Las Drogas – un negocio del primer mundo


El tráfico de las drogas se ha caracterizado por ser uno de los comercios más pujantes y de mayor crecimiento a lo largo de décadas. El consumo de estupefacientes tales como heroína, cocaína, marihuana, éxtasis, crack y muchos otros narcóticos químicos es causa de discusiones a lo largo del mundo sobre su importancia como negocio, el problema que representa para la sociedad e incluso es fuente de posiciones respecto a la necesidad o importancia de legalizarla.

Algunos apoyan la legalización de esta droga y fundamentan su posición en que el mercado mismo será el que limitará y controlará el avance y progreso del consumo de las drogas y que incluso se convertirá en una fuente integrante del PIB de las naciones productoras como un medio de exportación. Otros grupos asocian a las drogas como un ejemplo más de la decadencia moral y cultural de los países consumidores y acusan al tráfico ilícito de estos estupefacientes como una enfermedad social en auge que debe ser controlada y atacada desde el gobierno mismo con políticas y leyes que las prohíban.

El consumo de estas drogas incluye a mas de 40 millones de estadounidenses (el mercado de Estados Unidos para las drogas es el mayor del mundo; 36,000 millones de dólares son consumidos en concepto de cocaína en Estados Unidos, fuente AFP).

El cuarto, quinto y séptimo lugar de las causas de muerte en USA son causadas por el consumo de drogas y esto representa 4,500 muertes anualmente siendo esta una de las causas de mortalidad más altas en USA (fuente NIDA research).

Los crímenes por causa de las drogas se limitan a conflictos entre distribuidores y robos entre compradores y vendedores (Fuente: Departamento de Justicia de USA). Lo cual indica que los crímenes comúnmente asociados con las drogas no son del todo acertados y normalmente son exagerados.

Por lo tanto, el consumo de drogas afecta a la sociedad consumidora. Los efectos de las drogas son simplemente un indicador de un bien comercial más que es solicitado por determinados grupos de consumidores (en su mayoría personas jóvenes y jóvenes adultos).

El costo para meter a la cárcel a un dealer (vendedor de drogas ilegales) es de aproximadamente $.450,000 por vendedor y las ventas estimadas en el mundo de drogas ilegales comprende entre $300,000 y $500,000 millones de dólares en el mundo.

Entendiendo estos datos podemos concluir que la legalización de las drogas resultaría en más de $37,000 millones en concepto de ahorro en la persecución, control, aprisionamiento, persecución, así como de programas antidrogas tan sólo en los Estados Unidos.

Claramente se puede observar que la legalización de drogas no sólo significaría un ahorro en el control y prevención del consumo de drogas para el Gobierno, sino que además se pondría en manos de los consumidores la decisión de consumir o no consumir estupefacientes.

Al final de cuentas es el consumidor quien determinará si el consumo de drogas aumentará o disminuirá y la legalización de este bien comercial es quizá el único camino lógico para que curiosamente su consumo descienda.

El trabajo se encuentra en explicar a los defensores de la moral y las costumbres que las personas son capaces de decidir si consumirán o no drogas y no se necesita de un programa nacional para controlar e ilegalizar su consumo. Esta es una labor familiar y la respuesta al descenso del consumo de drogas se encuentra en el seno de los hogares que habrán de tomar por primera vez el control directo del consumo y venta de drogas; lo cual debió ocurrir desde siempre.

Es labor de los hogares demostrar con basamentos morales por qué no se debe consumir y no del gobierno prohibir su consumo porque es malo. Siendo el gobierno un apoyo a la decisión familiar e individual con programas de prevención y no de ilegalización.

El por qué siguen siendo ilegales se demuestra con los siguientes datos: el 99% de los ingresos en concepto de venta de drogas ilegales permanece en los vendedores finales de estos productos (fuente: AFP), los cuales viven en los países que persiguen su consumo. Ceteris paribus es en los países mismos en que se prohíbe su consumo que aparentemente se ilegaliza el consumo de estupefacientes. ¿Por qué motivo siguen siendo ilegales? La respuesta se encuentra en las mismas personas que dirigen las políticas de los países desarrollados para prohibir su consumo y que al dar la vuelta controlan las ganancias que se perciben por la venta de estos productos a los que acusan de ilegales.

Engañosa libertad de comercio


La extraordinaria popularidad de que en la actualidad goza la política restrictiva se debe a que la gente no se percata de sus ineludibles consecuencias. (…)  Frente a tan viles calumnias debemos reiterar una y otra vez que la riqueza y el bienestar son consecuencia de la producción, no de la restricción. Ludwig von Mises

En el libre comercio, vendedores y compradores intercambian bienes o servicios sin que el precio se vea regulado por el poder coercitivo de un gobierno. El precio de venta de estos servicios es acordado mediante las leyes de la oferta y la demanda estableciendo una relación gana-gana entre los participantes.

Es mediante el libre comercio que se consigue distribuir la riqueza de bienes y servicios de la manera más eficiente, ahorrando costos de transacción y permitiendo que todos los individuos que participan del mismo reciban beneficios. Sin embargo, este comercio libre es restringido cuando el gobierno utiliza impuestos progresivos, aranceles al comercio, barreras no arancelarias y mecanismos para lucrar del intercambio acordado entre participantes de distintas naciones. El único resultado de estos actos gubernamentales sólo consigue reducir la cantidad de bienes intercambiados, reducir la competitividad de los productos importados en el mercado nacional, transferir los beneficios que podría obtener la ciudadanía hacia el erario del gobierno.

Entonces, ¿los tratados bilaterales de libre comercio que firman los países son realmente libres? La respuesta es negativa y es debido a esto, que muchos de esos tratados resultan con beneficios de suma positiva para alguno de los participantes y con perdidas para el otro.

Uno de los más recientes tratados bilaterales de comercio fue firmado entre Chile y Guatemala a finales del año 2009. El tratado entrará en vigencia el 21 de marzo de 2010 y la publicidad dada en torno a este tratado regulado de comercio no espero en malinformar a los ciudadanos de ambos países. Michelle Bachelet, Presidenta de Chile, dijo que este instrumento comercial permitirá que los productos con certificado de origen chileno que sean exportados a Guatemala ingresen al país con un 10% menos de aranceles.

Por su parte, su homólogo guatemalteco, Álvaro Colom, dijo que se esperaba un aumento de las importaciones chilenas de azúcar y manufacturas guatemaltecas. El intercambio comercial entre ambos países es bastante reducido, durante los primeros 9 meses del año 2009 Guatemala importó US$118,007 y exportó US$83,817, según datos oficiales.

El actual tratado de libre comercio entre Chile y Guatemala permitirá que se reduzcan los costos de transacción al reducirse la cantidad de aranceles a pagar. Sin embargo, este tratado dista mucho de ser un tratado libre y es en realidad un tratado regulado de comercio. Aún, las actuales tradiciones de comercio permiten que el gobierno perciba grandes sumas de dinero que reducen los beneficios del comercio exterior mediante la aplicación de barreras no arancelarias, cobro de impuestos al valor agregado, manipulación artificial del tipo de cambio y la expropiación del dinero de sus ciudadanos.

Tal y como Willhelm Röpke dijera en la columna “Economía libre y orden social”, la economía de mercado es una vez más considera una parte dentro de un sistema social y político integral y bajo ese concepto, es totalmente aceptable que una maquinaria gubernamental gigantezca ejerza el control de manera centralizada. Sin embargo, la economía de mercado y la libertad de intercambiar bienes y servicios no son un instrumento de un gobierno central de la misma manera en que funcionó el sistema de gobierno soviético durante varias décadas.

La economía de mercado y la libertad de comercio requieren que exista absoluta libertad, espontaneidad y competencia en el intercambio de bienes y servicios. Sólo en un sistema de intercambio como el anterior, existiría el libre comercio sin que fuese necesaria la ratificación y elaboración de tratados de cientos de páginas con regulaciones, condiciones de origen, reglas, excepciones y privilegios.

Yo, el DVD


Hace muchos años escribieron uno de los ensayos más famosos en favor del comercio exterior, el libre mercado, la cooperación social y el intercambio de bienes.  El ensayo se titula “Yo, el Lápiz” y fue escrito en el año 1958 por Leonard E. Read, un activo académico y fundador del reconocido centro de investigación The Foundation for Economic Education.

El ensayo explica la compleja red de producción, manufactura, distribución y comercialización de estos productos y demuestra con una brillante sencillez términos y proceso fundamentales en el comercio exterior, el progreso industrial y la libertad de comercio.  A pesar de que muchos años han pasado y los proceso de producción quizás no hayan cambiado mucho parece que es hora de actualizar la historia de tan importante herramienta de trabajo.

Recordé ese ensayo mientras leía un artículo en The Economist que intenta comparar el tiempo que debe invertir un trabajador promedio para poder pagar el precio de un DVD.  Es curioso que en países productores de tecnología como China un empleado debe invertir más de media hora para poder comprar un DVD con un valor de apenas US$1.60.  Mientras que en países como Estados Unidos, Reino Unido y Australia los trabajadores promedio deben invertir apenas unos 20 minutos más de trabajo (aprox. 50 minutos) para poder pagar un DVD que tiene un precio 1000% más caro.

Los materiales necesarios para fabricar un DVD no son muchos y son sólo dos placas de policarbonato combinadas con otros materiales adhesivos.  Los DVD pueden ser comprados en casi cualquier tienda y sin embargo no podemos fabricarlos individualmente.  Estos artículos, casi de uso común en nuestros países, son producidos con la cooperación de proveedores de materia prima e industrias de manufactura en distintos países y, a veces, a miles de kilómetros de distancia.

Video: Proceso de producción de un DVD

La historia que Leonard Read escribió hace 50 años muy bien podría adaptarse para explicar cómo y por qué los DVDs se venden en los mostradores de las tiendas de tecnología.  Este es un caso más que explica los resultados exitosos que pueden alcanzarse a través de la libertad de comercio.

A continuación podrán escuchar el ensayo “I, pencil” que escribió Leonard Read:

Parte 1 – I, Pencil

Parte 2 – I, Pencil

Para leer el ensayo en español “Yo, el Lápiz” sigan este link que publicó el Cato Institute.  También, pueden ver un video con Milton Friedman narrando la historia que Read escribió para el documental “Free To Choose”.