¿Qué hacen los presidentes?


Imagen tomada de: http://bit.ly/Vgn75W

 

Había una vez una etapa de la historia de la humanidad que se llamó Imperio romano y duró varios siglos. Cuando el imperio cayó, más o menos por el siglo V d. C., las tierras europeas sufrieron una serie de invasiones, guerras y conflictos que condujeron a la organización de reinos y dieron paso a una nueva forma de sistema político, conocido como feudalismo. El problema que enfrentaban los reyes era que  sus territorios eran muy grandes y las comunicaciones poco eficientes, así que para mantener el control, le daban poder sobre ciertos territorios a nobles que los administraban. A cambio de las tierras, los señores feudales le juraban lealtad al rey, lo apoyaban con ejércitos y, por supuesto, se repartían los tesoros del reino. Cada señor feudal le daba tierra a los vasallos para que estos la trabajaran y a cambio de la tierra ellos lo servían y le daban parte de su producción. Los vasallos eran hombres libres, ya no eran esclavos, pero no podían vener la tierra y mudarse a otra parte, tampoco podían disponer de los excedentes de su producción y debían obediencia al señor feudal.

Unos siglos después este sistema entró en crisis por el agotamiento de las tierras de cultivo, la falta de alimentos que produjo hambruna, una gran cantidad de muertos y enfermedades epidémicas. A partir del siglo XIII, la mejora de las técnicas agrícolas y el  incremento del comercio hizo que se facilitara la apertura económica, se redujeran los tributos de peaje y se garantizaran formas de comercio seguro. Los nobles contrataban soldados en lugar de usar a sus vasallos y las ciudades prosperaron. Algunos siglos más adelante muchos países optaron por derrocar a la monarquía y cambiaron a sistemas políticos donde quien gobierna no es un rey que hereda el cargo, sino un representante electo que ocupa el puesto, generalmente, por un periodo de tiempo definido.

Del trabajo de los reyes sabemos que era ir a la guerra dirigiendo a sus tropas, repartir riquezas, hacer alianzas y tatar de tener herederos varones para dejarles el trono. Iban a cazar, no pasaban hambre, tenían riqueza suficiente para gastar, no se preocupaban por producir nada, puesto que lo que necesitaban era tener territorios más grandes, para tener más vasallos, para tener más riqueza. Ellos imponían las modas y decían qué era bueno y qué era malo, todos les debían obediencia. Ahora que tenemos presidentes en lugar de reyes, me pregunto qué hacen estos señores en el día a día, ¿cuál es realmente su trabajo? ¿Para qué les pagamos?

Cuando pensamos en “gobierno”, pensamos en un presidente que dirige a un gran grupo de personas para que trabajen por nosotros, para que nos defiendan, no de las invasiones de los bárbaros, sino de alguna otra clase de fantasmas; para que impartan justicia, ¿para que nos den cosas?, ¿para que nos digan qué está bien y qué está mal?, ¿para que nos eduquen, nos impongan modas, nos digan qué pensar?

¿Seguimos siendo vasallos? ¿Seguimos siendo propiedad del gobierno, que debe darnos tierra para que lo alimentemos? Superar esa historia medieval requiere de cada uno de nosotros la comprensión de su propia libertad, del compromiso y responsabilidad de ser personas independientes que se construirán a sí mismas cada día, para alcanzar su propia felicidad.

 

Millonarios a crédito


En la primera parte del anuncio sale una chica que va de tienda en tienda comprando ropa y zapatos, luego la vemos haciéndose un facial y una manicura, feliz de la vida, sin penas ni preocupaciones. Luego nos informan que el programa se llama “Niñas consentidas”, que es un nuevo reality show en el que veremos esos casos de chicas que gastan más de lo que tienen y viven con las tarjetas de crédito al tope, que no trabajan y son un desastre y cómo las ayudan a encaminar su vida. Al final vemos una escena más de la chica comprando, pero la detiene una señora que le pregunta cuánto dinero tiene en el banco, cuando la chica le responde que ni cinco dólares, la señora la cuestiona sobre cómo piensa pagar lo que está comprando, y el anuncio termina con la cara de horror y sorpresa de la chica ente tal pregunta. Creo que cuando vi el anuncio por primera vez pensé que ya se están quedando sin temas para eso de los reality shows y me molestó un poco el cliché de las niñas tontas, compradoras compulsivas, porque hay que ver cómo eso de gastar a crédito se le da tan bien a algunos señores.

