Sobre la ecología


Un muy buen artículo vía: objetivismo.org

“La ecología como principio social… condena las ciudades, la cultura, la industria, la tecnología, el intelecto, y aboga por el retorno de los hombres a la “naturaleza”, al estado de infra-animales gruñidores cavando el suelo con sus propias manos.”

Un campesino de Asia que trabaja todas las horas que está despierto, con herramientas creadas en tiempos bíblicos – un aborigen de América del Sur que está siendo devorado por pirañas en un riachuelo en la selva – un africano al que le está picando la mosca tsé-tsé – un árabe cuyos dientes están verdes con putrefacción en la boca – todos estos viven en su “medio ambiente natural”, pero desde luego no son capaces de apreciar su belleza. Intenta decirle a una madre china, cuyo hijo se está muriendo de cólera: “¿Debe uno hacer todo lo que se puede? Claro que no”. Intenta decirle a un ama de casa rusa, que tiene que recorrer penosamente a pie muchos kilómetros a temperaturas bajo cero para pasar horas haciendo cola en la tienda del Estado que reparte raciones de alimentos, que los Estados Unidos están “contaminados” por centros comerciales, autopistas y un automóvil en cada hogar.

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En la Europa occidental, durante la Edad Media pre-industrial, la esperanza de vida del hombre era de 30 años. En el siglo XIX, la población de Europa creció un 300% – la mejor prueba del hecho que por primera vez en la historia humana, la industria dio a la gran masa de gente la oportunidad de sobrevivir.

Si fuera cierto que una alta concentración industrial es destructiva para la vida humana, deberíamos poder confirmar que la esperanza de vida disminuye en los países más avanzados. Sin embargo, ha ido en constante aumento. Aquí están las cifras de esperanza de vida en los Estados Unidos (fuente: Metropolitan Life Insurance Company):

  • 1900 – 47.3 años
  • 1920 – 53 años
  • 1940 – 60 años
  • 1968 – 70.2 años (últimas cifras compiladas)

Cualquier persona de más de 30 años de edad hoy, que le dé unas silenciosas “gracias” a las chimeneas más próximas, más inmundas y más mugrientas que pueda encontrar.

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El dinosaurio y sus semejantes desaparecieron de esta tierra mucho antes de que hubiera hombres de industria o cualquier tipo de hombre. . . . Pero esto no acabó con la vida en la tierra. Contrariamente a los ecologistas, la naturaleza no se mantiene quieta ni mantiene el tipo de “equilibrio” que garantiza la supervivencia de ninguna especie en particular – y menos aún la supervivencia de su producto más maravilloso y más frágil: el hombre.

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Ahora observemos que en toda la propaganda de los ecologistas – entre todas sus apelaciones a la naturaleza y sus demandas de “armonía con la naturaleza” – no hay ninguna discusión sobre las necesidades del hombre y los requerimientos de su supervivencia. El hombre es tratado como si fuera un fenómeno no-natural. El hombre no puede sobrevivir en el tipo de estado natural que los ecologistas imaginan – es decir, al nivel de los erizos de mar o los osos polares. . . .

Para sobrevivir, el hombre tiene que descubrir y producir todo lo que necesita, lo cual significa que tiene que alterar su entorno y adaptarlo a sus necesidades. La naturaleza no lo ha equipado para que él se adapte a su entorno de la forma que los animales lo hacen. Desde las culturas más primitivas hasta las civilizaciones más avanzadas, el hombre ha tenido que fabricar cosas; su bienestar depende de su éxito en la producción. La tribu humana más baja no puede sobrevivir sin esa supuesta fuente de contaminación: el fuego. No es meramente simbólico que el fuego fuese la propiedad de los dioses que Prometeo les trajo a los hombres. Los ecologistas son los nuevos buitres revoloteando para intentar extinguir ese fuego.

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Sin máquinas ni tecnología, la mera tarea de sobrevivir es un desafío terrible y agotador para alma y cuerpo. En “la naturaleza”, el esfuerzo por conseguir comida, vestido y vivienda consume toda la energía y el espíritu de un hombre; es una batalla perdida – y el vencedor es cualquier inundación, terremoto o enjambre de insectos. (Recordad los 500.000 cuerpos que quedaron después de una sola inundación en Pakistan: eran hombres que vivían sin tecnología.) Trabajar sólo para cubrir sus necesidades básicas es un lujo que la humanidad no puede permitirse.

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Se ha reportado en la prensa muchas veces que el problema de la contaminación va a ser la próxima gran cruzada de los activistas de la Nueva Izquierda, después de la guerra de Vietnam acabe. Y al igual que la paz no era su objetivo o el motivo de esa cruzada, tampoco es el aire limpio su objetivo ni su motivación en esta.

