Club de lectura de “La rebelión de Atlas”, cuarta reunión


Una de las características físicas más sobresalientes de John Galt es que su rostro no refleja dolor, temor o culpa. ¿Qué refleja en cambio? El orgullo de estar orgulloso. Si bien sus mejillas denotaban arrogancia, tensión y desprecio, esas tres cosas son la suma de su determinación y de la certidumbre de no tener nada de lo que escapar, de saber que es una parte del mundo, que puede observarlo, ser racional y estar orgulloso de ello. Esto me hizo pensar en que alguna vez platicamos sobre la diferencia entre ser arrogante y estar seguro de uno mismo. Podemos preguntarnos si John Galt es simplemente arrogante o si es alguien seguro de sí mismo; finalmente, sabe cuál es su propósito en la vida y quién es el enemigo contra el que lucha. Se ha cuestionado si vale la pena “Trabajar para entregar un cheque en blanco a los hombres que nunca vería, cuyas necesidades no conocería, cuya loboriosidad, pereza o mala fe nunca podría llegar a conocer o cuestionar. Tan sólo para trabajar, trabajar y trabajar, dejando que las Ivys o los Geralds del mundo decidieran qué estómagos habrían de consumir el esfuerzo, los sueños y los días de su vida. ¿Es la ley moral a aceptar? ¿Es éste un ideal moral?”. (página 642)


John Galt decidió dejar de trabajar para mantener a los saqueadores y poco a poco fue convenciendo a otros de unirse a su causa. ¿Se han preguntado si los vendría a buscar para que lo acompañen a Atlantis? En la reunión pasada alguien me dijo que seguro no vendría por él, porque siempre busca a hombres eminentes y grandes empresarios y a él le faltaban méritos. Sin embargo, creo que los méritos personales no son la única cualidad que Galt busca, lo más importante es cierta cualidad moral que Dagny aún no posee. Cada uno de los invitados a vivir en esa comunidad ha tenido que entender y decir: “Juro por mi vida y por mi amor a ella, que jamás viviré para nadie, ni exigiré que nadie viva para mí.” Es decir, cada uno de ellos ha tenido que hacer un cambio en su código moral. No se trata sólo de abandonar el mundo de los saqueadores y ser productivos y demás, se trata de entender la base moral de esa decisión, de saber que no hay otra alternativa para vivir bien y ser felices.

Productores versus Expropiadores


Quienes leyeron la profética novela “La rebelión de Atlas” escrita por Ayn Rand hace más de 50 años seguramente conocen las razones que están detrás de la crisis de deuda en Estados Unidos.  También, quienes leyeron ya la novela, conocen el preocupante desenlace de los eventos y lo que ocurre con Estados Unidos cuando sus líderes y ciudadanos continúan viviendo bajo el mismo código de valores. El preocupante final se centra en el colapso industrial de Estados Unidos y en la lucha entre productores y expropiadores. Luego, el mundo caería como un juego de domino.

¿Qué caracteriza a un productor?

En su novela, Ayn Rand enfatizó el rol que tienen el egoísmo racional y la benevolencia en las actividades que realiza un productor.  Según Rand, el productor búsqueda su felicidades y prosperidad mediante la creación de bienes y servicios que intercambiará en base al consentimiento mutuo (el pilar de los contratos). Ellos, los productores, son quienes ponen el valor agregado en la productividad de sus actividades y quienes se enorgullecen de sus logros.  Los productores quieren y buscan establecer un sistema de gobierno que proteja sus vidas, su libertad y  su propiedad (un gobierno minárquico o mínimos) y exigen que el gobierno se remita a cumplir esas labores sin extender su tamaño o áreas de influencia.

¿Qué caracteriza a un expropiador?

Los adjetivos: empresario corrupto, capitalista rapaz, productor impune y político con privilegios son anti-conceptos que utilizamos erróneamente para definir el caracter moral de un individuo “productor” que realiza actividades inmorales (ie. corruptas, rapaces, impunes, etc.). Por este motivo, Ayn Rand en sus obras de ficción y no ficción, reemplaza todos estos anti-conceptos por el que consideró era el adjetivo más adecuado: expropiador.  Así, un individuo que se llamase a sí mismo “empresario” no podría sostener su argumento cuando alguien demostrase que utilizaba privilegios políticos, engaños inmorales o violaba contratos para conseguir sus metas.  Este individuo era en realidad un expropiador pues su código moral estaba fundamentado en el irrespeto a la propiedad, derechos y vida de otras personas con tal de conseguir sus metas.

Los expropiadores quieren (en mayor o menor medida) que el gobierno proteja sus vidas, su libertad y propiedad a costa de los más ricos (de quienes creen merecen un pago).  Es de su opinión que los productores al tener más riqueza le han quitado a la sociedad más cosas; por este motivo, consideran que es su obligación y deber pagarle a cambio a la sociedad y ser responsables con ella.  Los expropiadores no creen que los seres humanos podemos ser benévolos si así lo deseeamos y por eso, consideran que el altruismo es el único mecanismo que tiene la sociedad para obligar a los productores a ser “morales”.

Para comprender la actual crisis moral, económica y jurídica de los países occidentales es indispensable distinguir entre ambas personalidades y el código de valores detrás de ellos.  Desarrollar habilidades (ser conscientes) de estas diferencias filosóficas no debería de ser tan difícil siempre y cuando estemos dispuestos a ser objetivos y racionales.  Es necesario que todas las personas productivas empecemos exigiendo a cada uno de los políticos electos en puestos de poder que respeten el derecho de los individuos a buscar su felicidad y los frutos de su labor.  Cualquier discurso re-distribuidor que contemple el uso de la propiedad ajena debe ser condenado y considerado inmoral.

La solución no está en ningún sistema de gobierno nuevo; sino en el establecimiento de sistemas basados en n código ético objetivo que nos permita buscar la felicidad.  Solo así podrán los productores en Occidente construir un mejor futuro.

Atlas se está rebelando!