Anoche Gabriel Calzada estaba hablando sobre la crisis de España y cuando nos explicaba algunas de las medidas que ha tomado el gobierno para solventarla, usó el siguiente ejemplo: hay una familia que se encuentra en una buena posición económica, tiene acceso a créditos y dada esta situación de bonanza sus miembros deciden que ya no van a cenar en su casa, sino que sólo van a ir a restaurantes caros, van a ir a Disney cada tres meses, van a viajar sólo en primera clase, van a tener dos carros por persona en casa, en fin, se van a dar la gran vida. Un día se dan cuenta de que tienen que empezar a pagar el crédito, así que deciden empezar una política de austeridad. Cuando van a cenar ya no piden café con el postre y cuando van a Disney ya no se comen un helado diario, sino uno cada dos días. No deciden ser más productivos para pagar la deuda, piensan que con estos pequeños reajustes lograrán salir adelante. ¿Qué le diría a esta familia Gail Vaz-Oxlade (la experta en finanzas que aconsejará a las niñas consentidas? Probablemente que “Cuando usás efectivo, tu cerebro registra la compra, pero también el dolor de despedirse del dinero. Cuando usás plástico, solo obtenés la emoción de la compra pero no el dolor de despedirse del efectivo, porque la cuenta viene mucho después“. Lo triste de las crisis económicas en los países es que no se dan por las decisiones de una chica que no supo usar bien su tarjeta de crédito, sino por las decisiones de políticos que piden préstamos por cantidades tan grandes de dinero que no podemos imaginarlas con certeza, que después creen que podrán solucionar el problema incrementando la carga tributaria de los ciudadanos y que, además, limitan la capacidad productiva de las personas; sin mencionar la corrupción que se da en esas esferas.

Si, como rico Mac Pato, tuviéramos una bóbeda llena de monedas de oro, sabríamos cuánto podemos gastar sin endeudarnos. Supongo que como el oro pesa mucho, es más fácil llevar una ligera tarjeta de crédito en el bolsillo. La consigna en ese caso sería no gastar más de lo que puedas pagar a fin de mes para mantener la tarjeta a cero. No digo que las culpables de las deudas sean las tiendas o las tarjetas, sino aquellos que nos excedemos y compramos más de lo que podremos pagar de una vez. El crédito es una herramienta útil, pero es importante saber que no te están regalando las cosas, que lo que uno compra lo tiene que pagar, y que para pagar hay que producir ese dinero. El gobierno no produce dinero, más bien “administra” el dinero que le damos los trabajadores, ¿cuándo seremos conscientes de que las decisiones en políticas económicas son una cuestión ética, que tiene que ver con la vida de cada uno de nosotros?

Con el tiempo que pasa


Cuando estaba en la universidad decidí que no me iba a involucrar en política. En parte porque no me gustaba la política que se hacía por esos rumbos, a pequeña escala en la universidad y a gran escala en mi país, en el mundo; tampoco conocía (no quería conocer) alternativas. Yo me dedicaba a asuntos culturales, quería cambiar al mundo por medio de la poesía.  Prefería no opinar sobre las ideas políticas de Jorge Luis Borges o Ezra Pound y prefería hablar de las de García Márquez. Con el paso del tiempo no sólo he comprendido que si bien la ideología de un autor se ve reflejada en su obra, ésta no la hace mejor o peor. También comprendí que es importante tener una opinión, ideas claras, incluídas las políticas. Porque si uno sólo se deja llevar por la marea puede terminar en un lugar donde no quiere estar, puede terminar viviendo en su peor pesadilla y no ser consciente de qué está mal.

Hace un tiempo vi este video: Cuba: The times are changing – People & Power – Al Jazeera English. El documental contiene opiniones de cubanos a los que se les ha permitido tener un negocio propio, como un experimento capitalista. Una de las cosas que más me impresionó es que ellos están muy contentos con la oportunidad de tener algo propio, de trabajar para sí mismos pero cuando el entrevistador les pregunta sobre las medidas que han permitido el fenómeno, ellos dicen que eso ya es política y prefieren no hablar de ello. Ellos no quieren tener una opinión política. Esta postura resulta natural si consideramos los años de censura y el control, comunes en cualquier dictadura. Para mí, ello también es un signo de advertencia, un recordatorio que necesitamos para defender nuestras ideas, para no abandonarnos en la comodidad de una opinión “segura” y que va con la corriente. El capitalismo sigue siendo un ideal desconocido, muchos lo rechazan sin tener idea de cuáles son los valores fundamentales sobre los que se sustenta. Creo que ahora no sólo me llegó el tiempo de expresar mis ideas, también de cuestionarlas, discutirlas, defenderlas.

¿Quién debe controlar la economía?


El hombre que está parado en la escalera, a punto de bajar a tierra por primera vez en su vida, es un pianista que nació en ese barco. Mira la ciudad y regresa al barco. Mucho tiempo después su amigo le pregunta por qué no bajó  y ésta es su respuesta: “No fue lo que vi lo que me detuvo. Fue lo que no vi. ¿Puedes comprenderlo?, fue lo que no vi. Lo busqué, pero no existía, en toda aquella inmensa ciudad había de todo excepto un final. Lo que no vi es dónde terminaba todo aquello. El final del mundo. Imagínate un piano. Las Teclas inician, las teclas acaban. Tú sabes que hay ochenta y ocho, sobre eso nadie puede engañarte. No son infinitas. Tú eres infinito. Eso me gusta, es fácil vivir con eso. Pero si yo subo a esa escalerilla y frente a mí se extiende un teclado con millones de teclas, millones, trillones de teclas que nunca se terminan, y ese teclado es infinito. En ese teclado no hay música que puedas tocar.“ (adaptado de Novecento, de Alessandro Baricco)

El pianista sabe que puede controlar una cantidad limitada de teclas y con ellas puede crear infinitas combinaciones. De esta forma, las personas cuentan con un número limitado de datos para tomar decisiones y actuar; por extensión, no hay gobierno alguno que pueda conocer todas las variables, todos los datos, todos los contextos, los gobernantes cuentan con una pequeña parte de la información del mercado, por ejemplo. En el momento en que el gobierno interviene en la economía, es como si dejáramos al pianista creer que será capaz de crear una melodía con un piano de teclas infinitas. No importa si el equipo que conforma el gobierno es el mejor o el peor, lo que importa es saber que hay infinidad de posibilidades que no conoce y no puede controlar, hay miles de decisiones que no puede tomar porque no sabe qué es bueno para cada quien y por qué.

En cada proceso de mercado, en el intercambio hay individuos que están directamente relacionados, otros que reciben las externalidades y otros que ni se enteran. Mientras más grande es la transacción es probable que involucre a más individuos. Si dejamos que el gobierno subcidie ciertos negocios, si dejamos que el gobierno otorgue privilegios, si estamos de acuerdo con la idea de que puede controlar el mercado, hacemos que evite el libre desarrollo del mercado. Evitamos que los individuos actuén con libertad y responsabilidad. Cuando las personas hacen negocios pueden ganar o perder, el gobierno no debería “salvar” a unos o “sacrificar” a otros, debería dejar que cada quien asuma sus riesgos, pierda o gane con libertad.

Drogas y decisiones racionales


Esta tarde quise compartir el video de la conferencia de Elizabeth Pisani “Sex, drugs, and HIV, let’s  get rational”, porque he estado pensando en las implicaciones de la posible legalización de las drogas y sus múltiples aristas. Cuando necesitamos tomar una decisión en nuestras vidas lo ideal sería que nos informáramos y analizáramos los alcances y consecuencias de dicha decisión. Me gustaría saber si los que toman las decisiones en los gobiernos en realidad se informan y analizan los alcances y las consecuencias de las decisiones que toman por nosotros.

Cuando se trata de drogas, alcohol, cigarrillos, sexo y otros eventos que requieren cierto grado de madurez y responsabilidad, la presión por parte de todos los grupos sociales es muy intensa. Los padres quieren proteger a sus hijos y el gobierno quiere mantener la paz y seguridad de la gente. Algunas personas quieren comerciar con dichos productos y otros quieren disfrutarlos. Pisani nos hace reflexionar sobre las decisiones que algunas personas toman pensando en el corto plazo y en las que los gobiernos toman pensando que dichas personas piensan a largo plazo.

16 de noviembre de 2011, American Censorship Day


Censura es un término que le pertenece a la acción gubernamental, solo los gobiernos pueden quitar libros del mercado, alterar su contenido o suprimir las opiniones de autores. El gobierno es quien puede hacer uso de la fuerza en contra de los individuos para callarlos. Según J.M. Coetzee en su libro Contra la censura, ensayos sobre la pasión por silenciar, “el censor actúa, o cree que actúa, en interés de la comunidad. En la práctica, es frecuente que exprese la indignación de la comunidad o que imagine dicha indignación y la exprese; en ocasiones imagina tanto la comunidad como la indignación de esta.” Así que decide actuar por el bien común, para mantener el orden, la moral y las buenas costumbres. Las personas tienen el derecho a expresar libremente sus ideas, para estar en contra de las determinaciones gubernamentales y opinar al respecto. Todo acto de censura atenta contra ese derecho.

El fenómeno de la censura se incrementa conforme se incrementan los medios que tienen los autores para difundir sus ideas. Con la creación de la imprenta, los periódicos fueron el medio predilecto para criticar a los gobiernos y ellos tomaban medidas para prohibir la impresión de periódicos. En esta era de comunicaciones, tenemos un sin fin de medios para expresar nuestra opinión y hay quienes quieren restringir el acceso que tenemos a ellos. Hoy es el “American Censorship Day” porque hoy el congreso de los Estados Unidos votará para aprobar o no la implementación de un sistema de censura que le permitirá al gobierno bloquear a los sitios web y multar a los autores que consideren que atentan contra las regulacones de derechos de autor.

Este video explica el proyecto de dicho sistema

El punto que me llama poderosamente la atención es el hecho de que justifiquen una acción de censura con el pretexto de la defensa de los derechos de autor. Todos sabemos que la piratería es un delito y hay acciones que se pueden tomar para combatirlo; sin embargo, renunciar a nuestra libertad de grabarnos cantando una canción pop y subir dicho video a la red es un asunto completamente distinto. Esta es un aley para Estados Unidos, pero qué nos asegura que otros gobiernos no seguirán su ejemplo y querrán intervenir en nuestra vida virtual, en nuestras opiniones.

¡Qué aburrido ser empresario!


En mi clase de literatura de ayer hablamos de los personajes. En la parte magistral le hablé a mis alumnos sobre cómo los personajes representan la visión del ser humano que tienen los autores, sobre cómo sus decisiones, su forma de afrontar las situaciones su determinación a actuar o dejar de hacerlo son una representación del sentido de vida de quienes escriben las historias. Cuando llegó el momento de los ejemplos les pedí que relacionaran a personajes que conocen con la visión del mundo de sus creadores. Hablamos de Homero Simpson, de Peter Griffin, de Joseph K. y Gregorio Samsa, de personajes de cuentos de Cortázar y Bolaño. Cuando llegamos a los personajes de La rebelión de Atlas, que leyeron hace poco en otra clase, uno de mis alumnos dijo que era una novela terriblemente aburrida, que los personajes eran aburridos. No podía conformarme con un juicio tan vago y le pedí que profundizara en la idea, que me dijera por qué los consideraba aburridos. Su respuesta fue simple: “Son unos ‘estirados’ que se paran y dicen ‘hoy, voy a crear una empresa’ y van y hacen su empresa, ser empresario es aburrido”. Lo bueno de esos comentarios en clase es que generan muchas reacciones y el diálogo se enriquece, hubo respuestas de toda naturaleza, a favor y en contra de su comentario. Mi clase siguió, seguimos hablando de los empresarios, de los héroes, de los ideales y mientras eso pasaba, el mundo seguía llenándose de reacciones por la muerte de un hombre, de un empresario que dejó una profunda huella en la historia de la humanidad.

La noticia de la muerte de Steve Jobs corrió de forma viral por toda la red, por todos los medios de comunicación. Las reacciones no se hicieron esperar y a un día de dicho evento hay cientos de artículos que hablan sobre su legado, sobre su pasión por su trabajo, sobre el emprendedor que fue, sobre cómo cambió el mundo tecnológico en que vivimos. Edward Hudgins en “Steve Jobs vs. the Anti-Capitalists” plantea que Jobs fue un héroe del capitalismo y conluye diciendo que:  The wonderful thing about a capitalist system is that it allows individuals the freedom to seek their own happiness, to do what they love, and to follow their own dreams. That’s what Steve Jobs did. He loved his work. And he told us: 

“Your time is limited, so don’t waste it living someone else’s life. Don’t be trapped by dogma—which is living with the results of other people’s thinking. Don’t let the noise of others’ opinions drown out your own inner voice. And most important, have the courage to follow your heart and intuition.”

Well said, from a man who saw life as a celebration and whose life we should celebrate!
Yaron Brook piensa en What We Owe Steve Jobs, y nos plantea las implicaciones morales de su labor empresarial: If dedicating your life to creating the values that advance it is a moral achievement, then there is nothing greater or nobler than the creative geniuses whose productive ability has created our modern world: a world where we live more than three times as long as our ancestors; where our homes are heated in the winter, cooled in the summer, and lit at night; where we can travel across a continent in a matter of hours; where we can say goodnight to our children from the other side of the globe. 
David Boaz califica a Jobs como un creador de prosperidad, (Steve Jobs, Prosperity creator) y nos recuerda que: Instead of another bag of taxpayers’ money for state and local governments and politically favored businesses, a real jobs program would encourage the next Steve Jobs to create value. What would that involve? Keep taxes on investment and creativity low. Reduce the national debt and its threat of huge tax hikes to come.

Si la vida y labor empresarial de un solo hombre puede hacer que muchos hombres se decidan a crear, se decidan a pensar, se decidan a opinar, lo único que puedo decirle a mi alumno es que no, los empresarios no son aburridos y hay algunos que nos recuerdan, así como lo hacen los héroes de Rand, que podemos ser los mejores, que podemos crear, ser felices, ser productivos y sentirnos orgullosos de ello.