Abajo los muros: migración y desarrollo humano


Migración - Imagen de Think Progress

La ayuda internacional es materia de muchas disputas pero como materia de debate se ha salido de las aulas y ha inundado los periódicos, las discusiones públicas, los estadios de rock y algún que otro púlpito.

Uno de sus más reconocidos defensores intelectuales, Jeffrey Sachs, ha dicho que la ayuda internacional es el único medio para conseguir que los países subdesarrollados, en America Latina y África principalmente, salgan de lo que él llama la “trampa de la pobreza”. El hecho de que los países desarrollados sean incapaces de salir de la pobreza por sus propios medios es arduo debatible y no pocos han argumentado en contra de la existencia de alguna trampa que evite el desarrollo. En este tema destaca Bill Easterly, quien ha debatido constantemente a Sachs, pero no es el único.

La ayuda internacional es una causa que por su atractivo sentimental no esperará al final del debate y en los últimos años ha conseguido involucrar no sólo a los economistas y funcionarios de siempre, sino a sociedad civil, a algunos rockeros como Bono y Bob Geldof y hasta algún periodista y líder religioso despistado. Pero si nuestra verdadera intención es resolver el problema de la pobreza y el desarrollo, hay un gran tema que tanto las discusiones sobre derechos humanos como sobre la mejora de la calidad de vida han ignorado olímpicamente: la migración entre países.

Bono y Bob Geldof - Reuters

Bono y Bob Geldof – Reuters

Veamos por qué urge que se añada este tema a la discusión.

Un estimado del Banco Mundial del 2005 consideraba que si los países ricos permitían simplemente un 3% de incremento en su fuerza laboral facilitando la inmigración, el beneficio sería de $300 miles de millones de dólares, en su mayoría para los sectores más pobres del planeta. El costo es virtualmente cero para los países ricos y para los habitantes de países pobres el beneficio es monumental.

Es posible argumentar que por la forma en que es concedida y administrada, la mayor parte del dinero otorgado a países en desarrollo se desperdicia. Pero incluso si concedemos que cada dólar otorgado en ayuda internacional entrega exactamente un dólar en beneficios para los pobres (una idea lejana de la realidad), cuando lo comparamos con los potenciales beneficios de flexibilizar las barreras a la migración, se queda muy corto.

¿Por qué no estamos discutiendo este tema con la urgencia que precisa? El libre movimiento de las personas no debería ser un tabú y merece que lo discutamos con toda la seriedad del caso. Además del destino de los pobres en los distintos países, es parte del derecho fundamental de cada persona a su vida escoger dónde quiere vivirla.

Si Bono, Bob Geldof, Madonna, Brad Pitt, Wyclef Jean, Shakira y tantos otros quieren ayudar, un vistazo a la evidencia nunca está de más. Si yo estuviera en el lugar tan influyente como el que ocupa Bono, lo que diría es: “tiremos ya tantos muros” (wink).

¿Darte el pescado o enseñarte a pescar?


De hecho, ninguna de las dos, fue la respuesta de Carlos Miranda. Porque si tienes hambre y te doy el pescado, te estoy excluyendo del proceso de tu propia superación. Si te enseño a pescar, estoy decidiendo por ti cuál será tu medio de subsistencia, cuál será tu meta. El tema de su conferencia era emprendedurismo social y durante hora y media compartió con su audiencia ésta y otras ideas que me parecieron motivadoras y dignas de análisis.

El lema de Carlos es: “Never help: engage, enable, empower and connect” y esos cuatro conceptos son la base de su trabajo con relief 2.0, una organización de voluntarios que prestan ayuda a comunidades que se han visto afectadas por desastres naturales, y que se encarga de hacer que los procesos de ayuda sean más eficientes en la fase de entrega a las comunidades.

¿Cuál es la idea del emprendedurismo social? Básicamente, darle herramientas y asesoría a las personas para que creen empresas o proyectos que generen ganancias para fortalecer a sus comunidades y reactiven su economía. El punto clave no es darles un producto terminado para que lo usen, sino ayudarles a descubrir qué producto quieren crear y darles herramientas para que lleven a cabo sus propios proyectos. El primer paso para llevar a cabo este tipo de proyectos es reconocer que la gente de cualquier comunidad tenía un trabajo antes del desastre natural o que tiene habilidades para construir sus propias cosas. El primer paso es abandonar la idea de que “salvaremos” a la gente con nuestro proyecto, porque lo que haremos será recordarles que pueden salvarse a sí mismos.

