De la benevolencia a la entrega forzosa de la tierra


La redistribución, palabra procaz utilizada sin ningún cuidado por defensores del colectivismo y sus opositores, es una de las más practicadas durante los últimos 3000 años de historia.  La redistribución es un concepto que resulta del reconocimiento de la riqueza privada y el derecho de propiedad de la misma por un individuo o grupo de individuos que entrega voluntariamente o de manera forzosa la propiedad sobre la misma.  Luego, esa propiedad es repartida a otros por la intervención de un distribuidor de los bienes.

En la formación de los Estados, la distribución de la tierra por un distribuidor autorizado (sistema de gobierno) puede darse de las siguientes maneras:

  • La entrega voluntaria de la propiedad y la redistribución por un distribuidor.
  • La entrega forzada de la propiedad y la redistribución por un distribuidor.
  • La entrega por un distribuidor de tierra que no tiene dueño aún.

En Estados más desarrollados la propiedad sobre la tierra se extendió a más individuos o grupos organizados en comunidades que, con el crecimiento poblacional, llevaron a algunos reformadores a sugerir que la misma debía distribuida para que todos pudieran trabajarla e “ingresar” al mercado.  Así, la gran división de los últimos dos siglos, de parte de quienes apoyan la redistribución de la tierra y de quienes la niegan se volcó hacia el derecho de algunos de recibir la tierra y la obligación altruista de otros de entregarla.

Sin embargo, se pasó por alto la cuestión moral de una decisión que violaba los derechos de aquellos que, sin importar su riqueza, debían ser forzados a entregar su propiedad para que un distribuidor la diera a personas que la necesitaban.  En tan sólo dos siglos, la benevolencia practicada (no en pocas ocasiones por algunos que entregaron tierras y derechos de propiedad a sus fieles trabajadores e inquilinos) se convirtió en una compulsión de los gobernadores que forzaba a los hombres a ser “buenos altruistas” y sacrificarse por otros.  Esto último, nunca sugerido por los sociólogos y antropólogos que estudiaron el tema en el desarrollo de las civilización humana empezó a ser modificado por el discurso colectivista y altruista de los últimos 70 años.

Quizás sea hora de recordar que el amor, la empatía y la benevolencia son sentimientos profundos e inefables de preocupación cariñosa por el bienestar de otra persona y nunca implicarían entregar algo que estiman bajo la coacción de un poderoso “distribuidor”.

Una respuesta

  1. La pagina de tu Blog se ha actualizado…

    [..]Articulo Indexado Correctamente en la Blogosfera de Sysmaya[..]…

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