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El objetivo inmediato es evidente: la destrucción de lo que queda de capitalismo en las economías mixtas de hoy, y el establecimiento de una dictadura global. Ese objetivo no tiene por qué ser inferido – muchos discursos y libros sobre el tema dicen de forma explícita que la cruzada ecológica es un medio para ese fin.

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Si, tras el fracaso de acusaciones como “el capitalismo te lleva a la indigencia” y “el capitalismo te conduce a la guerra”, a la Nueva Izquierda no le queda nada mejor que: “el capitalismo mancha la belleza de tu paisaje”, uno puede razonablemente concluir que, como poder intelectual, el movimiento colectivista está acabado.

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Contaminación en las ciudades y ríos sucios no son cosas buenas para los hombres (aunque no representen el tipo de peligro que los profetas del pánico proclaman). Se trata de un problema científico, tecnológico – no político – y solamente puede ser resuelto con tecnología. Pero aunque la contaminación fuese un riesgo para la vida humana, debemos recordar que la vida en la naturaleza, sin tecnología, es muerte al por mayor.

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NO a la hora de la Tierra


El día sábado 26 de marzo se celebrará en distintos países del planeta la hora de la Tierra (conocido por los promotores con el nombre en inglés Earth Hour).  Este evento ha sido organizado durante 5 años por por la organización WWF que ha invitado a todos los países a apagar sus luces a las 8:30 p.m (hora local).  El evento inició en el año 2007 en Australia y en esa ocasión más de 2.2 millones de personas apagaron sus luces junto a 2,000 negocios con la intención de hacer un llamado a la conservación de los recursos en el planeta, el ahorro energético y el intenso efecto ambiental que la organización aduce es causada por los seres humanos.

Sin embargo, muchos (quizás la gran mayoría) desconocen las verdaderas implicaciones y raíces filosóficas de esta celebración.  Los que lo apoyan y quienes proponen celebrar este día no quieren que nosotros sólo apaguemos algunas bombillas y dejemos de ver televisión.  Lo que estos grupos proponen es la muerte indirecta de millones de personas y la posibilidad de que millones más queden sin empleo y hogares.  Estos grupos proponen una reducción masiva de las emisiones de carbono por los países que el día de hoy proveen al mundo entero de productos y servicios.  La reducción de estas emisiones de carbono implica que se reduzcan en al menos 80% menos que los niveles existentes en al año 1990.  Esta reducción va más allá de apagar la tele o apagar las luces de Times Square por una hora y cumplir con la meta de las emisiones de carbono que ellos proponen, implicaría una inmensa reducción del uso de energía (y la producción que utiliza esta energía) a niveles alarmantes alrededor del mundo.

Sin duda el planeta Tierra (nuestro único hogar) debe ser protegido y las industrias que contaminan deben responsabilizarse por los daños ecológicos que han causado.  Lo anterior es indiscutible, pero de exigir a las empresas e industrias estatales por el uso responsable de los recursos a pedirles que apaguen por completo sus industrias son dos cosas muy distintas.  Aunque muchos de ustedes no lo crean, prestarse a participar en estas actividades permitirá a estas organizaciones presionar para que se pasen controles legales de la cantidad de producción que pueden y “deben” tener las industrias de países alrededor del mundo.  Y, es a la vez, ser parte de este complot contra los seres humanos que representará el despido y potencial muerte de millones de humanos por motivos injustificados que sólo buscan beneficiar a nuevas industrias supuestamente más ecológicas y “verdes”.

Ahora, les comparto tan sólo un ejemplo del impacto que tendría reducir las emisiones de carbano en la industria de la medicina:

Reducir las emisiones de carbono implicará el cierre de millones de salas de servicios intensivos y/o indirectamente, implicará la eliminación de muchos de los productos, medicamientos, servicios, aparatos y o empleados que hoy 25 de marzo de 2011 son necesarios para tener esas salas funcionando al 100%.  Además, una reducción en la producción de las industrias implicará también una reducción y retraso en la investigación y desarrollo de nuevos productos y servicios; que probablemente servirían para tratar a esas personas enfermas.

Ahora, piensen ustedes en los cientos de servicios y productos a los cuales es muy probable no tengan acceso si estas emisiones de carbono fueran reducidas en todo el planeta.  ¿No creen que ustedes también se verán afectados por estas externalidades negativas?

Los invitamos a reflexionar y a buscar métodos más adecuados para celebrar un mundo mejor, más limpio, verde, sano y humano.