Si uno tiene un proyecto para construir “viviendas dignas” y no deja que la gente que recibirá dichas viviendas participe de su construcción, se olvida de que la dignidad no está en los materiales que constituyen la casa, sino en el trabajo de quienes la habitarán. Cuando los miembros de una comunidad han pasado por el trauma de un desastre, no necesitan que los cuidemos al punto de hacerlos sentir que son refugiados. Necesitan ocuparse, comprender que son sobrevivientes y que pueden empezar de nuevo. Cuando las organizaciones de ayuda cuentan con la opinión de aquellos a quienes ayudarán pueden hacer un uso más eficiente de los recursos e impactar esa comunidad a largo plazo, no solo durante el tiempo que dure el estado de emergencia.

Una vez que las personas de la comunidad han sido incluidas en el trabajo, es necesario darles el poder de actuar y tomar decisiones, hay que dejarlos ser efectivos y asesorarlos para que encuentren su propio camino, para que aprendan a conseguir los recursos que necesitan. Cada una de las personas que hará trabajo voluntario en algún lugar debería preguntarse si el trabajo que está haciendo podría ser hecho por la gente de la comunidad y si esa ayuda que está prestando causará un impacto a futuro. Cuando una comunidad recibe las cosas básicas para sobrevivir y es excluida de trabajos como cocinar o repartir los víveres, va creyéndose que es una víctima que necesita que la ayuden todo el tiempo. Lo que entendí de la charla de Carlos, es que los voluntarios más que salvadores deberían actuar como facilitadores que le recordarán a las personas que son seres humanos útiles y responsables de su propio bienestar. La labor de un voluntario debería ser que la gente lo necesite por poco tiempo porque se recuperará pronto.

Si una comunidad está sumida en la pobreza, la única manera que tiene de superarse es creando riqueza. Sus proyectos no deben ser “sostenibles” deben ser rentables y quien ayuda debe comprender que aunque tenga más experiencia y conocimiento en muchos temas, solo las personas de la comunidad saben qué necesitan. Quizás nosotros queremos darles casas, una escuela o una clínica, pero ellos quieren hacer un salón de baile, ¿por qué deberíamos obligarlos a aceptar lo que decidimos que es mejor para ellos? ¿Qué pasaría si en el salón de baile hacen fiestas en las que cobran la entrada y esas ganancias sirven para proyectos comunitarios? Darles libertad de elegir y respetar sus ideas es la clave para que abracen el proyecto, para que se comprometan y participen. La caridad genera muerte, las empresas generan vida. Si queremos ayudar y dejar una huella en el mundo, no matemos al prójimo a base de hacerlo sentir inútil y de tomar decisiones por él, démosle la mano para que se levante y recordémosle cómo ser útil.

La ventana rota en Haití


Pocas semanas después del terremoto que destruyó Haití los medios de  comunicación lograron la solidarización de millones de habitantes del planeta.  Cientos de voluntarios trabajaron en la búsqueda de sobrevivientes y millones de dólares en comida, ropa e instrumentos de primeros auxilios llegaron a la isla.  Ahora, a tan sólo 2 semanas del terremoto, “la ventana sigue rota” en referencia a la falacia del famoso economista Frédéric Bastiat y es probable que repararla salga muy caro.

Estos son los motivos,

Antes del terremoto Haití era un país pobre, el más pobre de América Latina, y era gobernado por corruptos y criminales.  Así, durante muchos años un destacamento de las Naciones Unidas con más de 8,000 soldados trabaja con labores de “peace enforcement” en la isla.  El caos y la corrupción eran la norma, la pobreza era generalizada y la economía de la isla estaba estancada.  El vidrio desde hacía mucho estaba roto.

Sin embargo, fue hasta ahora que la comunidad internacional mostró su magnanimidad y ofreció rescatar al pueblo haitiano del caos.  Esta decisión, un acto benévolo noble y bueno, es sin embargo el causante de serios daños en el mediano y largo plazo de quienes pretende beneficiar. De nuevo se hará evidente que la ayuda internacional será incapaz de reconstruir el gobierno haitiano y es muy probable que los próximos 10 años de ayuda internacional sean utilizados para la construcción de un corrupto estado benefactor en Haití.

