Virtudes para la vida


A Ernest Hemingway le gustaba escribir de pie. Tenía un escritorio diseñado para ese fin. Se levantaba a las ocho de la mañana y se dedicaba a escribir hasta la una. Revisaba sus textos con extrema atención y batallaba con cada oración para que quedara como él quería. Era escritor de profesión; aunque en la juventud fue periodista y corresponsal de guerra.

Marguerite Yourcenar empezó a escribir Memorias de Adriano cuando andaba por los veintitantos años y no tenía idea de cómo llevar la novela a un buen fin. Descartó y perdió algunos borradores hasta que se quedó con un manuscrito que trabajó por diez años y finalmente publicó. Miguel Ángel Asturias invirtió siete años a trabajar en su cuento “Los mendigos políticos”, que fue publicado con el título de El señor presidente. Ambos se dedicaron a la academia y a la literatura desde jóvenes. José Saramago escribió un par de novelas en su juventud que no tuvieron éxito, así que decidió esperar a tener algo que decir y pasó veinte años dedicándose a otras cosas. Ganó el premio Nobel de Literatura a los 76 años.

Estos cuatro personajes comparten algunas características que fueron fundamentales para su trabajo, ciertas virtudes que los llevaron a triunfar. Eran apasionados, pacientes, independientes, exigentes con ellos mismos. La calidad de su trabajo no estuvo determinada por pertenecer a una familia intelectual, por desarrollar su talento literario desde temprana edad, por haberse dedicado a escribir desde siempre. Es innegable que tenían un talento para contar historias, pero también es cierto que no se conformaban con el resultado del primer borrador de sus relatos. Necesitaron del trabajo continuo, del tiempo invertido, del compromiso con su obra.

Los griegos concebían la virtud como el comportamiento por medio del cual se manifestaba la “excelencia moral” y la relacionaban de forma amplía con los valores de los individuos. Los conceptos de virtud y valor han cambiado a lo largo de los siglos, han evolucionado por el trabajo de filósofos y han sido influenciados por diferentes posturas religiosas, al punto de no estar tan claros en nuestra mente. Planteado de una forma muy simple, un valor es algo que queremos tener y conservar, y la virtud es la acción para tener ese valor.

Si tenemos clara nuestra escala de valores, sabremos qué virtudes necesitamos para obtenerlos, sabremos qué código moral necesitamos para vivir bien, para ser felices y cumplir nuestras metas. Sabremos cuáles son los vicios que nos detienen, con qué costumbres saboteamos nuestro propio crecimiento. Encuentro inspiradoras las historias de los cuatro escritores que mencioné, porque su obra es un ejemplo de la productividad de la mente humana, de perseverancia, tenacidad y pasión.

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