El temor a la ciencia


El siguiente video es un fantástico ejemplo del temor a la ciencia, el escepticismo irracional y el uso del humor para engañar a las masas respecto a temas filosóficos que afectan nuestra vida diaria.  A pesar de que la antropologa en apariencia celebra los avances científicos su postura es en realidad pesimista y mal informada.  Los invito a ver el video y luego a leer algunos comentarios al respecto,

Amber Case: We are all cyborgs now

El temor a la ciencia y el progreso le ha costado el cuello a muchos científicos y a grandes hombres desde que el fuego y la rueda fueron inventados.  Y es que el avance de la ciencia ha sido siempre directamente inverso al avance del misticismo y las ideas místicas que buscan responder nuestras necesidades con ideas irracionales.

Nuestro siglo, el siglo que inició con la biotecnología y la nanotecnología no es la excepción. Aún ahora, el pensamiento anti-científico está a la orden del día y estas ideas reniegan de los avances científicos en distintos patrones de conducta que van desde,

A. los férreos opositores de la ciencia (llamados ludistas) que reclaman un retorno a nuestra condición salvaje (ejem. los ambientalistas),

B. Los escépticos que dudan de las externalidades negativas que algunos inventos podrían causar (ejem. energía nuclear, radiación en aparatos electrónicos, experimentación en células madre, etc.) y

C. Los pesimistas que apoyan el avance científico pero que temen un futuro en el que las máquinas dominen al hombre.

Esta última postura, no menos alarmista que las anteriores se popularizó durante el siglo XX con la corriente literaria de la novela de ciencia ficción.  Esta corriente, partía de las premisas:

A. Imaginar un mundo distópico.

B. Utilizar la tecnología como el causante del caos en la distopía.

C. Crear personajes que respondieran a los bajos sentimientos humanos (los vicios) como líderes de esos mundos distópicos.

D. Los héroes eran personajes románticos (científicos o gente vulgar) que romantizaba con la idea de “hubiesemos” o “en el pasado…”

Las ideas distópicas fueron populares a lo largo del s. XX y muchos intelectuales empezaron a suponer la posiblidad que el descubrimiento de máquinas con inteligencia superior a la humana en menor tiempo del esperado con el advenimiento de robots inteligentes y autónomos.  Sin embargo, algunos fueron un paso más allá y creyeron que los robots no sólo serían más inteligentes sino que también tendrían la característica que hace a los seres humanos excepcionales: el libre albedrío.

Es un hecho de la realidad que el libre albedrío no es algo que pueda crearse. Al menos no ahora y quizás tampoco en los siguientes 50 o 500 años.  Sin embargo, hay muchos que suponen que la inteligencia de los robots les permitirá desarrollar el libre albedrío por sí mismos y, por lo tanto, actuar en contra de sus creadores los seres humanos.

El temor a los avances científicos ahora dejó de identificarse con hombres de ciencia para empezar a satanizar los aparatos y descubrimientos científicos mismos.  Ahora los villanos no son genios como lo fueron Galileo Galilei o Nicolás Copérnico.  Los nuevos villanos son la televisión, el teléfono celular y los robots que actuan de manera autónoma.

Siempre habrá quienes renieguen de la ciencia y defienda la prevalencia del misticismo y la irracionalidad.  La antropóloga supone que el avance científico hace a los seres humanos menos introspectivos y por lo tanto menos inteligentes.  Además, celebra que a pesar de que la ciencia avanza nuestra “humanidad” se puede aún preservar (nuestra composición natural es más valiosa que cualquier invento “cyborg” que podamos crear). Así, esta antropóloga es un genial ejemplo de escépticos que dirán apoyar los avances científicos pero que, de una u otra manera, intentan alertar a la humanidad sobre los “peligros” que la ciencia conlleva al reemplazar nuestro lado “humano”.

No importa el nombre, tinte o excusa que pongan pues su filosofía de vida es la misma: todos temen a la razón y al progreso.  No dejemos que sus preocupaciones se materialicen en nuestras vidas.  Celebremos la ciencia y la razón.

Los dioses de Copenhague


"Los dioses del Olimpo" de Giulio Romano ubicación: Sala dei Giganti

Durante milenios los dioses olímpicos se reunieron en el monte Olimpo.  Ahí, sus caprichos y deseos eran conjurados dentro de fastuosas moradas de cristal.  Sus poderes, empezando por la inmortalidad, eran capaces de las hazañas más fabulosas que jamás el hombre vio.

