún esta parte coartada con restricciones chocantes […]; en fin, ¿quiere Vd. saber cuál es nuestro destino?, los campos para cultivar el añil, la grana, el café, la caña, el cacao y el algodón, las llanuras solitarias para criar ganados, los desiertos para cazar las bestias feroces, las entrañas de la tierra para excavar el oro que no puede saciar a esa nación avarienta. […] Estábamos, como acabo de exponer, abstraídos y, digámoslo así, ausentes del universo en cuanto es relativo a la ciencia del gobierno y administración del estado. Jamás éramos virreyes ni gobernadores, sino por causas muy extraordinarias; arzobispos y obispos pocas veces; diplomáticos nunca; militares, sólo en calidad de subalternos; nobles, sin privilegios reales; no éramos, en fin, ni magistrados, ni financistas y casi ni aun comerciantes; todo es contravención directa de nuestras instituciones.

Tan negativo era nuestro estado que no encuentro semejante en ninguna otra asociación civilizada, por más que recorro la serie de edades y la política de todas las naciones. Pretender que un país tan felizmente constituido, extenso, rico y populoso, sea meramente pasivo, ¿no es un ultraje y una violación de los derechos de la humanidad?