No entraré a discutir casos específicos de cómo la ayuda internacional ha fallado en cumplir su misión y ser consecuente con sus fundamentos.  Esto lo han hecho ya muchos artículos y ensayos académicos.  Ahora, los dejo con una narración que explica concisamente por qué motivos la ayuda monetaria internacional es la receta del fracaso.

La narración de Bastiat es clara y acertada, el que la multitud (las naciones del mundo) decida ayudar no significa que necesariamente esta ayuda sea la necesitada por el panadero (el pueblo haitiano).  La solución más acertada, racional y coherente es dejar a los haitianos ser los artífices de su futuro.  Ellos deben ser quienes se organicen, reconstruyan su gobierno y sus comunidades.  Luego, ellos deben ser también quienes pidan ayuda (no gratis o impuesta) para reconstruir su país.  El no permitirles reconstruir su país sin que haya interferencia extranjera será mucho más dañino que la ayuda que pretende ofrecérseles.

Esta es la historia:

Un chico algo travieso, tira un ladrillo contra la ventana de la panadería de su barrio y la destroza. El panadero sale furioso a la calle, pero el chico ya se ha ido.

Rápidamente comienza  a reunirse un grupo de curiosos que observan los restos de la vidriera sobre los panes y las facturas del local. Algunos de los curiosos comienzan a filosofar acerca del hecho y expresan que, después de todo, esta desgracia puede tener su lado bueno: significará una ganancia para algún vidriero.

¿Cuánto cuesta un nuevo vidrio? ¿100 pesos? No es una suma tan importante. Además, si los vidrios nunca se rompiesen ¿Qué pasaría con los negocios de vidriería?

El razonamiento continúa. El vidriero tendrá $100 más para gastar en otras cosas y esto a su vez hará que otros gasten esos $100  y así hasta el infinito.

La “ventana rota”, va a ir generando dinero y empleos en forma de espiral y la muchedumbre concluirá, entonces, que el chico travieso lejos de ser una amenaza pública, se ha convertido en un benefactor social!.

Hasta aquí la historia, pero veamos el caso desde otra perspectiva.

La multitud estaba en lo cierto al menos en algo: la ventana rota implicará más ganancia para algún vidriero, quien seguramente, se pondrá muy feliz gracias a este pequeño acto de vandalismo. Pero ¿Qué sucede con el panadero?

El panadero tendrá $100 menos para gastar, por ejemplo, en comprarse un traje nuevo.

Debido a que tuvo que reponer su vidriera, se quedará sin su traje nuevo (o cualquier otra cosa que hubiese deseado adquirir). En lugar de tener una ventana y $100, ahora sólo tiene la ventana. Más bien, como él pensaba ir a comprarse el traje esa tarde, en lugar de tener ambas cosas, la ventana y el traje, deberá contentarse con tener solamente la ventana.

Si pensamos en el panadero como miembro de la comunidad, la misma ha perdido la posibilidad de tener un nuevo traje que de otra forma hubiese existido, es decir que en este sentido: se ha empobrecido (carece de algo que necesitaba).

La ganancia que obtiene el vidriero, no es otra cosa que la pérdida que tiene ahora el sastre. Ningún nuevo  “empleo”  ha sido creado.

La multitud solamente estaba pensando en 2 partes de la transacción: el panadero y el vidriero. Se olvidaron de la 3a parte potencial involucrada en ella: el sastre.

Ese olvido se debe precisamente a que el sastre nunca entró en escena.

La gente verá la nueva ventana colocada al día siguiente. Lo que nunca verán es el traje nuevo, simplemente porque nunca será confeccionado. Ven solamente lo que es inmediatamente visible a sus ojos.

Esta “Falacia de la ventana rota”, bajo innumerables disfraces ha sido una de las más persistentes en la historia de la economía.

Es solemnemente reafirmada cada día por grandes capitanes de la industria, cámaras de comercio, lideres sindicales, editorialistas y periodistas radiales, expertos en estadísticas y profesores de economía de las mejores universidades.

Artículo adaptado originalmente al castellano por el Instituto Ecuatoriano de Economía Política (IEEP) para su serie: Ideas de Libertad.

fotografía vía Quod