Sin embargo, los dioses que derrotaron a los titanes ya no existen.  Junto a Zeus, la historia de  Hera, Poseidón, Ares, Hermes, Hefesto, Afrodita, Atenea, Apolo y Artemisa es ahora sólo recordada como una fantasía.  Poco menos son recordados y mencionados los dioses Hestia, Deméter, Dioniso y Hades que también habitaron el panteón.

En el siglo XXI los dioses son ahora humanos.  O al menos eso esa es la versión del poder que los líderes del mundo creer tener cuando se reunen a solucionar los problemas que aquejan a nuestras sociedades.  El último de estos congresos dignos de un dios del Olimpo fue la reunión de Copenhague que buscaba detener el cambio climático del planeta Tierra.

En la reunión de Copenhague, los líderes del mundo plantearon soluciones para detener el cambio climático y reducir la contaminación que crea la industria humana.  Todos ellos, poderes como un dios mitológico, se creían capaces de discutir cómo y quién detendría el cambio del clima.

Pero hay cosas que sólo pueden conjurarse en la fantasía y el mundo de la magia.  Pensar que el cambio del clima puede ser detenido, reducido, cambiado, modificado y/o aumentando por las acciones de los seres humanos es bastante ingenuo.

Tal y como los dioses no existen, tampoco los seres humanos pueden modificar la naturaleza del planeta al extremo de transformarla y/o detenerla.  Sí, sólo somos humanos mortales y no somo dioses capaces de transformar el mundo de la manera en que las películas y literatura fantástica nos han hecho creer.

Si acaso buscamos tener industrias más limpias y ecológicas el camino para reducir la contaminación debe ser otro.  Ese nuevo camino incluye decisiones racionales y objetivas, estrategias prácticas y efectivas, humanos comprometidos y responsables que, dispuestos a proteger el medio ambiente iniciaran reformas que no destruyan a los seres humanos.

Al final del día, los dioses mitológicos desde hace mucho que ya no existen.  Los seres humanos no son dioses y si acaso no lo aceptan, sufrirán las consecuencias de sus decisiones.

Semana Copenhague y las lecciones de George Reisman del Mises Institute


Esta semana iniciarán las reuniones del Protocolo de Copenhague.  Durante las reuniones que se realizarán del 06 al 18 de diciembre se buscará establecer un sistema para reemplazar el Protocolo de Kioto sobre el cambio climático del cual son miembros los países marcados con verde en este mapa (ie. casi todo el mundo).

Sin embargo, en el año 2012 dejará de funcionar el protocolo y es necesario establecer uno nuevo con más planes, más cambios, más regulaciones, más condiciones y al igual que el protocolo anterior, resultados insignificantes.

¿Por qué resultados insignificantes?

El protocolo de Kioto y el futuro Protocolo de Copenhague buscan reducir el calentamiento global culpando a la industria humana como una de las causantes del mismo.  Para detener la contaminación que los humanos contribuyen con el calentamiento el acuerdo exige reducir las emisiones de seis gases que causan el calentamiento global: dióxido de carbono (CO2), gas metano (CH4) y óxido nitroso (N2O), además de tres gases industriales fluorados: Hidrofluorocarbonos (HFC), Perfluorocarbonos (PFC) y Hexafluoruro de azufre (SF6).  Sin embargo, la producción humana de estos gases es insignificante al compararla con los verdaderos causantes del calentamiento global en la naturaleza del planeta Tierra y su relación con el Sol.

Así, este protocolo es una propuesta más por extender un sistema global de políticas socialistas que son inhumanas e inmorales.  Son inhumanas porque actúan prohibiendo a los seres humanos producir y generar riqueza en ausencia de coacción.  Son inmorales, porque culpan a los seres humanos de contaminar el planeta sin demostrar evidencias que lo demuestren.

Sobre el calentamiento global y sobre los motivos por los cuales es válido etiquetar al protocolo de Kioto y Copenhague como inmorales e inhumanos ha escrito mucho

George Reisman es un profesor de economía que ha sido elogiado por economistas como Hayek y Hazlitt.  Reisman estudió con Ludwig von Mises quien revisó su tesis doctoral y tiempo después lo hizo dentro del círculo de amistades de la filósofa Ayn Rand.

El doctor Reisman es autor del libro Capitalism: A Treatise on Economics (1996) y sus ensayos pueden encontrarlos en el Ludwig von Mises Institute del cual es miembro activo.  Su sitio personal lleva por nombre “Capitalism.net” y pueden accesarlo en este link.

A continuación podrán encontrar algunos de sus artículos sobre el calentamiento global y el impacto de estos protocolos que el Dr. Reisman tilda como socialistas: