El Día Internacional de la Niña


Imagen tomada del informe de UNICEF sobre el estado de los niños del mundo. Disponible en: http://ow.ly/eoKLQ

Una lucha a nivel mundial

A partir de este jueves, cada 11 de octubre será una fecha para “celebrar y reconocer que el empoderamiento de las niñas es clave para romper el ciclo de discriminación y violencia, así como para promover y proteger el goce pleno y efectivo de sus derechos humanos”, destacó la UNICEF.

Con motivo de la fecha, el secretario general de la ONU, Ban Ki-Moon, dio a conocer en un mensaje titulado: “Dejen a las niñas ser niñas y no novias”, que en el mundo alrededor una cada tres mujeres de 20 a 24 años, es decir aproximadamente 70 millones, contrajeron matrimonio antes de cumplir 18 años.

“Pese a una reducción en la proporción de novias jóvenes en los últimos 30 años, el reto persiste, particularmente en áreas rurales y entre los más pobres. Si la presente tendencia continúa, el número de niñas que se casarán antes de los 18 años se incrementará a 150 millones en la siguiente década”, expuso. (Lea la nota completa acá)

Después de la propuesta de “celebrar” el Día Internacional de la Niña, llega la hora de los discursos y cuando uno le pone atención a las justificaciones de quienes promueven este tipo de proyectos, pasan cosas interesantes.

Uno se topa con términos como “empoderar”, es decir, darle poder a un grupo débil para debilitar a un grupo fuerte. Sería genial que eso implicara equilibrio, pero es más bien una revancha, es darle poder a alguien para que deje de ser oprimido y se convierta en opresor. El poder es un concepto de relación, es necesario establecer hacia quién y de qué manera se utiliza.

¿Qué es realmente empoderar a una niña, a una víctima de algo, a una minoría? ¿Qué esperamos de ellas? ¿Su mérito es ser niñas, víctimas o minorías? Si el problema solo fuera el matrimonio o la maternidad de niñas y adolescentes; si solo se tratara de hacer que dejaran de tener relaciones sexuales; si fuera solo de enviarlas a la escuela todo sería más fácil. Sin embargo, el problema tiene raíces más profundas, raíces que no solo tienen que ver con el poder y las relaciones con los demás, sino con la responsabilidad de la propia vida.

Las niñas, los indígenas, las madres, los homosexuales, los trabajadores, no son más seres humanos que las demás personas por ser niñas, indígenas, madres, homosexuales o trabajadores. Tampoco son menos seres humanos y merecen el mismo respeto. La cuestión no es empoderar, es cobrar consciencia de nuestros derechos, de nuestro papel en relación a nuestra libertad. De nada nos sirve crear grupos de víctimas que quieren revancha, necesitamos creer en nuestra propia humanidad y defenderla.

Igualdad ante la ley e igualdad de oportunidades


Cuando competimos lo hacemos para establecer nuestras diferencias, nos interesa saber quién es más rápido, más hábil, más eficiente. No competimos para demostrar que somos iguales. En este corto animado, el doctor Manuel Ayau nos explica la diferencia entre igualdad ante la ley y la igualdad de oportunidades. Pueden encontrar más videos sobre éste y otros temas interesantes en la página de New Media, UFM.

¿Qué hacen los presidentes?


Imagen tomada de: http://bit.ly/Vgn75W

 

Había una vez una etapa de la historia de la humanidad que se llamó Imperio romano y duró varios siglos. Cuando el imperio cayó, más o menos por el siglo V d. C., las tierras europeas sufrieron una serie de invasiones, guerras y conflictos que condujeron a la organización de reinos y dieron paso a una nueva forma de sistema político, conocido como feudalismo. El problema que enfrentaban los reyes era que  sus territorios eran muy grandes y las comunicaciones poco eficientes, así que para mantener el control, le daban poder sobre ciertos territorios a nobles que los administraban. A cambio de las tierras, los señores feudales le juraban lealtad al rey, lo apoyaban con ejércitos y, por supuesto, se repartían los tesoros del reino. Cada señor feudal le daba tierra a los vasallos para que estos la trabajaran y a cambio de la tierra ellos lo servían y le daban parte de su producción. Los vasallos eran hombres libres, ya no eran esclavos, pero no podían vener la tierra y mudarse a otra parte, tampoco podían disponer de los excedentes de su producción y debían obediencia al señor feudal.

Unos siglos después este sistema entró en crisis por el agotamiento de las tierras de cultivo, la falta de alimentos que produjo hambruna, una gran cantidad de muertos y enfermedades epidémicas. A partir del siglo XIII, la mejora de las técnicas agrícolas y el  incremento del comercio hizo que se facilitara la apertura económica, se redujeran los tributos de peaje y se garantizaran formas de comercio seguro. Los nobles contrataban soldados en lugar de usar a sus vasallos y las ciudades prosperaron. Algunos siglos más adelante muchos países optaron por derrocar a la monarquía y cambiaron a sistemas políticos donde quien gobierna no es un rey que hereda el cargo, sino un representante electo que ocupa el puesto, generalmente, por un periodo de tiempo definido.

Del trabajo de los reyes sabemos que era ir a la guerra dirigiendo a sus tropas, repartir riquezas, hacer alianzas y tatar de tener herederos varones para dejarles el trono. Iban a cazar, no pasaban hambre, tenían riqueza suficiente para gastar, no se preocupaban por producir nada, puesto que lo que necesitaban era tener territorios más grandes, para tener más vasallos, para tener más riqueza. Ellos imponían las modas y decían qué era bueno y qué era malo, todos les debían obediencia. Ahora que tenemos presidentes en lugar de reyes, me pregunto qué hacen estos señores en el día a día, ¿cuál es realmente su trabajo? ¿Para qué les pagamos?

Cuando pensamos en “gobierno”, pensamos en un presidente que dirige a un gran grupo de personas para que trabajen por nosotros, para que nos defiendan, no de las invasiones de los bárbaros, sino de alguna otra clase de fantasmas; para que impartan justicia, ¿para que nos den cosas?, ¿para que nos digan qué está bien y qué está mal?, ¿para que nos eduquen, nos impongan modas, nos digan qué pensar?

¿Seguimos siendo vasallos? ¿Seguimos siendo propiedad del gobierno, que debe darnos tierra para que lo alimentemos? Superar esa historia medieval requiere de cada uno de nosotros la comprensión de su propia libertad, del compromiso y responsabilidad de ser personas independientes que se construirán a sí mismas cada día, para alcanzar su propia felicidad.

 

Dos formas de contar la misma historia


Dicen que uno habla de la feria según le fue, cuando las personas nos cuenta historias sobre lo maravilloso u horroroso que es cierto lugar, debemos comprender que su visión estará determinada por su experiencia en dicho lugar. Por ejemplo, a mí me gusta mucho ir al cine, es algo que disfruto y que intento hacer con frecuencia, cuando hablo de ir al cine, lo hago con entusiasmo para convencer a otros de acompañarme. Sin embargo, he tenido amigos para los cuales la sola mención del cine es algo penoso, les trae a la mente malas experiencias, aglomeraciones de gente, colas, frío, así que es algo que no quieren repetir, sus historias sobre el cine sirven para convencer a otros de no ir al cine. Lo cierto es que no sólo hablamos de la feria según nos fue, hablamos de nuestra vida según nos va. Hablamos de lo bueno o malo de ciertos aspectos de la vida según nuestra experiencia, nuestras creencias, nuestras ideas. Cada una de nuestras opiniones sobre la pobreza, el trabajo, los jefes, el amor, la amistad, los problemas, la educación o cualquier otro tema, están determinadas por cómo nos ha ido con estos temas.

Nuestra experiencia de la feria también nos hace estar de acuerdo o en desacuerdo cuando alguien viene a contarnos alguna historia que requiere alguna decisión o acción de nuestra parte. Debemos estar conscientes de la agenda de las personas y organizaciones cuando sus historias están orientadas a convencernos de algo. La narrativa moral nos presentará una historia con dos puntos opuestos sobre los que tenemos que tomar una decisión moral, así que la feria puede ser presentada para hacer que vayamos o dejemos de ir a ella. Podemos encontrar ejemplos de narrativa moral en un caso como este: “Un grupo de estudiantes sin más opción educativa que la escuela de magisterio, con necesidad de terminar la carrera pronto para poder trabajar y mantener a sus familias protestan contra la decisión del ministerio de incrementar tres años de estudios para poder optar al título de maestro”. En este caso, es muy fácil ponernos del lado de los estudiantes, puesto que el contexto nos dice que ellos no tienen opciones, que necesitan el título y que la decisión del ministerio es sólo un uso del poder para afectar a los más débiles. La historia desde la otra perspectiva puede ir algo así: “El ministerio de educación, consciente de que los estudiantes de magisterio necesitan una mejor especialización para competir en el mundo laboral está haciendo una reforma curricular que aumentará la carrera en dos años, pero dará como resultado maestros mejor educados que podrán competir por salarios más altos en el mercado laboral, ha propuesto diálogos con los estudiantes, pero estos se niegan a la discusión y se oponen a los cambios.” La idea acá es la buena voluntad del ministerio contra la necedad de los estudiantes, podríamos ponernos del lado del ministerio.

Otro punto importante de la narrativa moral es que necesita de mis principios para convencerme o no de algo. Si uno tiene ideas claras sobre lo bueno y lo malo, será capaz de ver las trampas en ambos argumentos, puesto que descartan muchos puntos importantes del contexto que los determina y están enfocados a buscar nuestra simpatía sin contestar nuestras preguntas. Desde mi perspectiva, ninguno de los grupos tiene razón y la solución a los problemas de los estudiantes de magisterio no están en aumentar la carrera para que reciban más clases sobre cómo enseñar, puesto que no saben qué van a enseñar; tampoco es hacer un cambio curricular políticamente correcto, lleno de buenas intenciones sobre autoestima, multiculturalidad, derechos humanos y ecología. El punto de la narrativa moral es convencernos de que estamos de acuerdo con “lo correcto” sin contarnos toda la historia, cada vez que nos topemos con una de estas historias es importante ver qué verdades están contendías en ella, para saber si estamos de acuerdo porque representa nuestros principios o sólo porque nos conmueve.

No somos dinero, somos personas


A primera vista estoy de acuerdo con este chico,  es cierto que no somos dinero, somos personas. Sin embargo, antes de coincidir con él  y simpatizar con su causa, le preguntaría a qué se refiere exactamente. No tengo clara cuál es su intención porque en la fuente de la foto sólo dice que él estaba en una manifestación, así que me tomaré la libertad de examinar algunas posibilidades. Se me ocurre que lo más probable es que él sea un indignado que está manifestando porque no consigue trabajo y tiene deudas que pagar, quizás se identifica como uno del 99% y cree que la culpa de sus problemas la tienen los empresarios que no han creado el empleo que donde él podría desempeñarse, los comerciantes que le venden baratijas que forman parte de su deuda. Él podría haberse comprado la idea marxista de que la relación del empleador con el empleado es del primero explotando al segundo, una relación gana-pierde, donde el empleador usa a sus empleados. Podría ser que estuviera manifestando contra la trata de personas. En cualquiera de esos casos le diría que tiene una idea del problema, pero que no ha llegado al fondo filosófico detrás de su frase.

Lo primero a entender es que “El dinero es sólo un instrumento de intercambio que no puede existir a menos que existan bienes y personas capaces de producirlos. Es la forma material del principio según el cual quienes desean tratar con otros deben hacerlo mediante transacciones, entregando valor por valor. No es un instrumento de los pordioseros, que exigen llorando el producto del trabajo ajeno, ni de saqueadores que lo arrebatan por la fuerza; el dinero se hace sólo posible gracias a quienes producen. ¿Es eso lo que considera malvado?” (Ayn Rand, La rebelión de Atlas). Una vez que tenemos claro ese punto, debemos recordar que cada persona es un fin en sí misma, no un medio para que otros alcancen sus fines. Me gustaría pensar que ese joven está manifestando para que el gobierno deje de meterse en su vida y lo deje buscar su propia felicidad, trabajar para sí mismo y no para pagar una deuda con la sociedad que le han hecho creer que debe saldar. No somos dinero, no somos medios para los fines de otros. Somos personas, individuos que tienen la responsabilidad de cuidar de sí mismos, de buscar los medios para cumplir sus propios sueños.

Y sí, existe el Día mundial de la Justicia Social


Para mí, hasta el día de hoy, el 20 de febrero sólo era el día nacional de Tecún Umán y de la marimba, pero me enteré de que también es el día mundial de la Justicia socia. Admito que esto me sorprendió porque no pensé que se celebrara, de alguna manera, algo cuya definición es tan amplia y poco específia. Según Wikipedia, la Asamblea General de las Naciones Unidas eligió ese día para que cada uno de sus Estados Miembros promueva, a nivel nacional, actividades concretas que se ajusten a los objetivos y las metas de la Cumbre Mundial sobre Desarrollo Social.

De acuerdo con ellos, “la justicia social es un principio fundamental para la convivencia pacífica y próspera, dentro y entre las naciones. Defendemos los principios de justicia social cuando promovemos la igualdad de género o los derechos de los pueblos indígenas y de los migrantes. Promovemos la justicia social cuando eliminamos las barreras que enfrentan las personas por motivos de género, edad, raza, etnia, religión, cultura o discapacidad. Para las Naciones Unidas, la búsqueda de la justicia social para todos es el núcleo de nuestra misión global para promover el desarrollo y la dignidad humana. La adopción por la Organización Internacional del Trabajo de la Declaración de la Organización Internacional del Trabajo sobre la justicia social para una globalización equitativa es sólo un ejemplo reciente del compromiso del sistema de las Naciones Unidas para la justicia social. La Declaración se centra en garantizar resultados equitativos para todos a través del empleo, la protección social, el diálogo social, y los principios y derechos fundamentales en el trabajo. (…) La celebración del Día Mundial de la Justicia Social debe apoyar la labor de la comunidad internacional encaminada a erradicar la pobreza y promover el empleo pleno y el trabajo decente, la igualdad entre los sexos y el acceso al bienestar social y la justicia social para todos. Ante la proximidad de la Conferencia de Río +20 sobre el Desarrollo Sostenible, tenemos la oportunidad de reformular un conjunto de estrategias de desarrollo y prácticas empresariales que nos conduzcan hacia un futuro más sostenible y equitativo. La sostenibilidad depende de la creación de mercados que sean capaces de distribuir mejor los beneficios del desarrollo. Significa cubrir la creciente demanda de los consumidores de productos y servicios más ecológicos. Y significa también sentar las bases para que todos vivamos con dignidad, estabilidad y oportunidades. En nuestro empeño por lograr esta transformación debemos, al mismo tiempo, integrar la inclusión social en nuestras políticas y en todas nuestras iniciativas.”

¿Por qué pienso que es una definición poco específica? Porque abarca tantos ámbitos que no se ocupa de algo concreto. En sus Máximas Capitales, Epicuro establece que “lo justo según la naturaleza es un acuerdo de lo conveniente para no hacerse daño unos a otros ni sufrirlo”, además, dice que “la justicia no era desde un comienzo algo por sí mismo, sino un cierto pacto sobre el no hacer ni sufrir daño surgido de las relaciones de unos y otros en lugares y ocasiones determinados”. La justicia debe establecerse en base a una relación entre dos partes, la injusticia se dará cuando una parte dañe a la otra y la justicia cuando la parte que ocasiona el mal compense a la parte dañada. Sigue leyendo

Millonarios a crédito


En la primera parte del anuncio sale una chica que va de tienda en tienda comprando ropa y zapatos, luego la vemos haciéndose un facial y una manicura, feliz de la vida, sin penas ni preocupaciones. Luego nos informan que el programa se llama “Niñas consentidas”, que es un nuevo reality show en el que veremos esos casos de chicas que gastan más de lo que tienen y viven con las tarjetas de crédito al tope, que no trabajan y son un desastre y cómo las ayudan a encaminar su vida. Al final vemos una escena más de la chica comprando, pero la detiene una señora que le pregunta cuánto dinero tiene en el banco, cuando la chica le responde que ni cinco dólares, la señora la cuestiona sobre cómo piensa pagar lo que está comprando, y el anuncio termina con la cara de horror y sorpresa de la chica ente tal pregunta. Creo que cuando vi el anuncio por primera vez pensé que ya se están quedando sin temas para eso de los reality shows y me molestó un poco el cliché de las niñas tontas, compradoras compulsivas, porque hay que ver cómo eso de gastar a crédito se le da tan bien a algunos señores.

Anoche Gabriel Calzada estaba hablando sobre la crisis de España y cuando nos explicaba algunas de las medidas que ha tomado el gobierno para solventarla, usó el siguiente ejemplo: hay una familia que se encuentra en una buena posición económica, tiene acceso a créditos y dada esta situación de bonanza sus miembros deciden que ya no van a cenar en su casa, sino que sólo van a ir a restaurantes caros, van a ir a Disney cada tres meses, van a viajar sólo en primera clase, van a tener dos carros por persona en casa, en fin, se van a dar la gran vida. Un día se dan cuenta de que tienen que empezar a pagar el crédito, así que deciden empezar una política de austeridad. Cuando van a cenar ya no piden café con el postre y cuando van a Disney ya no se comen un helado diario, sino uno cada dos días. No deciden ser más productivos para pagar la deuda, piensan que con estos pequeños reajustes lograrán salir adelante. ¿Qué le diría a esta familia Gail Vaz-Oxlade (la experta en finanzas que aconsejará a las niñas consentidas? Probablemente que “Cuando usás efectivo, tu cerebro registra la compra, pero también el dolor de despedirse del dinero. Cuando usás plástico, solo obtenés la emoción de la compra pero no el dolor de despedirse del efectivo, porque la cuenta viene mucho después“. Lo triste de las crisis económicas en los países es que no se dan por las decisiones de una chica que no supo usar bien su tarjeta de crédito, sino por las decisiones de políticos que piden préstamos por cantidades tan grandes de dinero que no podemos imaginarlas con certeza, que después creen que podrán solucionar el problema incrementando la carga tributaria de los ciudadanos y que, además, limitan la capacidad productiva de las personas; sin mencionar la corrupción que se da en esas esferas.

Si, como rico Mac Pato, tuviéramos una bóbeda llena de monedas de oro, sabríamos cuánto podemos gastar sin endeudarnos. Supongo que como el oro pesa mucho, es más fácil llevar una ligera tarjeta de crédito en el bolsillo. La consigna en ese caso sería no gastar más de lo que puedas pagar a fin de mes para mantener la tarjeta a cero. No digo que las culpables de las deudas sean las tiendas o las tarjetas, sino aquellos que nos excedemos y compramos más de lo que podremos pagar de una vez. El crédito es una herramienta útil, pero es importante saber que no te están regalando las cosas, que lo que uno compra lo tiene que pagar, y que para pagar hay que producir ese dinero. El gobierno no produce dinero, más bien “administra” el dinero que le damos los trabajadores, ¿cuándo seremos conscientes de que las decisiones en políticas económicas son una cuestión ética, que tiene que ver con la vida de cada uno de nosotros?