Tienes que pensar


Imagen tomada de: http://bit.ly/YQSMtN

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Ayer tuve una reunión con estudiantes de bachillerato en la que discutimos el ensayo de Ayn Rand, “Filosofía, ¿quién la necesita?” (disponible acá). En ese texto Rand explica la importancia de la filosofía en la vida de todas las personas, plantea cómo usamos frases de distintos filósofos sin detenernos a cuestionarlas y por qué debemos estar conscientes de la metafísica, epistemología y ética para vivir, para establecer nuestro código moral y defendernos de los enemigos que quieran convencernos de que una filosofía basada en el altruismo es buena y la única forma moral de vivir. Una de las cosas que aprecio de ese ensayo es la forma tan clara en la que Rand plantea lo bueno y lo malo, cómo explica lo blanco y lo negro sin detenerse en los grises y la forma en que no tiene reparos para defender lo que considera verdadero. Me encantan estos diálogos con estudiantes porque siempre hay alguno que cuestiona lo que leyó, que no se conforma con explicaciones y quiere entender el porqué de las ideas, conocer más acerca de ellas.

Después de la reunión se acercó a mí una de las estudiantes y me preguntó por qué la autora hacía tanto énfasis en persuadirnos a pensar, por qué estaba tan segura de conocer la verdad, por qué era tan radical. Le dije que era cierto que la autora era radical y que sí, quería persuadirnos a pensar y a que fuéramos conscientes de que la realidad es real, que somos parte de ella y tenemos que actuar en consecuencia. Ella me dijo que pensar era muy importante y que se nos está olvidando cómo hacerlo, pero que a ella no le gustaba que la obligaran a estar de acuerdo con las ideas. Le dije que Rand no quiere forzarte a estar de acuerdo con ella porque entiende que:

«Interponer la amenaza de destrucción física entre un hombre y su percepción de la realidad es negar y paralizar sus medios de supervivencia; forzarlo a actuar contra su propio juicio, es como forzarlo a actuar contra su propio sentido de la visión. Quienquiera que, por cualquier causa o finalidad, inicie el uso de la fuerza, es un asesino que actúa bajo una premisa de muerte más amplia que el asesinato: la premisa de destruir la capacidad humana para la vida.

“No abras tu boca para decirme que tu mente te ha convencido de tu derecho a forzar mi mente. Fuerza y mente son opuestos: la moral termina donde comienza un revolver. Cuando declaras que los hombres son animales irracionales y propones tratarlos como tales, defines tu propio carácter y quedas inhabilitado para reclamar la confirmación de la razón, tal como no la puede reclamar ningún defensor de contradicciones. No puede haber ‘derecho’ para destruir la fuente de los derechos, la única vía para juzgar lo correcto y lo equivocado: la mente.

“Forzar a un hombre a renunciar a su mente y aceptar tu voluntad como sustituto, con un revólver en lugar de un razonamiento, con el terror en lugar de la demostración, y la muerte como el argumento final, es intentar existir desafiando a la realidad. La realidad exige que el hombre actúe por su propio interés racional; tu pistola le exige actuar contra él. La realidad amenaza al hombre con la muerte si no actúa de acuerdo con su juicio racional: Tú lo amenazas con la muerte si lo hace. Tú lo pones en un mundo en el que el precio por su vida es la renuncia a todas las virtudes requeridas para la vida, y la muerte mediante un proceso de destrucción gradual es todo lo que tú y tu sistema obtendrán, cuando la muerte se convierta en el poder reinante, el argumento ganador en una sociedad humana.» (Fragmento del discurso de John Galt en La rebelión de Atlas)

Nadie puede tener un diálogo con una persona que se niega a evaluar las pruebas que se le ofrecen, con alguien que simplemente quiere forzarlo a estar de acuerdo con sus ideas sin cuestionarlas. Una de las cosas que amo de mi trabajo es la posibilidad que me ofrece de servir de nexo entre un escritor y un estudiante que conocerá ideas nuevas después de la lectura y discusión de algún texto. Me gusta saber que puedo abrir una pequeña ventana para que las personas se hagan preguntas, para que descubran sus propias respuestas. Yo no quiero que la gente esté de acuerdo con Rand, quiero que usen su juicio, que decidan pensar, analizar, cuestionar y cuestionarse, que conozcan ideas que no conocían y se pregunten si viven por sus ideas o por las ideas de otros. Hoy es el día internacional de la mujer, así que le dedico este texto a Ayn Rand, para agradecerle que alguna vez escribió de forma clara y contundente para llamarnos a estar conscientes de las ideas, y a la chica de ayer, que no recibió las ideas de forma pasiva, sino que decidió preguntar y analizar esas ideas, que me recordó que es importante que alguien nos abra ventanas en el techo para que podamos ver las estrellas que se ocultan detrás de las nubes de lo impuesto, de la tradición, de lo que siempre pensamos que era correcto, sin cuestionarlo.

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