José y Jacob, los nombres más populares en Estados Unidos


“José”, el nombre más popular en la lista de los nombres “Top 50” desde que la Social Security Administration empezó a contar los nacimientos de bebés en Estados Unidos ha salido por primera ocasión del listado.  Incluso en Texas, donde José fue el nombre #1 desde el año 1996 fue reemplazado por el nombre “Jacob” y las estadísticas parecen demostrar que la asimilación de hispánicos es una realidad.

Las tasas de nacimientos entre hispanos siempre han sido las más altas en Estados Unidos y es la minoría con mayor crecimiento en el país.  El profesor Cleveland Kent Evans, psicólogo en Bellevue University en Nebraska, comentó que este reciente cambio demográfico es un síntoma de la asimilación de hispanos en la cultura estadounidense en su libro “The Great Big Book of Baby Names.”

Pero esto es probable que no sea solamente resultado de la asimilación cultural sino también del preocupante descenso de la inmigración de trabajadores indocumentados a Estados Unidos debido a la recesión que afecta al país desde el año 2008.

El año 2000 fue el primer año que contó en el listado de Top 10 de apellidos en Estados Unidos con los apellidos García y Rodríguez.  Esto fue una llamada de los profundos cambios culturales que se avecinarían en el país en el futuro cercano y la diversidad étnica del país.

La asimilación cultural permite a inmigrantes ir a otros países para buscar una mejora de su calidad de vida, siempre y cuando se adapten a las costumbres y tradiciones del país receptor.  El proceso de asimilación cultural es positivo;  y como mencionó en un ensayo Walter Oppenheimer (“La batalla por la integración social”) es cuando deja de existir una sociedad multicultural y en proceso de asimilación que emergen graves problemas al conjunto de la sociedad receptora.  En sociedades cerradas, los inmigrantes se juntan formando guetos que les impiden asimilar los beneficios de una nueva cultura y sus tradiciones.

El proceso de asimilación requiere que ambos (ciudadano e inmigrante) dejen de ser pasivos y se involucren activamente en el proceso de aprendizaje mutuo; idealmente, en libertad de acción y en ausencia de coerción. Probablemente, esto está ocurriendo en los estados de Estados Unidos que han permitido con mayor facilidad la integración de inmigrantes indocumentados en el país.
Fuente: The New York Times

La milagrosa reforma constitucional latinoamericana


Durante mucho tiempo se ha gestado en América Latina movimientos civiles de protesta organizada que reclaman una reforma constitucional para resolver problemas enraizados en el sistema de gobierno.  Sin excepción, los países latinoamericanos se han caracterizado, en mayor o menor medida, por la captura del gobierno por corruptos mercantilistas que comercian con privilegios al disponer de poder sin pesos y contrapesos fuertes. Así, la reforma constitucional es en apariencia el sistema más fácil y sencillo para “solucionar” la debilidad institucional por la que se caracterizan.

Sin embargo, es necesario dejar a un lado la postura constructivista del Estado para comprender que el mismo es el producto y/o resultado de la evolución social de cada nación, pueblo y territorio específico.  La imposición de un sistema de gobierno occidental mezclado con el comercio de privilegios y una estructura mercantilista no es nuevo.  Existe desde hace más de 400 años y no habrá ninguna manera de modificarlo.  Es necesario que los miembros de cada sociedad tomen acciones asertivas y progresivas que lentamente permitirán cambiar y quizás, incluso, mejorar los débiles sistemas de gobierno latinoamericanos.

La historia, sabia consejera, nos deja estas palabras del Libertador de América del Sur, Simón Bolívar, para que comprendamos cómo después de casi 200 años nuestras sociedades aún no han evolucionado.

Por favor, lean con calma el siguiente texto y tan sólo reemplacen la palabra “Americanos” por la de “ciudadanos, pueblo o votantes” y  la palabra “españoles” por “mercantilistas, privilegiados, corruptos, oligarcas”.   Al hacer esto comprenderán de las palabras de un sabio ya desparecido lo que ocurre en nuestras sociedades desde hace mucho tiempo más del que tenemos nosotros de estar vivos.

Los americanos, en el sistema español que está en vigor, y quizá con mayor fuerza que nunca, no ocupan otro lugar en la sociedad que el de siervos propios para el trabajo, y cuando más el de simples consumidores; y aún esta parte coartada con restricciones chocantes […]; en fin, ¿quiere Vd. saber cuál es nuestro destino?, los campos para cultivar el añil, la grana, el café, la caña, el cacao y el algodón, las llanuras solitarias para criar ganados, los desiertos para cazar las bestias feroces, las entrañas de la tierra para excavar el oro que no puede saciar a esa nación avarienta. […] Estábamos, como acabo de exponer, abstraídos y, digámoslo así, ausentes del universo en cuanto es relativo a la ciencia del gobierno y administración del estado. Jamás éramos virreyes ni gobernadores, sino por causas muy extraordinarias; arzobispos y obispos pocas veces; diplomáticos nunca; militares, sólo en calidad de subalternos; nobles, sin privilegios reales; no éramos, en fin, ni magistrados, ni financistas y casi ni aun comerciantes; todo es contravención directa de nuestras instituciones.

Tan negativo era nuestro estado que no encuentro semejante en ninguna otra asociación civilizada, por más que recorro la serie de edades y la política de todas las naciones. Pretender que un país tan felizmente constituido, extenso, rico y populoso, sea meramente pasivo, ¿no es un ultraje y una violación de los derechos de la humanidad?